En busca de la armonía personal

En el transcurso de nuestra existencia vital, los seres humanos buscamos un estado personal en nuestro fuero interno que nos dote de la paz, el equilibrio íntimo y la armonía entre el cuerpo y la mente. Una medida de placidez individual que nos transmita la calma y la estabilidad emocional de sentimiento y bienestar propio.
El equilibrio personal siempre requiere de la proporción y la concordancia de la acciones que realicemos en el transcurso de nuestra existencia vital.
Un sentido de placidez interior nos genera un estado de confort del alma que nos dota de felicidad y alegría.
La culminación de nuestros anhelos y la confianza con que los emprendamos para conseguirlos han de tener el tesón y la solidez de nuestros valores, principios y creencias intrínsecas.
El sosiego interior es una pausa de paz íntima. Una culminación propia de plenitud personal que debemos buscar con ahínco en el día a día.
La serenidad en las acciones han de contar con la mesura de nuestro aplomo natural, madurez y tesón para la consecución de nuestros deseos.
Un sentimiento de felicidad, alegría y estabilidad emocional son claves a conseguir desde nuestro equilibrio armónico de estabilidad y desarrollo personal.
La armonía siempre ha de ir ligada al equilibrio interno de nuestro cuerpo y mente. Una situación que desde la calma y la estabilidad debe buscar la plenitud y el bienestar.
No hay estabilidad personal sin la sensatez y la reflexión en las decisiones que tomemos y acciones que realicemos. Aquellas que nos aporten la madurez y la seguridad en nosotros mismos.
La paz interior siempre es un avance de sosiego como reposo de quietud, temple y estado de relajación personal.
La alegría a través del equilibrio emocional es una capacidad de solidez en nuestras convicciones, deseos e ilusiones por conseguir que nos aportan: felicidad, satisfacción y avance humano.
La placidez del confort humano es la armonía en su máxima expresión desde el equilibrio mental que nos produce satisfacción y gozo.
No hay satisfacción plena que no requiera un trabajo de lucha y perseverancia para conseguir sus fines y metas.
El equilibrio personal siempre va ligado a la sensatez de nuestras acciones, la mesura en nuestras decisiones y la ponderación en el ejercicio de nuestras actividades. Es una forma de avance personal, inteligencia y madurez necesarias en la mejora de nuestro crecimiento personal.
La estabilidad emocional es un desarrollo natural y humano que nos dota de placidez interior y equilibrio. Un estado de bienestar general, culminación y gozo.
Hagamos de la armonía, una disposición de concordia, reposo y quietud. Un orden de equilibrio, comprensión y paciencia ante cualquier situación o circunstancia que se nos presente.
Nuestros valores han de ser capacidades de aptitud y provecho. Dándoles la importancia necesaria y la trascendencia de estabilidad y plenitud que nos acerquen a la felicidad.
Veamos en nuestras convicciones, un estado de tesón, vigor y ánimo que nos doten de seguridad, bienestar y satisfacción.
No hay mejor estrella a conseguir que aquella que viene del confort del alma, nos agrada y nos impregna de la satisfacción individual que nace de nuestras emociones y sentimientos.
Busquemos la felicidad desde le la estabilidad interior como valor de consistencia, alegría, madurez y estabilidad personal.
El equilibrio natural siempre es una medida de placidez individual que transporta concordia y bienestar. Es nuestra integridad a salvaguardar como capacidad de convicción natural exclusiva, propia e intransferible.
Vayamos en la búsqueda de la estrella de la alegría y el bienestar personal desde el equilibrio y la armonía natural de nuestro cuerpo.
Es un viaje de satisfacción por descubrir y emprender.

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La constancia como mejor aliada ante los propósitos y las metas marcadas

