La aceptación personal nos ayuda a crecer

Las personas en su conjunto somos iguales pero somos diferentes. Ahí radica la magia y el encanto del ser humano y su diferencia (sexo, físico, capacidades, aptitudes, pensamiento).
Si somos como somos (tal cual), con nuestros miedos, contradicciones, dudas y limitaciones en nuestro devenir existencial, nos deberíamos preguntar: ¿nos aceptamos tal como somos? ¿Sabemos convivir con nuestras limitaciones? ¿Nos gustaría estar mejor con nosotros mismos?
La aceptación personal no solo es admitir como somos. Es a partir de como somos, aceptarnos mejor a nivel personal y humano para intentar ser un poco más felices con nosotros mismos.
Conseguir crecer es progresar como personas y creer en nuestras capacidades con una actitud contraria a la resignación de nuestras limitaciones.
Saber admitir las fortalezas y debilidades nos hacen avanzar en el potencial que poseemos y el provecho que le podemos sacar.
No hay que conformarse con la mediocridad, al revés hay que progresar en el impulso de nuestras virtudes humanas como valor de eficacia y fuerza.
Alejemos las barreras mentales que nos creamos permanentemente con motivación, esfuerzo y firmeza a modo de estimulo personal de conveniencia y acierto en lo que hagamos y emprendamos.
Aprobarnos a nosotros mismos en nuestra esencia autentica es desarrollar nuestra mejora interior, aquella que mejor nos faculta como personas y seres humanos.
Creer en el cambio personal es una virtud natural y acicate ante las barreras y obstáculos como incentivo de oportunidades nuevas.
Reconocer y fomentar las suficiencias propias nos ayuda a tener una disposición ante la vida de incentivo y valía para conseguir nuestros objetivos y metas.
Resignación, conformidad y sumisión han de ser palabras alejadas de nuestras mente a modo de barreras que nos entorpecen en nuestro avance, crecimiento y progreso humano en cualquier ámbito o que participemos.
Busquemos en la motivación un aliciente de estímulo en el tiempo para aprovechar al máximo el talento en el desarrollo de nuestras habilidades y competencias.
Abordar con eficacia e inteligencia las barreras e impedimentos de la vida nos ayudara a creer más en nosotros y en nuestras posibilidades.
Los aciertos en nuestras acciones cotidianas siempre vienen dadas cuando se rompen barreras (no solo circunstanciales, sino también personales), se es firme en las convicciones y se utiliza la fuerza del esfuerzo como herramienta de avance de nuestras capacidades.
No hay valor del esfuerzo que no necesite de las ganas ante las metas, la eficacia para conseguirlas y el valor y el interés para ir detrás de ellas.
El crecimiento personal siempre viene dado cuando creemos en nuestro desarrollo interior, despertamos el ánimo y evolucionamos como personas. Es un proceso de cambio, maduración personal y transformación del espíritu.
Conseguir ser uno mismo es romper las barreras que no nos hacen ver la luz por nuestros miedos y debilidades internas.
Ganemos el reto de los miedos personales sabiendo resistir, rompiendo tabús propios y admitiéndolos para alejarlos y poder ser como somos.
El valor personal de crecer es la mejor capacidad de aptitud, talento y eficacia en nuestras tareas, ocupaciones y quehaceres.
Nuestras facultades propias, nuestra existencia humana y los sentimientos que nos envuelven forman parte de nuestra persona; siendo estados de actitud y compromiso ante la vida y lo que nos rodea.
No hay mejor perfeccionamiento humano que aquel que nace desde el alma, se desarrolla y se pone al servicio de las demás, que ofrece lo mejor de nosotros y no pide nada a cambio.
Avancemos aceptándonos como somos, y mejoremos en ser mejores de como somos. Es la mejor forma de aceptarnos y seguir creciendo.
Hagamos del desarrollo personal una herramienta útil de mejora y transformación humana.
Es el mejor paso al comienzo de un nuevo tiempo de cambio y renovación en toda su esencia.
Un encuentro con nosotros mismos como mejora de evolución y progreso.
Despertemos el potencial que llevamos dentro y que aún está por descubrir.
Es tu momento, aprovéchalo.

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¿Cómo ves el vaso, medio lleno o medio vacío?

