Reflexiones políticas

Estamos viviendo un tiempo de contradicciones. Vemos que las sociedades avanzan en beneficio de la colectividad, como por ejemplo: en una mejor calidad de vida (mayor esperanza de ésta), importantes descubrimientos, grandes avances tecnológicos y científicos, etc., pero en el aspecto político del término, vemos que no se sabe dar soluciones ni respuestas a los problemas y preocupaciones que sufren los ciudadanos. Esto nos debería llevar a hacer una serie de reflexiones: ¿cuáles son las causas de este distanciamiento y la falta de soluciones a los problemas que nos afectan?
Los políticos siempre se han guiado y gobernado en función de unos modelos establecidos según la referencia política a la que han pertenecido. Esto ha provocado que en la actualidad suframos un estancamiento, una parálisis de ideas y un vacío moral y ético, debido a la falta de adaptación en la actual coyuntura. Los problemas e inquietudes de los ciudadanos son claros y manifiestos: falta de perspectivas de futuro, problemas de trabajo, pérdida de valores, problemas de racismo y xenofobia, hambre en el mundo, explotación humana, etc. Llegados a ese punto, la política, como actividad de servicio y función pública a la sociedad que es, debería buscar en sus políticos talantes y actitudes que dieran nuevos enfoques y dotaran a ésta de un mayor protagonismo, poder de participación e implicación de sus individuos.
Los avances de la ciencia son importantísimos y transcendentales para el progreso de una sociedad pero si ésta no avanza como colectivo de crecimiento y gestión de sus inquietudes, estaremos creando una sociedad errática, víctima de sus propios errores. Si se avanza, es para hacerlo en todos los ámbitos y medios de la sociedad, ya que no nos serviría de nada crear una sociedad que sólo sirve a unos pocos y tener otra que en su inmensa mayoría retroceda en cuanto a derechos de prosperidad, progreso, bienestar y mejoría individual.
Todo esto debe valer como examen a considerar para que nuestros políticos dotaran a la sociedad civil de una mayor participación vía la creación de los marcos adecuados para la propuesta de iniciativas y dinámicas activas por parte de organizaciones y colectivos. Propuestas y acciones que se pudieran materializar en ideas que ayudaran al beneficio y provecho de la generalidad. Además, éstas deberían estimular a la conciencia general en pro de la creación de una sociedad más justa y solidaria, cuya propuesta no es ninguna utopía ni quimera, sino una realidad factible a conquistar día a día.
La labor política debe transitar siempre desde los principios de la ética, los valores humanos, la honestidad y la honradez. Solamente así, teniendo unos referentes adecuados y apropiados podremos crear ilusiones colectivas que nos aporten soluciones y esperanzas de futuro en nuestro camino de mejora personal y humana.
A través de estas reflexiones políticas expresadas podemos llegar a la siguiente conclusión de juicio: «cuando los políticos empiecen a creer en las posibilidades de transformación de las sociedades a través de sus individuos, podrán lograr las metas que se propongan».
El nivel y la altura política, la ética en la actuación pública, la transparencia de los partidos y el acercamiento de los políticos a la sociedad son las claves y la esencia para que los ciudadanos vuelvan a creer en la política.
La credibilidad política, el cambio y la recuperación del tiempo perdido de una sociedad están en juego para determinar su mejora, evolución, prosperidad y conquista conjunta futura.
Es el camino y la andadura a seguir como reto a alcanzar.

Publicado en Política | Deja un comentario

¿Acicate o freno para alcanzar nuestros sueños?

