No convirtamos los problemas en problemas añadidos

El ser humano como ser partícipe de esta sociedad, vive un sinfín de situaciones, estados y momentos que forman parte de su existencia vital.
Unas circunstancias de autentico protagonista activo que le afectan y condicionan, fruto de los hechos y actos que lo envuelven en el ejercicio de su quehacer diario.
Convirtiéndose en un actor principal que se ve inmerso a veces en acontecimientos que son ajenos a su control, voluntad y dominio.
Son circunstancias intrínsecas que forman parte de su periplo por la vida con resultados diferentes (convenientes y adversos) que le atañen y ocupan el pensamiento. En su aspecto más favorable dan lugar al impulso del ánimo, la aportación del equilibrio mental y la armonía del espíritu.
Mientras que desde su faceta más desfavorable, pueden afectar a su salud, economía, sentimientos o desgracias. Estas situaciones contrarias provocan pesadumbre, dolor e inquietud que dan lugar a la alteración de su estado emocional.
Una perturbación de las sensaciones y la sensibilidad que pueden ser motivo de la aparición de los problemas (causantes de la intranquilidad y afectación física y mental) que modifican la satisfacción y el bienestar personal.
Este cambio del estado emocional por circunstancias exógenas, interfiere en su rutina diaria, conlleva preocupaciones añadidas y la pérdida de la serenidad como fortaleza emocional de inmunidad ante cualquier circunstancia inconveniente y negativa. Cuando esto ocurre, es el momento en el cual se altera el nivel emocional, perdiéndose la confianza y provocando la aparición de los miedos y las dubitaciones.
Si los problemas generan una inquietud en la persona, no hagamos de esta desazón un estado de angustia permanente que se convierta en una obsesión de peso. De esta forma, caeremos en el agobio de las soluciones no encontradas ante los problemas.
Hay que buscar una disposición del ánimo en positivo que frene cualquier alteración de alarma ante las contrariedades.
Desterrando la excitación de las perturbaciones que acarreen un trastorno y agitación ante los estados de incertidumbre.
Es indispensable alejarse de la impaciencia; verdadera compañera de la confusión que ciega las ideas y ansias, provocando el malestar físico en el afán de superar los obstáculos, y en detrimento del empeño y el esfuerzo que se disponga.
Si los problemas necesitan del esfuerzo, no se pueden perder fuerzas frente a la aflicción y el dolor. Por ello, es necesario luchar contra la pena y la tristeza de los malos momentos, sin amargura ni temor. Buscando la influencia del valor y la fuerza a modo de medio y serenidad personal natural de calma.
Sabiendo que todos los problemas comportan preguntas, dudas y enigmas por descubrir. Siendo imprescindible un ejercicio de superación y refuerzo mental delante de cualquier conflicto o contratiempo.
Los inconvenientes siempre son un trastorno que contienen disgustos y pesar. Una pugna humana interior de contradicciones y decepciones cuando no se pueden adoptar las soluciones a las desdichas, fatalidades e infelicidades.
Ante estas situaciones no provoquemos un castigo gratuito ni una condena personal en vida. Los problemas requieren esfuerzos a veces incómodos que duelen y abaten en la desolación y la apretura de los acontecimientos que acucian.
En el conflicto de la resolución de los problemas que no son fáciles hay que tener decisión en las convicciones con actitudes de conveniencia que se realicen.
Unas decisiones que requieren la determinación y la firmeza del ánimo. Disposición que es primordial para buscar las habilidades más recónditas a modo de oportunidades y posibilidades de solución.
En el beneficio expreso de seguir viéndose útil para luchar ante las contingencias que se produzcan en la mejor forma de poder combatirlas y solventarlas.
Si los problemas, problemas son, no los agravemos innecesariamente. Solo conseguiremos empeorar las situaciones y estados emocionales que nos inquietan.
Al contrario, ante los problemas hay que enfrentarse, intentando aminorarlos para poder amortiguar sus efectos negativos y paliarlos en las mejores condiciones. Ya que de no hacerlo, convertiríamos los problemas reales existentes en problemas añadidos.
De la misma manera que los problemas vienen dados de circunstancias inapropiadas en momentos inapropiados; tengamos actitudes apropiadas que busquen remedios apropiados.
No hacerlo así, provocara una distorsión que nos acerque al remedio y la subsanación de cualquier dificultad, estado, condición o situación que se nos presente.
Aprovechemos la ocasión como primer paso para poder empezar a afrontarlos sin convertirlos en problemas añadidos.

