El crecimiento personal como aprendizaje de vida

¿Queremos mejorar nuestras capacidades personales? ¿Estamos en disposición de cambiar nuestros comportamientos y actitudes como forma de evolución y cambio? ¿Nos conocemos a nosotros mismos? ¿Crees que podemos ser mejores y más felices si conectamos con nuestra auténtica esencia natural?
No hay crecimiento humano que no necesite de un análisis personal y voluntad de cambio. Aquella reflexión del día a día que practicamos en los quehaceres cotidianos (personal, profesional, familiar) y que necesitan de una reflexión en toda su esencia. Para ello, se requieren objetivos personales que creen interés y metas establecidas.
Todas las ambiciones e intenciones emprendidas llevan consigo requisitos particulares de empeño y voluntad para conseguirlas.
Crecer es meditar para observar lo ya hecho, pero también lo falto por hacer. Es aprovechar al máximo la mejora como avance de progreso propio con la maduración que protege nuestro desarrollo de crecimiento individual. Es el fondo consustancial que nos envuelve y que es inherente a nosotros mismos.
Es en el deseo donde deben residir los objetivos establecidos con el afán y el anhelo por conseguirlos. Un auténtico motor del cambio y transformación ante cualquier faceta emprendida.
Es necesario un cambio de rol, aquel que nos aporte progreso propio, regeneración y energía como evolución intima.
Las facetas de la vida requieren la reflexión privada de meditación y observación de nuestro progreso como seres humanos exclusivos.
La vida siempre es una sucesión de momentos acaecidos (con sus alegrías y tristezas). Son parte de nuestra existencia que nos marca el comportamiento y la conducta de actuación ante nuestro circulo de personas que nos envuelve. En esta evolución de la vida nos vamos transformando a nivel físico y mental.
Unas etapas que vivimos y que son el alma humana y fundamento que nos diferencia de unas personas a otras. A través de esa individualidad propia y distintiva, el progreso propio y exclusivo favorecen el potencial íntimo que poseemos. Es aquella capacidad de perfeccionamiento que hace posible la culminación de las metas en un avance de progreso exclusivo de regeneración y cambio.
El progreso personal siempre aporta alegría y renovación propia como verdadero dinamismo de vitalidad y avance. Una existencia vital que define el comportamiento de actuación en prosperidad y mejora.
La vida en sí misma es un crecimiento constante y paulatino que nos desarrolla plenamente hasta que alcanzamos la madurez (física, biológica, mental).
No hay crecimiento individual que no sea personal y tenga una influencia en nuestra vida. No hay desarrollo que no sea propio y que progrese sin alegría. Al igual, que no hay maduración que no influya en nuestra conducta.
El perfeccionamiento humano es la esencia que nos dota de las habilidades que posibilitan el potencial del talento en toda su expresión máxima de desarrollo. Veamos en nuestro crecimiento y desarrollo propio, el núcleo donde gravitan: las destrezas, las capacidades y las habilidades que nos dotan de aptitud, fundamentos y capacidad personal.
El avance y el progreso personal siempre van aliados con la alegría, la energía y la vitalidad en nuestras acciones cotidianas. En esa evolución permanente que mantiene el ser humano hemos de progresar con ambición y empeño en busca del avance y el impulso que nos conduzca a la culminación de las metas marcadas.
Que nuestro carácter propio sea el núcleo y naturaleza personal que nos haga más felices. El alma y fundamento individual de prosperidad, mejora y perfeccionamiento humano.

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La falta de actitud y compromiso convierten el talento en incapacidad

