No dejemos nuestro destino en manos del azar y la suerte

Si partimos de la premisa de que la vida para el ser humano es un periplo de momentos y circunstancias imprevisibles nos deberíamos hacer la siguiente pregunta. ¿Podemos dejar en manos del azar y la suerte cualquier situación, tesitura de la vida que nos envuelva y aceche?
La vida es una suerte constante o no en el destino de nuestra existencia ante todo momento o estado en que nos encontremos, pero no podemos marcarnos propósitos a realizar que vengan predeterminados por la casualidad o la suerte sin contar con la razón y la sensatez de nuestros actos.
No hay actividad humana que no vaya condicionada por la aceptación de circunstancias y coyunturas inesperadas e imprevisibles. Aquellas que el destino nos la marca con fortuna o desdicha en el transcurso de nuestra existencia.
Las oportunidades que nos brinda la vida son destinos de azar y casualidad frente a situaciones y actividades que profesamos. Por tal motivo, la sensatez y el sentido común deben de tener la lógica en los planteamientos, la razón en las disposiciones y el juicio en las actuaciones.
No podemos dejar la vida en manos del azar ni el destino que nos acompaña como seres humanos; en el irrealismo alejado de todo planteamiento que no conlleve el sentido común, la sensatez y el criterio como principio ante las determinaciones que tomemos.
Dejar el destino de la vida a la ventura y la estrella que nos guíe es separarse del realismo, aislarse de la lógica y rechazar la inteligencia como fuente de respuesta ante las incógnitas. Toda resolución y situación de respuesta a estados y circunstancias que se nos presenten deben depender de nosotros mismos y no de la fortuna o la casualidad.
No podemos pensar en la fortuna de la suerte para vencer las coyunturas y circunstancias de la vida con sus eventualidades.
Tener principios sensatos, efectivos y objetivos concretos han de ser un principio y una norma de actuación a modo de regla, pauta y método como lógica de razón, juicio y planteamientos a seguir.
Lanzarnos a la suerte del azar es abandonar la cordura del entendimiento como virtud para discernir la realidad de la fantasía.
La vida no es una ficción es una realidad en constante movimiento donde somos actores principales privilegiados. Siendo así, tengamos un compromiso de sensatez con nuestra propia persona.
Una obligación de responsabilidad ante las dificultades, los problemas y las contrariedades que nos surjan. Sin abandonar el deber de responsabilidad para tomar decisiones reales, visibles y tangibles que sean ajenas a la suerte o eventualidad de la vida.
Debemos afrontar las circunstancias con objetivismo y autenticidad sin engañarnos en nuestras posibilidades y fortalezas que tengamos.
Ya que el destino de la vida es un caminar incierto no dejemos en manos del azar nuestro futuro en cualquier ámbito o índole que tomemos partido.
Estar en manos del azar es estar en manos de la inseguridad eventual e imprecisa. Un fotograma de imágenes borrosas y desconocidas que son incontroladas y que no podemos arriesgarnos a seguir.
Busquemos oportunidades verdaderas, ciertas y momentos lógicos para que nuestras disposiciones como actitud a emprender sean efectivas, juiciosas y sensatas.
Si los propósitos en la vida que nos planteamos son intenciones a realizar: la fortuna o el azar se nos pueden cruzar, pero no creamos en ellas como panacea mágica. La verdadera panacea son nuestras facultades, aptitudes, habilidades y suficiencias. Dejemos que sean un valor añadido bienvenido, pero no una finalidad en sí misma.
El realismo ante las circunstancias de la vida es la mejor suerte de azar que busca la lógica y el destino como meta.
Que el objetivo que nos marquemos en la vida este impregnado por la estrella de nuestro talento. Sera la mejor fortuna de azar, meta a conseguir y fin a alcanzar.
Si el destino es nuestro, dejémoslo en nuestras manos y no en el azar de la suerte.

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Cuando la apatía se convierte en un lastre para avanzar y crecer