Alguna vez, seguro que nos hemos preguntado: ¿hay alguien que no haya tenido sueños a lo largo de su vida? Cualquier persona en su ser innato ha almacenado en el interior de sus pensamientos la realización de proyectos, planes y deseos que pudieran ver la luz, materializarse y llegar a buen puerto.
No hay persona que no haya poseído ideales y creencias que sirvieran como implicación en las ambiciones y los objetivos marcados en su efecto y finalidad. Una ilusión ambiciosa con aspiraciones y ansias explicitas en poder verse cumplidas. Son creencias, ideas y principios que nos marcamos como modelos y prototipos en nuestra voluntad de apetencia y afán consustancial de acreditación genuina, pura y verdadera ante la vida.
Los sueños en los individuos son parte de su existencia intrínseca y natural como seres humanos, pero ¿realmente nos marcamos sueños realizables y factibles o son utópicos e irrealizables?
En este viaje particular por la vida compartimos sueños de diferente índole y condición: materiales, emocionales, espirituales y personales.
No podemos marcarnos sueños idealizados o quimeras a modo de arquetipos de cánones que sean ejemplo de paradigmas de norma y pauta solamente.
La búsqueda de los sueños sin consistencia llenos de simples fantasías imaginarias son pura ficción que solo conducen a la frustración. Verdaderas entelequias y espejismos faltos de objetivos sin finalidad real y práctica.
Analicemos y ahondemos en nuestras posibilidades propias que nos dotan de facultades, destrezas y aptitudes para no caer en el fracaso.
El alcance de los sueños vienen determinados por el realismo y la certeza en su ejecución, el análisis en los obstáculos que contengan los inconvenientes que puedan acarrear para lograrlos, sin desistir, abandonar, ni renunciar a nuestras pretensiones.
La aportación propia e individual concretará y definirá a través de nuestras facultades potenciales, suficiencias y talento. Unas capacidades necesarias e imprescindibles para la consecución de nuestras aspiraciones en sueños reales y auténticos. Esta suma potencial debe conllevar la consecución y la puesta en escena de la implementación de la materialidad de los hechos para poder transformarlos en realidad verdadera.
Es necesario y obligado si queremos conseguir el éxito no convertirnos nosotros mismos en un freno innecesario o en un obstáculo propio e inoportuno. Debemos abandonar la incongruencia y las dudas, dejando paso a la lógica para que nuestros procederes no sean un escollo inadecuado y traba ante nuestro fin, destino y propósito.
Nuestras actuaciones, conductas y acciones de comportamiento deben ser el acicate a seguir. Un verdadero aliciente y estimulo de motivación. El señuelo particular, especifico y peculiar de diferenciación.
Si los sueños sueños son, de nosotros depende que pasen de la fantasía a la realidad, y de la ilusión, a la seguridad tangible, palpable y verdadera.
Vayamos a la caza de nuestros sueños y no renunciemos a nuestros deseos con el freno de nuestra incertidumbre, vacilación e indecisión. Actuemos con firmeza, tenacidad y decisión. Es el acicate vital de impulso y animo como camino a seguir en la búsqueda y consecución de los mismos.
Con el camino allanado y el objetivo más cercano, sigámoslo, ya que puede ser nuestra recompensa y premio. Nuestro plus de lucha exclusiva. Verdadera gratificación del trabajo y la satisfacción del triunfo personal, la complacencia y el jubilo.
Son nuestros sueños personales que forman parte de nuestra felicidad gozosa y sentimiento de alegría en estado puro.
Seamos el estimulo positivo para conquistarlos. La motivación de disposición y talante necesarios e indispensables que nos sirvan de acicate y no de freno en este reto a alcanzar.
Abandonemos la rutina de lo conocido, lo establecido y lo usual y empecemos la aventura fascinante y desconocida hacia lo misterioso, lo milagroso y lo oculto.
No lo pensemos más y emprendamos este periplo mágico ante el encanto de la andadura en el viaje de los sueños.

Publicado en Sociedad y Humanismo | 1 comentario

La política como instrumento de transformación social

Todos sabemos que las sociedades tienen que avanzar, crecer, progresar e ir evolucionando como método de norma en la búsqueda del beneficio y la mejora de ganancia de los individuos que la componen, ya que de lo contrario, estas se convertirían en sociedades erráticas que no creerían en sus potencialidades y capacidades de avance y evolución social al servicio común de la colectividad.
Por ello, la política, que debe estar al servicio y beneficio de la sociedad en su conjunto debe valer y ser idónea también como un instrumento apto y herramienta útil en su mecanismo de articulación y estructura que motive, avive y estimule a los individuos a despertar sus inquietudes y preocupaciones con la aportación de ideas al interés general, que ayuden e impulsen a los políticos en sus decisiones y procederes de comportamiento que llevan a término.
Las ideas e ilusiones no transforman las sociedades, pero las sociedades pueden empezar a cambiar e innovarse a través de nuestras ambiciones y propósitos, mediante nuestras aspiraciones, convicciones, anhelos y deseos de poder tener una sociedad mejor, más justa, solidaria e igualitaria. Una sociedad real y efectiva que aporte valor, ganancia y provecho en beneficio de todos y no como conveniencia y utilidad en los intereses de unos pocos.
El afán y la ambición en los anhelos de cambio, renovación y desarrollo deben ir acompañados de compromisos, valores y principios que conlleven proyectos de crecimiento y progresión, con planes de actuación auténticos y verdaderos, que nos enriquezcan en su generalidad de progreso además de interés como guía de orientación práctica y disposición de capacitación en nuestra conducta y comportamiento de pauta y modelo en la forma de diligencia correcta, para que nuestros semejantes no sientan condicionadas ni limitadas sus libertades individuales ni sus acciones de perfeccionamiento, en su evolución, cambio y mejora como personas humanas.
Cuando la política utiliza y emplea al individuo como forma de perpetuación y mantenimiento interesado a través de su pensamiento y libertad individual empieza la degradación de los cimientos que deben aguantar los pilares en los que se basa y sustenta cualquier sociedad moderna y democrática.
En política, las sociedades siempre se guían y orientan por los individuos, que son los que señalan y determinan los caminos a seguir. Pero, ¿y si el responsable de guiar es un guía miope? Las sociedades deben asegurarse y cerciorarse de quién les va a marcar el camino idóneo y adecuado, de lo contrario están condenadas al fracaso y la frustración.
Esto no quita que los individuos son las únicas personas que tienen derecho a elegir y equivocarse en el destino y expectativas de futuro que desean lograr e intentar no vivir nunca a espaldas a la realidad en la que se encuentran y les envuelve.
Los errores y las equivocaciones siempre se pueden subsanar desde: el entendimiento, la razón y la reflexión, buscando las soluciones, acuerdos y alternativas más adecuadas en función de los hechos y circunstancias que nos preocupan e inquietan, sin perder las convicciones, la confianza ni la esperanza en una sociedad, distinta, diferente y más equitativa en su conjunto. Las personas deben olvidarse más de ellas mismas ejerciendo y actuando más desde la perspectiva circunstancial del prójimo. No sabemos si la realidad se modificará o cambiara, pero por lo menos no será como la de hasta ahora. La sociedad vive el peso y la inquietud de un futuro incierto e inseguro, pero si pensamos demasiado en el futuro, nos puede pasar como hasta ahora, que lo único que tenemos es un presente dormido.

