El valor de la palabra dada

En nuestra sociedad actual hay valores personales que parecen estar en desuso y virtudes que se asemejan a verdaderas antiguallas. Términos como: compromiso, transparencia e integridad son difíciles de darles el valor que se merecen.
En cualquier ser humano, las virtudes personales y los principios son fundamentales a modo de integridad propia y credibilidad ante los demás.
En las relaciones humanas, el juicio que tengamos de las personas que nos rodean marcan la opinión, el trato y el criterio que nos hemos formado. Mientras que la relación directa que mantengamos serán su propia credibilidad que puede quedar en entredicho.
Ante la vida cualquier estado de confianza personal que mantenemos tiene una prueba de fuego en la confianza mutua. En ella radica: “el valor de la palabra dada”.
La seriedad en la palabra dada que trasmite una persona con compromiso y rectitud en cualquier faceta o relación es una muestra de equidad e integridad. La integridad a nivel personal es un valor de transparencia necesaria en toda relación humana a modo de garantía y confianza frente a todo vinculo, actividad o cometido.
La responsabilidad ejercida por cualquier individuo en toda ocupación, tarea o trabajo es una garantía en las determinaciones y decisiones que se lleven a cabo. Es la palabra dada en forma de aval, rigor y crédito.
La confianza que depositamos en alguien siempre viene precedida por la transparencia que nos transmita y las rectitud que realice en sus actuaciones cotidianas.
La integridad siempre es un fin a transmitir que conllevan unos valores y principios como virtud de franqueza, claridad y crédito personal.
El valor de la palabra dada es algo más que un compromiso, es la honestidad de la misma persona en sí misma con su autenticidad consustancial y su integridad ética.
La dignidad siempre es un aspecto de capacidad y aptitud en las obligaciones y responsabilidades que se ejerzan.
Creer en alguien es creer en algo más que en la persona, es creer en las convicciones que transmita la transparencia que practique y la valía que tenga.
Cualquier fin necesita unos valores de integridad para luchar por ellos y una ética para poder alcanzarlos. Es la suma de los meritos y las capacidades como valor personal e imparcialidad en las acciones que desarrollemos.
La ética siempre es una virtud de fuerza en los principios, merito en los valores y motivo para todo fin que busque la honestidad y la integridad de la persona. Es la palabra dada en forma de acción y su valor como garantía de compromiso.
No hay deber que no requiera una obligación. Una firmeza de actuación y una determinación de compromiso y palabra dada.
En la toma de decisiones, la franqueza que se transmita es la confianza que depositan en nosotros y la transparencia como señal de credibilidad y creencia.
Toda finalidad que se busque en una actividad o quehacer, tiene una perspectiva a tener en cuenta, pero también necesita de unos valores de honradez y ética como aliados para que lleguen a buen fin.
El valor de la palabra dada es transparencia cuando tiene crédito y credibilidad, cuando creen y confían en nosotros, cuando las decisiones se toman con franqueza y la honradez es una virtud de ética, rectitud e integridad personal.
Hagamos que crean en nosotros desde la palabra dada. Aquella que nace de la honestidad como entereza moral insobornable, y que viene dada desde el deber del compromiso.
Seamos capaces de reflexionar para ver que la integridad y la autenticidad en las actuaciones y toma de decisiones que tomemos sean la mejor prueba de nuestra palabra dada como concepto individual de probidad.
Si la integridad, rectitud y generosidad son cualidades humanas que reflejan el valor en la conducta y el comportamiento de cualquier ser humano. Hagamos de este exponente el mejor aliado frente a cualquier situación o circunstancia.
Si es así, estaremos ante el valor de la palabra dada en estado puro. Es nuestra carta de presentación de confianza ante nosotros y los demás. No la malgastemos.

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No hay realidad sin perspectiva