Las empresas u organizaciones buscan aprovechar el capital humano del que disponen sus empleados como motor de impulso y engranaje (encaje humano y recursos de productividad) de una empresa. Ante ello, el talento es la parte viva y humana en los modelos organizativos de actuación y ejecución de cualquier organización. Por tal motivo, cuando hablamos de talento podríamos poner en consideración los siguientes razonamientos: ¿es suficiente el talento para ejercer un cargo de gestión con todas las garantías? ¿Por qué si no utilizamos el talento desde todos sus contextos y circunstancias a aplicar se convierte en incapacidad? ¿El talento sin actitud ni compromiso inhabilita nuestro potencial de competencias?
No hay talento que no necesite de una actitud personal como condición de determinación y disposición ante las decisiones que se toman en una empresa. Al igual, que ante todo proyecto a realizar, la motivación es el fundamento y acicate que nos incentiva en desarrollo de nuestro talante frente a las dificultades u obstáculos que se nos presenten.
El talento en la empresa y en toda profesión necesita de la inteligencia y su aplicación ante las contrariedades que nos sucedan o contradicciones que nos puedan surgir en el ejercicio que se desempeñe. De tal manera, que ese potencial de habilidades y competencias obliga a un deber (actitud) y responsabilidad de compromiso particular ante todo reto, proyecto o propósito. Es la complicidad personal necesaria ante la toma de decisiones y resoluciones a proceder.
Todo aplicación del talento en la empresa, no es solo una capacidad para ejercerlo tal cual, sino también requiere de la reflexión en las actuaciones y juicio en las decisiones que se adopten. Una reflexión en forma de consideración y argumentos de razón ante disposiciones, métodos a poner en práctica o decisiones que se tengan que abordar.
Toda resolución a nivel de empresa u organización en las decisiones a tomar tienen sus dificultades. Debiéndose concretar con acuerdos y determinaciones lo más amplios posibles como garantía de debate, aceptación de ideas y visiones de consenso. Unos indicativos que nos marcan que la actitud y el compromiso personal son determinantes para que se materialicen y cristalicen los objetivos establecidos de la forma más acertada y conveniente.
Cuando emprendemos cualquier plan de actuación, idea o propósito, la motivación es parte del talento personal que nos aporta el incentivo y el fundamento como causa y razón a conseguir. Aquella voluntad de empeño y deseo que nos trasmite la tenacidad en forma de constancia. Sin olvidar a la perseverancia en las acciones que nos dota de la firmeza y tesón ante los anhelos y deseos a alcanzar.
Si el talento en la empresa no va unido en todas las situaciones o circunstancias que se nos presenten con ganas e intenciones para afrontarlas caeremos en la ineficacia y la torpeza de actuación (dudas, incertidumbres y decisiones equivocadas).
Las dificultades en la labor empresarial requieren de actitudes de compromiso; encarando las dificultades y los problemas con determinación y arrojo. Una seguridad en nosotros mismos, en nuestras competencias y en la entereza como fortaleza de energía, carácter y aplomo ante las decisiones y estrategias a seguir.
Cuando el talento se basa solo en la aptitud y capacidad sin actitud ni disposición de talante personal están faltos de déficits de liderazgo, gestión y resolución de problemas. Estamos hablando del talento como capacidad y aptitud ineficaces. Ineficacia que desaprovecha la inteligencia como habilidad de capacidad y diligencia ante situaciones, conflictos o estrategias.
Malgastar el talento por falta de actitud y compromiso es caer en los errores y desaciertos. Nos aleja de la reflexión para pactar, disponer o resolver cualquier situación convirtiéndose en una rémora y freno ante los obstáculos y dificultades de toda empresa en el día a día.
Si la persona con talento destaca por el talante negativo y la falta de compromiso, nos restan inteligencia, eficacia y empeño de gestión y dirección empresarial. Nos crean comportamientos y conductas adversas que conllevan negación e incapacidad personal en los comportamientos y procederes que se ejecutan.
El talento conlleva obligaciones y responsabilidades en las gestiones y cometidos que se ejercitan. Si se realizan desde el freno personal, la falta de disposición y el desinterés caen en la torpeza, la incompetencia y la negación. Negación entendida como contrariedad personal, desacuerdo e incapacidad para negociar y convenir asuntos y temas en cuestión.
Los propósitos de toda empresa buscan un objetivo y un fin. Su razón de ser y motivo a luchar en sus metas y planes de actuación. De tal manera que si la gestión del talento se realiza sin fundamento, resolución y disposición estaremos cayendo en la ineficacia a modo de incapacidad e inacción en las respuestas ante los problemas y soluciones a tomar. Verdadera inutilidad de torpeza que nos conduce al error y al desacierto personal y empresarial.
No desaprovechemos el talento por falta de compromiso y actitud para que no se convierta en incapacidad. Es la mejor forma de no convertir la inteligencia en torpeza, las habilidades en incapacidades y la aptitud en rémora, freno e incompetencia.
Hagamos de la actitud y el compromiso un talante de disposición y un compromiso de responsabilidad frente a las dificultades y los problemas. La mejor manera de ver el talento en estado puro con su potencial de inteligencia, capacidad y razón de ser.
Aprovechemos el talento y no lo convirtamos en incapacidad e ineptitud.

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El equilibrio personal: un camino hacia la calma y la paz interior

Todo ser humano busca el equilibrio personal a través de la paz interior y la calma que nos aporte la armonía necesaria en la búsqueda de la felicidad y el bienestar del espíritu. Es la tranquilidad armónica del cuerpo y la mente que nos dota del sosiego y la placidez en nuestra forma de ser, sentir y comportarnos. Ser, como esencia de naturaleza y sustancia humana. Sentir, como sentimiento que nos aporte la sensibilidad y las sensaciones de lo que percibimos y observamos del mundo con la naturaleza y nuestro entorno humano. Comportamiento, como conducta de actuación que implementamos en nuestros procederes de conducta y vida diaria.
Busquemos el equilibrio personal que haga frente a las desgracias que se nos presenten desde la entereza y la firmeza de nuestros pensamientos que nos dotan de la energía y la fuerza para poder afrontarlas.
No renunciemos a la felicidad del espíritu que es parte de nuestra alma (sustancia viva y esencia humana). Aquella que nace del interior, es ánimo y naturaleza propia como cualidad inherente del ser humano.
No hay alma sin sentimiento ni voluntad del espíritu que no forme parte de nuestra conciencia, que nos hace sentir, pensar y entender.
Alcancemos el equilibrio personal a partir de la reflexión intima de nuestro ser que busca mediante el conocimiento su razón de ser. Una búsqueda mediante tres ejes a seguir: el raciocinio, la racionalidad y la capacidad a modo de competencia, disposición y saber.
Hagamos del cuerpo y la mente una simbiosis de fusión y visión humana que a través del equilibrio emocional nos transmita sensibilidad, afecto y ánimo. Son nuestras emociones de sentimiento, estima y ternura consustanciales al ser humano. Que deben ser el “ADN” natural e inherente que nos acompañe en el peregrinar de la vida. A través del cariño, el afecto y la amistad ante todo lo que nos rodea y somos participes como seres humanos.
Debemos encontrar la armonía del espíritu que nos transmita tranquilidad personal, alegría humana y paz interior. Que bonitas palabras cuando van acompañadas de la tranquilidad en nuestras creencias y convicciones que nos aportan sosiego y equilibrio. Son los principios humanos de cada individuo que parten del corazón y nos hacen diferentes.
Podemos conseguir el equilibrio personal cuando creemos y poseemos la fe como creencia;
convicción y confianza de convencimiento de nuestras ideas y pensamientos.
Veamos en el entendimiento de la mente: una inteligencia de pensamiento y razón que haga de nuestros propósitos e intenciones designios de metas y objetivos que nos aporten bienestar espiritual, felicidad del ánimo, paz, armonía y equilibrio personal.
No hagamos de la riqueza material una fortuna del alma y del espíritu. Hagamos de la fortuna del espíritu una riqueza de satisfacción interior de agrado con nosotros mismos (con nuestra persona, cuerpo y mente). Una felicidad que se gana desde el espíritu y que nace del interior de la fe como convencimiento y principio básico personal.
Cuidemos el cuerpo como baluarte de higiene de la mente que nos aporte equilibrio y mesura. Una mesura que transmita sensatez ante nuestros actos y prudencia en las determinaciones de sabiduría en nuestras decisiones.
La sabiduría personal siempre aporta coherencia personal ante la vida. La coherencia necesaria que nos haga ver la perspectiva real de la vida por medio de su máxima amplitud de miras como garante para no caer en contradicciones entre lo que pensamos y hacemos. Es el equilibrio de la razón a partir del raciocinio, la reflexión y el juicio personal.
En el espíritu del alma se encuentra la esencia de la felicidad como satisfacción y bienestar que busca la paz del espíritu y el equilibrio personal a través de la mente como segura y auténtica razón de ser, existir y vivir.
Disfrutemos de la naturaleza humana en su esencia encontrándonos con nosotros mismos para poder alcanzar la meta que nos proporcione el equilibrio personal como camino hacia la calma y la paz interior.
Emprendamos el camino.

