La actitud personal como fortaleza ante las dificultades

En el transcurso de nuestra existencia vital, las dificultades son frenos o barreras que marcan nuestro destino y forman parte del ánimo propio. Es a partir del ánimo cuando sentimos y actuamos de una manera determinada, afrontamos todo lo que nos rodea y nos enfrentamos ante las situaciones de la vida que se nos presentan.
La actitud personal es la mejor disposición de capacidad y energía como resistencia a los problemas y las adversidades que tengamos. Aquella verdadera fuerza que nos dota de entereza y determinación frente a las decisiones y circunstancias negativas de la vida.
El aplomo en la persona es un signo de tranquilidad y madurez para afrontar los problemas y las dificultades con una disposición positiva que no afecte a nuestro estado emocional.
Las dificultades siempre son obstáculos que nos perturban nuestra vida personal (sean de la índole que sean). Por tal motivo, nuestra actitud y talante nos han de servir como aliento para no desfallecer, afrontar los problemas y saber encararlos de la mejor manera posible.
La esperanza frente a las dificultades son el mejor ánimo para poder afrontarlas. Ánimo para buscar su resolución, y energía para que nos afecte en la menor manera posible a nuestro estado anímico.
Cuando se nos presenten las dificultades en la vida debemos plantearnos resoluciones con juicio que nos transmitan entereza y nos fortalezcan la serenidad del espíritu. Es la mejor forma para no caer en el desaliento ni el desánimo.
Nuestra capacidad de resistencia, asimilación y firmeza son claves ante cualquier contrariedad que nos manifieste o perturbe.
En el transcurso de la vida, los vaivenes y situaciones incontroladas requieren de personas con un carácter positivo y determinado.
En las dificultades nuestras fortalezas han de ser barreras y diques de contención que nos aporten energía suplementaria, estabilidad y equilibrio mental. Por ello, la actitud enfrente de cualquier vaivén o contratiempo es fundamental que sea positiva. Aquella que nos haga fuertes y nos ayude a encarar las situaciones con la mejor perspectiva y garantía.
La actitud positiva ante las dificultades siempre es favorable, ya que es una fortaleza que nos dota de vigor y empuje de lucha. Aumenta nuestra potencia de energía como mejor baluarte de ánimo y valor. Valor como entereza de determinación y voluntad a modo de resistencia en el aplomo a tener frente los inconvenientes o contrariedades que nos surjan.
Es en nuestro ánimo personal donde radica la fuerza que nos impregna de energía en la actitud que tengamos ante toda situación, momento o resolución.
Es mediante la voluntad donde las intenciones propias nos obligan a decidir. Y nuestra determinación propia es la verdadera fuerza de nuestra personalidad, sentimiento y empuje frente a todas las acciones que realicemos.
La actitud y la determinación en nuestras acciones son el verdadero termómetro anímico que nos ayuda a seguir, mantener nuestra fortaleza intacta, y generar el optimismo como valor y soporte frente a las pensamientos negativos.
Veamos en nuestro optimismo personal como el valor de lo mejor para nosotros. Aquel que ante las dificultades las afronta con energía positiva sacando lo mejor que tenemos; ve las cosas desde el lado más favorable y nos hace creer en nosotros mismos.
Si logramos actuar de una mejor manera, con un mejor aplomo y una disposición optimista, nuestras fortalezas serán el mejor garante en todos los comportamientos y resoluciones que tomemos.
Seamos nuestra mejor fortaleza y escudo personal.