La mirada de lo que nos acontece en la vida ante cualquier situación, estado o circunstancia, determina al ser humano su punto de vista tanto a nivel de pensamiento, opinión y forma de sentir.
Es aquella percepción de la realidad desde el conocimiento tangible y la certeza de lo ya existente. Una comprensión intrínseca por medio de la razón y su esencia innata con caracteres y vínculos establecidos.
Ya que todo lo que “es o está” va relacionado con cualquier acción, disposición o cuestión. Las personas hacemos unos razonamientos y análisis desde un prisma conceptual particular de criterio y juicio. Ante ello estamos poniendo de manifiesto que no hay “realidad sin perspectiva”.
Una condición humana que a través de la tarea de sus actuaciones siempre buscan expectativas en la labor y consecución de sus logros y metas.
Es a partir de la veracidad de sus creencias y su visión de las cosas como van transmitiendo la certidumbre tal cual es, sin cortapisas ni obstáculos. Un verdadero camino de emprendimiento para conseguir una visualización de autenticidad.
Nuestra existencia natural conlleva la sinceridad en su plena expansión y mejor forma de aportación ante cualquier punto de vista diferente por medio de sus variados prismas de expresión, percepción y entendimiento.
Estamos viendo que en el paisaje de la vida, la verdad nos contribuye a adquirir una óptica que nos acerca más a la realidad mediante sus distintas perspectivas y aspectos de ver las cosas. Una vista más imparcial de justicia y objetividad que nos traslada a un ángulo de percepción como suceso tangible.
Es la evidencia manifiesta tal como es, plasmada en el horizonte más fiable y creíble como efectiva cualidad de mirada humana sobre la vida y su valor consustancial.
Una apariencia de representación que nos abre a un abanico de posibilidades y facetas a desarrollar que se encaminan en el encuentro del significado de las cosas a partir de su dimensión más cercana que dotan de sentido a lo que vemos y percibimos.
Hay que partir de la base de que “las cosas son como son”, e inquirir en la focalización de la perspectiva nos aproxima mejor al conocimiento desde sus múltiples expresiones en su estado existencial y natural.
Toda certeza visible tiene la validez de la mirada con sus imágenes, sensaciones e impresiones que dan un aspecto movible en función de sus modificables aspectos. En un tratamiento de lo que nos concierne, y que adquiere un valor relativo fruto de la óptica que impregna el prisma de nuestro parecer. Una clave necesaria que requiere de todos los elementos que lo doten del juicio relativo en sus vertientes, facetas y formas de considerar las cosas a partir de sus diferencias heterogéneas. Aquellos rasgos, características y circunstancias que nos aproximan ante horizontes y panorámicas con nuevas escenas que se ajusten tal cual son. Unas acciones que requieren de una capacidad racional humana especifica, sin obviar la complejidad del entendimiento y la mirada propia.
Bien es sabido que la visión (comprensión del entorno) particular o modo de considerar un asunto o aspecto puede ser valorado de forma contrastada por los individuos, también es primordial que la imagen que tengamos para su enjuiciamiento no distorsione su significado real y su nitidez con toda su claridad, independientemente de un plano analítico que conforman las maneras y modos de interpretar las realidades desde cualquier perspectiva. Una expresión en estado puro de una concepción de la realidad por medio de un modo personal propio y subjetivo acorde a nuestra apreciación y óptica determinada.
Después de haber hecho un análisis detallado ante las cualidades y características de la realidad y su perspectiva, podemos extraer una conclusión inequívoca de valoración y conclusión siguiente:
Si una misma realidad se puede ver y contemplar desde perspectivas diferentes, sus diferentes enfoques nos acercan a la realidad desde su panorámica más real. Aquella que nos obliga a un ejercicio de acción que busque la verdad desde el “todo” y no solo desde la “parte”. De esta manera nos acercaremos a la realidad desde una perspectiva más próxima y autentica.
La perspectiva en la vida nos acerca más a la realidad en su conjunto, mientras que la realidad sin perspectiva nos aleja más de ella.