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Los errores en la vida son lecciones aprendidas

La vida es una secuencia y sucesión de fotogramas con imágenes vividas en el tiempo; con momentos y circunstancias ocurridas que no tienen parada ni fin. Vivencias que se mantienen en el presente y que forman parte de nosotros.
Los momentos que vivimos en sus diferentes estados en la vida nos obligan a tomar decisiones. Unas decisiones que conllevan aciertos y errores en las actuaciones, comportamientos y situaciones que se nos presentan en el acontecer diario.
Toda decisión es una elección a tomar desde nuestra libertad individual de pensamiento. Por tal motivo, las circunstancias que vivamos y nos encontremos marcan momentos diferentes que necesitan de respuestas y comportamientos distintos.
El problema de la toma de decisiones es cuando llevan un resultado un resultado erróneo o comportamiento equivocado. Es el momento en que debemos evaluar la causa, el motivo y las circunstancias.
Nos podemos preguntar: ¿por qué caemos las personas siempre en los mismos errores? ¿Nos afectan los errores en nuestra vida? ¿Se puede aprender de los errores que cometemos?
El primer paso para cambiar es aceptar que los errores son equivocaciones que cometemos. A partir de ahí, se han de estudiar las coyunturas, situaciones y momentos en que se producen.
Un error necesita de una causa previa y de un análisis para conseguir un resultado. Por ello, las decisiones siempre se han de tomar en circunstancias que debemos contemplar y conocer con el fin de no caer en el error.
Aprender de los errores es aceptar los equívocos desde la modestia y la humildad para mejorar, crecer y superarnos.
Los errores son experiencias propias vividas desde el saber de lo que percibimos y vivimos a nuestro alrededor. Son ejemplos de que toda idea o argumento que necesite de una respuesta o toma de decisiones siempre puede dar lugar a un equívoco. Pero, también a una enseñanza a extraer, ya que es una experiencia y una prueba ante nosotros mismos.
La capacidad de razonar, la amplitud de miras con nuestras competencias y aptitudes han de ser condiciones básicas para comprender lo que nos rodea y tomar las decisiones en las mejores condiciones.
Muchas veces acertar no es fácil, pero menos fácil es a veces tomar decisiones que nos afectan y que son imprevisibles e impredecibles.
Es la firmeza y la entereza personal que tengamos la que marcará la determinación que tomemos ante los problemas y situaciones de dificultad.
Querer subsanar los errores es el primer paso para el cambio personal de mejora. Un proceso de reflexión que se aleja de la precipitación y la prisa; que busca desde el conocimiento de las cosas una visión más correcta y una perspectiva más real para no caer el error fácil.
Los errores en la vida también vienen precedidos de pruebas o retos inalcanzables que nos marcamos con vivencias y experiencias desfavorables.
La experiencia vivida nos ha de servir para tener una actitud de cambio, de mejora en las capacidades y una disposición positiva de talante y reflexiva en la actuación que profesemos.
Aprender de los errores es aceptarnos a nosotros mismos con nuestras fortalezas y limitaciones, pero con la actitud, la conducta y la disposición por progresar.
Los equipajes en las espaldas que llevamos los seres humanos también son un buen activo de advertencia y experiencia ante las dificultades y la toma de decisiones.
La experiencia propia adquirida ha de ser un cambio personal y amplitud de horizontes que tengamos.
Debemos avanzar en las aptitudes personales para no caer en la precipitación de la toma de decisiones erróneas que nos lleven al fracaso.
Aprender es entender las cosas desde el plano y la perspectiva que tenemos equivocado y queremos cambiar.
Las habilidades propias que tengamos siempre caerán en saco roto si no sabemos aprovechar el momento y las enseñanzas vividas y aprendidas para tomar las decisiones, poder entenderlas y aplicarlas en su justa medida.
Si aprender es un aprendizaje continuo diario, no caer en los errores es una lección por aprender de por vida.
Hagámosla nuestra.

