Los desafíos a emprender como avance y transformación personal

Todas las personas alguna vez en la vida nos hemos puesto a prueba ante cualquier reto o desafío personal.
¿Quién no se ha marcado objetivos o metas a conseguir? ¿Tenemos miedo a emprender nuevos desafíos? ¿Hemos apostado por nuestras capacidades o por el contrario hemos dudado de ellas?
Los desafíos siempre son retos y oportunidades para crecer y progresar ante nosotros mismos sorteando los conflictos y las incomodidades. No obstante, también son momentos oportunos para avivarnos y saber aprovecharlos.
Avanzar como apuesta personal siempre es una manera de desarrollarse a nivel humano, tanto a nivel de competencias como en nuestras suficiencias a mejorar.
Toda renovación personal necesita de promover nuevas iniciativas e inquietudes a modo de acicate y cambio ante los retos y objetivos marcados.
Emprender es empezar a crear desde el saber, la aptitud y la disposición en la búsqueda de nuevas oportunidades y enfoques de actuación.
Cualquier cambio es una conversión interna y propia. Una reforma ante lo viejo y desconocido en la búsqueda de un nuevo crecimiento personal. Es un proceso de adaptación natural íntimo ante nuevos avatares a perseguir y conseguir. Un adelanto ante la quietud y el inmovilismo que nos aleja de la creatividad como verdadera metamorfosis propia del espíritu. Aquella que nos desarrolla, evoluciona y progresa a nivel personal y humano.
No podemos progresar como seres humanos sin desarrollarnos internamente a nivel personal desde nuestro potencial del talento y desarrollo en nuestras habilidades y competencias.
Los desafíos son retos para ponernos a prueba a través de una conducta de actuación positiva; un talante proactivo y una disposición clara y manifiesta por unos objetivos claros y concretos sin dudas ni vacilaciones que nos perturben su consecución.
No hay meta que no necesite de un intento claro para alcanzarla ni expresarla con la facultad y la disposición para ejecutarla sabiendo afrontar los inconvenientes y las contrariedades que se puedan presentar. Son trabas a vencer, obstáculos a superar que requieren de la energía, el arrojo y la valentía para afrontarlos.
La decisión, el vigor y la fuerza ante los desafíos son parte del éxito para alcanzarlos. Un empuje del ánimo que nos dota de la fortaleza y de la eficacia en las decisiones a tomar. Sin vacilaciones ante las incertidumbres, dudas o titubeos que se nos puedan presentar.
Los retos y las metas que se desean alcanzar siempre son aliados de la perseverancia en las acciones a realizar, iniciar o llevar a cabo. Es el tesón de la tenacidad la que nos pone a prueba ante las dificultades. Es un compromiso consustancial de profilaxis y protección frente a las dificultades, inconvenientes o frenos.
En ese avance de mejora y maduración, el crecimiento personal es un pilar fundamental de impulso ante las pruebas que nos marquemos.
Cuando emprendemos es siempre una tarea complicada y difícil en que nos lanzamos a lo desconocido, sin embargo es una aventura apasionante de compromiso de gratificación que nos reconforta el espíritu. Un aliento que fortalece nuestras actuaciones y que nos hace avanzar.
Toda mejora de creencia propia y avance en nuestras convicciones y creencias siempre es un reto, una apuesta, un triunfo y una ilusión frente al inmovilismo, la resistencia y el cambio.
La inacción nos aleja de la creatividad, la inventiva y la imaginación desde cualquier parcela o ámbito emprendido.
Busquemos en los retos a afrontar, el desarrollo y la renovación del espíritu como aliento de vida.
Apostemos por nosotros mismos sin miedos ni titubeos y empecemos a crecer a nivel personal como mejor camino de avance y progreso ante los desafíos a emprender.

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Sé tu propio acicate personal