¿Tenemos firmeza y perseverancia en nuestras metas o propósitos que nos marcamos? ¿Qué actitud mantenemos en las intenciones y acciones que realizamos a diario? ¿Vemos en la firmeza un valor de determinación en los anhelos que deseamos? Son interrogantes que tienen un denominador común: la constancia como actitud o predisposición del ánimo respecto a todo lo que anhelamos y aspiramos conseguir.
No hay constancia que no necesite del empeño en los objetivos y la energía ante las pretensiones a conseguir. Es el talante como virtud, actitud y entusiasmo de valor y empuje.
Los esfuerzos frente a los propósitos y metas requieren del esfuerzo en las determinaciones y la constancia en los objetivos. Hablamos de constancia en forma de perseverancia y tesón que nos mantiene firmes en las decisiones a tomar y el empeño ante los anhelos y deseos a alcanzar.
Todo objetivo en la búsqueda de una meta precisa de actitud y talento como condiciones de habilidad y aptitud a emprender.
Veamos la actitud de la constancia como un empeño para afrontar los propósitos y metas con voluntad e intención en los objetivos y deseos que acometamos.
Impulsemos en nuestras decisiones a tomar, la determinación y la energía frente a los frenos y dificultades que se nos puedan presentar.
Los obstáculos e inconvenientes debemos afrontarlos desde la fuerza y el vigor del espíritu a modo de mejor esencia y ánimo personal.
Hagamos de la constancia el empeño positivo ante los anhelos, y veamos en el tesón una tenacidad y firmeza ante las ambiciones.
La insistencia y la perseverancia demandan del esfuerzo y la constancia para alcanzar toda meta o finalidad deseada. Son nuestros propósitos e intenciones que buscan la voluntad del espíritu y la esencia interior del ánimo. Aquel que nos transmite coraje y energía en las resoluciones y decisiones que tomamos.
La constancia siempre ha de ir unida a una actitud de disposición y firmeza que nos genere tenacidad y persistencia en las decisiones e intenciones que tengamos.
Veamos en el esfuerzo personal una voluntad de ambición y aspiración de los sueños y esperanzas que nos marquemos. Esperanza en las pretensiones y seguridad en las metas y objetivos trazados.
Impulsemos el ánimo y la fuerza personal para mantener el empeño en lo que creemos y las metas por las que luchamos.
El esfuerzo personal es el mejor afán de lucha ante las ambiciones que nos marquemos y anhelemos. Aquellos que nos producen sueños y empeños a modo de aspiraciones y pretensiones a lograr.
Observemos en la constancia un esfuerzo de ambición y aspiración humana natural. Una pretensión de empuje y valor que nos transmite resistencia ante los obstáculos y los inconvenientes que nos surjan.
La constancia requiere actitud y tenacidad en las decisiones, determinaciones y resoluciones que se adopten.
Talante y actitud son parte del ánimo que precisan de entusiasmo, valor y empuje en los propósitos y metas que se busquen. Un aliento de voluntad e interés que han de ser parte del tesón y la voluntad del espíritu en las ambiciones, alicientes y propósitos a lograr, y en los objetivos y metas a alcanzar.
Afrontemos los deseos y retos marcados con perseverancia y firmeza como mejor forma de hacer frente a las indecisiones, incertidumbres e inseguridades que tengamos.
Constancia y empeño han de ser herramientas de perseverancia y tenacidad frente a los objetivos y metas a lograr como verdadero ánimo del comportamiento, la conducta del alma y el tesón del espíritu.
Voluntad, aliento y empuje en las aspiraciones que tengamos, deben ser guías y referentes a seguir para afrontar los desafíos y ambiciones como razón e intención a seguir.
Que la constancia sea el mejor empeño de ánimo, perseverancia y tenacidad ante los objetivos y logros a lograr.
Busquemos en la constancia el aliado afín que nos acerque y conduzca en la consecución de los fines y ambiciones que nos propongamos materializar siguiendo el camino con firmeza y decisión.
Nuestra voluntad y virtud a seguir deben ser la hoja de ruta en el camino hacia el triunfo.
Emprendamos la marcha.

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Cuando la precipitación lleva al fracaso

Dicen que en las palabras y en los actos humanos residen los éxitos o fracasos ante las decisiones o actividades que realizamos en la vida. Aún siendo así nos podríamos preguntar: ¿sabemos abordar las situaciones que se nos presentan en su justa medida o tiempo? ¿Tomamos decisiones precipitadas en los ámbitos que nos movemos? ¿Valoramos todos los contextos y circunstancias antes de emprender algo?
Las actuaciones personales con apremio en el tiempo y sin razonar son pensamientos irreflexivos que siempre conducen a una consecución errónea.
Siempre ante cualquier tipo de proceder se requiere de una valoración de las circunstancias y una meditación para decidir con garantías sin precipitación ni torpeza.
Los desaciertos en la ejecución de todo proceder o trabajo son consecuencia de razonamientos en los que nos valora el entorno, la situación a tratar y la disposición para tomar las decisiones adecuadas.
Los comportamientos humanos en la vida requieren confianza en uno mismo, pero también comportamientos alejados de la torpeza, la falta de razonamiento y consideraciones sin madurar.
La consecución de un fracaso no solo viene determinado por la forma en que emprendemos algo (proyecto, reto, meta, objetivo), sino en la forma que lo desarrollamos, lo pensamos, lo ejecutamos, lo meditamos y lo ponemos en práctica.
Tomar en consideración las coyunturas, considerar los “pros y contras” son parte del éxito ante cualquier interpretación, actuación o ejecución a realizar.
El mejor compañero ante situaciones de precipitación e impetuosidad es la calma y la prudencia, auténticos abanderados para poder hacer frente a las equivocaciones y los desaciertos.
Si el fracaso en la no consecución de algo o como consecuencia del atropello irreflexivo de los procederes y la falta de mesura. Cambiemos de pensar y hagamos de la mesura y el razonamiento baluartes que venzan decisiones equivocadas y frustraciones inútiles.
Todo fracaso es una frustración y una derrota propia cuando viene precedido en no pensar ni considerar las condiciones para tomar determinaciones y la valoración de los espacios de actuación requeridos y pensados.
Reflexionemos en nuestros actos diarios a partir del entendimiento y la reflexión, sin abandonar la prudencia y la mesura ante toda consideración que tomemos.
Si la precipitación lleva al fracaso, la imprudencia en la forma de actuar y proceder es el mejor aliado para la equivocación y el desacierto que tengamos en lo que hagamos.
Consideremos las coyunturas y las circunstancias que nos envuelven ante toda decisión que tomemos. Es la mejor forma de pensar y decidir frente a la consecución de una meta o reto.
El pensamiento y la reflexión en los actos que practiquemos requieren estudiar las circunstancias y tomar decisiones desde la racionalidad.
Busquemos la consecución de nuestros objetivos con decisiones y determinaciones que consideremos y pensemos con sensatez, coherencia y lógica.
Las posiciones a tomar deben valorar los entornos, ambientes y condiciones que necesitan de un contexto adecuado para no equivocarnos ni caer el apresuramiento y la prisa innecesaria.
La prisa en las decisiones solo conduce a la frustración y a la derrota personal como auténtica imprudencia de falta de mesura para valorar las circunstancias y las condiciones necesarias ante todo tipo de resolución a adoptar.
El entendimiento de forma irreflexiva para tomar determinaciones da lugar a decisiones equivocadas y comportamientos de frustración que nos llevan al fracaso y al desánimo personal.
La precipitación siempre conlleva decisiones de inconveniencia, objetivos inalcanzados y desengaños innecesarios.
Que el pensamiento y la reflexión sean herramientas valiosas de aportación y ejecución ante los comportamientos que tengamos a modo de actuación, desempeño y trabajo.
Confiemos en el desempeño de nuestro comportamiento con juicio e inteligencia en las opiniones o decisiones que tomemos. Con la confianza y el razonamiento de nuestro criterio y reflexión en todo lo que hagamos y creamos.
Venzamos las decepciones desde la razón del pensar, la situación y el contexto de los hechos para que confiemos en nosotros mismos y nos alejemos de la precipitación como fracaso ineficaz y estéril.
Si la precipitación es el camino más corto hacia el fracaso; démosle la vuelta para convertirlo en calma y sosiego como medio y herramienta que nos conduzca hacia el éxito personal.