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La meta es el destino

Nuestro impulso personal, creencia propia y convicción ante cualquier objetivo trazado en que busquemos una meta a conseguir en la vida siempre serán la clave del éxito o el fracaso.
En toda faceta de la vida sea de la índole que sea (profesional, personal, social) si queremos que se cumplan los fines marcados necesitamos de una hoja de ruta y unos condicionantes bien delimitados. Es decir, tener una actitud determinada, una capacidad personal y un comportamiento que nos dote de energía como garantía en el destino a seguir.
Cuando tomamos una meta como destino a lograr nuestra actitud es la mejor predisposición para empezar el camino.
Si la meta es el destino debemos de tener en cuenta los siguientes ejes determinantes: la estrategia o plan, el compromiso, la actitud y la capacidad personal.
Todo anhelo en la vida a alcanzar siempre requiere de voluntad, determinación y empeño. Voluntad como intención de deseo a lograr. Determinación como virtud para encarar y saber llevar a buen puerto la meta a seguir. Y tesón a modo de firmeza y constancia en lo que se desea lograr.
En la vida, todo reto o meta a conseguir precisa de motivación. Motivación que nos aporte un impulso de energía para poder mantenernos vivos. Un auténtico guía propio que nos mantenga siempre alerta y en estado positivo ante todo lo que nos rodea.
Si creemos en nosotros mismos, todo propósito que busquemos ante un objetivo a cumplir siempre ha de conllevar una virtud de esfuerzo y capacidad de firmeza en todo aquello que realicemos. Es la perseverancia en estado puro (tal cual).
Las dificultades frente a cualquier meta que tomemos como destino a seguir debe buscar el compromiso propio. Esa obligación personal que no nos haga caer en el desánimo ni la frustración.
Si todo destino que busquemos va dirigido hacia la meta que anhelamos, nuestra actitud y ánimo nos dotaran de la energía y fuerza que nos haga sentir vivos. Vivos como verdadero esfuerzo de impulso y acicate frente a las adversidades y las contrariedades que nos surjan.
Seamos en la vida nuestro propio guía que nos haga de incentivo e impulso para realizar las cosas con motivación y energía plena.
Veamos en nuestra perseverancia, la mejor firmeza y constancia de esfuerzo y capacidad personal para afrontar los retos con las mejores garantías. Y hagamos de nuestra actitud positiva, la fuerza que nos transmita seguridad y fortaleza.
Que nuestro empeño hacia la meta que nos propongamos, sea un verdadero proyecto de anhelo y tesón. Aquella tenacidad que nos mantenga constantes en todo lo que hacemos, y haga de la perseverancia en nuestros objetivos la mejor aliada de estabilidad y creencia propia.
Si la meta es el destino, seamos nuestro estímulo personal de tesón y firmeza que nos aporte fortaleza ante las indecisiones y las dudas.
Hagamos del talante personal una disposición de ánimo en positivo que nos aliente como impulsor de fuerza y energía ante todos los retos que emprendamos.
Si vamos en busca del camino a seguir ante cualquier objetivo o reto; mantengamos un deber propio y postura de compromiso personal. Si es así, nos hará crecer y nos mantendrá el tesón vivo por todo aquello que creemos. Aquella verdadera causa que nos hemos trazado con motivación para llevarla a cabo, con perseverancia para su consecución, y con capacidad personal para que se pueda materializar.
Veamos en nuestro compromiso y en nuestra capacidad personal de desarrollo los verdaderos bastiones que nos acercaran al rumbo del camino que nos marcara el destino de la meta que ansiamos y lograremos alcanzar.
No tengamos miedo a los enigmas de la vida ya que nuestra meta es el destino. Vayamos en su búsqueda.

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Tú eres tu propio guía personal

Como seres humanos hemos venido a este mundo a descubrir el misterio de la vida, sus enigmas e interrogantes. Un transcurso de la existencia humana que por medio de nuestras vivencias, experiencias, situaciones y decisiones propias impregnarán el camino de nuestra vida hasta el fin de nuestra vivencia terrenal.
Desde que nacemos hasta la edad temprana y durante la infancia nuestros progenitores nos protegen, educan, y aconsejan durante los avatares de la vida que se nos presentan. Es a partir de la edad adulta cuando emprendemos el peregrinaje de una nueva etapa y empezamos a ejercer la toma de decisiones propias. Es el momento en que nos enfrentamos a la vida, la sociedad que nos rodea y un nuevo mundo por descubrir. Un mundo en el cual seremos nuestro propio guía. La etapa de caminar solos, avanzar, aprender y crecer. Estamos ante la vida en primera persona. Aquella en que «tú eres tu propio guía personal».
Cuando hablamos de que «tú eres tu propio guía personal» estamos hablando de que tú afrontaras un viaje de frustraciones y adversidades, pero también de alegrías y buenos momentos. Tú serás el que conducirás por medio de tus decisiones y comportamientos tu propia vida, teniendo que afrontar los errores y los fracasos que se te presenten. Por ello, necesitas determinación y energía. Una firmeza personal de valor y empuje ante las eventualidades y dificultades a resolver.
Tu talante en la vida será tu actitud, espíritu de fuerza y energía a seguir. El motivo por el que luchar en la vida, con tus ilusiones, anhelos y deseos a conseguir.
Tus principios personales han de ser tu motivo y razón de ser. La verdadera causa y lucha para proceder y afrontar todo tipo de adversidades que aparezcan. Aquellas que nos doten de la fuerza de la convicción como mejor baluarte de motivación y estímulo frente a las situaciones que nos tengamos que enfrentar dentro de de una sociedad compleja y contradictoria. En consecuencia, las situaciones que se nos presenten las deberemos gestionar de la mejor manera posible desde el temple y la razón.
Tu persona es el mejor guía personal en el recorrido de la vida. Aquel que ha de saber orientarse y encaminar un viaje de misterios y enigmas por descubrir.
Las frustraciones y fracasos de la vida debemos afrontarlas con el acicate de nuestro espíritu para que se conviertan en ánimo y lucha para poder superarlos.
Si «tú eres tu propio guía personal» has de saber abordar los contratiempos con aplomo y seguridad en ti mismo. Con serenidad y confianza en la toma de decisiones y determinaciones que tomemos en todo momento. Una tranquilidad en las creencias que tenemos que nos doten de valor y fortaleza frente a los tropiezos e impedimentos que nos aparezcan.
Ahora que «tú eres tu propio guía personal» es el momento en que debes afrontar los reveses de la vida con valor y fuerza del espíritu.
Tu firmeza en encarar las contrariedades de la vida han de ser un resorte de confianza y creencia propia. Un principio y porqué para seguir luchando por cualquier motivo o razón que creas conveniente.
Debemos buscar el camino de la vida con decisión y talante positivo. Tu decisión propia que te impregne de ánimo y motivación personal. Tú has de ser tu propio apoyo. Un soporte natural y pilar de cimiento ante las trabas, frenos y problemas a resolver.
No hay base personal en la vida que no necesite de unos principios y valores. Aquellos que nos hacen creer en nosotros mismos. Que nos sirven de soporte y apoyo para afrontar cualquier situación negativa.
Oriéntate en el trayecto que emprendas en la vida con tu elección singular propia. Aquella que hace que te llene de fuerza y entusiasmo por la que luchar y te haga conseguir tus anhelos y deseos. Que no tiene miedo a los fracasos, y que es tu verdadero fundamento y motivo de vida.
Despierta tu espíritu y tu empuje para seguir luchando ante el desaliento, la debilidad y las dificultades que aparezcan.
Si «tú eres tu propio guía personal» también has de ser un ejemplo en tu vida y acción diaria como aquel que va cargado con una mochila de ilusiones y deseos por conseguir.
Lucha y enfréntate a las adversidades con ilusión para poder vencerlas. Sin perder la esperanza ni la confianza en ti mismo como garante de seguridad y fortaleza. Aquella que nos haga vencer los miedos, debilidades y ataduras que nos envuelven.
Convierte los obstáculos y adversidades en incentivos de cambio para afrontar los reveses de la vida con fuerza positiva.
Si «tú eres tu propio guía personal» has de ver en tu fortaleza humana y voluntad, la mejor energía de ánimo y entereza que te dote de carácter y determinación ante las decisiones y elecciones que hagas en la vida.
No decaigas en el esfuerzo y el ánimo para que se conviertan en tus verdaderos compañeros de viaje. Haz de la energía personal la mejor fuerza para caminar y viajar en el proyecto de tu vida que te hayas marcado con las mejores garantías de éxito. Y no olvides que «tú eres tu propio guía personal».
Ya puedes emprender el camino de la vida.