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Yo también soy un perdedor

En muchas ocasiones en la vida, cualquier ser humano, en sus reflexiones más trascendentales ha reflexionado sobre su existencia en el mundo. En estas, se visualiza a través de los logros que ha conseguido, en su gran mayoría tangibles. En esa reflexión mental de pensamientos, esa persona visualiza que no ha conseguido adquirir grandes recursos materiales ni grandes riquezas o metas como símbolo de victoria en el transcurso de su vida. Por ello, el ser humano tiende a pensar para si que es un perdedor. Para hacer una afirmación tan categórica y significativa como decir “soy un perdedor”. Para poder hacer una realización de juicios tan taxativos como los que se están expresando cabe hacer un estudio y análisis sobre el concepto de perder. Para ello, surgen distintas cuestiones que ayudan a la elaboración de una definición clara. ¿Perder es no ganar?
¿Acaso una persona no puede ganar en una pérdida? ¿Una persona que pierde, acaso no ha aprendido a través de sus errores, que elecciones o caminos debería haber tomado? Para responder a todas estas cuestiones hay que ir al origen y etimología de la palabra en cuestión. El término perdedor está formado por raíces latinas, las cuales quieren decir “el que deja de tener”. Su prefijo es “per” (por completo), “dare” (dar) y “dor” (individuo que realiza la acción). Este concepto ha ido evolucionando en el tiempo, pero la esencia es la misma.
Se considera perdedor aquél que no tiene, que ha perdido algo o que abandona en una situación determinada. Las personas que arriesgan, que tienen sueños, que fracasan y que lo intentan son perdedores. La educación y la sociedad en su conjunto están enfocadas en castigar el error y premiar en el acierto. Esto, lo que provoca son seres sin ambición de prosperar, de ser mejores, de superarse, estableciéndose así en nuestro modus vivendi. En el mundo en el que vivimos hoy en día no hay término medio como manifestaba Aristóteles. Hay ganadores y vencidos, nada más. No hay aquél que lucha por un sueño o que persigue una meta y es admirado. Hay aquél que con su más o menos esfuerzo alcanza un objetivo. ¿Qué hay de aquél que lucha, que cae, que erra, que no consigue su objetivo? ¿Acaso el camino al éxito no está pavimentado de fracasos?
Aquellas personas que no lo intentan, que tienen miedo al qué dirán o que prefieren su zona de confort, son los perdedores. Aquellos que no tienen una mínima esperanza de autosuperación, disciplina y persistencia, son los perdedores. Aquellos que juzgan y sentencian a personas que quieren ser mejores, que quieren dar su mejor versión, son los perdedores. ¿Acaso no es más valiente, gentil y noble haber luchado por unas inquietudes y unos objetivos, que jamás haberlo intentado? ¿Acaso no es más respetuoso hacia el propio individuo, haberse dicho a si mismo que sí podía? ¿Acaso no es una ofensa hacia la propia persona el mandarse mensajes limitantes, de no salir de su zona de control y de creer que nunca va a ser lo que quiere ser?
Las personas que trabajan, que luchan por una vida digna, que son constantes, que tienen una visión en el largo plazo, que son honestas y nobles y que superan las desventuras e infortunios que esta vida nos ofrece y no consiguen sus metas, retos e ilusiones: ¿se pueden considerar perdedores? Yo creo que no, pero si esos son los perdedores, yo también soy un perdedor.

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Los desafíos a emprender como avance y transformación personal

Todas las personas alguna vez en la vida nos hemos puesto a prueba ante cualquier reto o desafío personal.
¿Quién no se ha marcado objetivos o metas a conseguir? ¿Tenemos miedo a emprender nuevos desafíos? ¿Hemos apostado por nuestras capacidades o por el contrario hemos dudado de ellas?
Los desafíos siempre son retos y oportunidades para crecer y progresar ante nosotros mismos sorteando los conflictos y las incomodidades. No obstante, también son momentos oportunos para avivarnos y saber aprovecharlos.
Avanzar como apuesta personal siempre es una manera de desarrollarse a nivel humano, tanto a nivel de competencias como en nuestras suficiencias a mejorar.
Toda renovación personal necesita de promover nuevas iniciativas e inquietudes a modo de acicate y cambio ante los retos y objetivos marcados.
Emprender es empezar a crear desde el saber, la aptitud y la disposición en la búsqueda de nuevas oportunidades y enfoques de actuación.
Cualquier cambio es una conversión interna y propia. Una reforma ante lo viejo y desconocido en la búsqueda de un nuevo crecimiento personal. Es un proceso de adaptación natural íntimo ante nuevos avatares a perseguir y conseguir. Un adelanto ante la quietud y el inmovilismo que nos aleja de la creatividad como verdadera metamorfosis propia del espíritu. Aquella que nos desarrolla, evoluciona y progresa a nivel personal y humano.
No podemos progresar como seres humanos sin desarrollarnos internamente a nivel personal desde nuestro potencial del talento y desarrollo en nuestras habilidades y competencias.
Los desafíos son retos para ponernos a prueba a través de una conducta de actuación positiva; un talante proactivo y una disposición clara y manifiesta por unos objetivos claros y concretos sin dudas ni vacilaciones que nos perturben su consecución.
No hay meta que no necesite de un intento claro para alcanzarla ni expresarla con la facultad y la disposición para ejecutarla sabiendo afrontar los inconvenientes y las contrariedades que se puedan presentar. Son trabas a vencer, obstáculos a superar que requieren de la energía, el arrojo y la valentía para afrontarlos.
La decisión, el vigor y la fuerza ante los desafíos son parte del éxito para alcanzarlos. Un empuje del ánimo que nos dota de la fortaleza y de la eficacia en las decisiones a tomar. Sin vacilaciones ante las incertidumbres, dudas o titubeos que se nos puedan presentar.
Los retos y las metas que se desean alcanzar siempre son aliados de la perseverancia en las acciones a realizar, iniciar o llevar a cabo. Es el tesón de la tenacidad la que nos pone a prueba ante las dificultades. Es un compromiso consustancial de profilaxis y protección frente a las dificultades, inconvenientes o frenos.
En ese avance de mejora y maduración, el crecimiento personal es un pilar fundamental de impulso ante las pruebas que nos marquemos.
Cuando emprendemos es siempre una tarea complicada y difícil en que nos lanzamos a lo desconocido, sin embargo es una aventura apasionante de compromiso de gratificación que nos reconforta el espíritu. Un aliento que fortalece nuestras actuaciones y que nos hace avanzar.
Toda mejora de creencia propia y avance en nuestras convicciones y creencias siempre es un reto, una apuesta, un triunfo y una ilusión frente al inmovilismo, la resistencia y el cambio.
La inacción nos aleja de la creatividad, la inventiva y la imaginación desde cualquier parcela o ámbito emprendido.
Busquemos en los retos a afrontar, el desarrollo y la renovación del espíritu como aliento de vida.
Apostemos por nosotros mismos sin miedos ni titubeos y empecemos a crecer a nivel personal como mejor camino de avance y progreso ante los desafíos a emprender.