Publicado en Política | Deja un comentario

¿Actitud o talento?

Para el desempeño de toda faceta, profesión o tarea de nuestro cometido diario, las personas necesitamos de unas capacidades y aptitudes que poder poner en práctica a fin de que las funciones que aporten en su ejercicio puedan incidir en el buen fin o éxito, o por el contrario puedan fracasar y ser contrarias al cometido ejercitado.
Es evidente que frente a cualquier ocupación iniciada, las habilidades y competencias de los individuos son determinantes en el desarrollo que emprendan y en el desenlace en que las finalicen. Estas cualidades vienen establecidas por el potencial que conllevan y que denominamos talento.
A partir de aquí entran factores de actuación que se concretan a través de actitudes individuales. Es decir, mediante nuestra voluntad y deseo en nuestra acción de proceder, que marcará, con su influencia, la forma de encarar cualquier práctica a desarrollar.
Después de haber hecho un análisis de situación entre talento y actitud, se nos plantean los siguientes interrogantes: el talento nos puede conducir al éxito o al fracaso, personal o colectivo, pero ¿puede haber un éxito sin actitud? ¿Es posible el éxito con actitud y falta de talento?
Ante todo se ha de tener claro que la voluntad en la actividad que efectúa cualquier ser humano es la palanca, el impulso y el estímulo que potencia sus acciones profesadas dotándolas de la fuerza y la energía necesaria en la búsqueda de un final exitoso.
Las competencias y los conocimientos, sin las actitudes pertinentes necesarias para la determinación del talento, quedan mermadas e invalidadas en la obtención de nuestras aspiraciones; las actitudes idóneas nos aportan el plus añadido que genera el equilibrio necesario para la consecución de las pretensiones que deseamos en la consecución de una finalidad.
La voluntad, la exigencia y el esfuerzo propio son primordiales e imprescindibles para dar luz a nuestras ambiciones, anhelos y deseos, junto al tesón, la constancia y el empeño, que son el acicate en la conquista de un logro a obtener.
La actitud y el talento han de ser complementarios ante cualquier fin que se emprenda. Su retroalimentación es básica para suplementar conductas y agudizar en su culminación los modelos y prototipos de diligencia plena en el proceder activo que se realice, unido a un seguimiento explicito que nos lleve a la excelencia en el ámbito particular o general.
Ya que todas las personas no están en disposición de tener el mismo talento ni las mismas suficiencias propias, aprovechemos la actitud, que es un valor innato de provecho y beneficio connatural del ser humano, transmitiendo afán de superación como progreso y crecimiento personal. Utilicemos nuestro bienestar interno para mejorar en nuestro avance individual a modo de evolución e impulso y perfeccionamiento.
La condiciones personales, el talante y la conducta ejercida son el medio y la forma que nos acercan al camino que nos lleve a la consecución del éxito, transmitidas por la tenencia de una actitud conveniente y adecuada.
El talento ha de ser el instrumento y la herramienta para poder alcanzarla. Y nosotros el mecanismo útil y apéndice necesario.
Sepamos conjugar actitud y talento. Mantengamos la tenacidad, el tesón y la perseverancia en nuestras actitudes diarias, y utilicemos al máximo el talento como piedra angular ante nuestros empeños y deseos grupales o individuales. Explotemos al límite nuestro talento personal frente a nuestros afanes generales o propios y profundicemos con tenacidad en nuestro crecimiento personal. Llevemos al límite nuestras actitudes con una predisposición del ánimo llena de vitalidad y energía que nos aliente ante cualquier circunstancia contraria, coyuntura o acontecimiento que percibamos. Son el camino, el medio y el recurso más fructífero para conseguir nuestros propósitos y aspiraciones que promovamos.
No hay mejor forma de rentabilizar nuestro talento que mejorar nuestra actitud: la personificación del binomio del triunfo entre «el saber y el querer».
En favor de un talento fructífero y una actitud abierta y receptiva; por un talento inequívoco con una actitud bien definida y con disposición, caminemos hacia el éxito.