En el caminar de la vida, el ser humano tiene que vivir experiencias, tomar determinaciones y decisiones que influyen en su quehacer diario. Situaciones positivas o negativas que necesitan del aplomo personal para encararlas, vivirlas y darles la respuesta adecuada.
Unas veces nuestra influencia es fundamental, y otras no dependen de nosotros mismos, sino del destino, viniendo prefijadas y que no dependen de nuestra actuación o resolución (suerte, destino, salud, trabajo). Pero todas ellas tienen un denominador común: saber hacerles frente de la mejor manera para que no nos influyan en primera persona.
Todas las decisiones que emprendamos requieren de un estimulo vital a fin de poder abordarlas de la forma más conveniente y sobrellevarlas de la mejor manera posible. Una motivación con el propósito de lucha cuando sea necesario, y un impulso en función de la respuesta que les demos.
Debemos tener una voluntad firme con el objetivo de enfrentarnos a las vicisitudes de la vida, utilizando la razón como mejor arma de decisión y respuesta.
El ánimo ensalzado es básico cuando los obstáculos aparezcan para poder solventarlos y superarlos frente a las debilidades del espíritu.
El espíritu positivo siempre será el mejor aliado ante los altibajos que se nos presenten. Por tal motivo, necesitamos del empuje y la energía como fundamento de incentivo.
La energía siempre es un brío respecto a los contratiempos inesperados y avatares cotidianos a modo de fortaleza humana.
Cualquier motivo o reto que conlleve tropiezos deben ser portadores de nervio ante los frenos que nos impidan conseguirlos.
Los desafíos de la vida deben ir acompañados del tesón para enfrentarse a ellos en las mejores condiciones de solución y conquista.
Las dificultades siempre se han de combatir con el valor del coraje para poder vencerlas sin miedos ni vacilaciones y con la calma y el sosiego que requieran. Pero también con la determinación de plantarles cara y no caer en la resignación al no poder superarlas.
Los tropiezos que tengamos han de ser una fortaleza de coraje para resistir sus envites y poder hacerles frente.
No caigamos en la decepción de las metas inalcanzadas, al revés, veámoslas como un coraje e iniciativa de inconformismo y capacidad de emprender. Una actitud de compromiso y responsabilidad como autentico valor positivo de ímpetu personal.
Hemos de asumir las contradicciones propias ante los hechos nuevos que se nos presenten, que nos hagan cambiar de opinión o enfoque como muestra de evolución y cambio personal humano.
No convirtamos las preocupaciones en estados de desazón y perturbación por complejos que sean. Hagamos de los problemas, experiencias que nos curtan para no caer en baches de desanimo y tristeza.
Todos los escollos que surgen en la vida, siempre son frenos y bloqueos, pero enfrentémonos a ellos con espíritu positivo para vencerlos.
Desterremos la desilusión y el desencanto de los fracasos como terapia del ánimo. Y no hagamos de la frustración, una rémora de hastío y tedio.
Hagamos de nosotros, el mejor parapeto ante las dudas, dilemas y conflictos de la vida con sus complicaciones y adversidades (sean las que sean) que siempre requieren empuje y ánimo para contrarrestarlas de la manera más acertada.
No permitamos que los impedimentos sean trabas de preocupación y pesar ante las complejidades de la vida.
Nuestra determinación ha de ser el mejor valor de firmeza y arrojo. En consecuencia nos podemos hacer la siguiente reflexión ante los enigmas, retos de la vida y sus misterios por descubrir y vivir: si de ti depende a que esperas. “Sé tu propio acicate personal “.
Tú decides.

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Aprender a vivir

La vida no es sólo acostumbrarse a ver pasar los momentos que se van produciendo a modo de espectador, sino también en observar y aprovechar las circunstancias que vivimos en determinados momentos de nuestra existencia en primera persona. Si como seres humanos todo en la vida gira alrededor nuestro, nos podríamos preguntar: ¿sabemos vivir la vida? ¿Disfrutamos de los momentos que vivimos? ¿Nos adaptamos a las circunstancias que se nos presentan?
Vivir es sentir en toda su profundidad los sentidos, teniéndolos a flor de piel y disfrutar de ellos para percibir la vida desde la recepción y reconocimiento de los estímulos. Es una forma de oír y palpitar las sensaciones desde el ánimo.
Aprender a vivir es comportarse para reafirmarnos y aprovechar lo mejor que tenemos en nuestro ser. Es vivir la emoción de las pequeñas cosas que nos pasan (sentimientos, sueños, alegrías, vivencias, recuerdos). Es la intensidad plena de los momentos puesta en práctica.
Vivir el presente sin recelos ni miedos del pasado es aprovechar la vida desde lo mejor que nos ofrece.
El presente y el ahora son motores que nos hacen caminar y no pararnos ante situaciones difíciles que tengamos que resolver.
Experimentar sensaciones, sentimientos y afectos son estados de deseo, anhelos y ambiciones humanas que debemos disfrutar.
La ambición sana y el amor en toda su intensidad es saber aprovechar la estima que ofrezcamos desde el afecto y el cariño hacia nosotros y los demás.
Aprovechemos los momentos de bienestar, de comodidad y dicha para crear nuestra propia zona de confort que nos dote del sosiego, la calma y el estado armónico (tanto a nivel físico y mental).
La placidez y la comodidad que sintamos son una forma de encontrarnos a nosotros mismos sin miedos ni temores. Es nuestra intimidad personal y la satisfacción de la paz interior.
Vayamos en la búsqueda de nuestro encuentro intimo que nos hace descubrir nuestros anhelos, ansias y ambiciones; observando el mundo desde sus maravillas, contradicciones y misterios.
Aprender a vivir es el motor que nos ha de hacer avanzar y despertar lo mejor que llevamos dentro. Aquellas aspiraciones que queremos conseguir y el bienestar que deseamos sentir.
Tenemos que descubrir lo mejor de nosotros, nuestro propio agrado (aquel que tanto se necesita) que es vital para descubrirnos como personas y seres humanos.
Un orgullo a conseguir es poder sentir el deseo, la felicidad y la calma. Verdadera y auténtica sensación de gozo, vitalidad y energía que nos produce el bienestar ante las sensaciones que forman parte de nuestra vida.
Vivamos y disfrutemos los momentos del ahora. Esperando que el presente nos acomode en la percepción de los sentidos, desde el afecto, el amor y el cariño.
La placidez en la búsqueda de los anhelos, las sensaciones percibidas y el encuentro de nuestra identidad han de ser el motor de la existencia que nos reafirme y nos haga sentir la vida.
Seamos la energía que nos dote del bienestar y las ganas de sentir amor y sentimientos. Primorosa sensación de los sentidos que nos hacen disfrutar, gozar y vivir.
No dejemos de perder las emociones del afecto en cualquier momento o situación de nuestra vida.
Apreciemos el presente y el ahora como una oportunidad de percibir y disfrutar el encanto de lo bueno que nos rodea.
Vivir los momentos es disfrutar de los sentidos, las emociones y los deseos. Es la satisfacción de nuestra existencia; el sentir y el disfrutar de la vida.
Si el presente es el momento, el ahora eres tú. Aprovéchalo.
Aprende a vivir.