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Capital humano

El capital humano es un factor empleado en la teoría económica que se refiere a la formación, experiencia, conocimientos y habilidades que se ponen en disposición para un proceso productivo o una actividad económica. Según el Grupo Banco Mundial en su informe 2020 Capital Index se afirmó que España obtenía un 0,73 en una escala de 0 a 1 sobre capital humano, situándose en el puesto 29 del mundo y por debajo de países colindantes como Francia o Portugal. Las cuestiones que destacan sobre este tipo de producción son el por qué cada vez más, los jóvenes y generaciones futuras perduran menos tiempo en sus puestos de trabajo que en generaciones anteriores, cuál es el factor que está causando el llamado “The Great Resignation” o el auge de las denominadas “softskills”, que han obtenido un papel fundamental en las contrataciones laborales.
Abordando la primera cuestión planteada es de vital importancia darse cuenta de cómo ha cambiado la sociedad y qué nuevo paradigma hay acerca del mercado laboral. Desde finales de los 80 y toda la generación Z la sociedad ha sufrido una gran individualización. A tenor de la postura de Ulrich Beck, ha habido una mayor preocupación por la autorrealización del yo y una desvinculación sobre las instituciones tradicionales como el trabajo. Por ello, las compañías tienen que entender el cambio social que ha sucedido, donde el trabajador busca la personalización de su propia vida, su autorrealización y para ello es fundamental que las empresas se adapten a los cambios y entiendan que, si se quieren trabajadores con motivación, con alicientes, que busquen las mismas metas que la compañía, es fundamental entender las claves de la sociedad neomoderna. Es de vital importancia destacar, como afirma Zygmunt Bauman la tendencia hacia una sociedad líquida, una sociedad donde hay una inconsistencia de valores e ideas, que inducen a un relativismo moral pero que a la vez permiten una fácil y rápida adaptabilidad al cambio. Un claro ejemplo de ello está siendo las renuncias de trabajo en Estados Unidos. Alrededor de 4 millones de personas ya han renunciado a su trabajo para montar su propio negocio. Cerca del 2,7% de toda la fuerza laboral de USA ha decidido adaptarse al cambio que supuso la pandemia. Muchas personas, entre ellas cargos ejecutivos, que no sentían como suyo el proyecto común de la empresa y el de ellos, dejaron sus puestos. Según una encuesta realizada por el Centro de Investigaciones Pew en Washington la mitad de ellos afirmaba que el motivo principal de su dimisión era el cuidado de los hijos derivado de la poca flexibilidad. Por causa de estos hechos, los equipos de recursos humanos y los técnicos de contratación no buscan las habilidades o la formación académica, sino que valoran más las “softskills” que el puro conocimiento técnico. Esto viene dado por la necesidad por parte de las empresas de encontrar capital que busque un compromiso a medio y largo plazo con la empresa, que pueda involucrarse y que perdure. Derivado de la sociedad líquida y la primacía de la autorrealización en muchos casos las habilidades como la empatía, la resiliencia o el compromiso han cobrado mucha más relevancia que las habilidades técnicas que pueden aprenderse con el paso del tiempo. Por ello, cabe resumir que es de vital importancia estudiar la evolución del capital humano en la historia y entender la gran importancia que tiene un trabajador que va en concordancia con la misión y la visión de la empresa.