Publicado en Marketing y Empresa | 1 comentario

Los jóvenes de hoy

De los jóvenes se dicen muchas cosas: que no están comprometidos con nada, que lo único que les interesa es pasárselo bien y disfrutar de la vida sin tener que asumir ninguna responsabilidad ni compromiso. Está claro que toda generalización acarrea injusticia (como todo, habrá de todo). Buena prueba de que esa etiqueta no es del todo pertinente, es la gran cantidad de jóvenes preocupados, involucrados e inquietos por los problemas sociales que les rodean y que son voluntarios activos de diferentes entidades, colectivos, ONGs y demás agrupaciones solidarias.
Lo que sí vemos, y eso si es cierto, es que hay compromisos que no les entusiasman ni se implican demasiado. Uno de estos es entrar en política. Se dice que los jóvenes pasan actualmente de la política y es verdad. ¿Qué sabe un joven hoy de política? Aparte de los escándalos de corrupción que ha vivido y vive nuestro país durante todos estos años y las disputas entre partidos políticos con el «y tú más», les quedan pocos referentes positivos e ilusionantes para seguirla y ejercerla. Sólo albergan en su pensamiento y ven que únicamente se acuerdan de ellos cuando cumplen la mayoría de edad, les piden el voto y poca cosa más.
Los jóvenes tienen la percepción real de que los políticos son de una casta diferente dentro de nuestra misma sociedad, alejada de ellos, de sus problemas e intereses (falta de empleo, acceso a la vivienda, emancipación personal, futuro incierto). Y eso es malo. Los jóvenes, como integrantes vivos de una sociedad moderna y comprometida, deben ver la política como un instrumento y mecanismo de renovación efectiva, cambio, aportación de ideas y sugerencias al servicio del beneficio de la colectividad, de la que ellos deben ser participes y protagonistas en primera persona para mejorarla, transformarla y hacerla más justa, innovadora y solidaria.
Los políticos no pueden olvidar, que al fin y a la postre, nuestros jóvenes son la esperanza real, la ilusión y el referente como personas que cogerán el relevo de la sociedad que dejaran sus mayores. No pueden ni deben convertirse en una generación perdida ni olvidada.
Deben darles y dotarles del protagonismo necesario que se merecen y el papel que les corresponde en nuestra sociedad, motivándolos a participar y colaborar desde cualquier organización, foro, colectivo, asociación o partido político, para que traigan ese aire fresco y nuevo, imprescindible y necesario de reforma que necesita cualquier sociedad vital y moderna.
Por tal motivo, los políticos deben reciclarse, abandonar sus despachos de poder, salir a la calle y abrirse más a la sociedad si no quieren que los jóvenes les sigan dando la espalda como hasta ahora ante el desencanto y la frustración que padecen y sufren, viendo a una clase política alejada y distante, apartada de sus inquietudes, preocupaciones y de la realidad social que les envuelve. Todo ello les provoca un rechazo y desconfianza en la política y en los políticos al no verse identificados ni representados por ellos.
Es la gran asignatura pendiente de los políticos, motivar, animar y alentar a los jóvenes que son claves en el desarrollo y progreso de una sociedad que quiera ser avanzada y de futuro.
La iniciativa, el empuje y el talento de los jóvenes son virtudes positivas demasiado valiosas e imprescindibles para que los políticos las obvien, no las tengan en cuenta, rehuyan de ellas y no las sepan aprovechar en toda su potencialidad.
Un inmenso capital humano, al cual hay que dotarles de las herramientas necesarias como beneficio de mejora para nuestra sociedad y su bien común.
Es su futuro y el de nuestro país el que está en juego.