¿Percibimos la realidad de la misma forma los seres humanos? ¿Cómo afecta nuestro carácter en el sentir de la vida? ¿Influyen nuestras emociones en la actuación y manera de ver las cosas?
Todas las intenciones o deseos en la vida son situaciones que viven los seres humanos en el día a día. Aquellas que dependen de nuestras emociones y sentimientos y que nos afectan en función de las eventualidades, estados o contingencias que se producen (a nivel personal, familiar, profesional, afectivo).
La realidad o perspectiva de los hechos que nos acontecen a diario tienen una influencia en nuestro carácter y forma de pensar y actuar. Es nuestra personalidad y temperamento con su idiosincrasia propia que marcan las emociones, sentimientos y realidades que sentimos y percibimos.
Las impresiones humanas en nuestra forma de sentir están condicionadas por la conducta en ver las cosas desde la disposición de nuestro estado afectivo, del conocimiento de uno mismo y sus circunstancias.
La influencia de las emociones, la forma de actuación y comportamiento en la vida es un modelo claro que conforma la visión propia que tenemos desde su espíritu positivo o el derrotismo que impregna la negatividad.
Una pregunta nítida de nuestra percepción de lo que nos envuelve y la respuesta del ánimo ante lo que nos acontece frente a cualquier hecho o consideración sería: ¿cómo vemos en la vida el vaso, medio lleno o medio vacío?
Si nuestra ánimo es pesimista veremos las cosas siempre desde el estado más desfavorable, pero si aceptamos la realidad desde el optimismo aceptaremos la realidad de los problemas con más objetividad descubriendo la capacidad que tenemos para poder hacerles frente.
La actitud personal ante la vida es una muestra de nuestro carácter y punto de vista desde el prisma propio de la realidad que tenemos haciéndonos sentir emociones y sensaciones.
No caigamos en la visión catastrófica de la negatividad de las cosas ni de los pensamientos que nos provoquen desaliento, tristeza y desesperanza.
Mantengamos un talante positivo en la actitud y el entusiasmo como fuente de energía y empuje ante las dificultades y los momentos de debilidad.
La predisposición ante las decisiones y comportamientos que tengamos han de tener un temperamento de temple, ganas y apuesta por hacer cosas. Viendo en las capacidades personales un modo de impulso ante las contrariedades y acicate de nuestro interior más profundo.
No veamos el vaso medio lleno de desesperanza y negatividad con nosotros y con los demás. Al revés, hagamos que el derrotismo se convierta en triunfo y optimismo, y la desesperanza en ilusión.
El vaso veámoslo lleno de tesón por luchar y afrontar las vicisitudes y complejidades que nos aparezcan manteniendo el espíritu de superación; la fuerza de la convicción y el valor del empeño en persistencia para mantenernos firmes y constantes en nuestras formas de obrar y creencias propias.
Demos un nuevo enfoque a nuestra vida con un cambio de talante personal. Una nueva postura para encarar retos, metas y envites de la vida que nos hagan pasar del pesimismo al optimismo; del vaso medio vacío al vaso medio lleno.
Hagamos que la esperanza no sea una quimera, sino un sentimiento de satisfacción y plenitud personal.
Los sentimientos son emociones del ánimo que han de estar alejadas y aparcadas de todo derrotismo y negatividad.
No perdamos la entereza en la lucha por lo que creemos y ansiamos con la fuerza del empeño y el ánimo de nuestro talante.
Alejemos de nuestra mente la visión de ver el vaso medio vacío teniendo la panorámica de ver las cosas siempre desde el prisma de la esperanza real y efectiva.
No tengamos una percepción y enfoque de la vida distorsionada por prejuicios negativos de antemano que nos mermen y paralicen en nuestros quehaceres cotidianos.
El optimismo ha de ser un estado de ánimo de nuestras emociones que nos dote de confianza y persistencia en todo lo que hagamos.
La negatividad solo se vence con la fortaleza del ánimo del espíritu y el empeño para combatir el derrotismo.
No hay desaliento en la vida que no se vea vencido por un talante positivo de nuestras acciones y actuaciones.
Si la actitud es parte de nuestra personalidad, el comportamiento ha de tener una disposición positiva de ánimo y energía interior.
La visión o percepción del vaso medio vacío están acompañadas de conductas alejadas de la debilidad, el pesimismo y el desánimo.
Aislemos de nuestra mente sensaciones y sentimientos negativos que nos hagan perder el afecto propio y las emociones humanas como nobleza de afectividad y emotividad.
No tengamos una visión distorsionada de la percepción de la realidad de las cosas desde la negatividad en ver el vaso medio vacío, sino por medio de la fortaleza del espíritu para que veamos el vaso medio lleno.
Propugnemos un cambio de paradigma y un nuevo enfoque de todo lo que nos acontece y rodea a través de la conducta, el ánimo y la actitud positiva.
Hagamos del cambio personal el mejor aliado y acicate ante una nueva visión de vida.
Ese es nuestro compromiso.

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Yo soy yo y mi circunstancia