Anuncios
Publicado en Sociedad y Humanismo | Deja un comentario

La sensatez como fortaleza ante la toma de decisiones

En la vida ante cualquier determinación o resolución (profesional, empresarial, política o personal) para resolver cualquier conflicto, iniciativa o destino a seguir, los seres humanos tomamos decisiones de diferente índole. Unas decisiones que requieren de una fortaleza y firmeza ante las dudas, dificultades o miedos. Unos procederes de actuación que deben ir acompañados de reflexión, madurez y juicio; donde se evalúen las diferentes posibilidades y perspectivas de los problemas, buscando nuevos enfoques adecuados y soluciones certeras que eviten perjuicios y errores innecesarios en los hábitos del quehacer diario. Por tal motivo, la personalidad propia ha de ser garante y guía de sensatez y fortaleza en la toma de decisiones.
La madurez profesada ante cualquier medida o iniciativa requieren de la energía del espíritu y el empuje del ánimo a través de la cual, la disposición de actuación ha de ser una elección donde impere la lógica y el criterio de la inteligencia ante las ideas y las reflexiones.
Las decisiones necesitan de empuje para pactar y mejorar cuando sea necesario y conveniente (inteligencia personal), ya que transmiten intensidad y agudeza en cualquier desenlace o fin, dando fluidez y nitidez a las controversias y las dubitaciones.
Es por medio de nuestro parecer particular cuando se ha de crear y mantener un criterio nítido real ante la presentación o aparición de un proceso que se inicie o necesite su examen.
Cualquier causa a tratar es un reto (motivación personal) que debe equipar y fomentar la potencia de las creencias con la consistencia de los valores. Sabiendo que las decisiones a emprender y la disposición en las medidas no llevan siempre la unanimidad de las acciones.
Es ineludible tener que buscar en la ponderación de las actuaciones puntos de encuentro que faciliten nuevas perspectivas, enfoques y realidades. Aquel tiento del razonamiento que ampare los argumentos y los refuerza como protección de defensa y racionalidad.
Todo convenio y compromiso (profesional, personal, humano) ha de tener una consonancia de conformidad y consentimiento que precise de la audacia y la concreción de las ideas con sus propuestas y soluciones.
No hay decisión que no requiera un porqué, un fundamento y una justificación. Por ello, ante cualquier tesis a defender, la defensa con criterio, opinión y seriedad son un baluarte positivo de carácter y temple.
Las disquisiciones y consideraciones en toda parcela personal o de organización, forman parte de la conducta, la actitud y el talante para negociar las decisiones, sus efectos y resultados.
La solidez en los planteamientos, la intensidad en los fines y la perseverancia son elementos de empuje y mesura imprescindibles ante cualquier decisión o actuación con un fin efectivo (meta, reto, proyecto).
Las dificultades que puedan presentarse se han de sobrellevar con sobriedad, sin disminución del ánimo ni la equidad.
El sentido común ha de impulsar las actitudes de responsabilidad, justicia y verdad. Aquellos principios y fundamentos que son motivo de brega de las creencias y criterios propios ante la vida.
El aplomo y el temple son buenos compañeros de viaje frente a las determinaciones, aportando estabilidad personal y emocional como elemento primordial de entusiasmo y animosidad en el ejercicio de las resoluciones que se ejecutan. Un impulso de la voluntad y el deseo del espíritu como soplo de certeza y seguridad potente del coraje.
Los pareceres siempre exigen de una opinión, un juicio y una máxima de deseo, voluntad e intención para alcanzar cualquier cometido.
Los errores y las equivocaciones han de subsanarse con voluntad, afán y brega por el cambio. Un influjo de tesón y empeño que visione carácter y gana en el empuje de las acciones con contundencia y fuerza (perseverancia de actuación).
La fortaleza personal frente a las ideas y proposiciones a realizar han de ser una alternativa positiva ante los dilemas y dudas en la selección efectiva para el aumento de las posibilidades de los retos a alcanzar. Unidas a la capacitación del talento y la aptitud del saber en los comportamientos y las situaciones a resolver.
No hagamos de la sensatez un despropósito de irreflexión. Al contrario, un ejercicio de maduración, prudencia y discreción en las relaciones y juicios.
No caigamos en el desaliento (personal o de equipo humano), la flaqueza y la debilidad de las incertidumbres y los desconocimientos. Busquemos en la virtud del espíritu, en la energía vital y en el carácter personal, el cambio de paradigma que venza el titubeo, la inseguridad y la inquietud, transformándolos en la tranquilidad del bien hacer, la decisión de las acciones y la resolución ante los conflictos.
Aparquemos las dubitaciones (endógenas o exógenas) y la perplejidad de las contrariedades frente a la fragilidad y las vacilaciones. Aquellos recelos de los problemas que generan reparo y desconfianza ante cualquier incógnita o cuestión como dilema de indeterminación e inseguridad.
No hay mejor estimulo para lanzar las metas que vencer los obstáculos con seguridad y valor en uno mismo y sus posibilidades.
Es la forma más adecuada de allanar el camino como garantía de fortaleza y sensatez en la toma de decisiones (en cualquier ámbito o situación) como búsqueda de un resultado final satisfactorio y exitoso.