¿Estamos dispuestos a mejorar y crecer como personas en todas las facetas que desarrollamos en la vida? ¿Tenemos activada una conducta positiva a la hora de emprender? ¿Mantenemos la fuerza y el impulso para avanzar en todo lo que acometemos? Si no es así, es debido al ánimo y la conducta que fruto de nuestras emociones nos conducen a la apatía. Hablamos de apatía cuando sentimos un freno en todas nuestras actuaciones que nos paraliza e inmoviliza, nos hace más débiles y nos genera la inacción para emprender. Es el momento en que nos encontramos ante un estancamiento de la persona para afrontar todas las facetas o actividades que nos hacen avanzar y crecer a nivel humano.
En el transcurso de nuestras actividades en la vida no podemos caer en el desaliento y el desánimo; debemos despertar el valor de nuestra persona con carácter y energía. Marcándonos metas y retos a conseguir con ánimo y empuje de superación. Sin desfallecer ni flaquear como acicate para vencer los miedos, traumas, y la negatividad que nos envuelve.
Para crecer como personas necesitamos aliento y voluntad de ánimo e impulso ante el estancamiento en que nos encontremos.
No hay mejor forma para abandonar la desgana que aquella que nos motiva y nos ofrece la razón de ser y por lo que luchar. Desde la ilusión por las anhelos, proyectos e ilusiones que tengamos.
Abandonar la apatía es recobrar las ganas por la vida, sin dejar de creer en uno mismo. Sentirnos útiles y ver el valor de la vida, manteniendo las convicciones que tengamos siempre firmes.
No hagamos de la apatía un lastre que nos condicione nuestra vida diaria y nuestros sueños. Dejemos los frenos que nos merman y nos crean más obstáculos y dificultades de las debidas.
Para avanzar ante la apatía debemos superar el derrotismo y el pesimismo que nos envuelve, cambiando el paradigma de nuestra estructura mental. Necesitamos cambiar la apatía por el avance, y la desgana por el crecimiento. Avance como medio y herramienta de superación, evolución y progreso. Y crecimiento como formula par no decaer ni perder la moral o el ánimo.
La superación de la apatía siempre necesita de un carácter y voluntad fuerte. Un espíritu positivo y un alma limpia de negatividad. Aquella que mantiene la decisión y el valor en lo que creemos.
Si todo lastre en la vida es una rémora y un impedimento a combatir. Veamos la apatía como la traba y el escollo que no entorpece parta evolucionar, progresar y avanzar como personas.
La energía del alma nos hace crecer y mejorar, nos devuelve el ánimo y nos aleja de la apatía. Es la mejor motivación y tenacidad para recobrar el interés, el valor y las ganas por vivir y hacer cosas.
Cuando empezamos a creer en nosotros mismos, la apatía se aleja y los sentimientos se convierten en positivos. El avance y el crecimiento personal nos estimula y nos hace recobrar el interés y las ganas por las cosas que creemos.
El avance y la mejora en cualquier faceta de la vida siempre requieren del deseo y las ganas para ejercitarlos y llevarlos a la práctica. Aquellos que nos despiertan el interés como mejor manera para que puedan llegar a buen puerto.
Venzamos los temores y la desconfianza en nosotros mismos, evolucionando y mejorando día a día.
Seamos nuestro mejor valor seguro. Aquel que es energía y vida, pero también fortaleza ante el desaliento y el abandono. Que nos aporta tesón frente a las debilidades y tenacidad para poder seguir adelante.
Vencer la apatía, es volver a evolucionar como personas, progresar hacia un nuevo cambio y mejorar para no fracasar. Cuando hablamos de fracasar, estamos hablando de nosotros mismos con nuestras ilusiones, sueños y ambiciones.
No debemos caer en el derrotismo que nos hace caer en el desánimo y el pesimismo ante la vida.
Abandonemos el desánimo personal que nos mengua la voluntad. Hagamos de la voluntad un estado de deseo e interés que nos lleve a recobrar las aspiraciones, los sueños y la esperanza. Cuando esto ocurre estamos abandonando la desidia en su máxima expresión, ya que el abandono y el desinterés pierden todo su valor.
Hagamos de nuestras emociones un valor de empuje e ímpetu, de energía y fuerza. Donde el ánimo nos impregne del carácter necesario en las decisiones que tomemos. Sin perder el aliento ni caer en la desgana. Es el camino contrario a la apatía, el que nos hace avanzar, superar obstáculos y cuadros mentales prefabricados. Que nos dota de aliento y vigor, pero también nos aporta seguridad y fortaleza.
Seamos nuestro propio nervio y estimulo ante la indiferencia y la desidia. Y convirtamos el desánimo en valor y empuje; dejando nuestras emociones negativas y reconvertirlas en empeño y deseo.
Sigamos el camino de la vida desde el equilibrio personal y la higiene mental que nos libere de la desgana, el abandono y la apatía para seguir creyendo en nosotros mismos.
Luchemos por lo que ansiamos sin flaquear ni desfallecer en el intento. Y no seamos el lastre que nos merme para progresar sin dudas ni miedos.
Sigamos creyendo en nuestro sueños para avanzar y crecer.