En el trayecto de la vida, el ser humano vive en un entorno personal que determina y le condiciona a nivel individual sus estados, situaciones, coyunturas, circunstancias y condiciones particulares que marcan su existencia vital en primera persona a través de su actuación, conducta y comportamiento.
Si yo soy yo y mi circunstancia. Estamos ante el verdadero relato existencial de la persona en su andadura existencial por la vida. Es su persona como individuo único, que marca su talante, carácter y naturaleza o modo de ser. Que se ha de enfrentar al entorno que le rodea y a las situaciones que se le presenten en todo ámbito y medio que se desenvuelva. Unas coyunturas en las situaciones y fases que se produzcan; intentándolas convertir en oportunidades de conveniencia, provecho y utilidad propia. Siendo su esfera de actuación una condición de estado y disposición que ponen a prueba nuestras habilidades y capacidades que ejercitemos en las competencias y retos.
Las circunstancias y momentos de la vida siempre conllevan coyunturas de oportunidades y ocasiones de provecho y utilidad a emplear como beneficio propio e interés particular.
Si las ocasiones en la vida en forma positiva vienen dadas por situaciones determinadas y circunstancias imprevisibles; utilicemos el entorno en cualquier medio que tomemos partido para aprovechar nuestra disposición, aptitud y suficiencias.
Aprovechemos la aptitud y categoría personal que tenemos desde las coyunturas más favorables de naturaleza y disposición para poner en práctica con los estados, condiciones y circunstancias que lo requieran y nos interesen más.
Hemos de explotar las situaciones que nos surjan en la vida con las condiciones de capacidad, trato e ingenio que tengamos.
La actitud personal es la mejor postura para crear condiciones favorables y convenientes que nos sean ventajosas, fructíferas y positivas. A partir de la eficacia como requisito y estado de beneficio, ventaja y conveniencia.
La persona humana como ser y esencia natural en forma de naturaleza y personalidad propia, determina en su identidad, su relación y vínculos ante lo que le rodea (trato personal, amistad, comunicación, relaciones). Es decir, desde su entorno global de actuación: analiza, estudia y realiza la toma de decisiones y determinaciones por medio de su voluntad en la búsqueda de alcanzar las intenciones y deseos que anhela.
Yo soy yo. Es el individuo como ser y existencia de vida, con su conducta, comportamiento y proceder. Una manera de obrar, gestionar y conducir lo que le concierne y preocupa en la vida de la mejor forma, manera y actitud.
Mi circunstancia. ¿Qué es? Viene dada por aquellos estados del individuo en que las circunstancias son eventualidades en forma de contingencias, posibilidades e imprevistos que le puede deparar la vida en todo entorno o espacio en que se mueva (tarea, ocupación, trabajo). Estas eventualidades en el ser humano pueden manifestarse en el transcurso de su vida en forma de suerte, desdicha o imprevistos negativos.
Cuando hablamos de “yo soy y mi circunstancia”, estamos hablando de la persona humana en si misma desde diferentes contextos y circunstancias que rodean su entorno. Aquellas que deben transmitir conductas positivas que no interfieran ante cualquier tipo de disposición forma y naturaleza en modo de eventualidad, suceso o posibilidad imprevista e irreversible. Por tal motivo, es determinante una actitud clara y explícita de lo inesperado y repentino que nos pueda surgir en toda circunstancia, estado o situación que venga determinada por la firmeza como fortaleza, la fuerza como energía y examen preciso frente a los problemas y la toma de decisiones.
Actitud, integridad y vigor son parte del carácter, aplomo y serenidad en toda conducta o talante a emprender, independientemente del momento, ocasión u oportunidad que se produzca.
Tengamos presente en todo contexto o circunstancia un espíritu de ánimo, coraje y energía de determinación en cualquier ámbito de actividad, conducta y comportamiento.
Yo soy yo y mi circunstancia. Auténtica realidad del ser humano con sus enigmas y misterios propios de todo lo que nos rodea y preocupa.
Que ninguna coyuntura ni eventualidad nos lleve al desaliento.
Sé tu propia energía y fuerza.

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La voluntad como fortaleza y predisposición para alcanzar las metas

No hay meta, reto u objetivo que no necesite de una idea, un proyecto, una estrategia y un plan de ejecución. Sin embargo, no hay propósito a seguir que no vaya condicionado con la inteligencia para desarrollarlos, la fortaleza para emprenderlos y la capacidad personal para alcanzarlos.
Hay dos conceptos básicos a realizar para que haya una culminación optima en la consecución de las metas: el binomio entre el conocimiento y el emprender, siempre que vayan ligados a la voluntad. Hablamos de emprender como esfuerzo y potencia de movimiento. Y voluntad entendida como capacidad de querer. “Yo quiero”, es la voluntad a modo de predisposición para conseguir cualquier fin u objetivo .
La inteligencia sin voluntad nunca llega lejos ya que necesita ir acompañada del deseo y las intenciones para acometer o poner en marcha cualquier proyecto, plan o idea.
La voluntad es la fortaleza interna natural que nos mueve a hacer cosas y es complemento consustancial de la inteligencia.
Nuestra potencia humana de energía y fuerza es la vitalidad personal que conlleva la voluntad. Que nos hace movernos, activarnos y nos sirve de estímulo en las intenciones y determinaciones que tomemos. Aquel ánimo vital de los deseos por lograr y empeños por conseguir.
Todo empeño requiere el tesón del sacrificio y el vigor del ánimo para materializar los objetivos que nos propongamos. El ánimo en los objetivos es una fortaleza de aliento y estimulo para que los anhelos y deseos se puedan culminar desde la ambición y el valor de la determinación.
Veamos en la aptitud de la voluntad el sacrificio del esfuerzo que nos dota de la capacidad para sacar provecho de nuestro conocimiento y obtener nuestros fines deseados.
Las ambiciones a alcanzar requieren aptitudes de suficiencia, pero también fuerza personal y voluntad de esfuerzo para culminar nuestras metas.
No hay razón de ser que no busque una finalidad a conseguir, una disposición para emprender y un estimulo de valor y decisión ante los empeños y aspiraciones por conquistar.
Las metas se consiguen con talento e inteligencia, sin embargo el esfuerzo y el coraje son determinantes para que se culminen y lleguen a buen puerto.
La predisposición para emprender objetivos es un acicate de motivación que nos aviva el conocimiento, despierta en interés y la voluntad de ímpetu positivo para lograr nuestras pretensiones con más garantías.
Es sabido que las metas necesitan estímulos y conocimientos, sin embargo si no van acompañadas de voluntad e interés están condenadas al fracaso.
Valoremos la voluntad como valor de fortaleza y nervio ante las decisiones y propósitos que tengamos.
Nuestra potencia personal interior es la mejor fuerza de predisposición y coraje frente a los objetivos y ambiciones a modo de revulsivo y acicate.
Desde el conocimiento, la razón y la inteligencia marquémonos objetivos a alcanzar reales que refuercen nuestro coraje y empeño por lo que creemos y ansiamos sin perder nuestras convicciones.
No hay voluntad sin esfuerzo ni sacrificio que no requiera ánimo para emprender y voluntad para conseguir todos los propósitos e intenciones que iniciemos.
Ante las metas, el ánimo y la fortaleza personal nos dotan de aliento y nervio como valor humano y capacidad de superación ante las dificultades para obtener los propósitos perseguidos.
La voluntad no es una simple intención, es un deseo por conseguir unas ganas por que luchar y unos anhelos para ir en su búsqueda .
El empeño, el sacrificio y el vigor con que luchamos por lo que ansiamos es el mejor impulso y estímulo personal como apuesta de éxito.
La capacidad por alcanzar las metas está condicionada por la determinación en nuestras decisiones, la voluntad por desearlas y nuestra capacidad y competencia personal en afrontarlas.
Vayamos en busca de nuestros objetivos marcados con un equipaje lleno de talento, voluntad y esfuerzo. Es la mejor garantía de éxito y triunfo.