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Emprender con capacidad, fuerza y energía

No hay voluntad de emprender que no tenga la determinación para poder empezar algo (proyecto, plan meta, objetivo), y tener el empeño en poder conseguirlo.
Todos los propósitos en la vida necesitan la capacidad para afrontarlos y la fuerza y la energía para materializarlos.
Para emprender no solo se requiere una actitud de empuje o inteligencia, sino también el saber encarar los retos con decisión, empeño y ánimo.
La intensidad y el ímpetu hacia los retos es una fortaleza de resistencia y ganas ante los inconvenientes y las dificultades que se nos puedan presentar.
La firmeza y la inteligencia han de tener el empuje de nuestros comportamientos y la amplitud de miras para poder ver los posibles obstáculos.
No podemos focalizarnos en un solo punto, sino tener una visión amplia ante impedimentos y problemas que nos puedan surgir.
Cuando emprendemos ponemos en marcha nuestro saber, pero también el deseo y la aptitud como valor de fuerza y empuje.
El ánimo es vital para alcanzar cualquier meta u objetivo cuando las decisiones se toman con empeño, tenemos aspiración en alcanzarlas y la voluntad es firme.
No veamos los obstáculos a modo de inconvenientes; démosle la vuelta a la negatividad que llevemos dentro a cambio de una actitud positiva, la capacidad para que podamos mejorar y las ganas para hacerlo mejor.
La disposición por emprender es una facultad de suficiencia. Es descubrir el talento interior y despertar las habilidades y experiencias por medio de nuestra destreza personal.
La aptitud es parte de nuestra inteligencia; aquella parte del saber necesaria para acometer cualquier cosa que iniciemos y queramos conseguir.
Toda acción a emprender requiere de un carácter e ímpetu para poder llevar a cabo los proyectos y retos con decisión y determinación.
El ánimo para emprender un objetivo es básico para alcanzar una meta, y vendrá determinado por los objetivos marcados, las intenciones a seguir, el empeño que pongamos y la profundidad del proyecto en sí mismo.
Emprender es saber afrontar las dificultades y los problemas intentando superarlos con las competencias y facultades personales; alejándonos de la precipitación y la impaciencia.
Los propósitos que se abordan con energía de espíritu siempre llevan la determinación del empuje, la voluntad en la acción y el interés para poder desempeñarlos.
Toda idea o aspiración es un valor o virtud para poner en práctica el inicio de un plan, su implementación, las decisiones que tomemos y la intensidad que pongamos serán parte del éxito que consigamos.
¿Por qué es importante emprender con capacidad, fuerza y energía? La intensidad en lo que creemos es parte del ímpetu en como abordamos las cosas. El carácter que tengamos nos dotara del impulso ante la frustración y las contrariedades. Y la fortaleza ha de ser el nervio que nos guie y conduzca como empuje de fuerza y energía que nos haga poner en marcha el propósito y el empeño en alcanzarlo para poder llegar a la meta.
Para afrontar algo con garantías en cualquier faceta de la vida no solo se requiere el saber y el poder, sino también el empuje y la voluntad de acción.
Las aspiraciones tienen que llevar consigo carácter e intensidad para poder acometerlas con competencia y aptitud.
Hay que tener una actitud positiva ante las dificultades para saber hacer frente a los impedimentos y los problemas.
No perdamos nuestra energía en actitudes negativas; dotémoslas del empuje necesario para llevar a cabo todas las acciones personales que emprendamos.
Hagamos de cada acción que emprendamos una superación y una mejora de crecimiento y desarrollo personal.
No seamos nuestra propia resistencia que nos paralice e impida realizarnos en nuestros deseos y anhelos como freno y rémora.
La fuerza del poder es la firmeza con que acometamos nuestras iniciativas y procesos que pongamos en marcha. La energía con que las llevemos a cabo y el empuje para su realización.
Las ganas son la mejor resistencia de nuestros propios miedos y la mejor fortaleza para poder combatirlos.
El impulso que ejercitemos y el carácter con que emprendamos las cosas serán el mejor termómetro de intensidad que marcara los deseos conquista y mejora en nuestras aspiraciones.
Emprender despierta la iniciativa y la creatividad, dándonos una óptica diferente en ver las cosas y una perspectiva de visión mas amplia.
Iniciativa y creatividad son dos caras de la misma moneda que reafirman nuestras convicciones y confianza en uno mismo, despertando la imaginación y el ingenio.
Impulsemos la creatividad y la inventiva como ilusión para emprender desde la inspiración, la imaginación y el talento.
Avanzar es intentar hacer cosas, afrontar los retos y empezar a emprender como valor de destreza por culminar y apuesta personal.
Emprendamos con ilusión y aprovechemos nuestra capacidad personal con firmeza y energía como desafío y reto ante las metas a alcanzar.