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La razón como capacidad de reflexión y pensamiento

La persona humana como ser único y singular tiene unas facultades de pensamiento ante la vida que le condicionan en sus procederes diarios. Es por medio de la razón que busca el fundamento de las cosas a través de su mente humana: ideas y conceptos que le ayudan a formar juicios de entendimiento e inteligencia personal.
La razón humana no queda sólo en el pensar, sino también en la reflexión como capacidad de entendimiento y principio de las cosas. Verdadero pensamiento de estudio y comprensión ante todo lo que nos rodea en la vida para poder valorar, estudiar y entender. Es decir, la capacidad a modo de facultad del pensar que nos conforma opiniones, criterio y parecer. Son imágenes y conceptos mediante la conexión de ideas que nos crean los elementos mentales, las percepciones de pensamiento, juicio y criterio de las cosas.
La razón es la disposición y competencia de introspección personal en forma de reflexión y conciencia humana. Aquella que nace de la conciencia, nos crea juicios de entendimiento y comprensión frente a la vida con principios de opinión, valoración y pensamiento.
Opinión como juicio personal de criterio y argumento. Valoración a modo de estimación y consideración de lo que nos rodea. Y pensamiento en forma de dictamen que conforman nuestras ideas y nos generan entendimiento, inteligencia y criterio.
Toda razón tiene un fundamento de disposición y consideración que busca en la reflexión el entendimiento y juicio de opinión mediante el cual se conformen las opiniones, criterios y principios.
La razón tiene como capacidad la reflexión y el pensamiento. Al igual que todo fundamento requiere de una actitud de juicio y razón de ser.
La razón siempre es una motivación de capacidad e inteligencia a través del pensamiento que emite consideraciones, razones y reflexiones en nuestros criterios e ideas que compartimos y practicamos.
No hay razón que no conlleve una reflexión en el pensar de las cosas para comprender y entender lo que nos rodea por medio de las percepciones e impresiones en nuestro quehacer diario. Y no hay impresión de la vida que no cause sensaciones e imágenes que construyan nuestras ideas y pensamientos personales e intransferibles.
Cuando la razón va unida al entendimiento, la inteligencia y la racionalidad son el mejor juicio de capacidad y reflexión personal. Hablamos de reflexión en forma de consideración e introspección intima e intrínseca que permanece en nuestro alma y nos sirve como ponderación y consideración ante los análisis y consideraciones que hagamos.
Si la razón humana va unida a la capacidad de entendimiento y la reflexión ante las cosas, esta nos ayuda a comprender mejor los hechos o circunstancias que confluyen en nuestra vida.
El pensamiento es el raciocinio del intelecto que nos crea juicios y opiniones de criterio como valoración y evaluación de cualquier decisión, disposición o determinación que tenemos en la vida.
Hagamos de nuestra capacidad personal una disposición de competencia e inteligencia personal.
Veamos en la ponderación de nuestros actos la mejor consideración propia y personal de reflexión, análisis y equilibrio. Equilibrio a modo de juicio de mesura y razón. Y razón como discernimiento de clarividencia y lucidez en forma de sensatez en los juicios de opinión y juicio que tengamos.
Los juicios personales siempre son facultades del entendimiento en forma de opinión razonada, inteligencia y capacidad de comprensión. Que buscan a través de la racionalidad la coherencia y la sensatez de la lógica. Un sentido común que conlleva razón, capacidad y reflexión de pensamiento.
Observemos el pensamiento humano no sólo en forma de imágenes y conceptos de análisis y opinión, sino en capacidades de juicio y reflexión, desde la racionalidad y el entendimiento a modo de inteligencia y criterio de opinión.
No hagamos de la mente humana una simple capacidad de ideas y conceptos en forma de pensamiento. Creemos estados de opinión personal que creen criterios de valoración, principios y pautas a seguir.
La aptitud, el talento y la disposición son habilidades de capacitación que necesitan de la inteligencia y el razonamiento como reflexión de pensamiento y conocimiento.
Si la razón es una capacidad de reflexión y pensamiento. Hagamos de la razón un principio de suficiencia y capacidad de consideración como reflexión, entendimiento y razón de ser.