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Análisis de nuestra sociedad actual

En el tiempo que nos ha tocado vivir, los seres humanos estamos instalados en una sociedad consumista, fría y deshumanizada e insensibilizada por los problemas ajenos, en que la violencia, las desigualdades sociales y la intolerancia están marcando por desgracia parte de nuestra vida cotidiana diaria. Estos procederes reprobables y comportamientos negativos nos deben hacer reflexionar, meditar y pensar sobre los motivos y causas que han provocado esta situación actual en que nos encontramos y que debemos mejorar por el bien propio y de nuestra misma sociedad.
Desde lo largo de la historia y del tiempo, las sociedades en todo su conjunto han sufrido transformaciones desde todos los ámbitos (políticos, culturales, tecnológicos, etc.). En nuestra sociedad actual y presente vemos que el ser humano se ha vuelto un ser individualista y egoísta alejado de las personas que le rodean y de los problemas reales que le envuelven.
Esta conducta en que se anteponen los intereses propios a los ajenos se debe a unos factores determinantes: el ritmo de vida de nuestra sociedad moderna (competitividad existente, estrés, falta de empleo, redes sociales, incomunicación social), y sobre todo a la pérdida de unos referentes políticos y religiosos. Esto ha provocado que se haya visto en los bienes materiales y consumistas (posesiones, apariencias, postureo) como la única panacea de poder conseguir la autentica felicidad real.
Nos encontramos ante una lucha por conseguir una felicidad ficticia y engañosa a través del materialismo que ha sido la causante de la pérdida de valores esenciales en cualquier comunidad humana. Términos como solidaridad, comprensión, tolerancia, amor por los demás, parece como si hubieran desaparecido ni forman parte de la sociedad en la que vivimos. Valores que son el auténtico termómetro de salud de una sociedad moderna y deberían ser algo que nos tendría que preocupar como seres humanos que somos.
Ante estos hechos, la misma sociedad debe actuar como un antídoto y vacuna de resistencia que la haga despertar de esta somnolencia que la paraliza. De forma que la conciencie en el sentido humano más profundo. Teniendo en cuenta que una felicidad verdadera no sólo se consigue a través de la satisfacción y el disfrute de los bienes materiales (muchas veces efímeros y momentáneos), sino también colaborando con nuestro entorno humano más cercano y necesitado. Sabiendo que la aportación altruista i desinteresada que hagamos al bien común como seres integrantes de una misma sociedad también es una forma de enriquecernos. Una plenitud y culminación individual humana y espiritual que también nos acerca un poco más para conseguir la felicidad personal.
Por ello, cada uno de nosotros como seres integrantes de una misma sociedad compartida estamos en la obligación moral de contribuir desde la humildad a su mejora desde nuestra pequeña parcela. Aquella que es más inmediata y cercana en nuestro día a día (trabajo, empresa, familia, asociación) con humildad y sencillez. Abandonemos el egoísmo personal de ambición con la intención de la búsqueda de mejorar la sociedad actual en que vivimos y somos participes. Es la mejor herencia generosa y altruista que podemos dejar a nuestros hijos y las generaciones venideras para que puedan vivir en una sociedad más justa humana e igualitaria.