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Introspección personal

El ser humano se encuentra en un periodo constante de evolución, pero: ¿sabemos evolucionar como personas acorde a nuestro propio autoconocimiento?
Toda transformación personal necesita el análisis de nuestros sentimientos subjetivos. Aquellos en que conocemos nuestras virtudes de fuerza y firmeza, pero también de aquellas creencias que tenemos en nuestras decisiones y aspectos en los que fallamos.
La introspección personal ha de servir como distintivo de naturaleza propia que nos defina como seres humanos. Una descripción interior de nuestros sentimientos y acciones que nos ayuden en nuestro desarrollo, crecimiento y progreso personal.
No hay cambio en la evolución de una persona que no requiera del análisis de nuestras fortaleza y debilidades.
Nuestras capacidades son la base y escudo que nos ayudan a enfrentarnos ante los obstáculos y las adversidades.
La virtud de la introspección personal nos aporta solidez y firmeza en nuestros actos y quehaceres diarios que emprendemos. Nos mantienen firmes y nos genera plenitud de vida.
Si buscamos la transformación del alma, necesitamos un desarrollo interior que nos haga crecer y progresar a nivel humano.
Es en el análisis de nuestras emociones y situaciones propias donde podemos examinar aquellas debilidades que nos frenan en nuestras decisiones y nos hacen ver todos los aspectos en los que fallamos.
El autoconocimiento es la base y origen de los cimientos de nuestra persona con sus pros y contras. Un fundamento a modo de apoyo que nos sirve de puntal para avanzar y mejorar. Además nos aporta el impulso necesario y nos dota del estímulo para desarrollarnos y crecer.
Si nuestras debilidades son sentimientos subjetivos de creencias y vacíos personales que nos atormentan. Debemos ver en los aspectos negativos oportunidades a modo de acicate en la búsqueda del cambio y la transformación.
Hagamos una conversión de cambio evolutivo que descubra también nuestras habilidades y virtudes. Unas disposiciones que transformen nuestra conducta en positivo, mejoren nuestra aptitud, y creen las condiciones de aprendizaje y mejora personal.
Estamos viendo que la introspección personal es un método de enseñanza propia de nosotros mismos. Una forma de actuación ante la vida que nos aporte éxito, mejora y desarrollo humano. Desarrollo entendido como avance y crecimiento. Mejora a modo de perfeccionamiento en poder hacer cualquier actividad y actuación en la vida. Y éxito como culminación de todos aquellas metas, anhelos y deseos que nos planteemos realizar a lo largo de nuestra existencia vital.
Veamos en nuestras debilidades oportunidades de cambio y evolución. Y veamos en nuestras fortalezas oportunidades para conocernos mejor y poder enfrentarnos sin miedos ni corsés a nosotros mismos.
A veces nos preguntamos: ¿sabemos como somos? El saber y el autoconocimiento son cualidades que adquirimos desde la introspección personal. Desde el autoconocimiento sabemos más de nuestro interior más profundo. Tenemos un entendimiento y consciencia de todo los que nos rodea y envuelve. Y despierta nuestra inteligencia a través de la mente y el pensamiento.
Cuando hablamos de la mente a partir del autoconocimiento estamos despertando nuestras capacidades, reflexiones y juicios como personas. Aquellas que desde el entendimiento nos impregnan de observación y opinión.
La introspección personal es la herramienta que desde la visión mas profunda de nuestras emociones nos hace evolucionar y despertar las virtudes y sentimientos más subjetivos. Una piedra angular que nos aviva el saber, el talento, nuestras suficiencias y facultades propias.
Veamos desde la introspección personal nuestras capacidades mas innatas. Aquellas que desde el autoconocimiento nos hagan progresar, crecer y ser mejores con nosotros mismos y el mundo que nos envuelve.
Empecemos el camino y vayamos en la búsqueda de nuestro interior más profundo.

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Los nuevos líderes en las empresas ante los nuevos tiempos

Estamos viviendo unos tiempos de cambios y convulsión de toda índole (políticos, sociales, económicos). Ante ello, las empresas no son ajenas a estos hechos. De tal manera que los líderes en las empresas se tienen que adaptar a ellos y a las nuevas realidades que nos envuelven con nuevos enfoques y nuevas formas de proceder.
Las empresas necesitan lideres con convicciones claras y definidas. Unas actitudes extrovertidas en su día a día que persistan en sus objetivos y metas de sus equipos humanos.
La voluntad en el nuevo líder del cambio debe ser convincente para generar confianza en su equipo.
Cada vez en las empresas se necesitan más lideres expertos que tengan binomios claros de actitud y aptitud.
Es necesario en las empresas la figura de un líder que sea perceptivo en todo lo que le rodea y envuelva para tener criterios claros en todas las resoluciones a adoptar que se presenten.
En todas las empresas, las estrategias y los planes de actuación son claves en el desarrollo de las políticas para que lleguen a buen puerto. Por tal motivo, el líder tiene que tener una visión que sepa conjugar sus emociones, pero también las decisiones que tome.
Es imprescindible un líder que sea exigente, pero también a la vez paciente (que sepa valorar el reconocimiento y valoración de meritos).
Las nuevas realidades con cambios en la visión de las cosas y el entorno que nos rodean requieren de líderes con control de si mismos, y ordenados en sus ideas y planteamientos.
En tiempos de cambios, el líder ha de ser el mejor vendedor de su capital humano. Verdadero constructor de estímulo emocional, organización grupal y ética personal en las decisiones que tome.
Las dificultades ante momentos difíciles precisan de líderes con constancia. Aquellos que transmitan optimismo y sean tolerantes en sus labores diarias.
Es clave desarrollar la confianza del capital humano en un líder. A la vez, que estimular su crecimiento y avanzar en su desarrollo personal a modo de motivador en todas las estrategias a seguir y las actuaciones a proceder.
Ante nuevos tiempos, la comunicación de un líder es clave ante sus colaboradores. Aprovechando desde el mejor entendimiento grupal, la sinceridad como mejor método de eficacia y eficiencia. Esto no quita que un líder debe tener cualidades tan importantes como: carácter, dotes de mando y capacidad personal. Como al mismo tiempo ha de ser discreto y responsable en su labores de mando.
En los tiempos difíciles, las empresas deben buscar lideres con habilidades innatas de capacidad de diálogo y asertividad.
En los equipos humanos de las empresas, es vital, las reflexiones en grupo, el aplomo personal y la analítica como personas activas en todas las situaciones a seguir y trabajar.
En momentos de confusión y visiones contrapuestas, los lideres deben tener adaptabilidad y positividad. Unos verdaderos lideres que fomenten la creatividad y la flexibilidad de sus empleados. No solo para que no queden en una simple idea, sino que sean realidad y lleguen a su verdadera implementación.
El líder abierto y con amplitud de miras siempre conlleva una actitud corporativa con su gente en sus labores a realizar y planes de actuación a desarrollar.
El capital humano de una empresa siempre mantiene un plus de estímulo cuando cuenta con líderes que transmiten fiabilidad. Aquella fiabilidad entendida como seguridad, honestidad y honradez personal.
Las empresas deben buscar lideres con mentes abiertas que transmitan una actitud corporativa ante sus empleados, una integridad personal y que sean generadores de confianza.
Si el capital humano de una empresa es su mejor patrimonio. Los líderes han de ser guías, focos de luz, y soporte de ayuda para mejorar sus capacidades, talento y crecimiento personal.
El nuevo líder ante los nuevos tiempos tiene que tener recetas que no solo sean simples reglas a seguir teóricas, sino prácticas en la realidad diaria. Aquellas que descubran el mejor interior humano de su gente, fomente sus competencias y reconozca sus fortalezas. Solo desde ese prisma haremos empresas fuertes y empleados contentos con guías que sean verdaderos focos de luz a seguir.