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Los fracasos no han de ser experiencias negativas

Al emprender cualquier meta, propósito u objetivo siempre sabemos que pueden tener o un desenlace adecuado a nuestras expectativas, o por el contrario un final negativo. Cuando el resultado es satisfactorio nos invade un sentimiento de alegría, goce personal y realización propia. Al contrario de cuando el resultado no es el esperado, donde sufrimos un estado de insatisfacción, tristeza y frustración. Es decir, el sentido del fracaso visto en persona.
Ante la visión o concepto en la forma de ver las cosas ante una decepción es necesario el saber valorar la perspectiva real con sus circunstancias, expectativas y enfoques diferentes.
Las metas son propósitos que buscan una finalidad determinada. Unas veces pueden ser acertadas y asumibles, y otra veces pueden verse no culminadas, independientemente de los motivos, causas o circunstancias hemos de ver que la no culminación de un objetivo nunca se ha de considerar como un fracaso o mala experiencia.
Todo reto siempre es una experimentación propia de mejora, progreso y desarrollo personal. Una necesidad de apuesta con nosotros mismos, y una fortaleza de avance para afrontar un desafío.
Cualquier meta o ambición inalcanzada no ha de considerarse un fallo, una debilidad o un fracaso. Los fracasos también son fortalezas a mejorar, y una fuerza para sobreponernos, progresar y evitar las ideas negativas. Es el momento en que el ánimo y la energía han de formar parte de nosotros a modo de aliado para no caer en el derrumbe personal.
Siempre debemos de tener la motivación como acicate para levantarnos ante los reveses que se nos presenten. Sabiendo abordarlos de la forma más positiva y desde su perspectiva más objetiva.
Afrontar y encauzar los fracasos es evolucionar y crecerse a nivel humano como forma de superación y cambio. Ante los fracasos hay que saber aceptarse tal cual somos, con nuestras fortalezas y debilidades sin miedo ni frustración.
Frente a alguna situación con desenlace negativo es necesario seguir avanzando, rebelándonos con el propósito de mejorar y progresar. Una superación que no vaya sólo desde el darse por vencido, sino al revés, desde el sentido de la resistencia para plantar cara y reconocer los errores y las equivocaciones a modo de avance y progreso.
Las experiencias ante los fracasos siempre han de ser lecciones aprendidas positivas para analizar nuestros errores, fallos y debilidades. Son experiencias que nos han de servir para aceptarnos mejor a nosotros mismos. Para ver los desaciertos desde una visión diferente pero no adversa ni desfavorable que conlleve pesimismo y negatividad.
Nuestros desaciertos han de hacernos poder evolucionar y cambiar el talante en nuestros procederes con una predisposición de voluntad y ganas.
No darse por vencido es el primer paso de resistencia ante el inmovilismo para seguir creciendo, evolucionar y mantener la fortaleza y el aliento para emprender nuevas metas.
Encarar de una forma adecuada los fracasos es saber abordar el presente con visión de futuro.
Nuevos enfoques, nuevas perspectivas para ver las cosas desde la experiencia de los hechos y la experimentación ante los propósitos inalcanzados. La aceptación sin complejos ante las derrotas o desilusiones siempre es una oportunidad para mejorar desde una visión positiva que nos haga afrontar nuevos retos con más experiencia y con nuevos enfoques ante diferentes circunstancias que puedan surgir para poder dar respuestas distintas.
Abandonemos el lastre de la frustración y los errores por un cambio real y personal teniendo una actitud positiva de superación. Y aprovechemos el valor del progreso personal como una motivación de avance, resistencia ante las dificultades y apertura a nuevas posibilidades.
Los fracasos han de verse como nuevas ocasiones para emprender, y las experiencias negativas como nuevas oportunidades de mejora y cambio.
Cambiemos el enfoque.