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El crecimiento personal como aprendizaje de vida

¿Queremos mejorar nuestras capacidades personales? ¿Estamos en disposición de cambiar nuestros comportamientos y actitudes como forma de evolución y cambio? ¿Nos conocemos a nosotros mismos? ¿Crees que podemos ser mejores y más felices si conectamos con nuestra auténtica esencia natural?
No hay crecimiento humano que no necesite de un análisis personal y voluntad de cambio. Aquella reflexión del día a día que practicamos en los quehaceres cotidianos (personal, profesional, familiar) y que necesitan de una reflexión en toda su esencia. Para ello, se requieren objetivos personales que creen interés y metas establecidas.
Todas las ambiciones e intenciones emprendidas llevan consigo requisitos particulares de empeño y voluntad para conseguirlas.
Crecer es meditar para observar lo ya hecho, pero también lo falto por hacer. Es aprovechar al máximo la mejora como avance de progreso propio con la maduración que protege nuestro desarrollo de crecimiento individual. Es el fondo consustancial que nos envuelve y que es inherente a nosotros mismos.
Es en el deseo donde deben residir los objetivos establecidos con el afán y el anhelo por conseguirlos. Un auténtico motor del cambio y transformación ante cualquier faceta emprendida.
Es necesario un cambio de rol, aquel que nos aporte progreso propio, regeneración y energía como evolución intima.
Las facetas de la vida requieren la reflexión privada de meditación y observación de nuestro progreso como seres humanos exclusivos.
La vida siempre es una sucesión de momentos acaecidos (con sus alegrías y tristezas). Son parte de nuestra existencia que nos marca el comportamiento y la conducta de actuación ante nuestro circulo de personas que nos envuelve. En esta evolución de la vida nos vamos transformando a nivel físico y mental.
Unas etapas que vivimos y que son el alma humana y fundamento que nos diferencia de unas personas a otras. A través de esa individualidad propia y distintiva, el progreso propio y exclusivo favorecen el potencial íntimo que poseemos. Es aquella capacidad de perfeccionamiento que hace posible la culminación de las metas en un avance de progreso exclusivo de regeneración y cambio.
El progreso personal siempre aporta alegría y renovación propia como verdadero dinamismo de vitalidad y avance. Una existencia vital que define el comportamiento de actuación en prosperidad y mejora.
La vida en sí misma es un crecimiento constante y paulatino que nos desarrolla plenamente hasta que alcanzamos la madurez (física, biológica, mental).
No hay crecimiento individual que no sea personal y tenga una influencia en nuestra vida. No hay desarrollo que no sea propio y que progrese sin alegría. Al igual, que no hay maduración que no influya en nuestra conducta.
El perfeccionamiento humano es la esencia que nos dota de las habilidades que posibilitan el potencial del talento en toda su expresión máxima de desarrollo. Veamos en nuestro crecimiento y desarrollo propio, el núcleo donde gravitan: las destrezas, las capacidades y las habilidades que nos dotan de aptitud, fundamentos y capacidad personal.
El avance y el progreso personal siempre van aliados con la alegría, la energía y la vitalidad en nuestras acciones cotidianas. En esa evolución permanente que mantiene el ser humano hemos de progresar con ambición y empeño en busca del avance y el impulso que nos conduzca a la culminación de las metas marcadas.
Que nuestro carácter propio sea el núcleo y naturaleza personal que nos haga más felices. El alma y fundamento individual de prosperidad, mejora y perfeccionamiento humano.

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La falta de actitud y compromiso convierten el talento en incapacidad