Publicado en Política | Deja un comentario

Identidad personal

Los seres humanos cuando nacemos y venimos a este mundo terrenal poseemos unos rasgos inherentes que nos diferencian como personas.
Todos los individuos ostentamos y tenemos una procedencia, orígenes y raíces ancestrales exclusivas. Un punto de partida y una esencia heterogénea distinta de nuestro semejantes.
Nuestra descendencia genealógica como seres humanos son nuestro principio, naturaleza y fuente de vida. Verdadera causa, fundamento y génesis que forman parte de nuestras raíces naturales.
En el transcurso de la vida nuestros antecesores familiares son una influencia manifiesta de nuestra esencia evolutiva más profunda, humana y personal. Es a partir de aquí, cuando nuestros progenitores nos encaminan, educan y sustentan en la vida ante un nuevo mundo desconocido y oculto por descubrir.
Como seres humanos que somos cuando empezamos a tener uso de razón y llegamos a la edad adulta nuestra personalidad queda acentuada y definida. Es el momento y el paso de nuestra independencia personal en la sociedad.
Es en la edad adulta cuando comienza un camino en solitario que emprendemos ante el cual, las decisiones son propias como inicio de una nueva etapa personal y social ante la vida.
Ante los inicios de la edad adulta  se inician los descubrimientos de la vida y comienza el preludio de nuestra propia formación individual. Es el instante en que emprendemos una situación nueva e ignorada. Donde nuestra identidad personal surge como respuesta a nuestras inquietudes dando sentido a las mismas.
En el momento que emprendemos una etapa desconocida, aparecen los miedos, los interrogantes y las dudas existenciales de nuestro estado o actitud vital. Una situación en que nos sumergimos en nuestro propio «yo» y emprendemos nuestro propio análisis profundo, interno y recóndito de nuestra mente en la búsqueda del entendimiento, las ideas y propósitos que den contestación a nuestros razonamientos e inquietudes.
Es a partir del peregrinaje de nuestra existencia cuando los deseos, pretensiones y metas se van forjando, empiezan a coger solidez y van tomando forma.
La existencia vital en sí misma es la energía, la fuerza y la savia que nos dota del vigor como medio y manera en el entendimiento de nuestra propia consciencia íntima.
Nuestra razón de ser nos hace libres y nuestra identidad personal nos hace transitar y caminar en este mundo en que nuestra singularidad nos hace diferentes ante nuestros afines. Somos iguales pero diferentes.
Es por ello, por lo que nuestra identidad personal es la que nos identifica ante los demás y limita como somos, describiéndonos y señalándonos ante nuestro prójimo.
El ejercicio de la moderación equilibrada y juiciosa despierta nuestra consciencia, fomenta el desarrollo y nos hace evolucionar como individuos, siendo el medio, la forma y el método que transmite la influencia necesaria que nos domina a través de nuestra identidad personal. Esta moderación aparece en nuestro caminar como compañera-guía que nos orienta y reafirma ante las inquietudes y preocupaciones vitales sin perjuicios en ser y mostrarnos como somos.
Nuestra identidad personal es algo connatural e inseparable. Son nuestras señas personales, inconfundibles y únicas que incluyen nuestras dudas existenciales, indecisiones y desconfianzas propias como individuos.
Las incertidumbres humanas son consecuencia de nuestras reflexiones, pensamientos e introspección profunda e intrínseca con nuestra realidad interior.
Es en nuestra realidad personal donde se sustenta y afirma toda nuestra propia existencia vital. Un estado reflexivo de acción permanente ante nuestra auténtica verdad recóndita y trascendente que tenemos en nuestro pensamiento.
La identidad personal nos sirve como descripción genuina y única. Es la reseña, el detalle y la especificación que nos muestra en ser como somos; dotándonos de la consciencia, el entendimiento y el conocimiento ponderado y prudente como seres humanos. Aquel que nos proporciona la percepción objetiva y real que tenemos sin apariencia ni formas irreales, sino tal cual.
Todo el patrimonio humano y personal que tenemos va ligado a nuestra identidad personal, a nuestras vivencias y a los valores recibidos. Un caudal de historias y capitales humanos heredados y transmitidos con sus fortunas y miserias.
Es nuestro testimonio con sus características y peculiaridades especificas. Son parte de nuestra alma. Auténtico fondo, cualidad y sustancia natural esencial e individual que nos humaniza y nos hace diferentes.
En el quehacer diario y toma de decisiones que emprendemos en este trayecto apasionante de la vida, la identidad personal es determinante en la imagen y el reflejo que transmitimos, pero a la vez marca nuestro bienestar, desdicha o satisfacción personal.
No perdamos los referentes y principios que son parte de nosotros mismos y de nuestra historia, ya que acaban siendo reflejo de nuestro fundamento, orígenes y procedencia humana.
La realización personal que obtengamos mediante nuestras actuaciones son el distintivo que establecerá la huella terrenal que dejemos en herencia.
La contribución y la aportación en el desempeño de nuestra identidad personal es la etiqueta de sello particular y marca intransferible.
Retémonos a nosotros mismos y seamos como somos. Estaremos escribiendo un capítulo más de nuestra historia que dejaremos como legado.
Es nuestra identidad personal e identificación humana.

Publicado en Sociedad y Humanismo | 1 comentario

Departamentos de RRHH: ¿renovarse o morir?