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El esfuerzo, fuente de valor y determinación ante los objetivos a conseguir

Todos los seres humanos para conseguir un objetivo o meta necesitan del esfuerzo para poder luchar, acometerlo y ser capaz de alcanzarlo. En consecuencia, el esfuerzo es un sacrificio de valor y ánimo imprescindible como estímulo para tomar decisiones en los propósitos a conseguir.
El empeño personal ha de ser una razón de ser a modo de coraje y empuje ante las aspiraciones que se deseen obtener.
El ánimo y la tenacidad han de tener el tesón y la perseverancia en forma de eficacia en las decisiones que se tomen y los propósitos que se busquen.
No hay esfuerzo que no precise de arrojo y coraje propio ante las disposiciones que se realicen y el compromiso en que se asuman.
Veamos en la voluntad un sacrificio de capacidad e iniciativa frente a los objetivos y metas que nos tracemos.
El valor y la determinación en los objetivos a conseguir requieren de pasión, ahínco y perseverancia en las decisiones a tomar y los propósitos a lograr.
El esfuerzo siempre es un principio de merito y capacidad de coraje en todas las pretensiones que se intenten materializar.
Todo proceso tiene un porqué como razón de ser y un motivo de esfuerzo que nos dota de la capacidad y la iniciativa para encarar los objetivos con determinación y decisión.
Mantengamos el ánimo con arrojo y coraje manteniendo la voluntad y la tenacidad del empeño frente a los deseos y anhelos que persigamos.
No hay deseo que no tenga una pretensión y un propósito a seguir. Aquel designio de empeño y voluntad ante las determinaciones que busca un fin, objetivo o meta a alcanzar.
Las determinaciones requieren de decisión y arrojo personal como valor y merito a modo de virtud en la consecución de cualquier meta o finalidad.
No hay propósito sin voluntad ni determinación para emprenderlo que no necesite del deseo y la fortaleza personal para llevarlo a cabo ante cualquier idea, plan u objetivo marcado. Una finalidad de culminación e ilusión que busque el motivo e intención como propósito y meta.
Si el esfuerzo es una fuente de valor y determinación en los objetivos a conseguir. El ahínco personal ha de buscar la eficacia y la firmeza de nuestras acciones con empeño y tesón que nos dote de la perseverancia y tenacidad como determinación en las decisiones que tomemos y los objetivos que deseemos lograr.
No hagamos de la voluntad personal una simple intención de anhelo y ganas en las intenciones que nos propongamos. Hagamos de ella una ambición por lograr un ansia de deseo y una aspiración de esperanza. Aquella esperanza que nos aporte confianza y crédito personal en nosotros mismos. Una verdadera seguridad y certidumbre que nos contribuya a ver la mejor perspectiva de las cosas con ilusión y optimismo en las decisiones que adoptemos y los objetivos que iniciemos.
La determinación en las aspiraciones que tengamos y busquemos lograr requerirán de la voluntad de decisión y el valor del esfuerzo como afán y aspiración a seguir y pretensión a alcanzar.
La virtud del esfuerzo requiere del sacrificio y el ánimo como energía y fuerza que nos genere empuje y carácter frente a las dudas e incertidumbres que nos acechen. Aquellas situaciones que nos producen inseguridad e inquietud en las decisiones a tomar y propósitos de ambición y meta a conseguir.
Ya que toda meta busca una finalidad e intención, aprovechemos nuestras capacidades y aptitudes para mejor aprovechar el talento y las competencias que tengamos a modo de garantía, valía y merito que nos acerquen más a las metas y finalidades que pretendamos.
No hay mejor forma de desear y ambicionar una meta que desde el talento y el esfuerzo. Aquel que nos proporcione impulso y ánimo para seguir y razón e inteligencia como capacidad y motivo de triunfo y éxito.
El esfuerzo nunca es un sacrificio en vano ya que es la determinación del valor y la voluntad como decisión para poder conseguir las metas, ambiciones y objetivos emprendidos.
Aprovechémoslo como fuerza, poder y eficacia de triunfo personal a conseguir.
Es nuestra tarea y ambición a lograr.

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Desarrollo personal, cambio, crecimiento y evolución humana