Publicado en Marketing y Empresa | Deja un comentario

La honestidad como valor personal

Hablar de honestidad como valor personal en nuestra sociedad actual, es hablar desde la conciencia del ser humano a través de: la rectitud, la entereza moral y la justicia. Unos rasgos que determinan su forma de ser, actuar y proceder ante sí mismo y sus semejantes.
Unas cualidades personales de compromiso y coherencia en su forma de vivir, pensar y sentir.
Verdadera expresión de sinceridad innata en su buen obrar como individuo y respeto dentro de una comunidad de convivencia social.
Cualquier persona que tenga como principio humano, la honestidad, es una muestra de honra, virtud y sinónimo de respeto ante sus semejantes.
Los principios de un ser humano reflejan su comportamiento social que adquieren valor y relevancia ante sus quehaceres diarios cotidianos dentro de su entorno (familia, vida, trabajo, amistades).
El perfil de la persona honesta conlleva, la rectitud de sus decisiones, acciones de justicia y sentido moral. Aquellas que buscan la coherencia y la sinceridad en sus actos mediante intenciones demostrables que anteponen la verdad y el respeto por su prójimo como norma básica.
Profesar la honestidad como modelo de actitud es una forma de mostrarnos ante los demás de forma equilibrada en la moderación de metas, actos y pensamientos. Ya que por medio de la conciencia tenemos la capacidad de conocernos como seres humanos, sentir y percibir el entorno que nos rodea.
La honestidad hace que desde nuestra concepción moral tomemos las determinaciones en función de nuestras reflexiones y sentido del deber, por medio la conducta personal y los principios éticos.
No hay mayor honorabilidad que los comportamientos honestos que dignifican a la persona y la dotan de una estima personal de desarrollo interior y creencia propia.
En cualquier sociedad, la respetabilidad de las personas viene dada por un comportamiento y consideración que siempre va ligada a una coherencia ante la vida con rigor y justicia.
No hay mejor reconocimiento que aquel que nos dota de la satisfacción plena y del deber cumplido. Una estima de consideración que transmite la honestidad a cualquier persona y que genera confianza ante las vicisitudes de la vida.
La persona honesta es natural en el trato personal en cualquier parcela que desempeñe. Transmitiendo franqueza en sus actuaciones y comentarios que demuestran su llaneza y naturalidad. Son individuos que gustan de la amistad y saben forjarla por su propio vigor y filosofía de vida. Teniendo un aplomo ante cualquier circunstancia que se les presente, ya que son decididos como consecuencia de sus convicciones claras y manifiestas, sin tener ninguna duda en sus creencias.
La actitud de la persona honesta hace creíble sus palabras, transmitiendo firmeza y fiabilidad en las opiniones que profesa y la confianza que genera.
La honestidad en la persona que la pone en práctica, es una muestra de personalidad innata que lo honra, por su justicia, imparcialidad y rigor. Es un valor que conlleva una moralidad intachable de dignidad y bondad. Una virtud de pureza, ética y decoro ante cualquier situación presentada, donde los principios y el honor son parte de su honra personal.
La honestidad humana dignifica a las personas, desde el sentido ético, satisfacción moral y personalidad propia. Un ejemplo de integridad y honradez que se manifiesta ante cualquier compromiso adquirido. Sin darse importancia a sí mismo, ni tener una elevación desmesurada de su propia persona. Una sintonía de personalidad manifiesta que aumenta aún más, la estima en todos sus ámbitos de actuación. Un comportamiento de orgullo sano particular que distingue su identidad personal y natural.
La sociedad necesita de personas que reconozcan la honestidad como una virtud de rectitud, principios y moral. Es el prototipo de la persona discreta y prudente que da más valor a las creencias que no a la imagen superflua de la vanagloria, la vanidad o la petulancia.
La honestidad como valor humano, es consustancial con la persona, es un modo de ser, una idiosincrasia o signo característico que lo distingue de los demás individuos; con su carácter y rasgos propios. Es aquella verdadera naturaleza del ser humano en estado puro, con su temple natural y temperamento. Es la condición particular de cada persona con su identidad y cualidades innatas que determinan con su aptitud, los méritos que dan categoría, valor y envergadura de discreción y compostura de honradez, ética y moralidad. Es el honor que forma a las personas desde su vertiente más humana.
Nuestra sociedad necesita personas probas con virtud de conducta humana, ligada a la honradez, la rectitud, la entereza moral y la honestidad.
Busquemos en la probidad, el camino de la moralidad en la conducta humana y en la honestidad un valor personal de integridad, entereza y rectitud del ánimo.

Publicado en Sociedad y Humanismo | Deja un comentario

La incidencia de los retos marcan nuestro crecimiento personal

A lo largo de su existencia, el ser humano adquiere a nivel personal unos compromisos consigo mismo, tanto a nivel de superación como de crecimiento personal y autoafirmación.
Son aquellos objetivos, ideales y metas fruto de sus inquietudes que forman parte de idiosincrasia propia. Sirviendo de estímulo, impulso y desafío en sus diferentes vertientes y facetas de la vida.
Unas demostraciones y pruebas en forma de progreso y desarrollo evolutivo personal como seres humanos y autoafirmación consustancial.
Todos los individuos buscan un reforzamiento personal de sus razonamientos y principios en la búsqueda de sus fines, deseos y propósitos.
Una actitud de evolución y avance en las creencias como prueba de confirmación individual que se manifiesta a través de los sentimientos, pensamientos y procederes. Pero, ¿sabemos sobreponernos ante los desafíos y adversidades de la vida? ¿Buscamos la superación de los problemas desde el crecimiento interno y la autoafirmación?
Estamos ante retos que ponen a prueba nuestra fortaleza personal. Una virtud que busca vencer los miedos, recelos e inseguridades propias que pueden entorpecer nuestros valores personales de creencias y que pueden dar lugar a una alteración del ánimo y una percepción equivocada por la angustia ante lo desfavorable y las situaciones de infortunio. Ante ello, los objetivos emprendidos han de buscar finalidades y propósitos positivos en las intenciones y aspiraciones a conquistar. Unas metas personales que culminen las voluntades, anhelos e intenciones.
Toda meta es un ansia de ambición positiva y pretensión legitima desde el afán como objeto y prueba de ideal y finalidad humana.
Ya que cualquier aspiración comporta un ideal, no podemos quedarnos en un solo aspecto conceptual e imaginario, sino interpretarla también desde su aspecto primitivo de valor moral.
Los retos han de servir como demostración y testimonio de confirmación en las convicciones personales. Un vencimiento ante las dificultades que aporte una mejora en el crecimiento personal y desarrollo humano. Una evolución de nuestras competencias naturales y posibilidades de cambio y avance.
Aquel cumplimiento que nos marcamos en el camino para vencer los desafíos que nos conduzcan hacia el éxito, con el propósito de realización personal como sentimiento de plenitud ante los retos.
Es la culminación humana de satisfacción de nuestros empeños en toda su extensión y realidad manifiesta. Verdadera integridad de valores personales en su totalidad humana que nos dota del equilibrio físico y mental frente ante cualquier carencia, deficiencia o falta.
Todos los retos requieren una superación ante cualquier objetivo a emprender, pero también una autoafirmación de potencia manifiesta en las actitudes que conlleven un crecimiento personal de valor positivo y mejora de competencias ante las contrariedades en forma de vacuna que nos dote de fortaleza y calidad humana.
Cualquier obstáculo necesita de una capacidad moral de resistencia y firmeza en las creencias personales con la constancia del sacrificio como andadura de triunfo ante los miedos, equivocaciones y debilidades.
Para conquistar los retos hay que saber no rendirse y superar los contratiempos, derrumbando los muros del pesimismo con el interés en el empeño de las creencias.
Con la importancia del valor y el esfuerzo del trabajo que requiere del ahínco, la diligencia y la eficacia en nuestros actos.
En cualquier tarea es indispensable el vigor, la solvencia y el esfuerzo ante las sensaciones de deseo y esperanza, que vaya desde la ambición y la constancia permanente de disciplina y tesón. Es la incidencia del ánimo personal como empresa que nos conduzca hacia el triunfo. Auténtica voluntad inquebrantable de determinación como virtud de perseverancia ante las determinaciones, actos de comportamiento y aspiraciones que se pretendan.
Con el acompañamiento de la constancia que requiere de una firmeza personal a modo de seguridad y certidumbre en la consecución de un reto.
Sin la certeza ni el convencimiento de protección para alcanzar un objetivo, éste queda diezmado, alejándonos en la creencia de poder alcanzarlo. Apareciendo las dudas, la desestabilización, la pérdida de confianza y la defensa como garantía de apoyo y convicción.
Una creencia de evidencia en lo que se cree que se lucha por conseguir y que es parte de nuestra identidad natural.
Hay que mantener la firmeza del convencimiento a modo de aval en la consecución y culminación de las ambiciones a obtener.
Si los retos necesitan de una maduración, también necesitan de un enriquecimiento humano como signo de progreso y evolución humana.
Auténtica muestra de crecimiento personal en la ejecución de los propósitos y ampliación de miras. Una clave de exaltación personal y ensalzamiento propio en la formación a nivel de progreso individual.
Hagamos de los retos una demostración de vigor y energía del ánimo. Acicate y mejora de nuestra conducta como respuesta a nuestras reacciones en el día a día. Siendo artífice vital en el desarrollo de las habilidades y potencialidades humanas. Aquellas que contribuyan a la obtención de los deseos en función de las cualidades y aspiraciones.
Veamos la vida desde un aprendizaje constante de lucha y camino hacia el viaje de los sueños para poder alcanzarlos.
Aprovechemos los retos como prueba de crecimiento personal, evolución humana, transformación y conocimiento propio.
Es un reto apasionante, personal, a perseguir y conquistar.