Artículo cedido para el ágoradelpensamiento
Autor: Antoni Lorente González

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No dejemos nuestro destino en manos del azar y la suerte

Si partimos de la premisa de que la vida para el ser humano es un periplo de momentos y circunstancias imprevisibles nos deberíamos hacer la siguiente pregunta. ¿Podemos dejar en manos del azar y la suerte cualquier situación, tesitura de la vida que nos envuelva y aceche?
La vida es una suerte constante o no en el destino de nuestra existencia ante todo momento o estado en que nos encontremos, pero no podemos marcarnos propósitos a realizar que vengan predeterminados por la casualidad o la suerte sin contar con la razón y la sensatez de nuestros actos.
No hay actividad humana que no vaya condicionada por la aceptación de circunstancias y coyunturas inesperadas e imprevisibles. Aquellas que el destino nos la marca con fortuna o desdicha en el transcurso de nuestra existencia.
Las oportunidades que nos brinda la vida son destinos de azar y casualidad frente a situaciones y actividades que profesamos. Por tal motivo, la sensatez y el sentido común deben de tener la lógica en los planteamientos, la razón en las disposiciones y el juicio en las actuaciones.
No podemos dejar la vida en manos del azar ni el destino que nos acompaña como seres humanos; en el irrealismo alejado de todo planteamiento que no conlleve el sentido común, la sensatez y el criterio como principio ante las determinaciones que tomemos.
Dejar el destino de la vida a la ventura y la estrella que nos guíe es separarse del realismo, aislarse de la lógica y rechazar la inteligencia como fuente de respuesta ante las incógnitas. Toda resolución y situación de respuesta a estados y circunstancias que se nos presenten deben depender de nosotros mismos y no de la fortuna o la casualidad.
No podemos pensar en la fortuna de la suerte para vencer las coyunturas y circunstancias de la vida con sus eventualidades.
Tener principios sensatos, efectivos y objetivos concretos han de ser un principio y una norma de actuación a modo de regla, pauta y método como lógica de razón, juicio y planteamientos a seguir.
Lanzarnos a la suerte del azar es abandonar la cordura del entendimiento como virtud para discernir la realidad de la fantasía.
La vida no es una ficción es una realidad en constante movimiento donde somos actores principales privilegiados. Siendo así, tengamos un compromiso de sensatez con nuestra propia persona.
Una obligación de responsabilidad ante las dificultades, los problemas y las contrariedades que nos surjan. Sin abandonar el deber de responsabilidad para tomar decisiones reales, visibles y tangibles que sean ajenas a la suerte o eventualidad de la vida.
Debemos afrontar las circunstancias con objetivismo y autenticidad sin engañarnos en nuestras posibilidades y fortalezas que tengamos.
Ya que el destino de la vida es un caminar incierto no dejemos en manos del azar nuestro futuro en cualquier ámbito o índole que tomemos partido.
Estar en manos del azar es estar en manos de la inseguridad eventual e imprecisa. Un fotograma de imágenes borrosas y desconocidas que son incontroladas y que no podemos arriesgarnos a seguir.
Busquemos oportunidades verdaderas, ciertas y momentos lógicos para que nuestras disposiciones como actitud a emprender sean efectivas, juiciosas y sensatas.
Si los propósitos en la vida que nos planteamos son intenciones a realizar: la fortuna o el azar se nos pueden cruzar, pero no creamos en ellas como panacea mágica. La verdadera panacea son nuestras facultades, aptitudes, habilidades y suficiencias. Dejemos que sean un valor añadido bienvenido, pero no una finalidad en sí misma.
El realismo ante las circunstancias de la vida es la mejor suerte de azar que busca la lógica y el destino como meta.
Que el objetivo que nos marquemos en la vida este impregnado por la estrella de nuestro talento. Sera la mejor fortuna de azar, meta a conseguir y fin a alcanzar.
Si el destino es nuestro, dejémoslo en nuestras manos y no en el azar de la suerte.

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Cuando la apatía se convierte en un lastre para avanzar y crecer