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Sé tu propio acicate personal

En el caminar de la vida, el ser humano tiene que vivir experiencias, tomar determinaciones y decisiones que influyen en su quehacer diario. Situaciones positivas o negativas que necesitan del aplomo personal para encararlas, vivirlas y darles la respuesta adecuada.
Unas veces nuestra influencia es fundamental, y otras no dependen de nosotros mismos, sino del destino, viniendo prefijadas y que no dependen de nuestra actuación o resolución (suerte, destino, salud, trabajo). Pero todas ellas tienen un denominador común: saber hacerles frente de la mejor manera para que no nos influyan en primera persona.
Todas las decisiones que emprendamos requieren de un estimulo vital a fin de poder abordarlas de la forma más conveniente y sobrellevarlas de la mejor manera posible. Una motivación con el propósito de lucha cuando sea necesario, y un impulso en función de la respuesta que les demos.
Debemos tener una voluntad firme con el objetivo de enfrentarnos a las vicisitudes de la vida, utilizando la razón como mejor arma de decisión y respuesta.
El ánimo ensalzado es básico cuando los obstáculos aparezcan para poder solventarlos y superarlos frente a las debilidades del espíritu.
El espíritu positivo siempre será el mejor aliado ante los altibajos que se nos presenten. Por tal motivo, necesitamos del empuje y la energía como fundamento de incentivo.
La energía siempre es un brío respecto a los contratiempos inesperados y avatares cotidianos a modo de fortaleza humana.
Cualquier motivo o reto que conlleve tropiezos deben ser portadores de nervio ante los frenos que nos impidan conseguirlos.
Los desafíos de la vida deben ir acompañados del tesón para enfrentarse a ellos en las mejores condiciones de solución y conquista.
Las dificultades siempre se han de combatir con el valor del coraje para poder vencerlas sin miedos ni vacilaciones y con la calma y el sosiego que requieran. Pero también con la determinación de plantarles cara y no caer en la resignación al no poder superarlas.
Los tropiezos que tengamos han de ser una fortaleza de coraje para resistir sus envites y poder hacerles frente.
No caigamos en la decepción de las metas inalcanzadas, al revés, veámoslas como un coraje e iniciativa de inconformismo y capacidad de emprender. Una actitud de compromiso y responsabilidad como autentico valor positivo de ímpetu personal.
Hemos de asumir las contradicciones propias ante los hechos nuevos que se nos presenten, que nos hagan cambiar de opinión o enfoque como muestra de evolución y cambio personal humano.
No convirtamos las preocupaciones en estados de desazón y perturbación por complejos que sean. Hagamos de los problemas, experiencias que nos curtan para no caer en baches de desanimo y tristeza.
Todos los escollos que surgen en la vida, siempre son frenos y bloqueos, pero enfrentémonos a ellos con espíritu positivo para vencerlos.
Desterremos la desilusión y el desencanto de los fracasos como terapia del ánimo. Y no hagamos de la frustración, una rémora de hastío y tedio.
Hagamos de nosotros, el mejor parapeto ante las dudas, dilemas y conflictos de la vida con sus complicaciones y adversidades (sean las que sean) que siempre requieren empuje y ánimo para contrarrestarlas de la manera más acertada.
No permitamos que los impedimentos sean trabas de preocupación y pesar ante las complejidades de la vida.
Nuestra determinación ha de ser el mejor valor de firmeza y arrojo. En consecuencia nos podemos hacer la siguiente reflexión ante los enigmas, retos de la vida y sus misterios por descubrir y vivir: si de ti depende a que esperas. “Sé tu propio acicate personal “.
Tú decides.