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El líder ético

En cualquier ámbito y parcela de la vida guiar a un colectivo de personas nunca es una tarea fácil, pero hacerlo de forma firme, segura con principios y justa aún lo es menos.
A día de hoy, todo líder de una empresa, organización o partido político requiere de unos fundamentos humanos más allá de su propio cometido consustancial.
Es bien sabido que un líder es un guía que a través de su influencia en los demás ejerce unas habilidades de convicción y persuasión para inducir y lograr unos objetivos definidos de antemano.
¿Es importante la calidad humana de un líder? ¿La humildad es una virtud que ha de acompañar a un líder? ¿El carisma de un líder lo es todo para conseguir los objetivos y metas de un equipo humano? ¿La ética en las acciones de conducta y comportamiento son primordiales a modo de norma en los retos a alcanzar?
Una organización, empresa o partido político está constituido por un conjunto de personas dirigidas de forma coordinada por un responsable y unas normas adaptadas a una estrategia, plan o proyecto para conseguir un fin concreto. Sin embargo, la pregunta es: ¿Cómo ha de ser este responsable o líder?
Un líder ha de tener unas virtudes de reconocimiento alejadas de la arrogancia en el comportamiento ante sus subordinados. Donde la sencillez personal sea parte de su trato en el día a día; acompañadas de una templanza en sus decisiones que conlleven comprensión ante las dificultades que puedan surgir.
El líder ético es aquel que enjuicia y evalúa desde la justicia ecuánime. Examinando las actuaciones y problemas a partir de un aspecto conciliador y humano.
Ya que un líder es un guía u orientador; sus juicios y análisis a analizar han de ser objetivos e imparciales. Alejados de cualquier forma de prepotencia, altanería u orgullo.
La inteligencia, carisma y personalidad de un líder siempre han de estar alejadas de la medianía, la insignificancia y la mediocridad en sus acciones.
La ética es parte intrínseca del líder que busca en la humildad una virtud de moral sin importarle el reconocimiento de los demás, pero sabiendo ensalzar sus cualidades y capacidades.
La critica positiva, el análisis y la evaluación de los problemas sirven al líder ético como una herramienta a tener en cuenta para transformar las debilidades en fortalezas de su equipo humano.
La comprensión de los sentimientos y emociones de un líder son la base que refuerzan las capacidades de inteligencia para cualquier orientador que busque el crecimiento personal de su colectivo a guiar. Ahí radica su grandeza en saber juzgar las situaciones en su justa medida y en reprobar cuando sea necesario los comentarios negativos que afecten al grupo.
El líder ético debe examinar las deficiencias de su equipo humano con las misión de poder mejorarlas desde su análisis más justo y equitativo.
Templanza, humildad y sencillez parecen palabras en desuso aunque son vitales para tomar decisiones justas en momentos difíciles. Es en ese momento cuando se ve la grandeza de un líder, su personalidad, su magnetismo y convicción hacia los demás. Su encanto para persuadir y motivar en la consecución de los proyectos y metas.
No hay líder ético que no anteponga los intereses del grupo a sus intereses particulares; desterrando el egocentrismo en favor de la suma de voluntades individuales y en la persecución del todo (metas, culminación de proyectos, planes de actuación).
Los guías éticos tienen virtudes donde mostrar sus cualidades y competencias con las fuerza de la abnegación entregada al grupo humano y la integridad en sus comportamientos y decisiones que pongan en práctica.
Las decisiones a tomar siempre necesitan de audacia, valentía y valor para poder llevarlas a cabo en toda su integridad como mejor acierto.
La sinceridad en la estrategias a seguir son la mejor manera de trabajar en equipo cuando las opiniones diferentes aparecen. Una forma de acicate grupal para fortalecer las buenas ideas, despertar la creatividad y emplear las mejores estrategias posibles.
Ya que todo guía es un consejero y orientador, su comportamiento en sus formas de actuación y procederes son vitales ya que repercuten en la incidencia del grupo en su calidad humana y resolución de conflictos.
El líder ético actúa desde la sinceridad con la finalidad de compartir ideas (unas veces coincidentes o no) que converjan en puntos de vista que encajen con la fuerza de la eficacia y la finalidad del trabajo bien hecho como verdadera fuente de emanación de voluntades conjuntas.
El objetivo del líder ético es valorar la calidad humana del grupo a modo de distintivo de su carácter justo, honestidad e integridad personal.

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No convirtamos los problemas en problemas añadidos

El ser humano como ser partícipe de esta sociedad, vive un sinfín de situaciones, estados y momentos que forman parte de su existencia vital.
Unas circunstancias de autentico protagonista activo que le afectan y condicionan, fruto de los hechos y actos que lo envuelven en el ejercicio de su quehacer diario.
Convirtiéndose en un actor principal que se ve inmerso a veces en acontecimientos que son ajenos a su control, voluntad y dominio.
Son circunstancias intrínsecas que forman parte de su periplo por la vida con resultados diferentes (convenientes y adversos) que le atañen y ocupan el pensamiento. En su aspecto más favorable dan lugar al impulso del ánimo, la aportación del equilibrio mental y la armonía del espíritu.
Mientras que desde su faceta más desfavorable, pueden afectar a su salud, economía, sentimientos o desgracias. Estas situaciones contrarias provocan pesadumbre, dolor e inquietud que dan lugar a la alteración de su estado emocional.
Una perturbación de las sensaciones y la sensibilidad que pueden ser motivo de la aparición de los problemas (causantes de la intranquilidad y afectación física y mental) que modifican la satisfacción y el bienestar personal.
Este cambio del estado emocional por circunstancias exógenas, interfiere en su rutina diaria, conlleva preocupaciones añadidas y la pérdida de la serenidad como fortaleza emocional de inmunidad ante cualquier circunstancia inconveniente y negativa. Cuando esto ocurre, es el momento en el cual se altera el nivel emocional, perdiéndose la confianza y provocando la aparición de los miedos y las dubitaciones.
Si los problemas generan una inquietud en la persona, no hagamos de esta desazón un estado de angustia permanente que se convierta en una obsesión de peso. De esta forma, caeremos en el agobio de las soluciones no encontradas ante los problemas.
Hay que buscar una disposición del ánimo en positivo que frene cualquier alteración de alarma ante las contrariedades.
Desterrando la excitación de las perturbaciones que acarreen un trastorno y agitación ante los estados de incertidumbre.
Es indispensable alejarse de la impaciencia; verdadera compañera de la confusión que ciega las ideas y ansias, provocando el malestar físico en el afán de superar los obstáculos, y en detrimento del empeño y el esfuerzo que se disponga.
Si los problemas necesitan del esfuerzo, no se pueden perder fuerzas frente a la aflicción y el dolor. Por ello, es necesario luchar contra la pena y la tristeza de los malos momentos, sin amargura ni temor. Buscando la influencia del valor y la fuerza a modo de medio y serenidad personal natural de calma.
Sabiendo que todos los problemas comportan preguntas, dudas y enigmas por descubrir. Siendo imprescindible un ejercicio de superación y refuerzo mental delante de cualquier conflicto o contratiempo.
Los inconvenientes siempre son un trastorno que contienen disgustos y pesar. Una pugna humana interior de contradicciones y decepciones cuando no se pueden adoptar las soluciones a las desdichas, fatalidades e infelicidades.
Ante estas situaciones no provoquemos un castigo gratuito ni una condena personal en vida. Los problemas requieren esfuerzos a veces incómodos que duelen y abaten en la desolación y la apretura de los acontecimientos que acucian.
En el conflicto de la resolución de los problemas que no son fáciles hay que tener decisión en las convicciones con actitudes de conveniencia que se realicen.
Unas decisiones que requieren la determinación y la firmeza del ánimo. Disposición que es primordial para buscar las habilidades más recónditas a modo de oportunidades y posibilidades de solución.
En el beneficio expreso de seguir viéndose útil para luchar ante las contingencias que se produzcan en la mejor forma de poder combatirlas y solventarlas.
Si los problemas, problemas son, no los agravemos innecesariamente. Solo conseguiremos empeorar las situaciones y estados emocionales que nos inquietan.
Al contrario, ante los problemas hay que enfrentarse, intentando aminorarlos para poder amortiguar sus efectos negativos y paliarlos en las mejores condiciones. Ya que de no hacerlo, convertiríamos los problemas reales existentes en problemas añadidos.
De la misma manera que los problemas vienen dados de circunstancias inapropiadas en momentos inapropiados; tengamos actitudes apropiadas que busquen remedios apropiados.
No hacerlo así, provocara una distorsión que nos acerque al remedio y la subsanación de cualquier dificultad, estado, condición o situación que se nos presente.
Aprovechemos la ocasión como primer paso para poder empezar a afrontarlos sin convertirlos en problemas añadidos.