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El valor de la confianza

En cualquier ámbito de la vida (político, social, económico, empresarial), en las relaciones humanas se crean vínculos comunicativos de entendimiento. Un estado de interacción de expresión personal donde se manifiestan ideas, sentimientos o sensaciones entre seres humanos. Si en esta correspondencia mutua de nexos y uniones que se forman conllevan franqueza en sus actitudes y comportamientos tal como deseamos con sinceridad sin mentiras ni engaños, independientemente de las ideas o pensamientos de nuestros interlocutores se establece un ambiente de confianza y reciprocidad real.
La confianza es una indudable cualidad innata que fortalece cualquier actuación de relación particular o profesional de diferente índole. Es una virtud de certeza inherente al ser humano que genera complicidades en la forma de relacionarnos. Una condición efectiva que nos produce aquella credulidad esencial en el ejercicio del trato de la comunicación. Imprescindible seguridad ante cualquier temática o toma de decisión que nos dote del aplomo y la tranquilidad en forma de ánimo positivo en las decisiones que llevamos a la práctica.
Veamos en la confianza como un aliento de empuje ante cualquier amistad que denota una llaneza de naturalidad y franqueza en los comentarios, reflexiones o ideas a tratar. Es una forma de compartir la intimidad de intercambio natural sin pensar en el que dirán con una visión aperturista y llana sin perjuicios ni miramientos.
El convencimiento de nuestras creencias y convicciones no han de ser ningún lastre para mostrarnos como somos sin temer por las palabras ni las expectativas desde sus diferentes perspectivas.
La confianza no puede convertirse en un proceder de candidez ni ingenuidad. Al revés, en una certeza que nos disipe las dudas, generándonos la certidumbre necesaria de equilibrio y fiabilidad que nos concierne.
El ser humano en las relaciones de estabilidad siempre ve en la protección personal un amparo, aquel verdadero resguardo connatural y humano que se convierte en genuino seguro de garantía.
La capacitación en las relaciones humanas adquieren aptitudes que nos preparan con la pericia de la autosuficiencia. Autentica prenda que nos aporta la tranquilidad y la calma ante las dubitaciones y los malos entendidos. Una entereza en nuestra compostura que nos hace desenvolver con soltura ante cualquier problema o gravedad.
No hay talante que no vaya aliado con una actitud de valor e ímpetu característico. Una energía que a su vez nos dota de la tranquilidad y la fuerza ante nuestros actos y procederes rutinarios.
A pesar de que en las relaciones humanas siempre aparecen dudas y contradicciones; debemos alejar las incertidumbres que nos creen vacilaciones e inquietudes. Toda vacilación siempre ocasiona intranquilidad y desasosiego que debemos cambiar con la convicción en lo que creemos. Son preocupaciones humanas que denotan dilemas ante el temor y el escepticismo.
Es necesario afrontar las relaciones humanas con autenticidad y la verdad de lo que somos con una creencia firme y fiable. No desde la defensa de la intranquilidad y el titubeo que cuestiona las cosas viendo solamente los problemas y dificultades. Ni de la sospecha que se encuentra en primera persona que todo lo cuestiona y tiene la mirada en la incógnita y el conflicto.
No hagamos del cuestionamiento de las cosas, un terreno de abono para que los obstáculos sean contrariedades manifiestas y adversas ante las trabas y preocupaciones.
Ya que los problemas siempre se transforman en interrogantes de demandas y disputas. Hagamos ligámenes en las relaciones (personales, profesionales, amistad) que enlacen con sencillez todo tipo de manifestación o acontecimiento.
Las relaciones personales francas siempre aportan aplomo en las decisiones y un vigor de lealtad y llanura que debe materializarse con una disposición de naturalidad. Una expresa sencillez que prodiga a ser mas afables hacia nuestros semejantes. Despertando la espontaneidad y adquiriendo una virtud de simpleza y sobriedad. Verdadero síntoma de discreción, modestia y humildad.
Es el momento en que las premisas del crédito adquieren su máximo valor grado de fiabilidad. Enfortecen las relaciones y crean un estado de confianza. Una garantía personal ante las obligaciones y compromisos mereciendo su reconocimiento.
La palabra dada es el mejor aval de la confianza y su depósito en ella. Aquella cobertura de crédito y protección que perdura en el tiempo y subsiste protegiéndonos de los inconvenientes y las dificultades.
Hagamos de la palabra dada un compromiso de expresión particular frente a los elementos y perturbaciones que nos atañan.
La confianza propia o ajena siempre aporta ilusión, y esperanzas por descubrir, con nuevas perspectivas y visiones diferentes que nos transmiten satisfacción y optimismo. Que despiertan empeños en las decisiones y un aliento de empuje y vigor en las amistades y conductas de relación.
Hagamos que la confianza nos aporte nuevos prismas, panoramas y puntos de vista diferentes, delante de las circunstancias y los paisajes que nos envuelven y rodean. Un abanico de posibilidades que nos abren la mente, el pensamiento y la forma de ver y entender las cosas.
Percibamos en el valor de la confianza como una tranquilidad personal; con sus creencias como signo de potencia, fuerza y capacidad de honestidad.
La amplitud en la determinación y las decisiones adecuadas sin limitación denotan seguridad. Es un síntoma de saber apostar por las relaciones sin complejos con aplomo y llanura humana; donde no tienen cabida los recelos, las suspicacias ni el escepticismo.
Veamos en la confianza una decisión de creer en la amistad con el convencimiento de la palabra y la persona. Es la mejor manera de creer en los demás para no dejar de creer en nosotros mismos.
Hagamos un voto en pro de la confianza como seña de valor y virtud humana.