¿Estamos dispuestos a mejorar y crecer como personas en todas las facetas que desarrollamos en la vida? ¿Tenemos activada una conducta positiva a la hora de emprender? ¿Mantenemos la fuerza y el impulso para avanzar en todo lo que acometemos? Si no es así, es debido al ánimo y la conducta que fruto de nuestras emociones nos conducen a la apatía. Hablamos de apatía cuando sentimos un freno en todas nuestras actuaciones que nos paraliza e inmoviliza, nos hace más débiles y nos genera la inacción para emprender. Es el momento en que nos encontramos ante un estancamiento de la persona para afrontar todas las facetas o actividades que nos hacen avanzar y crecer a nivel humano.
En el transcurso de nuestras actividades en la vida no podemos caer en el desaliento y el desánimo; debemos despertar el valor de nuestra persona con carácter y energía. Marcándonos metas y retos a conseguir con ánimo y empuje de superación. Sin desfallecer ni flaquear como acicate para vencer los miedos, traumas, y la negatividad que nos envuelve.
Para crecer como personas necesitamos aliento y voluntad de ánimo e impulso ante el estancamiento en que nos encontremos.
No hay mejor forma para abandonar la desgana que aquella que nos motiva y nos ofrece la razón de ser y por lo que luchar. Desde la ilusión por las anhelos, proyectos e ilusiones que tengamos.
Abandonar la apatía es recobrar las ganas por la vida, sin dejar de creer en uno mismo. Sentirnos útiles y ver el valor de la vida, manteniendo las convicciones que tengamos siempre firmes.
No hagamos de la apatía un lastre que nos condicione nuestra vida diaria y nuestros sueños. Dejemos los frenos que nos merman y nos crean más obstáculos y dificultades de las debidas.
Para avanzar ante la apatía debemos superar el derrotismo y el pesimismo que nos envuelve, cambiando el paradigma de nuestra estructura mental. Necesitamos cambiar la apatía por el avance, y la desgana por el crecimiento. Avance como medio y herramienta de superación, evolución y progreso. Y crecimiento como formula par no decaer ni perder la moral o el ánimo.
La superación de la apatía siempre necesita de un carácter y voluntad fuerte. Un espíritu positivo y un alma limpia de negatividad. Aquella que mantiene la decisión y el valor en lo que creemos.
Si todo lastre en la vida es una rémora y un impedimento a combatir. Veamos la apatía como la traba y el escollo que no entorpece parta evolucionar, progresar y avanzar como personas.
La energía del alma nos hace crecer y mejorar, nos devuelve el ánimo y nos aleja de la apatía. Es la mejor motivación y tenacidad para recobrar el interés, el valor y las ganas por vivir y hacer cosas.
Cuando empezamos a creer en nosotros mismos, la apatía se aleja y los sentimientos se convierten en positivos. El avance y el crecimiento personal nos estimula y nos hace recobrar el interés y las ganas por las cosas que creemos.
El avance y la mejora en cualquier faceta de la vida siempre requieren del deseo y las ganas para ejercitarlos y llevarlos a la práctica. Aquellos que nos despiertan el interés como mejor manera para que puedan llegar a buen puerto.
Venzamos los temores y la desconfianza en nosotros mismos, evolucionando y mejorando día a día.
Seamos nuestro mejor valor seguro. Aquel que es energía y vida, pero también fortaleza ante el desaliento y el abandono. Que nos aporta tesón frente a las debilidades y tenacidad para poder seguir adelante.
Vencer la apatía, es volver a evolucionar como personas, progresar hacia un nuevo cambio y mejorar para no fracasar. Cuando hablamos de fracasar, estamos hablando de nosotros mismos con nuestras ilusiones, sueños y ambiciones.
No debemos caer en el derrotismo que nos hace caer en el desánimo y el pesimismo ante la vida.
Abandonemos el desánimo personal que nos mengua la voluntad. Hagamos de la voluntad un estado de deseo e interés que nos lleve a recobrar las aspiraciones, los sueños y la esperanza. Cuando esto ocurre estamos abandonando la desidia en su máxima expresión, ya que el abandono y el desinterés pierden todo su valor.
Hagamos de nuestras emociones un valor de empuje e ímpetu, de energía y fuerza. Donde el ánimo nos impregne del carácter necesario en las decisiones que tomemos. Sin perder el aliento ni caer en la desgana. Es el camino contrario a la apatía, el que nos hace avanzar, superar obstáculos y cuadros mentales prefabricados. Que nos dota de aliento y vigor, pero también nos aporta seguridad y fortaleza.
Seamos nuestro propio nervio y estimulo ante la indiferencia y la desidia. Y convirtamos el desánimo en valor y empuje; dejando nuestras emociones negativas y reconvertirlas en empeño y deseo.
Sigamos el camino de la vida desde el equilibrio personal y la higiene mental que nos libere de la desgana, el abandono y la apatía para seguir creyendo en nosotros mismos.
Luchemos por lo que ansiamos sin flaquear ni desfallecer en el intento. Y no seamos el lastre que nos merme para progresar sin dudas ni miedos.
Sigamos creyendo en nuestro sueños para avanzar y crecer.