Las empresas u organizaciones buscan aprovechar el capital humano del que disponen sus empleados como motor de impulso y engranaje (encaje humano y recursos de productividad) de una empresa. Ante ello, el talento es la parte viva y humana en los modelos organizativos de actuación y ejecución de cualquier organización. Por tal motivo, cuando hablamos de talento podríamos poner en consideración los siguientes razonamientos: ¿es suficiente el talento para ejercer un cargo de gestión con todas las garantías? ¿Por qué si no utilizamos el talento desde todos sus contextos y circunstancias a aplicar se convierte en incapacidad? ¿El talento sin actitud ni compromiso inhabilita nuestro potencial de competencias?
No hay talento que no necesite de una actitud personal como condición de determinación y disposición ante las decisiones que se toman en una empresa. Al igual, que ante todo proyecto a realizar, la motivación es el fundamento y acicate que nos incentiva en desarrollo de nuestro talante frente a las dificultades u obstáculos que se nos presenten.
El talento en la empresa y en toda profesión necesita de la inteligencia y su aplicación ante las contrariedades que nos sucedan o contradicciones que nos puedan surgir en el ejercicio que se desempeñe. De tal manera, que ese potencial de habilidades y competencias obliga a un deber (actitud) y responsabilidad de compromiso particular ante todo reto, proyecto o propósito. Es la complicidad personal necesaria ante la toma de decisiones y resoluciones a proceder.
Todo aplicación del talento en la empresa, no es solo una capacidad para ejercerlo tal cual, sino también requiere de la reflexión en las actuaciones y juicio en las decisiones que se adopten. Una reflexión en forma de consideración y argumentos de razón ante disposiciones, métodos a poner en práctica o decisiones que se tengan que abordar.
Toda resolución a nivel de empresa u organización en las decisiones a tomar tienen sus dificultades. Debiéndose concretar con acuerdos y determinaciones lo más amplios posibles como garantía de debate, aceptación de ideas y visiones de consenso. Unos indicativos que nos marcan que la actitud y el compromiso personal son determinantes para que se materialicen y cristalicen los objetivos establecidos de la forma más acertada y conveniente.
Cuando emprendemos cualquier plan de actuación, idea o propósito, la motivación es parte del talento personal que nos aporta el incentivo y el fundamento como causa y razón a conseguir. Aquella voluntad de empeño y deseo que nos trasmite la tenacidad en forma de constancia. Sin olvidar a la perseverancia en las acciones que nos dota de la firmeza y tesón ante los anhelos y deseos a alcanzar.
Si el talento en la empresa no va unido en todas las situaciones o circunstancias que se nos presenten con ganas e intenciones para afrontarlas caeremos en la ineficacia y la torpeza de actuación (dudas, incertidumbres y decisiones equivocadas).
Las dificultades en la labor empresarial requieren de actitudes de compromiso; encarando las dificultades y los problemas con determinación y arrojo. Una seguridad en nosotros mismos, en nuestras competencias y en la entereza como fortaleza de energía, carácter y aplomo ante las decisiones y estrategias a seguir.
Cuando el talento se basa solo en la aptitud y capacidad sin actitud ni disposición de talante personal están faltos de déficits de liderazgo, gestión y resolución de problemas. Estamos hablando del talento como capacidad y aptitud ineficaces. Ineficacia que desaprovecha la inteligencia como habilidad de capacidad y diligencia ante situaciones, conflictos o estrategias.
Malgastar el talento por falta de actitud y compromiso es caer en los errores y desaciertos. Nos aleja de la reflexión para pactar, disponer o resolver cualquier situación convirtiéndose en una rémora y freno ante los obstáculos y dificultades de toda empresa en el día a día.
Si la persona con talento destaca por el talante negativo y la falta de compromiso, nos restan inteligencia, eficacia y empeño de gestión y dirección empresarial. Nos crean comportamientos y conductas adversas que conllevan negación e incapacidad personal en los comportamientos y procederes que se ejecutan.
El talento conlleva obligaciones y responsabilidades en las gestiones y cometidos que se ejercitan. Si se realizan desde el freno personal, la falta de disposición y el desinterés caen en la torpeza, la incompetencia y la negación. Negación entendida como contrariedad personal, desacuerdo e incapacidad para negociar y convenir asuntos y temas en cuestión.
Los propósitos de toda empresa buscan un objetivo y un fin. Su razón de ser y motivo a luchar en sus metas y planes de actuación. De tal manera que si la gestión del talento se realiza sin fundamento, resolución y disposición estaremos cayendo en la ineficacia a modo de incapacidad e inacción en las respuestas ante los problemas y soluciones a tomar. Verdadera inutilidad de torpeza que nos conduce al error y al desacierto personal y empresarial.
No desaprovechemos el talento por falta de compromiso y actitud para que no se convierta en incapacidad. Es la mejor forma de no convertir la inteligencia en torpeza, las habilidades en incapacidades y la aptitud en rémora, freno e incompetencia.
Hagamos de la actitud y el compromiso un talante de disposición y un compromiso de responsabilidad frente a las dificultades y los problemas. La mejor manera de ver el talento en estado puro con su potencial de inteligencia, capacidad y razón de ser.
Aprovechemos el talento y no lo convirtamos en incapacidad e ineptitud.

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El equilibrio personal: un camino hacia la calma y la paz interior

Todo ser humano busca el equilibrio personal a través de la paz interior y la calma que nos aporte la armonía necesaria en la búsqueda de la felicidad y el bienestar del espíritu. Es la tranquilidad armónica del cuerpo y la mente que nos dota del sosiego y la placidez en nuestra forma de ser, sentir y comportarnos. Ser, como esencia de naturaleza y sustancia humana. Sentir, como sentimiento que nos aporte la sensibilidad y las sensaciones de lo que percibimos y observamos del mundo con la naturaleza y nuestro entorno humano. Comportamiento, como conducta de actuación que implementamos en nuestros procederes de conducta y vida diaria.
Busquemos el equilibrio personal que haga frente a las desgracias que se nos presenten desde la entereza y la firmeza de nuestros pensamientos que nos dotan de la energía y la fuerza para poder afrontarlas.
No renunciemos a la felicidad del espíritu que es parte de nuestra alma (sustancia viva y esencia humana). Aquella que nace del interior, es ánimo y naturaleza propia como cualidad inherente del ser humano.
No hay alma sin sentimiento ni voluntad del espíritu que no forme parte de nuestra conciencia, que nos hace sentir, pensar y entender.
Alcancemos el equilibrio personal a partir de la reflexión intima de nuestro ser que busca mediante el conocimiento su razón de ser. Una búsqueda mediante tres ejes a seguir: el raciocinio, la racionalidad y la capacidad a modo de competencia, disposición y saber.
Hagamos del cuerpo y la mente una simbiosis de fusión y visión humana que a través del equilibrio emocional nos transmita sensibilidad, afecto y ánimo. Son nuestras emociones de sentimiento, estima y ternura consustanciales al ser humano. Que deben ser el “ADN” natural e inherente que nos acompañe en el peregrinar de la vida. A través del cariño, el afecto y la amistad ante todo lo que nos rodea y somos participes como seres humanos.
Debemos encontrar la armonía del espíritu que nos transmita tranquilidad personal, alegría humana y paz interior. Que bonitas palabras cuando van acompañadas de la tranquilidad en nuestras creencias y convicciones que nos aportan sosiego y equilibrio. Son los principios humanos de cada individuo que parten del corazón y nos hacen diferentes.
Podemos conseguir el equilibrio personal cuando creemos y poseemos la fe como creencia;
convicción y confianza de convencimiento de nuestras ideas y pensamientos.
Veamos en el entendimiento de la mente: una inteligencia de pensamiento y razón que haga de nuestros propósitos e intenciones designios de metas y objetivos que nos aporten bienestar espiritual, felicidad del ánimo, paz, armonía y equilibrio personal.
No hagamos de la riqueza material una fortuna del alma y del espíritu. Hagamos de la fortuna del espíritu una riqueza de satisfacción interior de agrado con nosotros mismos (con nuestra persona, cuerpo y mente). Una felicidad que se gana desde el espíritu y que nace del interior de la fe como convencimiento y principio básico personal.
Cuidemos el cuerpo como baluarte de higiene de la mente que nos aporte equilibrio y mesura. Una mesura que transmita sensatez ante nuestros actos y prudencia en las determinaciones de sabiduría en nuestras decisiones.
La sabiduría personal siempre aporta coherencia personal ante la vida. La coherencia necesaria que nos haga ver la perspectiva real de la vida por medio de su máxima amplitud de miras como garante para no caer en contradicciones entre lo que pensamos y hacemos. Es el equilibrio de la razón a partir del raciocinio, la reflexión y el juicio personal.
En el espíritu del alma se encuentra la esencia de la felicidad como satisfacción y bienestar que busca la paz del espíritu y el equilibrio personal a través de la mente como segura y auténtica razón de ser, existir y vivir.
Disfrutemos de la naturaleza humana en su esencia encontrándonos con nosotros mismos para poder alcanzar la meta que nos proporcione el equilibrio personal como camino hacia la calma y la paz interior.
Emprendamos el camino.