Cuando abordamos la problemática de los Departamentos de RRHH dentro de las empresas siempre pensamos en la importancia de la gestión de personas como valor añadido y aportación provechosa dentro de las organizaciones, pero ¿cuándo oiremos hablar de los valores y las emociones humanas dentro de las empresas?
La combinación de las cualidades positivas humanas y su adaptación al entorno, a través de las acciones desarrolladas en su ejercicio cotidiano, son determinantes actualmente en el desempeño de cualquier función que se realice dentro de la actividad laboral de una empresa.
La percepción que se tiene a día de hoy de los Departamentos de RRHH es que no están en sintonía con los nuevos tiempos que vivimos, ni con las nuevas realidades de las empresas, de los trabajadores, ni de la misma sociedad.
Ya que una empresa está integrada por elementos humanos, materiales y técnicos, ¿por qué desde el aspecto humano -donde un conjunto de individuos trabajan unidos para lograr un objetivo común- no se le da la importancia y la transcendencia que se merece por parte de los Departamentos de RRHH?
A día de hoy, los Departamentos de RRHH se han de convertir en verdaderos depositarios de la actividad general de una empresa organizada por el ser humano, la cual involucra: trabajo, labor común y esfuerzo. Desde este concepto humano, los Departamentos de RRHH deberían convertirse en verdaderos «Departamentos de Administración del Capital Humano».
No pueden derivar en una simple foto fija de la pirámide humana de una organización, sino en una imagen dinámica en movimiento y en constante evolución. Esta opinión o juicio que han de tener los Departamentos de RRHH debe cambiar su concepción desde su génesis. Necesitan de una transformación que conlleve un cambio de pensamiento y actuación en la forma y manera de gestionar los recursos humanos, no sólo desde el prisma de las competencias de los empleados, olvidándose de la administración del capital humano sino también desde su propia introspección interna, intercediendo y abogando por medio de la potenciación y fortalecimiento de su crecimiento personal.
Desarrollo, progreso, crecimiento y capacidades han de ser los cimientos y pilares básicos en esta renovación y cambio de los nuevos «Departamentos de Administración del Capital Humano».
Las políticas corporativas, los planes de acción y actuación, junto al crecimiento personal de los equipos humanos determinan y definen la consecución del éxito en cualquier organización.
Una renovación que traiga consigo la conversión de los «Departamentos de Administración del Capital Humano», en fábricas de felicidad, satisfacción, crecimiento personal y valor de empresa.
Las viejas creencias, recetas y fórmulas de los Departamentos de RRHH simplificadas sólo a las suficiencias personales están obsoletas y desfasadas, viéndose obligadas a ser reemplazadas por la progresión individual de crecimiento en el tiempo para poder gestionar este cambio de modernización e innovación empresarial.
Se ha de pasar de la idea del control y las limitaciones de los empleados, a la de su desarrollo personal.
La regeneración de los «Departamentos de Administración del Capital humano» debe incidir en la autosuficiencia y la potenciación de los puntos fuertes de sus empleados en contra de la focalización de sus debilidades.
Nuevos tiempos, nueva cultura de empresa y políticas con visión estratégica determinarán su éxito.
Si el capital humano de una empresa es su mejor activo, su crecimiento personal contribuirá a mejorar la calidad; desarrollo clave para aumentar la motivación, estimular la creatividad y el espíritu de sacrificio colectivo.
De la mejora y la transformación de los «Departamentos de Administración del Capital Humano» depende una nueva cultura de empresa, una redefinición de sus estrategias organizativas y una proyección en las metas profesionales de cualquier empleado.
Arriesguemos por esta nueva cultura de empresa: adaptación, transformación y renovación de los Departamentos de RRHH que eviten caer en los errores del pasado y que se adecúen a una nueva forma de entender y concebir el capital humano. Unida a políticas corporativas que impliquen e involucren a todas sus estructuras internas en la búsqueda de la sincronización efectiva y práctica de toda su cadena humana que vayan desde sus bases hasta la cúspide directiva.
Ya que el capital humano de una empresa es un patrimonio a resguardar, su protección, defensa y preservación positiva es el desafío que tiene una empresa en el camino del triunfo.
El cambio, la reforma y la adaptación de los departamentos de RRHH ante las nuevas necesidades de las organizaciones empresariales son el método y procedimiento vital que las ha de dotar de las herramientas indispensables en la búsqueda de un nuevo enfoque en la transformación a los nuevos tiempos.
Por una real y efectiva conversión de los Departamentos de RRHH en verdaderos «Departamentos de Administración del Capital Humano».
Ésta es la apuesta: ¿renovarse o morir?

Publicado en Marketing y Empresa | 2 comentarios

Indagando ante nuestra existencia vital

La vida a los seres humanos nos da la capacidad de nacer, crecer, reproducirnos y morir.
Nuestra condición humana nos hace transitar por la vida ante un destino impredecible, lleno de interrogantes e incógnitas.
¿Cuantas preguntas y enigmas nos marca nuestra existencia terrenal?
Numerosas incertidumbres y misterios sin respuestas ante los cuales nos planteamos. ¿Qué es la vida? Un paso en el tiempo con recuerdos y vivencias en nuestra memoria en espera de un mas allá, ignorado y misterioso.
La vida en si es maravillosa a pesar de los contratiempos y adversidades de toda índole que se nos puedan aparecer en el transcurso de ella (enfermedades, economía, desamor o muerte).
A menudo nos preguntamos. ¿Sabemos vivir la vida?
Son características determinantes nuestras convicciones y creencias que definen nuestros modelos de conducta que realizamos en nuestro quehacer diario dando sentido a la misma.
Ilusiones, anhelos, aspiraciones y metas que nos encaminan en una forma de vivir, de ser y relacionarnos ante nuestros semejantes cotidianamente.
Nacemos, morimos y perduramos en el tiempo. No en la medida del tiempo que conocemos como seres humanos sino en esa dimensión del tiempo y el espacio desconocida que creemos y entendemos los que profesamos la fe cristiana.
De pequeños nos educan en valores, principios, conocimientos y competencias, para de mayores poder ser personas de bien. Pero nadie nos educa ante las adversidades y fatalidades de la vida, como son: las enfermedades y la muerte (propia y la de nuestros seres queridos). No recibimos preparación ni enseñanza alguna para hacer frente ante el fin de nuestra existencia vital.
El transcurso del ser humano en su andadura terrenal puede ser una magnitud en el tiempo: larga, corta, contradictoria y cambiante. En este lapso de vida que tenemos, cambia la fisonomía de nuestro cuerpo, la forma de pensar y nuestros procederes. Vamos evolucionando física y mentalmente. Es un camino apasionante y emocionante, para lo bueno y para lo malo. Es nuestra ruta y trayecto particular.
Durante nuestro transcurrir terrenal, la fe es el alimento espiritual, motivador básico y necesario que necesitamos los cristianos para fortalecernos como auténtico disipador de miedos y dudas frente a las incertidumbres de nuestras ocupaciones habituales. La mayoría de nuestras inseguridades vienen dadas ante situaciones que vivimos y que son irreversibles: nuestro propio fin o el de nuestros seres allegados. Ante estos recelos, nos preguntamos. ¿Para qué hemos venido a esta vida? ¿Es un punto y final el desenlace de nuestra existencia o es un punto y seguido?
No podemos quedarnos como espectadores viendo pasar la vida sin esperanzas, sueños y expectativas. Debemos procurar ser participes y aportar lo mejor de nosotros en todas las facetas que realicemos. Llenemos de secuencias, imágenes y momentos provechosos nuestra presencia pasajera y terrenal.
Con que frecuencia nos hemos preguntado a nosotros mismos. ¿Qué será de nosotros cuando fallezcamos? ¿Tenemos alguna misión que cumplir?
La vida tal como la entendemos y concebimos es efímera. Por tal motivo, no hay mejor forma de abordar el fin de nuestra existencia vital, que poseer una paz interior que nos acompañe en nuestro día a día. Esa paz necesaria e indispensable que nos ayude a afrontar nuestro adiós temporal cuando se nos presente y nos emplace.
Mantengamos nuestra fe cristiana y alimentemos de esperanza y optimismo cada momento que vivamos. No caigamos en el pesimismo ni en la derrota. Liberémonos de nuestros miedos y traumas buscándonos a nosotros mismos. Creamos en la vida y disfrutemos cada minuto con la convicción y la creencia de que nuestro espíritu nunca morirá y se mantendrá en el tiempo y en el recuerdo de quien nos ha querido. No perezcamos en vida y aprovechemos nuestra existencia para seguir viviendo.
La fe para un católico es el estímulo que nos ayuda, reconforta y alimenta nuestro desarrollo personal y humano, nos prepara anta las dificultades y nos da fuerza para luchar, sentir y vivir.
El paso del tiempo nos hace débiles físicamente y mentalmente, nos crea dudas personales, pero al mismo tiempo nos hace madurar y nos endurece como seres humanos.
Esta experiencia nos ha de servir para seguir creyendo, disfrutar de la vida en toda su extensión y hacernos más felices en el plano personal.
Un camino que nos haga sentir vivos a nivel interno como externo. Debe ser el triunfo de nuestra existencia vital que nos ha de abastecer y dotar de la paz que necesitamos. La paz es vida.
Es nuestra mejor forma de vivir y morir bajo las creencias y la práctica de nuestra fe.
Aprovechemos el hoy y encomendemos a Dios nuestro mañana.
Vivamos y muramos en paz.
Es el comienzo de una esencia nueva y desconocida.