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El éxito no lo es todo

No hay fin a alcanzar o resultado a conseguir en cualquier faceta de la vida que hagamos los seres humanos que no busque el éxito. Pero, ¿Qué pasa cuando vemos el éxito no conseguido como un fracaso? Es el resultado o consecuencia en que nos vemos obligados a no fallar al entorno que nos rodea. Todo ello, es consecuencia a la presión de una sociedad que solo ve el éxito como la fortaleza de los ganadores. Una imagen distorsionada de la persona, su valor de esfuerzo, independientemente de los logros que esta pueda conseguir.
El ser humano se encuentra ante una sociedad competitiva de la inmediatez, el resultado positivo y el triunfo personal.
Veamos al ser humano, tal cual, con sus limitaciones y fortalezas. Y no nos dejemos llevar por el envoltorio solo de los ganadores, sino también por aquellos que luchan por un sueño, meta o anhelo a conseguir.
Aprendamos de la vida, de las personas que con su empuje intentan mejorar día a día y desarrollar su mejor interior.
Si solo valoramos el éxito en la vida estaremos creando individuos y sociedades de fracasados. Y este miedo específicamente al rechazo que nos supondría el fracaso es el mismo que nos paraliza a la hora de emprender, nos condiciona, aterroriza ante el entorno y la opinión social que nos rodea.
No hagamos del fracaso un freno por intentar ser mejores y crecer a nivel individual. Al revés, el fracaso ha de ser el acicate de la ilusión para seguir, emprender y luchar por los sueños que tengamos. Aquella ilusión por creer en la vida y en nosotros mismos sin negatividad ni titubeos.
El éxito en la vida no lo es todo. La vida nos trae caminos a explorar que nos ayudan a mejorar y crecer como personas con el resultado de muchos andares y secuencias vividas.
El fracaso también conlleva fortaleza personal por emprender sin saber el resultado de todo lo realizado y el éxito que podamos tener.
El crecimiento personal y nuestro desarrollo interno ya es un éxito en si mismo por descubrir como manera de que no tengamos miedo al que dirán.
Alejemos el pesimismo y el miedo a no creer en nosotros mismos. Ya que si creemos en nosotros, el éxito personal interior será la mejor vacuna frente al fracaso. El mejor baluarte de creencia y fortaleza propia.
Ya que el éxito no lo es todo en la vida, no hagamos de nuestra vida una carrera de obstáculos y trabas que no nos dejen ser como somos. Al final, el éxito es la suma de muchos fracasos. La suma de muchas ilusiones a conseguir y la fortaleza de nuestras convicciones propias.
No perdamos las convicciones que tenemos en todo lo que hagamos, y no perdamos la ilusión en creer, luchar y seguir para poder alcanzar pequeñas victorias personales que nos hagan ser mejores. Ese es el mejor éxito; el que no se habla, pero el que nos reconforta, nos hace ser diferentes, y nos ayuda a no caer en los momentos difíciles que tengamos.
El éxito nunca viene de los demás, el éxito siempre viene de nosotros como guías de nuestro destino y camino a seguir.
Veamos el éxito como una culminación personal, pero sin atormentarnos. Es la mejor manera para que cuando las victorias vengan se puedan saborear mejor con el trabajo bien hecho y el resultado obtenido.
Hagamos de las derrotas una reflexión positiva y un punto de partida para ver que aun hay camino a seguir y camino a mejorar.
No creemos sociedades de fracasados que solo vean al ser humano como algo superficial. Veamos al ser humano desde su vertiente más profunda en el que se le valora su esfuerzo, tesón y lucha. Y en la que no solo se le valora el resultado que obtenga, sino la de sus valores personales. Aquellos que son su mejo éxito y carta de presentación como persona.
Luchemos por lo que creemos con ilusión y fe en nosotros mismos. Es el éxito que nunca fracasa y que nunca nos abandona. Un auténtico binomio de victoria para seguir caminando y emprendiendo.