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Los errores en la vida son lecciones aprendidas

La vida es una secuencia y sucesión de fotogramas con imágenes vividas en el tiempo; con momentos y circunstancias ocurridas que no tienen parada ni fin. Vivencias que se mantienen en el presente y que forman parte de nosotros.
Los momentos que vivimos en sus diferentes estados en la vida nos obligan a tomar decisiones. Unas decisiones que conllevan aciertos y errores en las actuaciones, comportamientos y situaciones que se nos presentan en el acontecer diario.
Toda decisión es una elección a tomar desde nuestra libertad individual de pensamiento. Por tal motivo, las circunstancias que vivamos y nos encontremos marcan momentos diferentes que necesitan de respuestas y comportamientos distintos.
El problema de la toma de decisiones es cuando llevan un resultado un resultado erróneo o comportamiento equivocado. Es el momento en que debemos evaluar la causa, el motivo y las circunstancias.
Nos podemos preguntar: ¿por qué caemos las personas siempre en los mismos errores? ¿Nos afectan los errores en nuestra vida? ¿Se puede aprender de los errores que cometemos?
El primer paso para cambiar es aceptar que los errores son equivocaciones que cometemos. A partir de ahí, se han de estudiar las coyunturas, situaciones y momentos en que se producen.
Un error necesita de una causa previa y de un análisis para conseguir un resultado. Por ello, las decisiones siempre se han de tomar en circunstancias que debemos contemplar y conocer con el fin de no caer en el error.
Aprender de los errores es aceptar los equívocos desde la modestia y la humildad para mejorar, crecer y superarnos.
Los errores son experiencias propias vividas desde el saber de lo que percibimos y vivimos a nuestro alrededor. Son ejemplos de que toda idea o argumento que necesite de una respuesta o toma de decisiones siempre puede dar lugar a un equívoco. Pero, también a una enseñanza a extraer, ya que es una experiencia y una prueba ante nosotros mismos.
La capacidad de razonar, la amplitud de miras con nuestras competencias y aptitudes han de ser condiciones básicas para comprender lo que nos rodea y tomar las decisiones en las mejores condiciones.
Muchas veces acertar no es fácil, pero menos fácil es a veces tomar decisiones que nos afectan y que son imprevisibles e impredecibles.
Es la firmeza y la entereza personal que tengamos la que marcará la determinación que tomemos ante los problemas y situaciones de dificultad.
Querer subsanar los errores es el primer paso para el cambio personal de mejora. Un proceso de reflexión que se aleja de la precipitación y la prisa; que busca desde el conocimiento de las cosas una visión más correcta y una perspectiva más real para no caer el error fácil.
Los errores en la vida también vienen precedidos de pruebas o retos inalcanzables que nos marcamos con vivencias y experiencias desfavorables.
La experiencia vivida nos ha de servir para tener una actitud de cambio, de mejora en las capacidades y una disposición positiva de talante y reflexiva en la actuación que profesemos.
Aprender de los errores es aceptarnos a nosotros mismos con nuestras fortalezas y limitaciones, pero con la actitud, la conducta y la disposición por progresar.
Los equipajes en las espaldas que llevamos los seres humanos también son un buen activo de advertencia y experiencia ante las dificultades y la toma de decisiones.
La experiencia propia adquirida ha de ser un cambio personal y amplitud de horizontes que tengamos.
Debemos avanzar en las aptitudes personales para no caer en la precipitación de la toma de decisiones erróneas que nos lleven al fracaso.
Aprender es entender las cosas desde el plano y la perspectiva que tenemos equivocado y queremos cambiar.
Las habilidades propias que tengamos siempre caerán en saco roto si no sabemos aprovechar el momento y las enseñanzas vividas y aprendidas para tomar las decisiones, poder entenderlas y aplicarlas en su justa medida.
Si aprender es un aprendizaje continuo diario, no caer en los errores es una lección por aprender de por vida.
Hagámosla nuestra.