El ser humano como ser social y natural, transita en un entorno de grupo relacional dentro de la sociedad que vive.
A nivel personal, todo ser humano se encuentra en una evolución, cambio y crecimiento constante durante su vida, tanto en la situación que le envuelva o actividad que profese (laboral, personal, social).
El ser humano a través de la maduración personal interna busca un camino de progreso. Una conversión propia que es base, fundamento y su razón de ser.
No hay crecimiento sin evolución, ni cambio que no conlleve un desarrollo personal en cualquier situación, momento o trance que vivamos. Es nuestra formación como personas la que nos lleva a la maduración de nuestro ser más profundo. Un aumento de creencia en nuestras posibilidades que nos lleva al aprendizaje de nuestro “yo” más personal. Es un proceso de desarrollo en curso a modo de tratamiento y gestión de cambio y conversión de como somos.
Toda evolución humana siempre es una alteración personal, con sus dudas e incertidumbres. Una forma de ver y enfocar las cosas desde un prisma y perspectiva más real. Aquella que desde el porqué, busca la razón, el cambio y el avance. Es un cambio y crecimiento humano que desde el desarrollo personal nos hace evolucionar, avanzar y mejorar.
En cualquier persona humana, el desarrollo personal es una experiencia positiva que nos cambia el rumbo, y nos aporta un proceso nuevo de catarsis personal. Una manera de ser, un camino a seguir y un curso de vida por desarrollar.
Nuestra formación humana en la vida es una experiencia a desarrollar y un crecimiento personal constante en todos los ámbitos que profesamos.
La evolución humana siempre conlleva una alteración personal, una transformación de mejora, y una gestión de la experiencia que nos hace mejores.
Busquemos desde el desarrollo personal, un progreso de maduración y perfeccionamiento propio como conversión y aprendizaje.
El desarrollo personal es una formación humana de crecimiento y enriquecimiento natural que nos hace progresar, y nos dota de una evolución y experiencia hacia metas nuevas. Un medio de cambio, un proceso evolutivo de transformación y progreso. Un cambio que va más allá de un simple conocimiento. Es nuestro crecimiento existencial que nos provee de impulso y progreso en nuestras labores cotidianas, colectivas y personales.
No hay desarrollo personal sin una formación en valores y principios que conforman nuestro carácter, personalidad e idiosincrasia propia. Un desarrollo de aprendizaje en formación y asimilación de lo vivido. Aquel que nos hace cambiar y busca nuestra evolución más personal. Que progresa y nos lleva al avance y transformación en toda gestión, causa o proceso que acometemos.
Hagamos de nuestras vivencias, causas de aprendizaje y cambios que nos alejen de comportamientos erráticos y visiones miopes. Al revés, veamos en el cambio personal un intercambio de visiones diferentes y nuevas realidades. Aquellas que nos corrigen nuestros errores y sean permutas de nuevas ideas. Una verdadera mudanza de la zona de confort hacia nuevos conocimientos de asimilación, transformación y vivencias nuevas.
Hagamos de nuestro desarrollo personal un elemento de conocimiento mejor de nosotros mismos, con nuestras fortalezas y debilidades, con nuestra luces y sombras, pero con la energía del ánimo en ser mejores. Una resistencia que nos de aliento y se convierta en un baluarte para valorarnos mejor como personas sin miedos ni corsés.
Mostrémonos al descubierto (tal cual somos) en nuestra esencia natural con la intención de caminar en el tránsito de la vida con una aceptación personal como aprendizaje de vida y transformación humana.
La vitalidad y el positivismo son el mejor empuje de dinamismo y nervio ante las circunstancias inesperadas que se nos presenten y los momentos que vivamos. Son nuestra forma personal y estabilidad natural para afrontar con perseverancia las vicisitudes que se nos presenten en nuestra existencia vital. Hagamos de ese espíritu, la voluntad y el deseo de entereza, valor y dinamismo.
Si nuestra persona es nuestra fortaleza; aprovechémoslo también para que sea un acicate en todo lo que realicemos cotidianamente con carácter, ánimo y firmeza. Sin perder el aliento y la fuerza de nuestras creencias y convicciones.
Que nuestro desarrollo personal sea el mejor cambio, crecimiento y evolución humana. Es nuestra esencia, voluntad y naturaleza propia por descubrir y alcanzar.

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La búsqueda del conocimiento