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Introspección personal

El ser humano se encuentra en un periodo constante de evolución, pero: ¿sabemos evolucionar como personas acorde a nuestro propio autoconocimiento?
Toda transformación personal necesita el análisis de nuestros sentimientos subjetivos. Aquellos en que conocemos nuestras virtudes de fuerza y firmeza, pero también de aquellas creencias que tenemos en nuestras decisiones y aspectos en los que fallamos.
La introspección personal ha de servir como distintivo de naturaleza propia que nos defina como seres humanos. Una descripción interior de nuestros sentimientos y acciones que nos ayuden en nuestro desarrollo, crecimiento y progreso personal.
No hay cambio en la evolución de una persona que no requiera del análisis de nuestras fortaleza y debilidades.
Nuestras capacidades son la base y escudo que nos ayudan a enfrentarnos ante los obstáculos y las adversidades.
La virtud de la introspección personal nos aporta solidez y firmeza en nuestros actos y quehaceres diarios que emprendemos. Nos mantienen firmes y nos genera plenitud de vida.
Si buscamos la transformación del alma, necesitamos un desarrollo interior que nos haga crecer y progresar a nivel humano.
Es en el análisis de nuestras emociones y situaciones propias donde podemos examinar aquellas debilidades que nos frenan en nuestras decisiones y nos hacen ver todos los aspectos en los que fallamos.
El autoconocimiento es la base y origen de los cimientos de nuestra persona con sus pros y contras. Un fundamento a modo de apoyo que nos sirve de puntal para avanzar y mejorar. Además nos aporta el impulso necesario y nos dota del estímulo para desarrollarnos y crecer.
Si nuestras debilidades son sentimientos subjetivos de creencias y vacíos personales que nos atormentan. Debemos ver en los aspectos negativos oportunidades a modo de acicate en la búsqueda del cambio y la transformación.
Hagamos una conversión de cambio evolutivo que descubra también nuestras habilidades y virtudes. Unas disposiciones que transformen nuestra conducta en positivo, mejoren nuestra aptitud, y creen las condiciones de aprendizaje y mejora personal.
Estamos viendo que la introspección personal es un método de enseñanza propia de nosotros mismos. Una forma de actuación ante la vida que nos aporte éxito, mejora y desarrollo humano. Desarrollo entendido como avance y crecimiento. Mejora a modo de perfeccionamiento en poder hacer cualquier actividad y actuación en la vida. Y éxito como culminación de todos aquellas metas, anhelos y deseos que nos planteemos realizar a lo largo de nuestra existencia vital.
Veamos en nuestras debilidades oportunidades de cambio y evolución. Y veamos en nuestras fortalezas oportunidades para conocernos mejor y poder enfrentarnos sin miedos ni corsés a nosotros mismos.
A veces nos preguntamos: ¿sabemos como somos? El saber y el autoconocimiento son cualidades que adquirimos desde la introspección personal. Desde el autoconocimiento sabemos más de nuestro interior más profundo. Tenemos un entendimiento y consciencia de todo los que nos rodea y envuelve. Y despierta nuestra inteligencia a través de la mente y el pensamiento.
Cuando hablamos de la mente a partir del autoconocimiento estamos despertando nuestras capacidades, reflexiones y juicios como personas. Aquellas que desde el entendimiento nos impregnan de observación y opinión.
La introspección personal es la herramienta que desde la visión mas profunda de nuestras emociones nos hace evolucionar y despertar las virtudes y sentimientos más subjetivos. Una piedra angular que nos aviva el saber, el talento, nuestras suficiencias y facultades propias.
Veamos desde la introspección personal nuestras capacidades mas innatas. Aquellas que desde el autoconocimiento nos hagan progresar, crecer y ser mejores con nosotros mismos y el mundo que nos envuelve.
Empecemos el camino y vayamos en la búsqueda de nuestro interior más profundo.

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Los nuevos líderes en las empresas ante los nuevos tiempos