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La negatividad como aliada de los miedos en la toma de decisiones

Ante la toma de decisiones en cualquier parcela de la vida (personal, profesional, económica), hay varios factores que nos ayudan a enfortecer nuestras actuaciones y poder hacerles frente.
Toda decisión, acarrea miedos y dudas que hasta cierto punto son normales ante el miedo de no caer en la equivocación. El problema empieza cuando los miedos se convierten en negatividad. Un momento en que nuestra actitud personal nos impide ver las cosas, sus razonamientos, perspectivas y decisiones a tomar.
Durante el transcurso de la vida, los seres humanos nos encontramos ante infinidad de situaciones, problemáticas y momentos que requieren de decisiones personales a tomar. Unas decisiones a veces difíciles que necesitan de una actitud y fortaleza mental fuerte para ver la realidad, su entorno y todo lo que nos envuelve, con perspectiva y desde la mejor visión de los hechos para no equivocarnos.
Los miedos en la vida de los seres humanos en su quehacer diario son legítimos y forman parte de la conducta humana.
Para tomar decisiones adecuadas en momentos difíciles, se necesitan tres pilares básicos: autoestima, confianza y espíritu positivo. Autoestima la debemos entender como seguridad en uno mismo y creencia en todo lo que hacemos en nuestra vida diaria. Confianza como esperanza de éxito ante las decisiones que tomemos con convicción y convencimiento propio. Y espíritu positivo como la actitud que nos sirve de acicate para no caer en el derrotismo ni la resignación
Las tomas de decisiones para las personas son formas y estados que nos ponen a prueba y nos hacen ver nuestras fortalezas y debilidades desde el plano personal y emocional.
En nuestra labor diaria si vemos la vida con optimismo y una actitud fuerte y positiva, la realidad de todo lo que nos acontece y envuelve hará vernos la realidad sin negatividad y desde la mejor perspectiva de actuación y desarrollo para ejercerla.
Debemos tener claro que en el transcurso de nuestra vida y ante las diferentes situaciones que vivimos, los miedos son siempre frenos que afectan a nuestra autoestima y que muchas veces nos hacen caer en la resignación.
Si queremos afrontar los envites de la vida con las mejores garantías, debemos mantener una fortaleza en nuestros principios y convicciones que son siempre el mejor baluarte para nuestro crecimiento personal.
Cuando en nuestra labor cotidiana, la negatividad la vemos como una compañera de viaje, todas nuestras actuaciones y comportamientos solo nos conducirán a la desesperanza. Una desesperanza que nos obstaculiza, nos hace perder la ilusión frente a las adversidades, y nos impide un desarrollo personal que nos haga crecer, nos sirva de cambio y verdadero fortalecimiento humano.
En nuestra vida personal y quehacer ordinario, no hagamos de las adversidades el mejor caldo de cultivo de la negatividad. Al revés, hagamos de nuestra persona el mejor cambio de autoestima que nos sirva de vacuna ante el pesimismo y la desilusión.
La realidad que vivimos y las tomas de decisiones que tengamos que poner en práctica necesitan de una actitud que conlleve motivación, estimulo y acicate ante los miedos a superar.
Si los miedos solo conllevan falta de seguridad y desconfianza, las tristezas ante las contrariedades solo serán un freno de negatividad en nuestro progreso y avance.
Veamos la vida con optimismo para que la toma de decisiones las tomemos con una actitud que nos haga ver la realidad desde el mejor prisma sin miedos ni pesimismo.
Que nuestra autoestima nos aleje de la resignación, nos transmita animo, mejorando nuestro crecimiento personal, y sean el mejor cambio frente a la negatividad y las contrariedades.
Si la ilusión nos invade ante cualquier toma de decisión que tengamos que afrontar, tendremos un espíritu positivo que nos haga vencer el desaliento.
Confianza, seguridad y aplomo han de ser la mejor defensa de avance y progreso ante la toma de decisiones para no caer en la desesperanza y la resignación.
Que el avance y el progreso personal sean nuestro mejor camino a seguir que nos aleje de la negatividad como mejor aliada de los miedos y descubra el espíritu positivo que llevamos dentro.

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Meditaciones sobre el sentido de la vida