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La sensatez como fortaleza ante la toma de decisiones

En la vida ante cualquier determinación o resolución (profesional, empresarial, política o personal) para resolver cualquier conflicto, iniciativa o destino a seguir, los seres humanos tomamos decisiones de diferente índole. Unas decisiones que requieren de una fortaleza y firmeza ante las dudas, dificultades o miedos. Unos procederes de actuación que deben ir acompañados de reflexión, madurez y juicio; donde se evalúen las diferentes posibilidades y perspectivas de los problemas, buscando nuevos enfoques adecuados y soluciones certeras que eviten perjuicios y errores innecesarios en los hábitos del quehacer diario. Por tal motivo, la personalidad propia ha de ser garante y guía de sensatez y fortaleza en la toma de decisiones.
La madurez profesada ante cualquier medida o iniciativa requieren de la energía del espíritu y el empuje del ánimo a través de la cual, la disposición de actuación ha de ser una elección donde impere la lógica y el criterio de la inteligencia ante las ideas y las reflexiones.
Las decisiones necesitan de empuje para pactar y mejorar cuando sea necesario y conveniente (inteligencia personal), ya que transmiten intensidad y agudeza en cualquier desenlace o fin, dando fluidez y nitidez a las controversias y las dubitaciones.
Es por medio de nuestro parecer particular cuando se ha de crear y mantener un criterio nítido real ante la presentación o aparición de un proceso que se inicie o necesite su examen.
Cualquier causa a tratar es un reto (motivación personal) que debe equipar y fomentar la potencia de las creencias con la consistencia de los valores. Sabiendo que las decisiones a emprender y la disposición en las medidas no llevan siempre la unanimidad de las acciones.
Es ineludible tener que buscar en la ponderación de las actuaciones puntos de encuentro que faciliten nuevas perspectivas, enfoques y realidades. Aquel tiento del razonamiento que ampare los argumentos y los refuerza como protección de defensa y racionalidad.
Todo convenio y compromiso (profesional, personal, humano) ha de tener una consonancia de conformidad y consentimiento que precise de la audacia y la concreción de las ideas con sus propuestas y soluciones.
No hay decisión que no requiera un porqué, un fundamento y una justificación. Por ello, ante cualquier tesis a defender, la defensa con criterio, opinión y seriedad son un baluarte positivo de carácter y temple.
Las disquisiciones y consideraciones en toda parcela personal o de organización, forman parte de la conducta, la actitud y el talante para negociar las decisiones, sus efectos y resultados.
La solidez en los planteamientos, la intensidad en los fines y la perseverancia son elementos de empuje y mesura imprescindibles ante cualquier decisión o actuación con un fin efectivo (meta, reto, proyecto).
Las dificultades que puedan presentarse se han de sobrellevar con sobriedad, sin disminución del ánimo ni la equidad.
El sentido común ha de impulsar las actitudes de responsabilidad, justicia y verdad. Aquellos principios y fundamentos que son motivo de brega de las creencias y criterios propios ante la vida.
El aplomo y el temple son buenos compañeros de viaje frente a las determinaciones, aportando estabilidad personal y emocional como elemento primordial de entusiasmo y animosidad en el ejercicio de las resoluciones que se ejecutan. Un impulso de la voluntad y el deseo del espíritu como soplo de certeza y seguridad potente del coraje.
Los pareceres siempre exigen de una opinión, un juicio y una máxima de deseo, voluntad e intención para alcanzar cualquier cometido.
Los errores y las equivocaciones han de subsanarse con voluntad, afán y brega por el cambio. Un influjo de tesón y empeño que visione carácter y gana en el empuje de las acciones con contundencia y fuerza (perseverancia de actuación).
La fortaleza personal frente a las ideas y proposiciones a realizar han de ser una alternativa positiva ante los dilemas y dudas en la selección efectiva para el aumento de las posibilidades de los retos a alcanzar. Unidas a la capacitación del talento y la aptitud del saber en los comportamientos y las situaciones a resolver.
No hagamos de la sensatez un despropósito de irreflexión. Al contrario, un ejercicio de maduración, prudencia y discreción en las relaciones y juicios.
No caigamos en el desaliento (personal o de equipo humano), la flaqueza y la debilidad de las incertidumbres y los desconocimientos. Busquemos en la virtud del espíritu, en la energía vital y en el carácter personal, el cambio de paradigma que venza el titubeo, la inseguridad y la inquietud, transformándolos en la tranquilidad del bien hacer, la decisión de las acciones y la resolución ante los conflictos.
Aparquemos las dubitaciones (endógenas o exógenas) y la perplejidad de las contrariedades frente a la fragilidad y las vacilaciones. Aquellos recelos de los problemas que generan reparo y desconfianza ante cualquier incógnita o cuestión como dilema de indeterminación e inseguridad.
No hay mejor estimulo para lanzar las metas que vencer los obstáculos con seguridad y valor en uno mismo y sus posibilidades.
Es la forma más adecuada de allanar el camino como garantía de fortaleza y sensatez en la toma de decisiones (en cualquier ámbito o situación) como búsqueda de un resultado final satisfactorio y exitoso.