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Aprender a vivir

La vida no es sólo acostumbrarse a ver pasar los momentos que se van produciendo a modo de espectador, sino también en observar y aprovechar las circunstancias que vivimos en determinados momentos de nuestra existencia en primera persona. Si como seres humanos todo en la vida gira alrededor nuestro, nos podríamos preguntar: ¿sabemos vivir la vida? ¿Disfrutamos de los momentos que vivimos? ¿Nos adaptamos a las circunstancias que se nos presentan?
Vivir es sentir en toda su profundidad los sentidos, teniéndolos a flor de piel y disfrutar de ellos para percibir la vida desde la recepción y reconocimiento de los estímulos. Es una forma de oír y palpitar las sensaciones desde el ánimo.
Aprender a vivir es comportarse para reafirmarnos y aprovechar lo mejor que tenemos en nuestro ser. Es vivir la emoción de las pequeñas cosas que nos pasan (sentimientos, sueños, alegrías, vivencias, recuerdos). Es la intensidad plena de los momentos puesta en práctica.
Vivir el presente sin recelos ni miedos del pasado es aprovechar la vida desde lo mejor que nos ofrece.
El presente y el ahora son motores que nos hacen caminar y no pararnos ante situaciones difíciles que tengamos que resolver.
Experimentar sensaciones, sentimientos y afectos son estados de deseo, anhelos y ambiciones humanas que debemos disfrutar.
La ambición sana y el amor en toda su intensidad es saber aprovechar la estima que ofrezcamos desde el afecto y el cariño hacia nosotros y los demás.
Aprovechemos los momentos de bienestar, de comodidad y dicha para crear nuestra propia zona de confort que nos dote del sosiego, la calma y el estado armónico (tanto a nivel físico y mental).
La placidez y la comodidad que sintamos son una forma de encontrarnos a nosotros mismos sin miedos ni temores. Es nuestra intimidad personal y la satisfacción de la paz interior.
Vayamos en la búsqueda de nuestro encuentro intimo que nos hace descubrir nuestros anhelos, ansias y ambiciones; observando el mundo desde sus maravillas, contradicciones y misterios.
Aprender a vivir es el motor que nos ha de hacer avanzar y despertar lo mejor que llevamos dentro. Aquellas aspiraciones que queremos conseguir y el bienestar que deseamos sentir.
Tenemos que descubrir lo mejor de nosotros, nuestro propio agrado (aquel que tanto se necesita) que es vital para descubrirnos como personas y seres humanos.
Un orgullo a conseguir es poder sentir el deseo, la felicidad y la calma. Verdadera y auténtica sensación de gozo, vitalidad y energía que nos produce el bienestar ante las sensaciones que forman parte de nuestra vida.
Vivamos y disfrutemos los momentos del ahora. Esperando que el presente nos acomode en la percepción de los sentidos, desde el afecto, el amor y el cariño.
La placidez en la búsqueda de los anhelos, las sensaciones percibidas y el encuentro de nuestra identidad han de ser el motor de la existencia que nos reafirme y nos haga sentir la vida.
Seamos la energía que nos dote del bienestar y las ganas de sentir amor y sentimientos. Primorosa sensación de los sentidos que nos hacen disfrutar, gozar y vivir.
No dejemos de perder las emociones del afecto en cualquier momento o situación de nuestra vida.
Apreciemos el presente y el ahora como una oportunidad de percibir y disfrutar el encanto de lo bueno que nos rodea.
Vivir los momentos es disfrutar de los sentidos, las emociones y los deseos. Es la satisfacción de nuestra existencia; el sentir y el disfrutar de la vida.
Si el presente es el momento, el ahora eres tú. Aprovéchalo.
Aprende a vivir.