El sentido de la vida es una concepción filosófica, ética y religiosa que busca hallar un “para qué” de nuestra existencia. Ciertamente hay muchas teorías que abarcan esta cuestión, desde planteamientos fatalistas que defienden a una deidad como ser que influye en nuestro destino a planteamientos voluntaristas en el que el propio ser humano es sujeto activo que dirige su vida y le da sentido él mismo. Pero para concebir de una manera más fehaciente y fidedigna el motivo de nuestra existencia hay que determinar primero cuestiones como: ¿existe de verdad un sentido para nuestra vida? En caso de determinarse que sí, un ser animal también lo podría tener porqué un ser humano, de un animal principalmente se diferencia de su capacidad racional. En el caso de que el ser humano sí que le pueda dar un sentido a su existencia porque tiene la capacidad y las habilidades para encontrarlo, ¿quiere decir que cuando éste fue un hombre primitivo, neandertal o no existía un pacto social, que creó las sociedades, tampoco existía un sentido de la vida para las personas? En ese caso el “para qué” final de porqué vivimos y existimos iría íntimamente relacionado con nuestra capacidad de organizar, sintetizar y racionalizar ideas y conceptos. Por ello, ¿Acaso un sentido de la vida, un fin último puede ir ligado a la capacidad de racionalizar? ¿Qué ocurre con esas personas que carecen de capacidad de razonar, con dificultades de relacionarse interpersonalmente o con menos facilidad de organizar las ideas, acaso ellas no tienen un sentido último para su vida?
Debido a esto, surgen otras cuestiones sobre la felicidad, estrechamente ligadas al sentido de la vida. La finalidad de la existencia de una persona no puede ser infeliz, triste y solitaria. El ser humano es un ser social, busca inherentemente de su conciencia ser feliz, busca placer, busca saciarse. Debido a que estos términos son muy amplios y omnicomprensivos a lo largo de la historia se han ido desarrollando teorías como la Platónica en la que el ser humano a través de la introspección y la búsqueda en uno mismo podía encontrar y conocer el bien, y por ello actuar en pos de este. Por otro lado, existen planteamientos como los de Stuart Mill, de carácter utilitarista, quien decía que la felicidad se encuentra en el placer, de manera controlada y limitada, aunque es más elevado moralmente buscar el placer para el máximo número de personas, y no solo el propio placer como sostenía Jeremy Bentham. Es más, Mill plantea que muy pocas veces, solo los mártires y los héroes anteponen la felicidad ajena a la personal, es decir, su sentido de vida es la felicidad de los otros. Por ello, tenemos que preguntarnos si el sentido de nuestra vida es simplemente nuestro beneficio personal y el de nuestros familiares o también el de personas que no conocemos y que tienen proyectos de vida que difieren de los nuestros.
Atendiendo a la condición de que el ser humano es libre, sea la felicidad un camino con un último fin, sea el sentido de nuestra vida saber que estamos en el camino correcto o sea dedicarse vocacionalmente a lo que uno ama, cada persona puede hacer de su sentido de vida un único y personal, que no interfiera en los propósitos de vida de los demás, que pueda desarrollar sus proyectos vitales libremente, es decir que cada uno pueda dar sentido a su vida y encuentre el “para qué” de su existencia.

Artículo cedido para el ágoradelpensamiento
Autor: Antoni Lorente González

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La capacidad del potencial humano

En el desarrollo de nuestras competencias y habilidades personales en el día a día y en cualquier faceta que desarrollamos en la vida, nuestro potencial humano es la base, fuerza y energía que nos conduce al fin de los objetivos con las mejores garantías de éxito.
Cuando hablamos del potencial humano estamos ante el vigor del ánimo que nos dota de firmeza y tesón ante las adversidades que nos surjan en los objetivos a conseguir.
No hay capacidad de nuestro potencial humano que no aproveche nuestra actitud como mejor garantía y cualidad de suficiencia. Suficiencia entendida como competencia y preparación ante los retos y objetivos que nos marcamos.
Nuestro potencial personal es la capacidad de destreza ante las contrariedades. Un lugar recóndito donde se desarrollan las habilidades y facultades que tenemos. Estamos ante el talento en estado puro. Aquel que desarrolla nuestra inteligencia y agudeza ante todo lo que nos rodea y percibimos.
Si nuestro potencial innato es nuestra mejor fortaleza personal, hagamos de ese poder natural, la fuerza que desarrolle nuestras habilidades en cualquier cometido que emprendamos.
Veamos que en nuestra fortaleza y poder reside la mejor firmeza de las condiciones que tenemos.
El potencial personal es parte de la personalidad propia que poseemos. Un verdadero talante o modo de ser que es nuestra idiosincrasia consustancial propia.
La fuerza de nuestro espíritu es eficacia antes los propósitos y retos personales que nos trazamos. Una auténtica potencia y poder que nos aporta la mejor competencia y capacidad de eficiencia. Aquella que nos acerca a la mejora, el cambio y la transformación personal.
La capacidad del potencial humano que tenemos necesita de la adaptación de las circunstancias que nos rodean para poder hacer un mejor aprovechamiento del talento que tenemos.
Nuestro potencial humano es un sin fin de posibilidades a conseguir. Una fuente de riqueza personal donde se desarrollan nuestras facultades y se mejoran las habilidades y capacidades personales que tenemos.
Hagamos de nuestro potencial la mejor virtud que nos conduzca a la excelencia a modo de fortaleza y superación que desarrolle nuestro crecimiento personal.
Potencia y capacidad han de ser un verdadero binomio de competencia y talento. Aquellas virtudes personales que alimentan nuestra inteligencia e ingenio. Ingenio de pensamiento e inteligencia como forma de razón e entendimiento que nos genera lucidez y agudeza ante las dificultades.
Veamos en el potencial personal una manantial de energía y resistencia ante las adversidades, y un acicate ante las contrariedades que se nos presenten.
Nuestra pericia personal ha de ser la destreza y experiencia que despierte el conocimiento y su puesta en práctica.
Tengamos en nuestras habilidades el mejor protector frente a los problemas y los contratiempos. Si el potencial personal es base y sustento para emprender, la capacidad que tengamos es poder y fortaleza a modo de energía y superación. Es nuestro mejor poder de mejora y cambio. Un desarrollo personal que da lo mejor de nosotros y nos acerca a nuestros anhelos y deseos.
Aprovechemos las cualidades innatas que poseemos, y dotemoslas de la de firmeza y el tesón en las actuaciones y quehaceres diarios. Es la mejor forma de desarrollo personal que nos dota de eficacia ante cualquier actividad que realicemos y pongamos en práctica.
El potencial propio es nuestra carta de presentación frente a nosotros mismos y el mundo que nos envuelve. Son nuestros recursos y medios a todo reto o meta que emprendamos.
La capacidad del potencial humano es la mejor riqueza que poseemos como fortuna personal. Es un caudal que incrementa nuestras habilidades y competencias. Nos hace crecer interiormente y nos dota de la fortaleza, el poder y la energía ante cualquier adversidad.
Que nuestra capacidad del potencial humano no se convierta sólo en lo probable, ni sólo en posibilidad, sino en la energía de nuestras acciones como poder y actitud real. La mejor facultad de aptitud que haga de nuestro potencial humano la herramienta de capacidad ante las metas a conseguir, y nuestro triunfo personal de reto, mejora y superación personal. Un cambio de paradigma donde estamos enfrente de nuestras capacidades al servicio de nuestros deseos. Por tal motivo, aprovechemos nuestro potencial humano como mejor guía, recurso y virtud propia.
Apostemos para que nuestro crecimiento personal sea la mejor respuesta de nuestro potencial humano como capacidad en primera persona. Protegiendo y desarrollando nuestro mejor valor en alza.