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La honestidad como valor personal

Hablar de honestidad como valor personal en nuestra sociedad actual, es hablar desde la conciencia del ser humano a través de: la rectitud, la entereza moral y la justicia. Unos rasgos que determinan su forma de ser, actuar y proceder ante sí mismo y sus semejantes.
Unas cualidades personales de compromiso y coherencia en su forma de vivir, pensar y sentir.
Verdadera expresión de sinceridad innata en su buen obrar como individuo y respeto dentro de una comunidad de convivencia social.
Cualquier persona que tenga como principio humano, la honestidad, es una muestra de honra, virtud y sinónimo de respeto ante sus semejantes.
Los principios de un ser humano reflejan su comportamiento social que adquieren valor y relevancia ante sus quehaceres diarios cotidianos dentro de su entorno (familia, vida, trabajo, amistades).
El perfil de la persona honesta conlleva, la rectitud de sus decisiones, acciones de justicia y sentido moral. Aquellas que buscan la coherencia y la sinceridad en sus actos mediante intenciones demostrables que anteponen la verdad y el respeto por su prójimo como norma básica.
Profesar la honestidad como modelo de actitud es una forma de mostrarnos ante los demás de forma equilibrada en la moderación de metas, actos y pensamientos. Ya que por medio de la conciencia tenemos la capacidad de conocernos como seres humanos, sentir y percibir el entorno que nos rodea.
La honestidad hace que desde nuestra concepción moral tomemos las determinaciones en función de nuestras reflexiones y sentido del deber, por medio la conducta personal y los principios éticos.
No hay mayor honorabilidad que los comportamientos honestos que dignifican a la persona y la dotan de una estima personal de desarrollo interior y creencia propia.
En cualquier sociedad, la respetabilidad de las personas viene dada por un comportamiento y consideración que siempre va ligada a una coherencia ante la vida con rigor y justicia.
No hay mejor reconocimiento que aquel que nos dota de la satisfacción plena y del deber cumplido. Una estima de consideración que transmite la honestidad a cualquier persona y que genera confianza ante las vicisitudes de la vida.
La persona honesta es natural en el trato personal en cualquier parcela que desempeñe. Transmitiendo franqueza en sus actuaciones y comentarios que demuestran su llaneza y naturalidad. Son individuos que gustan de la amistad y saben forjarla por su propio vigor y filosofía de vida. Teniendo un aplomo ante cualquier circunstancia que se les presente, ya que son decididos como consecuencia de sus convicciones claras y manifiestas, sin tener ninguna duda en sus creencias.
La actitud de la persona honesta hace creíble sus palabras, transmitiendo firmeza y fiabilidad en las opiniones que profesa y la confianza que genera.
La honestidad en la persona que la pone en práctica, es una muestra de personalidad innata que lo honra, por su justicia, imparcialidad y rigor. Es un valor que conlleva una moralidad intachable de dignidad y bondad. Una virtud de pureza, ética y decoro ante cualquier situación presentada, donde los principios y el honor son parte de su honra personal.
La honestidad humana dignifica a las personas, desde el sentido ético, satisfacción moral y personalidad propia. Un ejemplo de integridad y honradez que se manifiesta ante cualquier compromiso adquirido. Sin darse importancia a sí mismo, ni tener una elevación desmesurada de su propia persona. Una sintonía de personalidad manifiesta que aumenta aún más, la estima en todos sus ámbitos de actuación. Un comportamiento de orgullo sano particular que distingue su identidad personal y natural.
La sociedad necesita de personas que reconozcan la honestidad como una virtud de rectitud, principios y moral. Es el prototipo de la persona discreta y prudente que da más valor a las creencias que no a la imagen superflua de la vanagloria, la vanidad o la petulancia.
La honestidad como valor humano, es consustancial con la persona, es un modo de ser, una idiosincrasia o signo característico que lo distingue de los demás individuos; con su carácter y rasgos propios. Es aquella verdadera naturaleza del ser humano en estado puro, con su temple natural y temperamento. Es la condición particular de cada persona con su identidad y cualidades innatas que determinan con su aptitud, los méritos que dan categoría, valor y envergadura de discreción y compostura de honradez, ética y moralidad. Es el honor que forma a las personas desde su vertiente más humana.
Nuestra sociedad necesita personas probas con virtud de conducta humana, ligada a la honradez, la rectitud, la entereza moral y la honestidad.
Busquemos en la probidad, el camino de la moralidad en la conducta humana y en la honestidad un valor personal de integridad, entereza y rectitud del ánimo.