Publicado en Marketing y Empresa | Deja un comentario

Ser como somos

Las conductas y comportamientos determinan en los seres humanos la forma de “ser y estar” de su personalidad propia. Aquella parte innata que nos muestra tal como somos. Pero, ¿nos mostramos realmente así? ¿Estamos condicionados por el qué dirán? ¿Nuestros miedos y prejuicios crean una imagen de nuestra persona distorsionada ante los demás? ¿Ser naturales, sin corsés ni ataduras, nos hace crecer interiormente?
Tomando como referencia la frase célebre: “La verdad os hará libres”, podemos hacernos la siguiente pregunta: ¿por qué no empezamos a buscar nuestra propia libertad, aquella que nos libere de las ataduras y nos presente ante la gente y el mundo en toda nuestra esencia singular?
Sabiendo que no hay limpieza de la mente sin la llaneza en el trato, ni la sencillez en hacer o decir las cosas con la espontaneidad sana y franca que nos familiariza en nuestro entorno más personal. Donde nuestras actitudes y procederes particulares y relaciones externas tengan una naturaleza intrínseca y consustancial, sin apariencias ni simulaciones, tal cual.
No busquemos modelos engañosos que nos desfiguren y desvirtúen para hacernos ver mejores ante los demás de una forma irreal y artificial, rompiendo las barreras de las debilidades más recónditas que nos atormentan en nuestros quehaceres corrientes. Aquellas que buscan solamente reconocimientos personales efímeros y gratitudes innecesarias, vacías y triviales, cargadas de empobrecimiento anímico y espiritual.
Ya que ser como somos es parte de nosotros, no hagamos de ello una moneda de cambio para no ser lo que somos.
Creemos una imagen real desde nuestro interior personal más intimo. Aquel que es parte de la riqueza y de la miseria humana. Nuestro ser al descubierto; con sus equivocaciones, aciertos, ilusiones y fracasos. La verdad del alma en estado puro. Viva transmisión de sentimientos y emociones que nos hace mantener vivos en nuestras creencias y principios. Un estado existencial primitivo de respuesta ante la vida y el entorno que nos rodea.
Reconozcamos nuestras fortalezas y fragilidades sin miedos, traumas ni engaños, para empezar a conocernos un poco mejor, desde nuestra naturaleza más recóndita y profunda.
Hagamos un análisis central de reconocimiento propio sin falsos estereotipos que refleje la realidad verdadera.
Las personas valemos lo que valemos, no lo que hacemos ver que podemos valer. Por tal motivo, no gestemos figuras deformes que nos hagan adversarios y prisioneros del miedo y el fracaso personal. Que nos aterrorizan, paralizan y no nos dejan crecer a nivel de desarrollo individual y evolución humana.
Hagamos un ejercicio de terapia higiénica mental que purifique el alma y la mente. Vital y necesaria como regeneradora de positivismo y energía. Una palanca que impulse el ánimo como estímulo fundamental en la capacidad de canalizar y experimentar nuestras emociones y afectos. Una fuerza e incentivo permanente de voluntad y valor que dé respuesta a nuestras intenciones y deseos. Alma de espíritu como principio de la actividad humana que nos aporte y transmita el esfuerzo necesario que nos aliente y dote de una potencia especial en la aplicación y puesta en marcha de nuestros sentidos. Haciéndonos sentir y razonar desde el mejor estado emocional, con una actitud y disposición mental que plasme una existencia verídica tal como es en la actuación y conducta ordinaria.
No forjemos un carácter y manera de ser irreal que transmita una virtualidad falsa ajena a la auténtica realidad que somos. Estaremos creando individuos presos de sus miedos y temores, llenos de desasosiego, desconfianza y recelos. Condiciones propicias para fomentar una angustia permanente, bloqueo de la mente y escepticismo en nosotros mismos. Una pérdida de esperanza ante la vida, las emociones y los sentimientos que gravite a modo de freno y rémora; inmovilizándonos ante la toma de decisiones como barrera infranqueable que nos conduzcan hacia la infelicidad.
No podemos perder el sentido de la vida. Auténtico acicate que nos motive para avanzar y crecer en un camino de mejora y perfeccionamiento connatural al ser humano.
Sin ser como somos, no podemos desarrollarnos y progresar en nuestros principios y valores personales, quedando supeditados a las etiquetas que nos hemos prefabricado y que no forman parte de la realidad de lo que somos. Al revés, debemos ser los verdaderos protagonistas en primera persona; sin engañarnos ni creándonos una falsa idea artificiosa que sea demostración sintomática de inseguridad, falta de autoestima y miedo al fracaso. Una patología enfermiza que debemos superar con la vacuna de la confianza, la seguridad emocional y la valoración personal.
Al igual que la vida es maravillosa con sus imperfecciones, el ser humano también es maravilloso con sus limitaciones.
Disfrutemos como seres humanos intentando mejorar y progresar sin desfallecer en el intento. Es nuestra libertad individual y nuestro bien más preciado para poder ser y mostrarnos tal como somos.