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Emprender con capacidad, fuerza y energía

No hay voluntad de emprender que no tenga la determinación para poder empezar algo (proyecto, plan meta, objetivo), y tener el empeño en poder conseguirlo.
Todos los propósitos en la vida necesitan la capacidad para afrontarlos y la fuerza y la energía para materializarlos.
Para emprender no solo se requiere una actitud de empuje o inteligencia, sino también el saber encarar los retos con decisión, empeño y ánimo.
La intensidad y el ímpetu hacia los retos es una fortaleza de resistencia y ganas ante los inconvenientes y las dificultades que se nos puedan presentar.
La firmeza y la inteligencia han de tener el empuje de nuestros comportamientos y la amplitud de miras para poder ver los posibles obstáculos.
No podemos focalizarnos en un solo punto, sino tener una visión amplia ante impedimentos y problemas que nos puedan surgir.
Cuando emprendemos ponemos en marcha nuestro saber, pero también el deseo y la aptitud como valor de fuerza y empuje.
El ánimo es vital para alcanzar cualquier meta u objetivo cuando las decisiones se toman con empeño, tenemos aspiración en alcanzarlas y la voluntad es firme.
No veamos los obstáculos a modo de inconvenientes; démosle la vuelta a la negatividad que llevemos dentro a cambio de una actitud positiva, la capacidad para que podamos mejorar y las ganas para hacerlo mejor.
La disposición por emprender es una facultad de suficiencia. Es descubrir el talento interior y despertar las habilidades y experiencias por medio de nuestra destreza personal.
La aptitud es parte de nuestra inteligencia; aquella parte del saber necesaria para acometer cualquier cosa que iniciemos y queramos conseguir.
Toda acción a emprender requiere de un carácter e ímpetu para poder llevar a cabo los proyectos y retos con decisión y determinación.
El ánimo para emprender un objetivo es básico para alcanzar una meta, y vendrá determinado por los objetivos marcados, las intenciones a seguir, el empeño que pongamos y la profundidad del proyecto en sí mismo.
Emprender es saber afrontar las dificultades y los problemas intentando superarlos con las competencias y facultades personales; alejándonos de la precipitación y la impaciencia.
Los propósitos que se abordan con energía de espíritu siempre llevan la determinación del empuje, la voluntad en la acción y el interés para poder desempeñarlos.
Toda idea o aspiración es un valor o virtud para poner en práctica el inicio de un plan, su implementación, las decisiones que tomemos y la intensidad que pongamos serán parte del éxito que consigamos.
¿Por qué es importante emprender con capacidad, fuerza y energía? La intensidad en lo que creemos es parte del ímpetu en como abordamos las cosas. El carácter que tengamos nos dotara del impulso ante la frustración y las contrariedades. Y la fortaleza ha de ser el nervio que nos guie y conduzca como empuje de fuerza y energía que nos haga poner en marcha el propósito y el empeño en alcanzarlo para poder llegar a la meta.
Para afrontar algo con garantías en cualquier faceta de la vida no solo se requiere el saber y el poder, sino también el empuje y la voluntad de acción.
Las aspiraciones tienen que llevar consigo carácter e intensidad para poder acometerlas con competencia y aptitud.
Hay que tener una actitud positiva ante las dificultades para saber hacer frente a los impedimentos y los problemas.
No perdamos nuestra energía en actitudes negativas; dotémoslas del empuje necesario para llevar a cabo todas las acciones personales que emprendamos.
Hagamos de cada acción que emprendamos una superación y una mejora de crecimiento y desarrollo personal.
No seamos nuestra propia resistencia que nos paralice e impida realizarnos en nuestros deseos y anhelos como freno y rémora.
La fuerza del poder es la firmeza con que acometamos nuestras iniciativas y procesos que pongamos en marcha. La energía con que las llevemos a cabo y el empuje para su realización.
Las ganas son la mejor resistencia de nuestros propios miedos y la mejor fortaleza para poder combatirlos.
El impulso que ejercitemos y el carácter con que emprendamos las cosas serán el mejor termómetro de intensidad que marcara los deseos conquista y mejora en nuestras aspiraciones.
Emprender despierta la iniciativa y la creatividad, dándonos una óptica diferente en ver las cosas y una perspectiva de visión mas amplia.
Iniciativa y creatividad son dos caras de la misma moneda que reafirman nuestras convicciones y confianza en uno mismo, despertando la imaginación y el ingenio.
Impulsemos la creatividad y la inventiva como ilusión para emprender desde la inspiración, la imaginación y el talento.
Avanzar es intentar hacer cosas, afrontar los retos y empezar a emprender como valor de destreza por culminar y apuesta personal.
Emprendamos con ilusión y aprovechemos nuestra capacidad personal con firmeza y energía como desafío y reto ante las metas a alcanzar.

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