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La incidencia de los retos marcan nuestro crecimiento personal

A lo largo de su existencia, el ser humano adquiere a nivel personal unos compromisos consigo mismo, tanto a nivel de superación como de crecimiento personal y autoafirmación.
Son aquellos objetivos, ideales y metas fruto de sus inquietudes que forman parte de idiosincrasia propia. Sirviendo de estímulo, impulso y desafío en sus diferentes vertientes y facetas de la vida.
Unas demostraciones y pruebas en forma de progreso y desarrollo evolutivo personal como seres humanos y autoafirmación consustancial.
Todos los individuos buscan un reforzamiento personal de sus razonamientos y principios en la búsqueda de sus fines, deseos y propósitos.
Una actitud de evolución y avance en las creencias como prueba de confirmación individual que se manifiesta a través de los sentimientos, pensamientos y procederes. Pero, ¿sabemos sobreponernos ante los desafíos y adversidades de la vida? ¿Buscamos la superación de los problemas desde el crecimiento interno y la autoafirmación?
Estamos ante retos que ponen a prueba nuestra fortaleza personal. Una virtud que busca vencer los miedos, recelos e inseguridades propias que pueden entorpecer nuestros valores personales de creencias y que pueden dar lugar a una alteración del ánimo y una percepción equivocada por la angustia ante lo desfavorable y las situaciones de infortunio. Ante ello, los objetivos emprendidos han de buscar finalidades y propósitos positivos en las intenciones y aspiraciones a conquistar. Unas metas personales que culminen las voluntades, anhelos e intenciones.
Toda meta es un ansia de ambición positiva y pretensión legitima desde el afán como objeto y prueba de ideal y finalidad humana.
Ya que cualquier aspiración comporta un ideal, no podemos quedarnos en un solo aspecto conceptual e imaginario, sino interpretarla también desde su aspecto primitivo de valor moral.
Los retos han de servir como demostración y testimonio de confirmación en las convicciones personales. Un vencimiento ante las dificultades que aporte una mejora en el crecimiento personal y desarrollo humano. Una evolución de nuestras competencias naturales y posibilidades de cambio y avance.
Aquel cumplimiento que nos marcamos en el camino para vencer los desafíos que nos conduzcan hacia el éxito, con el propósito de realización personal como sentimiento de plenitud ante los retos.
Es la culminación humana de satisfacción de nuestros empeños en toda su extensión y realidad manifiesta. Verdadera integridad de valores personales en su totalidad humana que nos dota del equilibrio físico y mental frente ante cualquier carencia, deficiencia o falta.
Todos los retos requieren una superación ante cualquier objetivo a emprender, pero también una autoafirmación de potencia manifiesta en las actitudes que conlleven un crecimiento personal de valor positivo y mejora de competencias ante las contrariedades en forma de vacuna que nos dote de fortaleza y calidad humana.
Cualquier obstáculo necesita de una capacidad moral de resistencia y firmeza en las creencias personales con la constancia del sacrificio como andadura de triunfo ante los miedos, equivocaciones y debilidades.
Para conquistar los retos hay que saber no rendirse y superar los contratiempos, derrumbando los muros del pesimismo con el interés en el empeño de las creencias.
Con la importancia del valor y el esfuerzo del trabajo que requiere del ahínco, la diligencia y la eficacia en nuestros actos.
En cualquier tarea es indispensable el vigor, la solvencia y el esfuerzo ante las sensaciones de deseo y esperanza, que vaya desde la ambición y la constancia permanente de disciplina y tesón. Es la incidencia del ánimo personal como empresa que nos conduzca hacia el triunfo. Auténtica voluntad inquebrantable de determinación como virtud de perseverancia ante las determinaciones, actos de comportamiento y aspiraciones que se pretendan.
Con el acompañamiento de la constancia que requiere de una firmeza personal a modo de seguridad y certidumbre en la consecución de un reto.
Sin la certeza ni el convencimiento de protección para alcanzar un objetivo, éste queda diezmado, alejándonos en la creencia de poder alcanzarlo. Apareciendo las dudas, la desestabilización, la pérdida de confianza y la defensa como garantía de apoyo y convicción.
Una creencia de evidencia en lo que se cree que se lucha por conseguir y que es parte de nuestra identidad natural.
Hay que mantener la firmeza del convencimiento a modo de aval en la consecución y culminación de las ambiciones a obtener.
Si los retos necesitan de una maduración, también necesitan de un enriquecimiento humano como signo de progreso y evolución humana.
Auténtica muestra de crecimiento personal en la ejecución de los propósitos y ampliación de miras. Una clave de exaltación personal y ensalzamiento propio en la formación a nivel de progreso individual.
Hagamos de los retos una demostración de vigor y energía del ánimo. Acicate y mejora de nuestra conducta como respuesta a nuestras reacciones en el día a día. Siendo artífice vital en el desarrollo de las habilidades y potencialidades humanas. Aquellas que contribuyan a la obtención de los deseos en función de las cualidades y aspiraciones.
Veamos la vida desde un aprendizaje constante de lucha y camino hacia el viaje de los sueños para poder alcanzarlos.
Aprovechemos los retos como prueba de crecimiento personal, evolución humana, transformación y conocimiento propio.
Es un reto apasionante, personal, a perseguir y conquistar.

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