Publicado en Sociedad y Humanismo | Deja un comentario

No huyamos ante las adversidades

La vida es un caminar constante de enigmas y situaciones imprevistas que marcan nuestro destino y andadura terrenal. Unas situaciones controladas a veces por nosotros e incontrolables cuando son determinadas por el destino, sin que podamos ejercer una influencia o determinación para que pasen o no.
Es la realidad que nos envuelve, con sus momentos de gloria, miserias y grandezas de cualquier índole (económicas, personales, afectivas).
Las adversidades siempre necesitan de una fortaleza para acometerlas y hacerles frente. Una resistencia y entereza para superarlas y no caer en la desesperanza ni la frustración, con la resistencia del espíritu y el ánimo.
No huir ante las adversidades es no evadirse de los problemas y sus consecuencias, saber encararlas y admitirlas si es necesario para no caer en la resignación.
En el momento que dejamos de luchar ante las dificultades, nos apartamos de la realidad de la vida y evitamos sus soluciones, o intento de búsqueda.
Cuando resistimos los empujes de la vida con sus incertidumbres y contrariedades, sabemos continuar el camino del destino; creyendo en nosotros mismos y en nuestra dignidad personal.
Cuantas preguntas sin respuestas nos da la vida, con sus enigmas, sus dudas e incógnitas. Aun así, los dilemas y las dificultades son complicaciones que hemos de saber gestionar. Las complicaciones son también una forma de interrelación personal. Unos contratiempos que nos hacen madurar ante las objeciones ayudando a poder resolverlas. Sabiendo que los impedimentos y las trabas de la vida siempre conllevan sufrimiento y disgustos. De tal manera que la pena y el pesar no han de ser lastres de pesadumbre a los interrogantes que nos preguntemos con sus misterios y dudas.
La desolación es el peor de los caminos que podemos emprender, ya que solo trae consigo el abatimiento personal y el dolor. La peor de las fatigas que nos pueden atormentar y castigar, convirtiéndose en una pena en vida.
En aquel instante en que la angustia ante los problemas se presenta, empieza el desasosiego y la amargura que solo conducen a la tristeza y a la aflicción.
No podemos hacer que de los desastres de la vida aumenten nuestra desgracia por los tropiezos y baches que podamos pasar, por muy complejos que puedan ser, sabiendo que hay que explorar siempre alguna alternativa por la que luchar como forma de superación y valoración propia en los malos momentos.
Hemos de actuar con decisión y entereza delante de las desgracias para no caer en nuestra propia vergüenza intima de los impedimentos del destino y sus contrariedades.
Afrontar los obstáculos con dignidad nos hace más fuertes ante las indecisiones, ya que la vida es un constante devenir de acontecimientos imprevisibles. Por ello, no podemos caer en dilemas de negatividad y pena.
Las cuestiones que nos acontezcan en la vida debemos afrontarlas con entereza de espíritu; aquella que no recela de nuestra inseguridad y ansiedad. De tal manera, tenemos que actuar al contrario, es decir con coraje y valor para sobreponernos a los conflictos y las dificultades.
No hagamos que las dificultades se conviertan en obstáculos más grandes y en preocupaciones mayores que sólo nos produzcan malestar y desconsuelo.
Las adversidades de la vida siempre son un trastorno, una piedra en el camino, pero no hagamos que se transformen en un freno que perjudique nuestra valentía y sacrificio de espíritu.
Todas las dificultades siempre se sobrellevan mejor con la firmeza, la entereza y el aplomo personal con que actuemos.
Es importante mantener un carácter de sosiego que denote serenidad para no caer en el desasosiego y los problemas que conlleva, tanto a nivel del ánimo como del alma.
Es aquella situación en que cuando la inquietud y la preocupación personal nos roba la paz interior, entramos en un circulo peligroso y enfermizo de cómo afrontar los problemas, sus consecuencias y peligros. Ante ello, no podemos sucumbir ante esta angustia, debiendo sobreponernos y luchar contra ella.
Desterremos cualquier estado afectivo negativo como reacción humana frente a los problemas, ya que solo nos traerá consecuencias que afecten a nuestras emociones y nuestra conducta ante la vida.
Si no sabemos enfrentarnos a los avatares de la vida y sus consecuencias, caeremos en la pena y la tristeza del ánimo, que sólo nos causa dolor y amargura interna. Un estado de sufrimiento y sin sabor que nos lleva a la amargura de la insatisfacción y la desolación personal.
Afrontemos los tropiezos de la vida con entereza y naturalidad, huyendo de la decepción para saber afrontarla con sosiego y serenidad, si llega.
Mantengamos la tranquilidad ante los malos momentos de la vida con paz y sosiego en presencia de la intranquilidad y las contrariedades.
Tengamos fortaleza emocional ante lo negativo y las circunstancias externas que dejan la huella de la adversidad sin que nos haga mella. Y sepamos afrontar las adversidades con determinación y valentía sin huir de ellas.
Es el mejor principio de salud y bienestar mental ante la vida.