Publicado en Sociedad y Humanismo | Deja un comentario

Cuando el adversario está dentro de la propia empresa

Nos ha tocado vivir en una sociedad compleja donde la mediocridad y la vulgaridad están a la orden del día. En este contexto de ramplonería latente y permanente, las empresas no son ajenas a ello.
En un mundo globalizado y una economía de mercado salvaje, las empresas buscan su lugar, encaje y punto de encuentro, indagando y explorando recónditos e inéditos nichos de mercado a modo de supervivencia, con el objetivo de obtener nuevos clientes que les permitan hacer frente a una capacidad de disputa mayor ante sus competidores.
El problema empieza a aflorar y coger una trabazón adversa cuando las actitudes poco éticas y reprobables, los personalismos individuales, la incompetencia y la incapacidad dan lugar a un protagonismo personal e interesado de sus gestores. Unas formas nocivas y perjudiciales dentro de las organizaciones que se anteponen y prevalecen en perjuicio del clima laboral general frente al interés colectivo.
Toda coyuntura de conflicto en las empresas es motivo y causa de un problema para las organizaciones en su entorno de trabajo y rendimiento personal de sus empleados. Es el momento, en que se deberá aprovechar la ocasión para utilizarla como oportunidad y poder hacerles frente con decisiones firmes de valentía y determinación. Aquellas que frenen y erradiquen las actitudes nefastas y aciagas de sus responsables. De lo contrario, la verdadera competencia ya no solo transciende al nivel exterior exigible sino que aparecerá, se impregnará y empezará a convertirse en un obstáculo, traba, disputa e incompetencia organizativa interna a resolver.
Hay un dicho o frase de origen popular que expresa y define muy bien esta situación «con amigos así no hacen falta enemigos». El adversario y competidor, a partir de este instante, ya es una preocupación en la empresa, una dificultad, parte negativa, inconveniente y problema para la propia organización.
En las empresas hay tres premisas fundamentales, núcleos, bases y fundamentos que gravitan en su devenir cotidiano: el comportamiento de los mandos jerárquicos, la acción humana y la conducta grupal en el ejercicio empresarial.
Es en esta situación, cuando la filosofía equivocada de muchas empresas u organizaciones no contempla las causas y los efectos desfavorables que conllevan las actuaciones y cometidos de los mandos y dirigentes que administran cualquier parcela organizativa o de gestión. Es cuando empiezan a aparecer los ambientes tóxicos en las empresas y se convierten en el primer adversario a batir.
Son primordiales unas tablas o credo empresarial que sirvan como modelos de código de conducta éticos en la acción y el ejercicio a efectuar debiendo focalizarse bajo unos postulados inclaudicables en beneficio de su capital humano.
Unos referentes que conlleven la suma de sacrificios frente al egoísmo y la ambición voraz que resta impulsos y estímulos, lo contrario de la potencia y el empuje que son el valor añadido de una empresa.
En las organizaciones no tienen lugar los líderes sin un talante que transmitan una actitud o disposición personal, dialogante, cooperativa y renovadora ante sus subordinados en el ejercicio y desempeño de la actividad laboral.
Son inadmisibles las políticas cortoplacistas interesadas en beneficio propio, sin visión ni perspectiva definida. Unida a comportamientos de jactación y vanagloria personal de sus directivos en su gestión y dirección corporativa en detrimento del bien común.
Es necesaria y obligada la implementación de estrategias organizativas y estructura endógena de planificación y desarrollo de toda su pirámide dispositiva. Verdaderas claves vitales que inciden y afectan en el clima laboral, la motivación, progresión profesional y rendimiento laboral dentro de la gestión del capital humano de la empresa.
Cuando comentamos que debemos rivalizar con la competencia propia y el desafío endógeno, hablamos de defender los intereses colectivos y combatir las actitudes reprochables, ineptas e inadecuadas que lo convierten en adversario directo y transmisor de influencia negativa para la propia empresa, transformándose y adquiriendo la forma simultánea de adversario y competidor a la vez.
En el fracaso de las empresas, la mediocridad y los personalismos egocéntricos son los peores compañeros de viaje.
Compitamos noblemente con nuestros adversarios pero no seamos su mejor aliado dentro de nuestra propia empresa.
La búsqueda de la excelencia, la modestia y la humildad son la mejor vacuna.