En el ser humano, la capacidad de la mente es un aprendizaje constante de la realidad que nos envuelve. Nos hace sentir experiencias y sensaciones que nos llevan al conocimiento como valor propio. El conocimiento es entendimiento e inteligencia a modo de capacidad del ser humano para poder percibir la realidad y las vivencias propias. Es la realidad del pensamiento como entendimiento y razón de ser.
El ser humano tiene la capacidad de pensar, reflexionar y adquirir juicios ante situaciones, momentos y pruebas que nos da la propia vida. Es el conocimiento el que nos da respuestas a nuestras dudas y nos ayuda a la resolución de los problemas.
El conocimiento nos brinda la oportunidad de un aprendizaje constante mediante la opinión y el pensamiento. Es la inteligencia continuada que nos impregna de la capacidad de pensar, entender la vida y lo que nos rodea con amplitud de miras y juicio personal.
La razón como juicio y reflexión nos dota de criterio y fundamento. Una comprensión e inteligencia que nos faculta a pensar, conocer y entender cualidades y relaciones de las cosas.
Si el conocimiento nos transmite análisis, aprendizaje y reflexión. También nos proporciona juicio y experiencia de la realidad que conforma nuestro pensamiento. Una comprensión y facultad de pensar que tiene capacidad e inteligencia de pensamiento y razón de aprendizaje del conocimiento.
El conocimiento es la base de la razón como capacidad y consciencia de la percepción a través del pensamiento. Auténtica comprensión de capacidad y saber como medio de impresión de la realidad mediante el raciocinio y la reflexión personal.
Cuando hablamos del conocimiento, no solo hablamos de un concepto o idea, estamos hablando de entendimiento y juicio. Entendimiento como percepción y principio de opinión por mediación de la razón y la reflexión que nos dota de suficiencia y pensamiento. Y juicio como facultad racional de valoración de las cosas.
La razón nos provee de aptitud e inteligencia de entendimiento y fundamento en busca de la verdad y el pensamiento. Es el razonamiento de la mente que nos crea opiniones y principios. Y que mediante el análisis de aprendizaje de las cosas llegamos comprender la realidad y despertar la inteligencia.
No podemos concebir el conocimiento solo como una idea o concepto de pensamiento, sino como la cualidad o condición del ser humano para pensar, entender y tomar decisiones de valoración y criterio.
Si el cometido del conocimiento es el entendimiento, este también conlleva la facultad del razonamiento como pensamiento y principio. Pensamiento que a través de las ideas nos acerca a la inteligencia. Y principio como origen y porqué de la razón. Aquella que nos dota de fundamento, criterio y verdad.
Si el entendimiento es capacidad de inteligencia y razón del conocimiento. De la misma forma, no solo es sabiduría; al mismo tiempo es sentido y opinión a través del pensamiento. Es capacitación y entendimiento a modo de facultad de comprensión e inteligencia.
El conocimiento es un camino que nos conduce a la inteligencia del saber como aptitud del ser humano, y al mismo tiempo es un aprendizaje para comprender la realidad que nos envuelve. Una capacidad de la mente, de valor y entendimiento que nos aporta conclusiones y visiones de las cosas.
Todo principio o razonamiento necesita una reflexión a modo de inteligencia como capacidad de pensamiento y entendimiento. Es la razón que por medio de la inteligencia y la reflexión la que nos dota del aprendizaje, formación y capacitación de análisis en busca del conocimiento. Un verdadero propósito de criterio y sabiduría que nos faculta a pensar, nos lleva a la enseñanza y nos conduce a comprender la realidad mediante el pensamiento.
El desarrollo de las ideas como principio del pensamiento, no solo nos permite razonar, comprender y juzgar las cosas. Al mismo tiempo, nos dota de comprensión para formarnos criterios y propósitos de aprendizaje. Todo ello, nos conlleva al razonamiento como comprensión y entendimiento de lo que nos rodea con su realidad y relaciones propias. Es el valor del conocimiento como experiencia, reflexión y capacidad de pensamiento.
El conocimiento es el guía que nos conduce a la sabiduría mediante la razón humana. Aquel que nos despierta la inteligencia, el saber y la consciencia como pensamiento de existencia propia y percepción de nuestro entorno.
No dejemos que el conocimiento quede solo en un concepto o idea de entendimiento. Hagamos que el conocimiento sea la herramienta de aprendizaje y comprensión de la realidad. Nuestra realidad de pensamiento. Aquella en que su búsqueda nos ayude a entender mejor la vida y a nosotros mismos.
Vayamos a por ella.

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Apuesta por ti

¿Crees en ti y en tus posibilidades? ¿Cuándo emprendes cualquier reto, meta u objetivo, piensas más en tu buena suerte que en tu actitud, perseverancia y obstinación personal?
¿Sabes vencer tus propios miedos? ¿Desarrollas tu potencial humano?
Apostar por ti es una postura de desafío ante los impedimentos a superar ante cualquier logro a alcanzar (profesional, personal, empresa). En consecuencia, necesitamos buscar la mejor disposición posible, el mejor talante y un comportamiento positivo en su proceso de realización.
Debemos aprovechar al máximo la aptitud de nuestras habilidades empleando al limite el potencial del talento que dispongamos. Venciendo los miedos y derrotando los malos momentos que conlleven la complejidad de los desafíos emprendidos.
Los problemas y contratiempos siempre necesitan un compromiso propio de dedicación, determinación y persistencia.
Las aspiraciones siempre son propósitos de desafío que necesitan un avance de clarividencia de futuro en sus diferentes perspectivas de actuación, enfoque y resolución.
Para conseguir cualquier anhelo de diferente índole hemos de vencer los miedos y los recelos para no caer en la aflicción delante de las derrotas o situaciones de dificultades que se nos presenten en las aspiraciones emprendidas.
Con el fin de vencer el dolor ante las derrotas y metas inalcanzadas debemos mejorar y sobreponernos a los malos momentos; sabiendo derrotar las inquietudes y preocupaciones que nos atormenten a través de la mejora en el trabajo realizado y la superación personal.
La perseverancia siempre ha de ir ligada a una meta, a un objetivo y a una aspiración. De tal manera, que el compromiso de actuación siempre ha de ser un acicate de ansia proactiva y determinación en la ambición a conseguir.
Apostar por ti es aplicar la tenacidad en tus actuaciones; fortaleciendo tus convicciones de creer en ti mismo y en tus capacidades. Tu potencial es la mejor manera y aliado para lograr tus fines, conseguir tus propósitos y alcanzar tus metas. Es poder aprovechar la eficacia de tu aptitud, inteligencia y sabiduría del conocimiento que posees.
Creer en ti mismo, te aporta determinación en tus intenciones y proyectos. La más factible aspiración ante cualquier finalidad y empeño de interés necesaria para activar el ánimo.
No podemos emprender nada, si no va ligado con la voluntad de la ambición, el esfuerzo y el ahínco para realizarlo.
Apostar por ti es evolucionar a nivel personal y profesional como forma de crecimiento connatural y desarrollo humano. Un progreso de determinación, compromiso y ambición que nos vacune frente a los obstáculos, las trabas, los recelos y los miedos.
No hay dificultad que no necesite de un objetivo bien marcado y de la lucha personal y del ánimo para poder solventarlo. El logro del éxito siempre va ligado a un comportamiento positivo, una creencia en uno mismo, y una actitud de disposición respecto a los acontecimientos que nos enfrentemos en los retos por alcanzar que nos lleven al triunfo.
Hagamos de nosotros mismos, el mejor estimulo de validación personal, firmeza y empuje. Aquella energía de fuerza y nervio en las acciones que nos dote del aliento, el arranque y el coraje en las decisiones a tomar ante cualquier resolución que acometamos. Sera la mejor garantía de seguridad y estímulo personal ante los propósitos que emprendamos.
Que tu actitud, talante y ánimo sean tu mejor aliado.
Apuesta por ti.