Publicado en Sociedad y Humanismo | Deja un comentario

Actitud, capacidad y ganas como virtudes hacia el éxito

Ante cualquier tarea o propósito que emprendamos en la vida, necesitamos de una predisposición personal para poder afrontarlo, llevarlo a cabo e intentar que llegue a buen fin. Aun así, ¿nos hemos preguntado si siempre estamos en las mejores condiciones para hacerles frente con garantía de éxito?
Hay tres pilares básicos en cualquier faceta o acción que realicemos, en la búsqueda de un objetivo: la actitud, la capacidad por aprender y las ganas de hacerlo bien.
La disposición en la realización de un proyecto, el deseo o voluntad por conseguir algo, unido a la habilidad y destreza, son claves en la consecución de algún fin.
El interés por realizar una tarea es una demostración de importancia por lo que hacemos y queremos conseguir, dándonos un valor de creencia e impulso como utilidad para seguir y no desistir en el empeño.
Toda faceta a realizar, sea cual sea su ámbito, necesita de un afán para ir en su encuentro con atención y esfuerzo ante las vicisitudes que se nos presenten, unidas al deseo por ellas y las ganas para no desfallecer en el intento.
Es necesaria una actitud que nos dote de la facultad y el compromiso para saber luchar contra los errores y los equívocos, sabiendo que nuestra competencia se ha de utilizar con destreza e inteligencia.
Actitud, capacidad y ganas, ¡qué bonitas palabras para conquistar anhelos y deseos!, pero que a veces suenan vacías cuando no van acompañadas del talante para emprenderlas en toda su intensidad.
Qué fructífero es el trabajo cuando conlleva un esfuerzo de positividad en nuestras acciones cotidianas del día a día. Con conductas ante los problemas y dificultades que no sean trabas, sino al contrario, acicates para busca soluciones y remedios ante los obstáculos que nos surjan.
No hay esfuerzo baldío, cuando nuestras posiciones son objetivos en el quehacer para alcanzar los fines y metas.
La actitud siempre es determinante en toda iniciativa; es el fuste connatural de lo personal. Es el símil de la calidad de un producto sintetizado en la figura humana de actuación cotidiana. Aquella que nos transporta y traza las conductas de actuación que emprendemos.
Hemos de ver, en la actitud como comportamiento, las ganas por mejorar y la capacidad por crecer en conocimientos como unos vasos comunicantes para estar en las mejores condiciones de éxito, pero sobretodo de crecimiento personal.
La voluntad para hacer las cosas es el aliento positivo ante las dificultades; un estado de ánimo que nos dota del impulso necesario para mantener el empeño de los anhelos.
Las metas “se alcanzan o no”, pero el ansia para alcanzarlas siempre nos las acerca un poco más. Sobre todo, cuando ponemos pasión en el intento por ellas, tenemos las intenciones claras en su consecución y no caemos en la impaciencia si no llegan en su tiempo justo.
Las competencias propias nos han de servir como aptitud de experiencia, pero también de actitud de destreza y pericia. Auténtica fuerza de poder que nos abre aún más las posibilidades de nuestros deseos por conseguir.
El potencial del talento marcará las oportunidades en forma de expectativas de acierto ante las circunstancias imprevisibles. Ante ello, la experiencia es un valor de madurez, un protector en el aprendizaje ya vivido que nos sirve ante nuevas vivencias y expectativas que nos marquemos. Un acicate de los conocimientos ya adquiridos: la capacidad por adquirir de nuevos y la capacidad por hacerlos cada vez mejor. Sin perjuicio de lo que hacemos y vivimos, sin perder la vista de lo que hemos hecho y aprendido. Ni olvidar que: “la experiencia del saber sirve como camino y motivación para conseguir la excelencia”.
Para poder conseguir la excelencia en cualquier orden de la vida, no sólo ha de quedar en intentar hacerlo, sino en querer y poder hacerlo. De esta manera, la influencia de los procederes marcará nuestro comportamiento ante los avatares, con sus dificultades, retos y metas. Por ello, podemos decir que: el impulso que dotemos a nuestros actos, determinará, para bien o para mal, su final.
Necesitamos de valores y principios que nos faculten y guíen ante las aspiraciones por acometer. Que posibiliten las prioridades en el aprovechamiento de las competencias; verdaderas bases de referencia a modo de eje vertebrador, leitmotiv a seguir, camino, guía y logro.
No perdamos el estímulo y el talante proactivo en hacer las cosas; manteniendo una predeterminación siempre abierta a aprender y no perder el ansia por hacerlo cada día más bien. Es la mejor forma de satisfacción y plenitud personal que nos acercará hacía el éxito.