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La aceptación personal nos ayuda a crecer

Las personas en su conjunto somos iguales pero somos diferentes. Ahí radica la magia y el encanto del ser humano y su diferencia (sexo, físico, capacidades, aptitudes, pensamiento).
Si somos como somos (tal cual), con nuestros miedos, contradicciones, dudas y limitaciones en nuestro devenir existencial, nos deberíamos preguntar: ¿nos aceptamos tal como somos? ¿Sabemos convivir con nuestras limitaciones? ¿Nos gustaría estar mejor con nosotros mismos?
La aceptación personal no solo es admitir como somos. Es a partir de como somos, aceptarnos mejor a nivel personal y humano para intentar ser un poco más felices con nosotros mismos.
Conseguir crecer es progresar como personas y creer en nuestras capacidades con una actitud contraria a la resignación de nuestras limitaciones.
Saber admitir las fortalezas y debilidades nos hacen avanzar en el potencial que poseemos y el provecho que le podemos sacar.
No hay que conformarse con la mediocridad, al revés hay que progresar en el impulso de nuestras virtudes humanas como valor de eficacia y fuerza.
Alejemos las barreras mentales que nos creamos permanentemente con motivación, esfuerzo y firmeza a modo de estimulo personal de conveniencia y acierto en lo que hagamos y emprendamos.
Aprobarnos a nosotros mismos en nuestra esencia autentica es desarrollar nuestra mejora interior, aquella que mejor nos faculta como personas y seres humanos.
Creer en el cambio personal es una virtud natural y acicate ante las barreras y obstáculos como incentivo de oportunidades nuevas.
Reconocer y fomentar las suficiencias propias nos ayuda a tener una disposición ante la vida de incentivo y valía para conseguir nuestros objetivos y metas.
Resignación, conformidad y sumisión han de ser palabras alejadas de nuestras mente a modo de barreras que nos entorpecen en nuestro avance, crecimiento y progreso humano en cualquier ámbito o que participemos.
Busquemos en la motivación un aliciente de estímulo en el tiempo para aprovechar al máximo el talento en el desarrollo de nuestras habilidades y competencias.
Abordar con eficacia e inteligencia las barreras e impedimentos de la vida nos ayudara a creer más en nosotros y en nuestras posibilidades.
Los aciertos en nuestras acciones cotidianas siempre vienen dadas cuando se rompen barreras (no solo circunstanciales, sino también personales), se es firme en las convicciones y se utiliza la fuerza del esfuerzo como herramienta de avance de nuestras capacidades.
No hay valor del esfuerzo que no necesite de las ganas ante las metas, la eficacia para conseguirlas y el valor y el interés para ir detrás de ellas.
El crecimiento personal siempre viene dado cuando creemos en nuestro desarrollo interior, despertamos el ánimo y evolucionamos como personas. Es un proceso de cambio, maduración personal y transformación del espíritu.
Conseguir ser uno mismo es romper las barreras que no nos hacen ver la luz por nuestros miedos y debilidades internas.
Ganemos el reto de los miedos personales sabiendo resistir, rompiendo tabús propios y admitiéndolos para alejarlos y poder ser como somos.
El valor personal de crecer es la mejor capacidad de aptitud, talento y eficacia en nuestras tareas, ocupaciones y quehaceres.
Nuestras facultades propias, nuestra existencia humana y los sentimientos que nos envuelven forman parte de nuestra persona; siendo estados de actitud y compromiso ante la vida y lo que nos rodea.
No hay mejor perfeccionamiento humano que aquel que nace desde el alma, se desarrolla y se pone al servicio de las demás, que ofrece lo mejor de nosotros y no pide nada a cambio.
Avancemos aceptándonos como somos, y mejoremos en ser mejores de como somos. Es la mejor forma de aceptarnos y seguir creciendo.
Hagamos del desarrollo personal una herramienta útil de mejora y transformación humana.
Es el mejor paso al comienzo de un nuevo tiempo de cambio y renovación en toda su esencia.
Un encuentro con nosotros mismos como mejora de evolución y progreso.
Despertemos el potencial que llevamos dentro y que aún está por descubrir.
Es tu momento, aprovéchalo.

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¿Cómo ves el vaso, medio lleno o medio vacío?