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Análisis sobre la felicidad y sus contradicciones

Muchas veces son, en esta vida, en las que el ser humano ha intentado definir el “para qué” de su existencia. ¿Qué hacemos aquí? ¿Cuál es mi finalidad? ¿Puedo llegar a ser feliz? En un plano más filosófico Aristóteles, filósofo de la Antigua Grecia definía la felicidad como una finalidad perseguida por el ser humano. En ella, si una persona conocía el bien, lo que es bueno para las personas, podía actuar de forma virtuosa y racional para hacer el bien a todo el mundo. Para otros pensadores como los hedonistas planteaban que eran los placeres terrenales y básicos los que hacían de la persona, una feliz. Por consiguiente, se han estudiado las diferentes posiciones atendiendo desde pensadores de la Grecia Clásica, fundadores de la psicología humanista como Abraham Maslow y pensadores del novecentismo como Ortega y Gasset. El ser humano, indudablemente busca la felicidad, nadie, aun voluntariamente puede actuar y dirigir su vida hacia la infelicidad. La felicidad es atractiva, plena y bella. Esta belleza es la que capta la atención y la focalización de muchas personas hacia la felicidad. Puede haber personas que cuestionen este planteamiento atendiendo a casos muy cotidianos como jóvenes y adultos con problemas con el alcohol y las drogas. Éstas, aportan una sensación de placer momentáneo en el momento que se consumen, la persona que las ingiere, cree que ese camino es la felicidad, la del momento, la de la circunstancia concreta. Involuntariamente, el sujeto actúa activamente en desarrollar un plan de vida que lo va a dirigir hacia la infelicidad. La persona en cuestión busca la felicidad de manera incorrecta, por ello sufre las consecuencias devastadoras de las sustancias que toma. De acuerdo con esto, ejemplos más mundanos que podrían ser tomar un refresco, una pizza o incluso una comida familiar, aportan una felicidad inmediata, en la mayoría de los casos, pero ¿qué ocurre cuando dejamos de tener esos placeres momentáneos? ¿dejamos de ser felices? – No, lo que ocurre es que existen dos tipos de felicidad. La primera felicidad es la que hemos denominado genérica. En esta se haya un proyecto vital de la persona en el largo plazo. Donde quiero estar en 15 años, la salud de los familiares, etc. Cuando nos damos cuenta de que estamos en el camino correcto, que estamos en la dirección de los planes de vida que nos hemos creado, eso da sensación de seguridad y tranquilidad. ¿Pero qué ocurre cuando nuestros proyectos vitales se ven afectados por no tener cumplidas necesidades tan primarias como comida, agua, un hogar o seguridad física y económica? Atendiendo a estos factores podemos ver como los planes de vida de las personas no van a poder desarrollarse porque no tienen ni los derechos humanos básicos abastecidos. Como consecuencia de ello el comportamiento de estas personas y sus relaciones interpersonales, al no estar cubiertas, no podrán ir escalando hacia metas más altas, es decir, no tendrán tanta facilidad de llegar a fines tan altos como la autorrealización porque las necesidades más simples no estarán garantizadas. En el caso de que sí se tengan cubiertas, y los planes de vida proyectados vayan en la misma dirección en la que vamos nosotros, allí nos encontraremos la felicidad que nos hace dormir tranquilos. El problema surge cuando se confunden problemas en medio de la consecución de esos planes de vida que hace que se confundan momentos puntuales y concretos con toda la vida del individuo. Por ejemplo, una persona que ha finalizado su carrera como abogado, ha aprobado el máster de acceso a la abogacía y quiere hacer su tesis doctoral. Si esa persona está convencida de lo que quiere hacer, que tiene los recursos necesarios y la capacidad para emprenderlo, esa persona debe tener una felicidad genérica plena. En medio de la consecución de la tesis dejará de ver a sus amigos, estará largas horas trabajando, se frustrará, su mentor le dirá que no lo está haciendo bien y creerá que es infeliz. La infelicidad son momentos muy concretos dentro de un espacio de tiempo mucho mayor. Si se tiene una felicidad genérica clara es mucho más fácil lidiar con las dificultades y no caer en la constante repetición de: – yo no soy feliz o no sé si lo soy.
El problema surge cuando el individuo no tiene planes de vida determinados y racionalizados por sí mismo. Si la persona no elige los planes de su vida y lo eligen por ella, si la persona no decide ella misma a través de su pensamiento que es lo que quiere hacer o aun más caótico, si la persona ni siquiera se lo plantea, entonces es muy fácil ser infeliz. Cuando una persona no esta convencida de que quiere para su futuro, o se autoconvence de que eso es lo que quiere cuando en realidad no lo quiere, esa persona cae en tristeza, depresión, apatía y frustración. El porqué es muy sencillo, como no tiene un motivo en su vida fuerte, como no le ha dado un sentido real a su vida de manera firme, todos los obstáculos e incluso felicidades momentáneas las toma de manera fría, sin ilusión y sin amor a la vida.
En conclusión, la felicidad no es un placer o una alegría constante, existe una felicidad general que nos hace estar tranquilos a nivel de seguridad, salud, necesidades y aspiraciones personales y profesionales. Dentro de esta se encuentra la felicidad o infelicidad específica, momentos de dolor como la pérdida de un ser querido o momentos de alegría como una cena con los amigos. Sin una felicidad genérica firme, los sinsabores e infortunios de la vida nos arrastraran con ellos y no viviremos una vida plena porque no veremos en la vida la belleza que tiene.