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Los fracasos no han de ser experiencias negativas

Al emprender cualquier meta, propósito u objetivo siempre sabemos que pueden tener o un desenlace adecuado a nuestras expectativas, o por el contrario un final negativo. Cuando el resultado es satisfactorio nos invade un sentimiento de alegría, goce personal y realización propia. Al contrario de cuando el resultado no es el esperado, donde sufrimos un estado de insatisfacción, tristeza y frustración. Es decir, el sentido del fracaso visto en persona.
Ante la visión o concepto en la forma de ver las cosas ante una decepción es necesario el saber valorar la perspectiva real con sus circunstancias, expectativas y enfoques diferentes.
Las metas son propósitos que buscan una finalidad determinada. Unas veces pueden ser acertadas y asumibles, y otra veces pueden verse no culminadas, independientemente de los motivos, causas o circunstancias hemos de ver que la no culminación de un objetivo nunca se ha de considerar como un fracaso o mala experiencia.
Todo reto siempre es una experimentación propia de mejora, progreso y desarrollo personal. Una necesidad de apuesta con nosotros mismos, y una fortaleza de avance para afrontar un desafío.
Cualquier meta o ambición inalcanzada no ha de considerarse un fallo, una debilidad o un fracaso. Los fracasos también son fortalezas a mejorar, y una fuerza para sobreponernos, progresar y evitar las ideas negativas. Es el momento en que el ánimo y la energía han de formar parte de nosotros a modo de aliado para no caer en el derrumbe personal.
Siempre debemos de tener la motivación como acicate para levantarnos ante los reveses que se nos presenten. Sabiendo abordarlos de la forma más positiva y desde su perspectiva más objetiva.
Afrontar y encauzar los fracasos es evolucionar y crecerse a nivel humano como forma de superación y cambio. Ante los fracasos hay que saber aceptarse tal cual somos, con nuestras fortalezas y debilidades sin miedo ni frustración.
Frente a alguna situación con desenlace negativo es necesario seguir avanzando, rebelándonos con el propósito de mejorar y progresar. Una superación que no vaya sólo desde el darse por vencido, sino al revés, desde el sentido de la resistencia para plantar cara y reconocer los errores y las equivocaciones a modo de avance y progreso.
Las experiencias ante los fracasos siempre han de ser lecciones aprendidas positivas para analizar nuestros errores, fallos y debilidades. Son experiencias que nos han de servir para aceptarnos mejor a nosotros mismos. Para ver los desaciertos desde una visión diferente pero no adversa ni desfavorable que conlleve pesimismo y negatividad.
Nuestros desaciertos han de hacernos poder evolucionar y cambiar el talante en nuestros procederes con una predisposición de voluntad y ganas.
No darse por vencido es el primer paso de resistencia ante el inmovilismo para seguir creciendo, evolucionar y mantener la fortaleza y el aliento para emprender nuevas metas.
Encarar de una forma adecuada los fracasos es saber abordar el presente con visión de futuro.
Nuevos enfoques, nuevas perspectivas para ver las cosas desde la experiencia de los hechos y la experimentación ante los propósitos inalcanzados. La aceptación sin complejos ante las derrotas o desilusiones siempre es una oportunidad para mejorar desde una visión positiva que nos haga afrontar nuevos retos con más experiencia y con nuevos enfoques ante diferentes circunstancias que puedan surgir para poder dar respuestas distintas.
Abandonemos el lastre de la frustración y los errores por un cambio real y personal teniendo una actitud positiva de superación. Y aprovechemos el valor del progreso personal como una motivación de avance, resistencia ante las dificultades y apertura a nuevas posibilidades.
Los fracasos han de verse como nuevas ocasiones para emprender, y las experiencias negativas como nuevas oportunidades de mejora y cambio.
Cambiemos el enfoque.