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Caminando por la vida con optimismo

Las pequeñas secuencias de la vida son historias personales imprevisibles que marcan nuestra realidad propia (para bien o para mal) con sus pros y sus contras. Es decir, nuestra experiencia ante lo que nos rodea en primera persona. Un testimonio y prueba de la vida como andadura única e intransferible que configura nuestro distintivo y señuelo particular. Aquella que nos emplaza a la toma de decisiones y maneras de enfocar, ver y establecer la conducta a través de nuestro comportamiento en función de las circunstancias que nos afectan y rodean. Una actitud que nos determina el ánimo mediante las emociones, afectos y sentimientos. Verdadera energía física y mental que nos hace avanzar y crecer. Pero, ¿qué pasa cuando la realidad que nos envuelve no la percibimos en positivo y solamente sabemos gestionarla cuando es favorable a nuestro entorno, independientemente de sus circunstancias? Es el momento en que aparecen los miedos internos, el pesimismo y la falta de autoestima. Es la aparición de la resignación en estado puro. Ante ello, hay que vencer las ataduras internas, los corsés y las vacilaciones para que aparezca y renazca el optimismo como figura de liberación personal y camino de crecimiento ante la vida. Es un nuevo enfoque, un cambio de paradigma en el cual nuestro ánimo se debe ver reconvertido en el optimismo. Un cambio y una actitud ante la realidad: nuevo, transformador y diferente. Es un entusiasmo de lucha contra la negatividad y las adversidades en toda su extensión. Una ilusión que nos haga reducir la desesperanza, el entreguismo, las desdichas y el derrotismo ante nosotros mismos; dándoles un giro en positivo. Una exaltación regeneradora frente a la parálisis que nos dote de vivacidad plena y alegría del espíritu. Con un nuevo talante y cambio de actitud que bata al desaliento, la tristeza y el abatimiento personal. Que nos dote de empuje ante los avatares de la vida y sus complejidades intrínsecas. Con la energía física del desarrollo y crecimiento personal (con nuestros problemas, grandezas y miserias). Que busque el aliento que nos reconforte frente a las decisiones del día a día; dotándonos de la voluntad necesaria ante la toma de decisiones con un espíritu de lucha contra la desmoralización, las decepciones y la tristeza de los malos momentos. Es aquel cambio de estructura mental que nos haga renacer en la lucha al derrotismo con el estimulo vital que desprecia el desaliento, el desanimo y la pena que va acompañada de sus tristezas, desgracias y desdichas. Con la confianza de ver la realidad de las cosas desde su perspectiva efectiva más útil que nos aporte seguridad y aplomo en los momentos más adversos. Pero siempre desde la naturalidad y el empuje para enfrentarse a cualquier altibajo de la vida. Donde todos los escollos sean defendidos con el empuje y el aliento ante cualquier tropiezo o disyuntiva que tengamos que enfrentarnos. Sabiendo que la apuesta por el optimismo siempre lleva consigo lo mejor para nuestros intereses. Un optimismo como comportamiento que reafirme las convicciones ante los apuros y los dilemas de la vida como auténtica disposición emocional. Y en que las intenciones y los deseos no sólo queden reducidos al azar, sino también a nuestra visión en la actuación y conducta de cualquier hecho que nos concierna desde su vertiente más favorable. Aquella que nos implica en la mejora continua y el avance personal de crecimiento humano. Con un optimismo de vida que nos haga vencer los miedos internos, la angustia y los sentimientos de desconfianza. Es la mejor forma de enfrentarse a lo desconocido ante aquello que ignoramos y que se convierte en incógnita. Con todos sus enigmas que comportan a veces situaciones incomprensibles, pero que nos hacen madurar y enriquecernos internamente. Es un paso de progreso, evolución y encuentro personal de nuestra intimidad. Una forma de ver la vida no solo desde el lado más oscuro, incierto y pesimista, sino aquel que nos despeja las sombras para cambiar nuestro propio mundo. En el que el presente no quede solo relegado a una pesadumbre, aflicción o tristeza (somos dueños y libres de elegir el camino en que guiarnos). Por tal motivo, no hagamos de caminos con tropiezos caídas que nos hagan no poder levantarnos. Al revés, sigamos luchando con brega y firmeza por lo que creemos, ansiamos y deseamos. Es nuestro optimismo, la mejor motivación ante el desencanto y las dificultades para ver la luz en la oscuridad y la alegría frente al desconsuelo que suframos. Un camino de posibilidades y oportunidades de la vida para no renunciar a ella y seguir creyendo en nosotros mismos con ilusión y esperanza. Es la personificación del optimismo en primera persona. Aprovechémoslo y vayamos en su encuentro.