¿Percibimos la realidad de la misma forma los seres humanos? ¿Cómo afecta nuestro carácter en el sentir de la vida? ¿Influyen nuestras emociones en la actuación y manera de ver las cosas?
Todas las intenciones o deseos en la vida son situaciones que viven los seres humanos en el día a día. Aquellas que dependen de nuestras emociones y sentimientos y que nos afectan en función de las eventualidades, estados o contingencias que se producen (a nivel personal, familiar, profesional, afectivo).
La realidad o perspectiva de los hechos que nos acontecen a diario tienen una influencia en nuestro carácter y forma de pensar y actuar. Es nuestra personalidad y temperamento con su idiosincrasia propia que marcan las emociones, sentimientos y realidades que sentimos y percibimos.
Las impresiones humanas en nuestra forma de sentir están condicionadas por la conducta en ver las cosas desde la disposición de nuestro estado afectivo, del conocimiento de uno mismo y sus circunstancias.
La influencia de las emociones, la forma de actuación y comportamiento en la vida es un modelo claro que conforma la visión propia que tenemos desde su espíritu positivo o el derrotismo que impregna la negatividad.
Una pregunta nítida de nuestra percepción de lo que nos envuelve y la respuesta del ánimo ante lo que nos acontece frente a cualquier hecho o consideración sería: ¿cómo vemos en la vida el vaso, medio lleno o medio vacío?
Si nuestra ánimo es pesimista veremos las cosas siempre desde el estado más desfavorable, pero si aceptamos la realidad desde el optimismo aceptaremos la realidad de los problemas con más objetividad descubriendo la capacidad que tenemos para poder hacerles frente.
La actitud personal ante la vida es una muestra de nuestro carácter y punto de vista desde el prisma propio de la realidad que tenemos haciéndonos sentir emociones y sensaciones.
No caigamos en la visión catastrófica de la negatividad de las cosas ni de los pensamientos que nos provoquen desaliento, tristeza y desesperanza.
Mantengamos un talante positivo en la actitud y el entusiasmo como fuente de energía y empuje ante las dificultades y los momentos de debilidad.
La predisposición ante las decisiones y comportamientos que tengamos han de tener un temperamento de temple, ganas y apuesta por hacer cosas. Viendo en las capacidades personales un modo de impulso ante las contrariedades y acicate de nuestro interior más profundo.
No veamos el vaso medio lleno de desesperanza y negatividad con nosotros y con los demás. Al revés, hagamos que el derrotismo se convierta en triunfo y optimismo, y la desesperanza en ilusión.
El vaso veámoslo lleno de tesón por luchar y afrontar las vicisitudes y complejidades que nos aparezcan manteniendo el espíritu de superación; la fuerza de la convicción y el valor del empeño en persistencia para mantenernos firmes y constantes en nuestras formas de obrar y creencias propias.
Demos un nuevo enfoque a nuestra vida con un cambio de talante personal. Una nueva postura para encarar retos, metas y envites de la vida que nos hagan pasar del pesimismo al optimismo; del vaso medio vacío al vaso medio lleno.
Hagamos que la esperanza no sea una quimera, sino un sentimiento de satisfacción y plenitud personal.
Los sentimientos son emociones del ánimo que han de estar alejadas y aparcadas de todo derrotismo y negatividad.
No perdamos la entereza en la lucha por lo que creemos y ansiamos con la fuerza del empeño y el ánimo de nuestro talante.
Alejemos de nuestra mente la visión de ver el vaso medio vacío teniendo la panorámica de ver las cosas siempre desde el prisma de la esperanza real y efectiva.
No tengamos una percepción y enfoque de la vida distorsionada por prejuicios negativos de antemano que nos mermen y paralicen en nuestros quehaceres cotidianos.
El optimismo ha de ser un estado de ánimo de nuestras emociones que nos dote de confianza y persistencia en todo lo que hagamos.
La negatividad solo se vence con la fortaleza del ánimo del espíritu y el empeño para combatir el derrotismo.
No hay desaliento en la vida que no se vea vencido por un talante positivo de nuestras acciones y actuaciones.
Si la actitud es parte de nuestra personalidad, el comportamiento ha de tener una disposición positiva de ánimo y energía interior.
La visión o percepción del vaso medio vacío están acompañadas de conductas alejadas de la debilidad, el pesimismo y el desánimo.
Aislemos de nuestra mente sensaciones y sentimientos negativos que nos hagan perder el afecto propio y las emociones humanas como nobleza de afectividad y emotividad.
No tengamos una visión distorsionada de la percepción de la realidad de las cosas desde la negatividad en ver el vaso medio vacío, sino por medio de la fortaleza del espíritu para que veamos el vaso medio lleno.
Propugnemos un cambio de paradigma y un nuevo enfoque de todo lo que nos acontece y rodea a través de la conducta, el ánimo y la actitud positiva.
Hagamos del cambio personal el mejor aliado y acicate ante una nueva visión de vida.
Ese es nuestro compromiso.