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El esfuerzo, fuente de valor y determinación ante los objetivos a conseguir

Todos los seres humanos para conseguir un objetivo o meta necesitan del esfuerzo para poder luchar, acometerlo y ser capaz de alcanzarlo. En consecuencia, el esfuerzo es un sacrificio de valor y ánimo imprescindible como estímulo para tomar decisiones en los propósitos a conseguir.
El empeño personal ha de ser una razón de ser a modo de coraje y empuje ante las aspiraciones que se deseen obtener.
El ánimo y la tenacidad han de tener el tesón y la perseverancia en forma de eficacia en las decisiones que se tomen y los propósitos que se busquen.
No hay esfuerzo que no precise de arrojo y coraje propio ante las disposiciones que se realicen y el compromiso en que se asuman.
Veamos en la voluntad un sacrificio de capacidad e iniciativa frente a los objetivos y metas que nos tracemos.
El valor y la determinación en los objetivos a conseguir requieren de pasión, ahínco y perseverancia en las decisiones a tomar y los propósitos a lograr.
El esfuerzo siempre es un principio de merito y capacidad de coraje en todas las pretensiones que se intenten materializar.
Todo proceso tiene un porqué como razón de ser y un motivo de esfuerzo que nos dota de la capacidad y la iniciativa para encarar los objetivos con determinación y decisión.
Mantengamos el ánimo con arrojo y coraje manteniendo la voluntad y la tenacidad del empeño frente a los deseos y anhelos que persigamos.
No hay deseo que no tenga una pretensión y un propósito a seguir. Aquel designio de empeño y voluntad ante las determinaciones que busca un fin, objetivo o meta a alcanzar.
Las determinaciones requieren de decisión y arrojo personal como valor y merito a modo de virtud en la consecución de cualquier meta o finalidad.
No hay propósito sin voluntad ni determinación para emprenderlo que no necesite del deseo y la fortaleza personal para llevarlo a cabo ante cualquier idea, plan u objetivo marcado. Una finalidad de culminación e ilusión que busque el motivo e intención como propósito y meta.
Si el esfuerzo es una fuente de valor y determinación en los objetivos a conseguir. El ahínco personal ha de buscar la eficacia y la firmeza de nuestras acciones con empeño y tesón que nos dote de la perseverancia y tenacidad como determinación en las decisiones que tomemos y los objetivos que deseemos lograr.
No hagamos de la voluntad personal una simple intención de anhelo y ganas en las intenciones que nos propongamos. Hagamos de ella una ambición por lograr un ansia de deseo y una aspiración de esperanza. Aquella esperanza que nos aporte confianza y crédito personal en nosotros mismos. Una verdadera seguridad y certidumbre que nos contribuya a ver la mejor perspectiva de las cosas con ilusión y optimismo en las decisiones que adoptemos y los objetivos que iniciemos.
La determinación en las aspiraciones que tengamos y busquemos lograr requerirán de la voluntad de decisión y el valor del esfuerzo como afán y aspiración a seguir y pretensión a alcanzar.
La virtud del esfuerzo requiere del sacrificio y el ánimo como energía y fuerza que nos genere empuje y carácter frente a las dudas e incertidumbres que nos acechen. Aquellas situaciones que nos producen inseguridad e inquietud en las decisiones a tomar y propósitos de ambición y meta a conseguir.
Ya que toda meta busca una finalidad e intención, aprovechemos nuestras capacidades y aptitudes para mejor aprovechar el talento y las competencias que tengamos a modo de garantía, valía y merito que nos acerquen más a las metas y finalidades que pretendamos.
No hay mejor forma de desear y ambicionar una meta que desde el talento y el esfuerzo. Aquel que nos proporcione impulso y ánimo para seguir y razón e inteligencia como capacidad y motivo de triunfo y éxito.
El esfuerzo nunca es un sacrificio en vano ya que es la determinación del valor y la voluntad como decisión para poder conseguir las metas, ambiciones y objetivos emprendidos.
Aprovechémoslo como fuerza, poder y eficacia de triunfo personal a conseguir.
Es nuestra tarea y ambición a lograr.

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Desarrollo personal, cambio, crecimiento y evolución humana