Publicado en Marketing y Empresa | Deja un comentario

Valores y emociones

Las sociedades progresan, evolucionan y se transforman en función de las actitudes y procederes de los individuos que la componen. Dentro de este contexto, el ser humano como ser social ha de convivir en un entorno de grupo, común y de convivencia. Sus conductas de comportamiento marcan y son determinantes ante sus semejantes. Este tipo de formas de actuación han de conllevar virtudes humanas innatas que las denominamos valores, y coadyuvan a dignificar la condición humana.
Cuando los comportamientos de sus individuos influyen sobre el colectivo humano y social, es importante introducir y expandir sus valores en toda su extensión como aportación social conjunta.
Los valores en una sociedad transmiten humanidad a sus individuos en su totalidad y hacen evolucionar al ser humano en la pluralidad. Una evolución de mejora interna que nos debe reconfortar particularmente como seres humanos en la consecución de nuestra paz interior, elevación espiritual y crecimiento personal.
Todo ello nos ha de servir para enriquecernos, evolucionar como individuos y proporcionarnos la tranquilidad, la felicidad y la reafirmación interna en nosotros mismos.
Unos valores que deben velar por nuestro entorno más próximo y también por el de nuestro alrededor. En el que prevalezcan las ideas, creencias y su respeto por las mismas.
Donde la solidaridad ha de verse como un principio de ennoblecimiento humano, su contribución es la garantía para conseguir una sociedad más justa y equitativa.
Valores personales que nos hagan ser mejores personas humanas ante nuestro prójimo en nuestro quehacer habitual, en el cual valoremos a las personas no por sus riquezas materiales sino por sus riquezas internas en capacidad, generosidad y calidad humana.
Sepamos crear y desarrollar, en nuestro hábitat familiar, ambientes de paz, armonía, sosiego, protección y calor natural.
Aportemos a nuestra sociedad lo mejor de nosotros mismos en todos los ámbitos y parcelas en las que participemos en nuestra actividad cotidiana (personal, profesional o social).
Tengamos una sensibilización especial ante los problemas sociales e injusticias que nos rodean y afectan. Colaboremos en aquellos grupos, asociaciones o foros que ayuden a conseguir una sociedad más justa y humana en la búsqueda del bien general.
Los valores humanos comportan emociones intrínsecas ante la realidad que percibimos y nos envuelve provocando sentimientos y reacciones afectivas ajenas.
Las emociones marcan nuestro estado anímico personal, que se define a través de nuestros sentimientos y conductas de acción, siendo claves para poder reafirmar nuestros valores como individuos y que afectan a nuestra relación social diaria.
Los valores y las emociones son dos caras de una misma moneda. Son la personificación del ser humano al desnudo, sin corsés, con sus limitaciones, traumas, miedos y frustraciones.
El sentimiento de las emociones nos hace ser más humanos y vulnerables, pero a la vez más transparentes, mostrando nuestro estado emocional en primera persona.
Gracias a nuestras emociones, los valores tienen aún más sentido y razón de ser ya que nos sirven para ratificar ideas, pensamientos y convicciones que nos engrandecen individualmente.
Sin emociones no se pueden dar pasos ni avanzar como seres humanos. Son parte de nuestros ideales y principios que nos ayudan a mejorar las virtudes, vitales para transmitir y aportar valores globales e individuales.
La potencia de la suma de los valores y las emociones nos facilita el crecimiento personal e igualmente y al mismo tiempo el progreso global, ayudándonos a evolucionar como seres sociales.
Merece la pena sentir y emocionarse ante un ser humano y poder descubrir las virtudes de los valores para poder desarrollarnos como personas.
Es el triunfo del ser humano: fuente de satisfacción, plenitud y reafirmación propia.
Son nuestros valores y nuestras emociones.
Hagámoslos nuestros.

Publicado en Sociedad y Humanismo | 1 comentario