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Yo soy yo y mi circunstancia

En el trayecto de la vida, el ser humano vive en un entorno personal que determina y le condiciona a nivel individual sus estados, situaciones, coyunturas, circunstancias y condiciones particulares que marcan su existencia vital en primera persona a través de su actuación, conducta y comportamiento.
Si yo soy yo y mi circunstancia. Estamos ante el verdadero relato existencial de la persona en su andadura existencial por la vida. Es su persona como individuo único, que marca su talante, carácter y naturaleza o modo de ser. Que se ha de enfrentar al entorno que le rodea y a las situaciones que se le presenten en todo ámbito y medio que se desenvuelva. Unas coyunturas en las situaciones y fases que se produzcan; intentándolas convertir en oportunidades de conveniencia, provecho y utilidad propia. Siendo su esfera de actuación una condición de estado y disposición que ponen a prueba nuestras habilidades y capacidades que ejercitemos en las competencias y retos.
Las circunstancias y momentos de la vida siempre conllevan coyunturas de oportunidades y ocasiones de provecho y utilidad a emplear como beneficio propio e interés particular.
Si las ocasiones en la vida en forma positiva vienen dadas por situaciones determinadas y circunstancias imprevisibles; utilicemos el entorno en cualquier medio que tomemos partido para aprovechar nuestra disposición, aptitud y suficiencias.
Aprovechemos la aptitud y categoría personal que tenemos desde las coyunturas más favorables de naturaleza y disposición para poner en práctica con los estados, condiciones y circunstancias que lo requieran y nos interesen más.
Hemos de explotar las situaciones que nos surjan en la vida con las condiciones de capacidad, trato e ingenio que tengamos.
La actitud personal es la mejor postura para crear condiciones favorables y convenientes que nos sean ventajosas, fructíferas y positivas. A partir de la eficacia como requisito y estado de beneficio, ventaja y conveniencia.
La persona humana como ser y esencia natural en forma de naturaleza y personalidad propia, determina en su identidad, su relación y vínculos ante lo que le rodea (trato personal, amistad, comunicación, relaciones). Es decir, desde su entorno global de actuación: analiza, estudia y realiza la toma de decisiones y determinaciones por medio de su voluntad en la búsqueda de alcanzar las intenciones y deseos que anhela.
Yo soy yo. Es el individuo como ser y existencia de vida, con su conducta, comportamiento y proceder. Una manera de obrar, gestionar y conducir lo que le concierne y preocupa en la vida de la mejor forma, manera y actitud.
Mi circunstancia. ¿Qué es? Viene dada por aquellos estados del individuo en que las circunstancias son eventualidades en forma de contingencias, posibilidades e imprevistos que le puede deparar la vida en todo entorno o espacio en que se mueva (tarea, ocupación, trabajo). Estas eventualidades en el ser humano pueden manifestarse en el transcurso de su vida en forma de suerte, desdicha o imprevistos negativos.
Cuando hablamos de “yo soy y mi circunstancia”, estamos hablando de la persona humana en si misma desde diferentes contextos y circunstancias que rodean su entorno. Aquellas que deben transmitir conductas positivas que no interfieran ante cualquier tipo de disposición forma y naturaleza en modo de eventualidad, suceso o posibilidad imprevista e irreversible. Por tal motivo, es determinante una actitud clara y explícita de lo inesperado y repentino que nos pueda surgir en toda circunstancia, estado o situación que venga determinada por la firmeza como fortaleza, la fuerza como energía y examen preciso frente a los problemas y la toma de decisiones.
Actitud, integridad y vigor son parte del carácter, aplomo y serenidad en toda conducta o talante a emprender, independientemente del momento, ocasión u oportunidad que se produzca.
Tengamos presente en todo contexto o circunstancia un espíritu de ánimo, coraje y energía de determinación en cualquier ámbito de actividad, conducta y comportamiento.
Yo soy yo y mi circunstancia. Auténtica realidad del ser humano con sus enigmas y misterios propios de todo lo que nos rodea y preocupa.
Que ninguna coyuntura ni eventualidad nos lleve al desaliento.
Sé tu propia energía y fuerza.

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La voluntad como fortaleza y predisposición para alcanzar las metas