Artículo cedido para el ágoradelpensamiento
Autor: Antoni Lorente González

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Los miedos personales frente a los propósitos a alcanzar

Cualquier plan trazado en nuestro quehacer diario siempre necesita de voluntad y determinación para llevarlo a cabo, pero: ¿Qué pasa cuando los miedos aparecen y nos atenazan creando desconfianza en nosotros mismos?
Los propósitos siempre vienen dados por objetivos a alcanzar y compromisos a seguir. Compromisos de deseo y voluntad en nuestras acciones cotidianas que lleven la determinación y el valor para ejecutarlas.
En cualquier propósito a emprender siempre es necesario ir hacia delante con claridad de ideas para avanzar y no caer en la desconfianza propia ni la inseguridad personal. Si es así, es cuando en nosotros mismos es necesario que aumente nuestro autoestima, y esta sea un baluarte ante cualquier contrariedad que tengamos.
Hagamos de los propósitos, el mejor objetivo alcanzar. Aquel que nos dote de seguridad y firmeza personal. Seguridad a modo de certeza en todo lo que emprendamos y llevemos a cabo frente a cualquier plan, proyecto o meta a realizar. Y seguridad como certidumbre que nos genere tranquilidad y convencimiento por todo aquello que luchemos y busquemos conseguir.
Hagamos de nuestro convencimiento propio, un escudo que nos proteja ante cualquier situación en que aparezcan las dubitaciones personales que nos paralicen e imposibiliten seguir avanzando ante cualquier aspiración o deseo que tengamos.
La voluntad frente a los propósitos marcados es un acicate de determinación y firmeza en lo que creemos. Un valor personal que nos previene de los miedos y nos hace superarnos ante las contrariedades que se nos presenten.
En nuestro quehacer diario, los miedos siempre son desconfianzas a superar y temores que nos hacen no creer en nuestras posibilidades. Por tal motivo, debemos tener fe en lo que hacemos y en el potencial que tenemos para no dejar de avanzar y crecer a nivel humano ante cualquier propósito marcado.
Nuestra autoconfianza es el mejor aliado para generar seguridad que podamos llevar a la práctica como mejor antídoto de creencia en nuestras convicciones. Un estímulo de empuje personal y determinación ante las decisiones y objetivos a seguir.
La confianza personal es el pilar que nos protege ante los miedos y las indecisiones. Es la garantía de creencia propia en lo que hacemos, y una protección de tranquilidad y defensa en lo que creemos.
No hagamos de nuestra inseguridad el mejor aliado de las dudas y el desasosiego. Hagamos del convencimiento en nuestras posibilidades el mejor escudo de firmeza y tenacidad por seguir luchando pues los propósitos que nos tracemos.
Si todo propósito necesita de ánimo y actitud como deseo y logro a alcanzar. Veámoslo como el alma que nos dote actitud y empuje frente a la desconfianza y las vacilaciones que se nos presenten.
El ánimo personal y la energía de nuestras acciones son el mejor bálsamo ante las dubitaciones en los propósitos personales que tengamos. Una verdadera fuerza de dinamismo y valentía que hace de nuestro esfuerzo un revulsivo de creencia propia en lo que hacemos.
El equilibrio personal ha de ser el mejor contrapeso de la inseguridad y la desconfianza que tengamos ante cualquier propósito de la vida. Un equilibrio que despierte lo mejor de nosotros, aprovechando las capacidades y habilidades personales que tengamos.
La actitud y el talento han de ser una barrera y dique de contención de nuestra negatividad ante los miedos y preocupaciones por nuestras debilidades y limitaciones.
Hagamos de la actitud una disposición positiva y el talento como una capacidad y potencial de energía para enfrentarnos a cualquier situación o contrariedad.
Que nuestras acciones y decisiones en la vida nos aporten el equilibrio personal necesario para que ante cualquier propósito lo afrontemos con las mejores garantías, sin dejar que los miedos personales nos paralicen para seguir creyendo en lo que somos y hacemos en todo objetivo, ilusión o anhelo que deseemos.
Que la superación personal ante cualquier traba u obstáculo puedan ser nuestro mejor servicio personal como personas para que nuestros propósitos puedan ser alcanzados.
En nuestra mano está romper la barrera de los miedos. Consigamos el reto.

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