Publicado en Marketing y Empresa | Deja un comentario

Impulsar el ánimo

Estamos inmersos en una sociedad compleja llena de avatares y confusiones. El ser humano, vulnerable y expuesto a esta situación, no es ajeno en cuanto a su estado psicológico en sus decisiones a tomar durante su vida común ordinaria.
Los problemas que nos acucian en nuestro quehacer diario afectan a nuestra actitud y estado personal, emocional y anímico. Pero, ¿sabemos afrontar las contrariedades y dificultades que en la vida se nos presentan? ¿Nos han enseñado a gestionar nuestras emociones? ¿Por qué las desgracias afectan de diferente forma a las personas? Distintas preguntas ante un denominador común: la capacidad humana de experimentar emociones, comprensión y afecto por todo lo que nos sucede y rodea.
Si todos los problemas necesitan de un diagnóstico, análisis y puesta en marcha de solución, el ánimo en las personas es la fuerza necesaria para tomar acción y resolver en el transcurso de los acontecimientos con eficacia cualquier circunstancia que nos acontezca.
Hay cuatro patas, a modo de banco, claves para hacer frente al el desánimo: la energía, como fuente de transformación y positividad; el esfuerzo, como garante de la perseverancia ante las dificultades; la voluntad, como capacidad humana de coraje y decisión; y el valor, como cualidad de valentía ante adversidades, fatalidades o tristezas.
Impulsar el ánimo ante la desdicha y la infelicidad no es una tarea fácil de conseguir. Los contratiempos que nos proporciona la vida son, a veces, un revés difícil de superar. Pero todos estos tropiezos no dejan de ser infortunios incontrolables a los que nos debemos sobreponer para no caer en la infelicidad, en el fatalismo o en la percepción de un desastre sin solución.
Cualquier tragedia requiere un impulso del ánimo, un esfuerzo que nos aliente para crecer, nos aporte el coraje necesario de superación, la fuerza y el ímpetu que cualquier ser humano necesita en la predisposición para ser un poco más felices.
Impulsar el ánimo nos acerca a un estado emocional más positivo, nos da la fuerza moral y el brío necesario ante la tenacidad de nuestros actos como seres humanos.
El ánimo es parte de nuestra alma y condición como individuos, que nos hace sentir y mantenernos vivos. Por tal motivo, es imprescindible mantener un buen estado de vigor, ya que reflejará nuestras vivencias afectivas y emocionales en una sintonía apropiada y conveniente.
Una buena disposición de ánimo es el camino que conduce a un bienestar un poco más pleno, y nos hace ser y sentir internamente más creativos e imaginativos.
Impulsar el ánimo aumenta nuestro tono vital, va un paso más allá, y es indispensable ante el estudio de un problema y la búsqueda positiva de una salida ante cualquier desenlace que se nos presente u obstaculice.
Los obstáculos necesitan imaginación para combatirlos y ánimo para superarlos.
Impulsemos el ánimo como mejor respaldo y garantía de higiene mental de nuestros pensamientos y comportamientos rutinarios.
Alejemos los sentimientos desagradables que nos perturban y preocupan. Desterremos el mal humor, la irritabilidad y la tristeza se de nuestra mente. Demostremos nuestros sentimientos y hagamos que florezcan con naturalidad, sin problemas ni perjuicios.
Aparquemos la apatía, la melancolía y la pena como terapia personal de salud en la mejoría de nuestro estado psíquico, emocional y espiritual.
Si nuestro estado de ánimo es un termómetro de salud mental, dotémoslo de las condiciones necesarias que nos aporten el equilibrio, nos prevengan en nuestros procederes rutinarios y garanticen el ajuste psicológico imprescindible para tener una buena salud mental.
Impulsar el ánimo asegura nuestra energía vital y nos hace sentir mejor con nosotros mismos y con nuestro entorno.
Impulsémoslo como mejor aval de salud, vida y camino hacia la felicidad personal.
Es nuestro mejor baluarte y aliado.

Publicado en Sociedad y Humanismo | Deja un comentario

Luchando contra la resignación

La magia de la vida incumbe al ser humano durante todo el periplo de su andadura terrenal. Son momentos de avatares de diferente índole y condición, llenos de vivencias en el devenir de su existencia. Aquellas que comportan situaciones agradables y placenteras, pero también de tristeza, obstáculos y adversidades. En este tránsito tan variado y variopinto del existir humano nos podemos preguntar: ¿son las desgracias, desdichas y reveses de la vida infelicidades que no sabemos superar y que quedan supeditas a la simple resignación y sumisión del conformismo?
No, no podemos conformarnos ante los infortunios y las contrariedades como meros espectadores de un paisaje de la vida que formamos parte de una forma estática, sin cambios y paralizada por el asombro de las emociones negativas e insanas.
Al contrario, los contratiempos y secuencias de la vida, con sus dificultades y problemas, requieren de actitudes de disposición y talante efectivo, vivo y enérgico que hagan frente a nuestras debilidades y estados de energía. Estados faltos de las garantías necesarias para poder afrontar las vicisitudes que se presentan de cualquier índole, independientemente de su desarrollo contrario o buena marcha en lo que nos acontezca y repercuta en nuestro estado personal y emocional.
La resignación no ha de quedar sólo en aspectos del acontecer de las cosas, tal cual. De un aguante impertérrito que ni se altera ni perturba, pero tampoco ha de quedarse impasible e indiferente en un estado imperturbable e impávido.
Debemos luchar con el esfuerzo de nuestro ánimo; aquel que reavive nuestra parálisis de reacción. Haciéndonos renacer el espíritu de lucha y sacrificio que nos reconforta, tonifica y estimula, y que nos disuade de la apatía, la indiferencia de los hechos y las situaciones negativas que nos acontezcan. Apartándonos del desinterés y la desgana que genera la dejadez y la displicencia para saber afrontar los problemas e infortunios incontrolados.
Los estados de resignación nos provocan insensibilidad ante cualquier acontecimiento que nos atañe. Son estados de desafecto con nosotros mismos que desprenden pereza y pasividad. Una renuncia y dejación que nos ablanda interiormente, generándonos el desánimo y el desaliento. Una astenia de decaimiento que nos conduce a la indiferencia para afrontar y poder acometer la lucha contra el conformismo. Ante ello, debemos superar nuestros propios recelos, afrontando los problemas y las dificultades con un valor de mejora. Unida a la superación que nos ayude a sobreponernos ante los problemas añadidos a través del desarrollo y el crecimiento frente a cualquier brete o escollo.
No podemos hacer de los inconvenientes problemas de ahogo y apuro personal que alimenten aún más cualquier acontecimiento o infortunio. De tal manera, que podamos ir en busca de la superación como progreso. Aquella que nos genere la paz interna, el sacrificio y la voluntad para hacer frente con sosiego y calma, las preguntas, los enigmas, las dudas e incógnitas que nos puedan acechar y que no encontremos solución para ellas.
Las preocupaciones acontecidas las debemos encarar retando el pesar, la pena y la pesadumbre. Enfrentándonos a los interrogantes, las dubitaciones y las incertidumbres sin vacilaciones, titubeos, reparos ni desconfianzas. Alejándonos de las decepciones y los percances inoportunos de los remordimientos y el abatimiento de la angustia.
La mejor vacuna contra la resignación es la armonía y el equilibrio personal transmitido desde la tranquilidad, el sosiego y la calma. Un reposo de concordia, conciliación propia y quietud espiritual.
La rebeldía del inconformismo contra la resignación deber ser, la que nos dote de estabilidad, aplomo y serenidad.
Un crecimiento personal de concordia, armonía y serenidad que combata la resignación con la desobediencia a la desgana. Sublevándonos ante la abulia y la indiferencia. La indiferencia ante la desidia, y el inconformismo ante el abandono.
Busquemos el apasionamiento en las pequeñeces de los momentos y las maravillas de la vida como arrebato de rebeldía sana. Y la emoción del ánimo en estado puro con el ardor del espíritu vigoroso.
No nos abandonemos en el desamparo ni la soledad del fracaso y la negatividad. Un estado de desatención de nuestros valores y principios que son la hoja de ruta de nuestras convicciones personales. Hagamos de las creencias un escudo de protección, auxilio y ayuda. Un apoyo y defensa que nos resguarde de las debilidades, haciendo de refugio y cobijo verdadero.
Un parapeto de confianza aplomo y ánimo contra las decepciones, trastornos y dificultades. Aquellos auténticos impedimentos que nos turban y se convierten en reveses y obstáculos. Pero no por ello dejemos que nos venzan. Y si lo hacen, no caigamos en el equívoco de ser vencidos por nuestra inacción y dejación.
Estamos ante la imagen del ser humano en toda su esencia, con sus miserias, contradicciones y grandezas. Es la escenificación real y necesaria para que no perdamos la batalla de la resignación ante lo misterioso, milagroso y oculto. Un imprevisible devenir de la vida para no dejar de luchar por lo conocido, lo establecido y lo usual que nos concierne y podemos cambiar día a día.
Es la batalla de la rebeldía como símbolo de crecimiento personal, autoestima, orgullo y dignidad humana.