Estamos viviendo unos tiempos de cambios y convulsión de toda índole (políticos, sociales, económicos). Ante ello, las empresas no son ajenas a estos hechos. De tal manera que los líderes en las empresas se tienen que adaptar a ellos y a las nuevas realidades que nos envuelven con nuevos enfoques y nuevas formas de proceder.
Las empresas necesitan lideres con convicciones claras y definidas. Unas actitudes extrovertidas en su día a día que persistan en sus objetivos y metas de sus equipos humanos.
La voluntad en el nuevo líder del cambio debe ser convincente para generar confianza en su equipo.
Cada vez en las empresas se necesitan más lideres expertos que tengan binomios claros de actitud y aptitud.
Es necesario en las empresas la figura de un líder que sea perceptivo en todo lo que le rodea y envuelva para tener criterios claros en todas las resoluciones a adoptar que se presenten.
En todas las empresas, las estrategias y los planes de actuación son claves en el desarrollo de las políticas para que lleguen a buen puerto. Por tal motivo, el líder tiene que tener una visión que sepa conjugar sus emociones, pero también las decisiones que tome.
Es imprescindible un líder que sea exigente, pero también a la vez paciente (que sepa valorar el reconocimiento y valoración de meritos).
Las nuevas realidades con cambios en la visión de las cosas y el entorno que nos rodean requieren de líderes con control de si mismos, y ordenados en sus ideas y planteamientos.
En tiempos de cambios, el líder ha de ser el mejor vendedor de su capital humano. Verdadero constructor de estímulo emocional, organización grupal y ética personal en las decisiones que tome.
Las dificultades ante momentos difíciles precisan de líderes con constancia. Aquellos que transmitan optimismo y sean tolerantes en sus labores diarias.
Es clave desarrollar la confianza del capital humano en un líder. A la vez, que estimular su crecimiento y avanzar en su desarrollo personal a modo de motivador en todas las estrategias a seguir y las actuaciones a proceder.
Ante nuevos tiempos, la comunicación de un líder es clave ante sus colaboradores. Aprovechando desde el mejor entendimiento grupal, la sinceridad como mejor método de eficacia y eficiencia. Esto no quita que un líder debe tener cualidades tan importantes como: carácter, dotes de mando y capacidad personal. Como al mismo tiempo ha de ser discreto y responsable en su labores de mando.
En los tiempos difíciles, las empresas deben buscar lideres con habilidades innatas de capacidad de diálogo y asertividad.
En los equipos humanos de las empresas es vital, las reflexiones en grupo, el aplomo personal y la analítica como personas activas en todas las situaciones a seguir y trabajar.
En momentos de confusión y visiones contrapuestas, los lideres deben tener adaptabilidad y positividad. Unos verdaderos lideres que fomenten la creatividad y la flexibilidad de sus empleados. No solo para que no queden en una simple idea, sino que sean realidad y lleguen a su verdadera implementación.
El líder abierto y con amplitud de miras siempre conlleva una actitud corporativa con su gente en sus labores a realizar y planes de actuación a desarrollar.
El capital humano de una empresa siempre mantiene un plus de estímulo cuando cuenta con líderes que transmiten fiabilidad. Aquella fiabilidad entendida como seguridad, honestidad y honradez personal.
Las empresas deben buscar lideres con mentes abiertas que transmitan una actitud corporativa ante sus empleados, una integridad personal y que sean generadores de confianza.
Si el capital humano de una empresa es su mejor patrimonio. Los líderes han de ser guías, focos de luz, y soporte de ayuda para mejorar sus capacidades, talento y crecimiento personal.
El nuevo líder ante los nuevos tiempos tiene que tener recetas que no solo sean simples reglas a seguir teóricas, sino prácticas en la realidad diaria. Aquellas que descubran el mejor interior humano de su gente, fomente sus competencias y reconozca sus fortalezas. Solo desde ese prisma haremos empresas fuertes y empleados contentos con guías que sean verdaderos focos de luz a seguir.

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El éxito no lo es todo

No hay fin a alcanzar o resultado a conseguir en cualquier faceta de la vida que hagamos los seres humanos que no busque el éxito. Pero, ¿Qué pasa cuando vemos el éxito no conseguido como un fracaso? Es el resultado o consecuencia en que nos vemos obligados a no fallar al entorno que nos rodea. Todo ello, es consecuencia a la presión de una sociedad que solo ve el éxito como la fortaleza de los ganadores. Una imagen distorsionada de la persona, su valor de esfuerzo, independientemente de los logros que esta pueda conseguir.
El ser humano se encuentra ante una sociedad competitiva de la inmediatez, el resultado positivo y el triunfo personal.
Veamos al ser humano, tal cual, con sus limitaciones y fortalezas. Y no nos dejemos llevar por el envoltorio solo de los ganadores, sino también por aquellos que luchan por un sueño, meta o anhelo a conseguir.
Aprendamos de la vida, de las personas que con su empuje intentan mejorar día a día y desarrollar su mejor interior.
Si solo valoramos el éxito en la vida estaremos creando individuos y sociedades de fracasados. Y este miedo específicamente al rechazo que nos supondría el fracaso es el mismo que nos paraliza a la hora de emprender, nos condiciona, aterroriza ante el entorno y la opinión social que nos rodea.
No hagamos del fracaso un freno por intentar ser mejores y crecer a nivel individual. Al revés, el fracaso ha de ser el acicate de la ilusión para seguir, emprender y luchar por los sueños que tengamos. Aquella ilusión por creer en la vida y en nosotros mismos sin negatividad ni titubeos.
El éxito en la vida no lo es todo. La vida nos trae caminos a explorar que nos ayudan a mejorar y crecer como personas con el resultado de muchos andares y secuencias vividas.
El fracaso también conlleva fortaleza personal por emprender sin saber el resultado de todo lo realizado y el éxito que podamos tener.
El crecimiento personal y nuestro desarrollo interno ya es un éxito en si mismo por descubrir como manera de que no tengamos miedo al que dirán.
Alejemos el pesimismo y el miedo a no creer en nosotros mismos. Ya que si creemos en nosotros, el éxito personal interior será la mejor vacuna frente al fracaso. El mejor baluarte de creencia y fortaleza propia.
Ya que el éxito no lo es todo en la vida, no hagamos de nuestra vida una carrera de obstáculos y trabas que no nos dejen ser como somos. Al final, el éxito es la suma de muchos fracasos. La suma de muchas ilusiones a conseguir y la fortaleza de nuestras convicciones propias.
No perdamos las convicciones que tenemos en todo lo que hagamos, y no perdamos la ilusión en creer, luchar y seguir para poder alcanzar pequeñas victorias personales que nos hagan ser mejores. Ese es el mejor éxito; el que no se habla, pero el que nos reconforta, nos hace ser diferentes, y nos ayuda a no caer en los momentos difíciles que tengamos.
El éxito nunca viene de los demás, el éxito siempre viene de nosotros como guías de nuestro destino y camino a seguir.
Veamos el éxito como una culminación personal, pero sin atormentarnos. Es la mejor manera para que cuando las victorias vengan se puedan saborear mejor con el trabajo bien hecho y el resultado obtenido.
Hagamos de las derrotas una reflexión positiva y un punto de partida para ver que aun hay camino a seguir y camino a mejorar.
No creemos sociedades de fracasados que solo vean al ser humano como algo superficial. Veamos al ser humano desde su vertiente más profunda en el que se le valora su esfuerzo, tesón y lucha. Y en la que no solo se le valora el resultado que obtenga, sino la de sus valores personales. Aquellos que son su mejor éxito y carta de presentación como persona.
Luchemos por lo que creemos con ilusión y fe en nosotros mismos. Es el éxito que nunca fracasa y que nunca nos abandona. Un auténtico binomio de victoria para seguir caminando y emprendiendo.