No hay meta, reto u objetivo que no necesite de una idea, un proyecto, una estrategia y un plan de ejecución. Sin embargo, no hay propósito a seguir que no vaya condicionado con la inteligencia para desarrollarlos, la fortaleza para emprenderlos y la capacidad personal para alcanzarlos.
Hay dos conceptos básicos a realizar para que haya una culminación optima en la consecución de las metas: el binomio entre el conocimiento y el emprender, siempre que vayan ligados a la voluntad. Hablamos de emprender como esfuerzo y potencia de movimiento. Y voluntad entendida como capacidad de querer. “Yo quiero”, es la voluntad a modo de predisposición para conseguir cualquier fin u objetivo .
La inteligencia sin voluntad nunca llega lejos ya que necesita ir acompañada del deseo y las intenciones para acometer o poner en marcha cualquier proyecto, plan o idea.
La voluntad es la fortaleza interna natural que nos mueve a hacer cosas y es complemento consustancial de la inteligencia.
Nuestra potencia humana de energía y fuerza es la vitalidad personal que conlleva la voluntad. Que nos hace movernos, activarnos y nos sirve de estímulo en las intenciones y determinaciones que tomemos. Aquel ánimo vital de los deseos por lograr y empeños por conseguir.
Todo empeño requiere el tesón del sacrificio y el vigor del ánimo para materializar los objetivos que nos propongamos. El ánimo en los objetivos es una fortaleza de aliento y estimulo para que los anhelos y deseos se puedan culminar desde la ambición y el valor de la determinación.
Veamos en la aptitud de la voluntad el sacrificio del esfuerzo que nos dota de la capacidad para sacar provecho de nuestro conocimiento y obtener nuestros fines deseados.
Las ambiciones a alcanzar requieren aptitudes de suficiencia, pero también fuerza personal y voluntad de esfuerzo para culminar nuestras metas.
No hay razón de ser que no busque una finalidad a conseguir, una disposición para emprender y un estimulo de valor y decisión ante los empeños y aspiraciones por conquistar.
Las metas se consiguen con talento e inteligencia, sin embargo el esfuerzo y el coraje son determinantes para que se culminen y lleguen a buen puerto.
La predisposición para emprender objetivos es un acicate de motivación que nos aviva el conocimiento, despierta en interés y la voluntad de ímpetu positivo para lograr nuestras pretensiones con más garantías.
Es sabido que las metas necesitan estímulos y conocimientos, sin embargo si no van acompañadas de voluntad e interés están condenadas al fracaso.
Valoremos la voluntad como valor de fortaleza y nervio ante las decisiones y propósitos que tengamos.
Nuestra potencia personal interior es la mejor fuerza de predisposición y coraje frente a los objetivos y ambiciones a modo de revulsivo y acicate.
Desde el conocimiento, la razón y la inteligencia marquémonos objetivos a alcanzar reales que refuercen nuestro coraje y empeño por lo que creemos y ansiamos sin perder nuestras convicciones.
No hay voluntad sin esfuerzo ni sacrificio que no requiera ánimo para emprender y voluntad para conseguir todos los propósitos e intenciones que iniciemos.
Ante las metas, el ánimo y la fortaleza personal nos dotan de aliento y nervio como valor humano y capacidad de superación ante las dificultades para obtener los propósitos perseguidos.
La voluntad no es una simple intención, es un deseo por conseguir unas ganas por que luchar y unos anhelos para ir en su búsqueda .
El empeño, el sacrificio y el vigor con que luchamos por lo que ansiamos es el mejor impulso y estímulo personal como apuesta de éxito.
La capacidad por alcanzar las metas está condicionada por la determinación en nuestras decisiones, la voluntad por desearlas y nuestra capacidad y competencia personal en afrontarlas.
Vayamos en busca de nuestros objetivos marcados con un equipaje lleno de talento, voluntad y esfuerzo. Es la mejor garantía de éxito y triunfo.

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Análisis de nuestra sociedad actual

En el tiempo que nos ha tocado vivir, los seres humanos estamos instalados en una sociedad consumista, fría y deshumanizada e insensibilizada por los problemas ajenos, en que la violencia, las desigualdades sociales y la intolerancia están marcando por desgracia parte de nuestra vida cotidiana diaria. Estos procederes reprobables y comportamientos negativos nos deben hacer reflexionar, meditar y pensar sobre los motivos y causas que han provocado esta situación actual en que nos encontramos y que debemos mejorar por el bien propio y de nuestra misma sociedad.
Desde lo largo de la historia y del tiempo, las sociedades en todo su conjunto han sufrido transformaciones desde todos los ámbitos (políticos, culturales, tecnológicos, etc.). En nuestra sociedad actual y presente vemos que el ser humano se ha vuelto un ser individualista y egoísta alejado de las personas que le rodean y de los problemas reales que le envuelven.
Esta conducta en que se anteponen los intereses propios a los ajenos se debe a unos factores determinantes: el ritmo de vida de nuestra sociedad moderna (competitividad existente, estrés, falta de empleo, redes sociales, incomunicación social), y sobre todo a la pérdida de unos referentes políticos y religiosos. Esto ha provocado que se haya visto en los bienes materiales y consumistas (posesiones, apariencias, postureo) como la única panacea de poder conseguir la autentica felicidad real.
Nos encontramos ante una lucha por conseguir una felicidad ficticia y engañosa a través del materialismo que ha sido la causante de la pérdida de valores esenciales en cualquier comunidad humana. Términos como solidaridad, comprensión, tolerancia, amor por los demás, parece como si hubieran desaparecido ni forman parte de la sociedad en la que vivimos. Valores que son el auténtico termómetro de salud de una sociedad moderna y deberían ser algo que nos tendría que preocupar como seres humanos que somos.
Ante estos hechos, la misma sociedad debe actuar como un antídoto y vacuna de resistencia que la haga despertar de esta somnolencia que la paraliza. De forma que la conciencie en el sentido humano más profundo. Teniendo en cuenta que una felicidad verdadera no sólo se consigue a través de la satisfacción y el disfrute de los bienes materiales (muchas veces efímeros y momentáneos), sino también colaborando con nuestro entorno humano más cercano y necesitado. Sabiendo que la aportación altruista i desinteresada que hagamos al bien común como seres integrantes de una misma sociedad también es una forma de enriquecernos. Una plenitud y culminación individual humana y espiritual que también nos acerca un poco más para conseguir la felicidad personal.
Por ello, cada uno de nosotros como seres integrantes de una misma sociedad compartida estamos en la obligación moral de contribuir desde la humildad a su mejora desde nuestra pequeña parcela. Aquella que es más inmediata y cercana en nuestro día a día (trabajo, empresa, familia, asociación) con humildad y sencillez. Abandonemos el egoísmo personal de ambición con la intención de la búsqueda de mejorar la sociedad actual en que vivimos y somos participes. Es la mejor herencia generosa y altruista que podemos dejar a nuestros hijos y las generaciones venideras para que puedan vivir en una sociedad más justa humana e igualitaria.

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