Publicado en Sociedad y Humanismo | Deja un comentario

Cuando la apatía se instala dentro de las empresas

Los líderes dentro de las empresas desempeñan una labor de guías que marcan el camino de transformación, generación de entusiasmo, determinación en los proyectos y acicate en las metas de sus equipos humanos. Pero, ¿qué pasa cuando los líderes, por mediocridad o incompetencia, solo transmiten: desmotivación, falta de entusiasmo y desgana?. Es aquí cuando aparece el desanimo grupal; aquel freno que merma las capacidades individuales y aportación de una organización al crecimiento personal de sus trabajadores. Es el momento en que aparece el germen que va propagando e incubando la apatía en estado puro, con todas sus consecuencias, perjuicios y efectos secundarios. Un virus letal que afecta al corazón de las empresas y a su capital humano, en todo su conjunto.
Las claves de los líderes en las empresas siempre van ligadas a una figura e imagen, a nivel de símbolo vital esencial que ejerza un papel estimulador positivo en la dirección de los equipos humanos . Todo lo contrario provoca un resultado negativo ante cualquier proyecto o meta a emprender. Verdadero mal de muchas empresas, donde sus trabajadores deambulan con la indiferencia de no sentirse involucrados, ni a nivel profesional, ni a nivel personal. Estos estados de desidia crean ambientes nocivos que repercuten en la productividad empresarial, el estado anímico de sus empleados y en la calidad laboral de las empresas.
No hay peor abandono en una sociedad empresarial que no creer en su capital humano, su talento y su potencialidad. Cuando éste ocurre, da lugar a la inercia ante cualquier plan de actuación, estrategia o proyecto que necesita un colectivo humano para llevarlos a buen fin. Todo lo contrario que cuando partimos con pilares sólidos que impregnen motivación para poder emprenderlos; el empeño en su consecución, y el interés en la actividad que desarrolle para poder ejercitarlos.
En el momento en que en las empresas no aflora el dinamismo y la creatividad, estamos consiguiendo ser los mejores aliados de nuestros competidores. Es por ello que no podemos caer en el disentimiento corporativo por mejorar la calidad laboral, ni caer en la indiferencia de la mejora y el crecimiento.
Empezar a renunciar en la debilidad, la apatía y la resignación como mejor baluarte para poder competir con las mejores garantías en el mercado.
Es indispensable que los responsables en las entidades empresariales sean líderes que transmitan entusiasmo, dinamismo y pasión como correa de transmisión de palanca y coraje. Aquella emoción del ánimo necesario en toda actividad que sirva de energía y tesón ante cualquier reto.
Ya que toda función de trabajo o labor a desempeñar necesita de una fortaleza para acometerla, debemos impregnarnos de la fuerza de la positividad para no desfallecer ante las adversidades. Con la acción en los deberes y tareas que conlleven una intensidad y creencia en lo que se hace. Todo lo contrario nos llevara a la pasividad por la lucha hacia los fines a conseguir, y la renuncia de los objetivos vitales que son primordiales en cualquier empresa para luchar y medirse en el mercado.
Hagamos entender a las empresas y a sus líderes que el capital humano es el mejor patrimonio de cualquier corporación. Y que cuando los hacemos caer en su abandono y desidia, es el comienzo de la parálisis corporativa que conlleva su inmovilismo como freno para competir y la inacción para emprender.
Cambiemos de paradigma y apostemos por líderes y empresas que valoren el esfuerzo colectivo, las aspiraciones individuales y la perseverancia en los propósitos, metas y objetivos, frente a la proliferación de la apatía dentro de las organizaciones con sus consecuencias, daños y secuelas.

Publicado en Marketing y Empresa | Deja un comentario