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La negatividad como aliada de los miedos en la toma de decisiones

Ante la toma de decisiones en cualquier parcela de la vida (personal, profesional, económica), hay varios factores que nos ayudan a enfortecer nuestras actuaciones y poder hacerles frente.
Toda decisión, acarrea miedos y dudas que hasta cierto punto son normales ante el miedo de no caer en la equivocación. El problema empieza cuando los miedos se convierten en negatividad. Un momento en que nuestra actitud personal nos impide ver las cosas, sus razonamientos, perspectivas y decisiones a tomar.
Durante el transcurso de la vida, los seres humanos nos encontramos ante infinidad de situaciones, problemáticas y momentos que requieren de decisiones personales a tomar. Unas decisiones a veces difíciles que necesitan de una actitud y fortaleza mental fuerte para ver la realidad, su entorno y todo lo que nos envuelve, con perspectiva y desde la mejor visión de los hechos para no equivocarnos.
Los miedos en la vida de los seres humanos en su quehacer diario son legítimos y forman parte de la conducta humana.
Para tomar decisiones adecuadas en momentos difíciles, se necesitan tres pilares básicos: autoestima, confianza y espíritu positivo. Autoestima la debemos entender como seguridad en uno mismo y creencia en todo lo que hacemos en nuestra vida diaria. Confianza como esperanza de éxito ante las decisiones que tomemos con convicción y convencimiento propio. Y espíritu positivo como la actitud que nos sirve de acicate para no caer en el derrotismo ni la resignación
Las tomas de decisiones para las personas son formas y estados que nos ponen a prueba y nos hacen ver nuestras fortalezas y debilidades desde el plano personal y emocional.
En nuestra labor diaria si vemos la vida con optimismo y una actitud fuerte y positiva, la realidad de todo lo que nos acontece y envuelve hará vernos la realidad sin negatividad y desde la mejor perspectiva de actuación y desarrollo para ejercerla.
Debemos tener claro que en el transcurso de nuestra vida y ante las diferentes situaciones que vivimos, los miedos son siempre frenos que afectan a nuestra autoestima y que muchas veces nos hacen caer en la resignación.
Si queremos afrontar los envites de la vida con las mejores garantías, debemos mantener una fortaleza en nuestros principios y convicciones que son siempre el mejor baluarte para nuestro crecimiento personal.
Cuando en nuestra labor cotidiana, la negatividad la vemos como una compañera de viaje, todas nuestras actuaciones y comportamientos solo nos conducirán a la desesperanza. Una desesperanza que nos obstaculiza, nos hace perder la ilusión frente a las adversidades, y nos impide un desarrollo personal que nos haga crecer, nos sirva de cambio y verdadero fortalecimiento humano.
En nuestra vida personal y quehacer ordinario, no hagamos de las adversidades el mejor caldo de cultivo de la negatividad. Al revés, hagamos de nuestra persona el mejor cambio de autoestima que nos sirva de vacuna ante el pesimismo y la desilusión.
La realidad que vivimos y las tomas de decisiones que tengamos que poner en práctica necesitan de una actitud que conlleve motivación, estimulo y acicate ante los miedos a superar.
Si los miedos solo conllevan falta de seguridad y desconfianza, las tristezas ante las contrariedades solo serán un freno de negatividad en nuestro progreso y avance.
Veamos la vida con optimismo para que la toma de decisiones las tomemos con una actitud que nos haga ver la realidad desde el mejor prisma sin miedos ni pesimismo.
Que nuestra autoestima nos aleje de la resignación, nos transmita animo, mejorando nuestro crecimiento personal, y sean el mejor cambio frente a la negatividad y las contrariedades.
Si la ilusión nos invade ante cualquier toma de decisión que tengamos que afrontar, tendremos un espíritu positivo que nos haga vencer el desaliento.
Confianza, seguridad y aplomo han de ser la mejor defensa de avance y progreso ante la toma de decisiones para no caer en la desesperanza y la resignación.
Que el avance y el progreso personal sean nuestro mejor camino a seguir que nos aleje de la negatividad como mejor aliada de los miedos y descubra el espíritu positivo que llevamos dentro.

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