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El líder colaborativo

Para lograr los objetivos o metas de cualquier empresa, colectivo u organización se necesita la figura de un guía que comande, gestione y dirija su capital humano. Es decir, un líder que apoye y contribuya desde su talento y disposición a potenciar lo mejor de sus equipos humanos. Nos encontramos ante la estampa del líder colaborativo. Aquel que arrima el hombro y tiende la mano para sacar el mejor provecho de su gente.
Si el capital humano de toda organización es la base y sustento de todo grupo o equipo, el líder colaborativo ha de ser la figura de contribución y complemento. Una suma de esfuerzos de esa cadena humana que busca unos fines iguales.
El líder colaborativo no solo es un consejero de mejora y cambio en cualquier organización o empresa. Es potenciador de talento de su grupo. Que aprovecha al máximo la inteligencia y las facultades que tienen, pero al mismo tiempo sabe contribuir y sumar valor al grupo.
Los equipos humanos necesitan clarividencia para saber desarrollar las estrategias, planes y fines a conseguir. Y es así, de la misma manera que el líder colaborativo ha de ser asesor, saber orientar y hacer de guía en forma de brújula que encamine, dirija y conduzca hacia el buen camino a su grupo ante posibles errores y decisiones equivocadas.
En cualquier actuación o dirección de una organización o colectivo, el líder colaborativo, no solo ha de ser imagen de poder y autoridad. El poder y la autoridad que ejerza han de ser influencia de confianza. Una confianza que genere seguridad, decisión y determinación en lo equipos humanos que dirija. Todo ello, con una voluntad de tenacidad, perseverancia y tesón ante las metas y propósitos colectivos a conseguir.
En tiempos de cambios, y más aún, cuando el capital humano es el mejor patrimonio de cualquier empresa u organización. La figura del líder colaborativo no ha de quedar en un simple motivador de influencias que incentiva a su grupo humano como guía o consejero. Si fuera así, su figura quedaría en un simple gestor que administra tareas y gestiona procesos. Un administrador de control, vigilancia y guarda.
Las empresas u organizaciones necesitan un líder colaborativo que eche una mano a su equipo, sea protector y no abandone a su equipo, ni se desentienda de este.
Las metas colectivas deban y encaminarse y conducir con guías de visión clara que dirijan y orienten con enfoques nítidos que no nos desorienten ante las metas a conseguir. No valen los guías miopes que basan solo su poder y autoridad en la fuerza del ordeno y mando. Al revés, han de ser consejeros que apoyen y aporten talento con capacidad de influencia y mejora personal humana.
Si ante tiempos nuevos, las empresas, colectivos u organizaciones necesitan de recetas nuevas en la gestión y dirección de sus equipos humanos. A la vez necesitan de mentores que hagan de asesores y sirvan de refuerzo de su equipos. Y no solo como potenciador de habilidades grupales, sino también como estimulo en el desarrollo y crecimiento personal de los mismos.
El líder colaborativo es aquel que echa un cable y ayuda en los malos momentos a su grupo humano. Que los estimula, alienta y anima ante situaciones difíciles. Que no solo manda y ordena para obedecer. Y que tiene la capacidad de colaborar, ir a una, y participar como uno más en los problemas y dificultades del grupo.
El líder colaborativo en toda organización es un influenciador nato, pero si la influencia en los equipos humanos no se canaliza en la forma adecuada, solo generara ambientes tóxicos, desmotivación y pérdida de productividad.
La productividad de una empresa no sólo depende de la eficiencia en el trabajo, sino también en el estado anímico de quien trabaja.
En toda empresa, un líder colaborativo ha de ser un complemento, un apéndice de su grupo humano. Una prolongación y suma de esfuerzos que desarrollan vínculos comunes y positivos. Alejando influencias negativas que reducen al grupo a comportamientos erráticos que solo conducen a la apatía de los equipos humanos con sus consecuencias negativas.
El líder colaborativo ha de ser un plus de su equipo humano. Aquel que fomenta la unión y es nexo de vínculos y objetivos comunes. Que sabe conexionar a su gente sabiendo coordinarse con armonía e integrarse con ellos. Y que si ha de echar un capote de ayuda lo echa, enlazando y colaborando en la suma de esfuerzos, ilusiones conjuntas y metas comunes.
El talento en general no solo es inteligencia y competencia como facultad de capacidad. También es colaboración mutua, apoyo y unión conjunta del capital humano. Son eslabones de una cadena que se entrelazan y retroalimentan, teniendo un denominador común, la búsqueda de un mismo objetivo por parte de su equipo humano que tiene como capitán un líder. Un líder colaborativo que sabe estar, que no abandona a su equipo, que no entorpece, ni dificulta la capacidad, la inteligencia y el talento de su gente. Es un líder que suma y contribuye a conseguir los objetivos a las empresas y organizaciones haciéndolas mejores y más humanas. Uno más del equipo.

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