El ser humano como ser social y natural, transita en un entorno de grupo relacional dentro de la sociedad que vive.
A nivel personal, todo ser humano se encuentra en una evolución, cambio y crecimiento constante durante su vida, tanto en la situación que le envuelva o actividad que profese (laboral, personal, social).
El ser humano a través de la maduración personal interna busca un camino de progreso. Una conversión propia que es base, fundamento y su razón de ser.
No hay crecimiento sin evolución, ni cambio que no conlleve un desarrollo personal en cualquier situación, momento o trance que vivamos. Es nuestra formación como personas la que nos lleva a la maduración de nuestro ser más profundo. Un aumento de creencia en nuestras posibilidades que nos lleva al aprendizaje de nuestro “yo” más personal. Es un proceso de desarrollo en curso a modo de tratamiento y gestión de cambio y conversión de como somos.
Toda evolución humana siempre es una alteración personal, con sus dudas e incertidumbres. Una forma de ver y enfocar las cosas desde un prisma y perspectiva más real. Aquella que desde el porqué, busca la razón, el cambio y el avance. Es un cambio y crecimiento humano que desde el desarrollo personal nos hace evolucionar, avanzar y mejorar.
En cualquier persona humana, el desarrollo personal es una experiencia positiva que nos cambia el rumbo, y nos aporta un proceso nuevo de catarsis personal. Una manera de ser, un camino a seguir y un curso de vida por desarrollar.
Nuestra formación humana en la vida es una experiencia a desarrollar y un crecimiento personal constante en todos los ámbitos que profesamos.
La evolución humana siempre conlleva una alteración personal, una transformación de mejora, y una gestión de la experiencia que nos hace mejores.
Busquemos desde el desarrollo personal, un progreso de maduración y perfeccionamiento propio como conversión y aprendizaje.
El desarrollo personal es una formación humana de crecimiento y enriquecimiento natural que nos hace progresar, y nos dota de una evolución y experiencia hacia metas nuevas. Un medio de cambio, un proceso evolutivo de transformación y progreso. Un cambio que va más allá de un simple conocimiento. Es nuestro crecimiento existencial que nos provee de impulso y progreso en nuestras labores cotidianas, colectivas y personales.
No hay desarrollo personal sin una formación en valores y principios que conforman nuestro carácter, personalidad e idiosincrasia propia. Un desarrollo de aprendizaje en formación y asimilación de lo vivido. Aquel que nos hace cambiar y busca nuestra evolución más personal. Que progresa y nos lleva al avance y transformación en toda gestión, causa o proceso que acometemos.
Hagamos de nuestras vivencias, causas de aprendizaje y cambios que nos alejen de comportamientos erráticos y visiones miopes. Al revés, veamos en el cambio personal un intercambio de visiones diferentes y nuevas realidades. Aquellas que nos corrigen nuestros errores y sean permutas de nuevas ideas. Una verdadera mudanza de la zona de confort hacia nuevos conocimientos de asimilación, transformación y vivencias nuevas.
Hagamos de nuestro desarrollo personal un elemento de conocimiento mejor de nosotros mismos, con nuestras fortalezas y debilidades, con nuestra luces y sombras, pero con la energía del ánimo en ser mejores. Una resistencia que nos de aliento y se convierta en un baluarte para valorarnos mejor como personas sin miedos ni corsés.
Mostrémonos al descubierto (tal cual somos) en nuestra esencia natural con la intención de caminar en el tránsito de la vida con una aceptación personal como aprendizaje de vida y transformación humana.
La vitalidad y el positivismo son el mejor empuje de dinamismo y nervio ante las circunstancias inesperadas que se nos presenten y los momentos que vivamos. Son nuestra forma personal y estabilidad natural para afrontar con perseverancia las vicisitudes que se nos presenten en nuestra existencia vital. Hagamos de ese espíritu, la voluntad y el deseo de entereza, valor y dinamismo.
Si nuestra persona es nuestra fortaleza; aprovechémoslo también para que sea un acicate en todo lo que realicemos cotidianamente con carácter, ánimo y firmeza. Sin perder el aliento y la fuerza de nuestras creencias y convicciones.
Que nuestro desarrollo personal sea el mejor cambio, crecimiento y evolución humana. Es nuestra esencia, voluntad y naturaleza propia por descubrir y alcanzar.

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La búsqueda del conocimiento

En el ser humano, la capacidad de la mente es un aprendizaje constante de la realidad que nos envuelve. Nos hace sentir experiencias y sensaciones que nos llevan al conocimiento como valor propio. El conocimiento es entendimiento e inteligencia a modo de capacidad del ser humano para poder percibir la realidad y las vivencias propias. Es la realidad del pensamiento como entendimiento y razón de ser.
El ser humano tiene la capacidad de pensar, reflexionar y adquirir juicios ante situaciones, momentos y pruebas que nos da la propia vida. Es el conocimiento el que nos da respuestas a nuestras dudas y nos ayuda a la resolución de los problemas.
El conocimiento nos brinda la oportunidad de un aprendizaje constante mediante la opinión y el pensamiento. Es la inteligencia continuada que nos impregna de la capacidad de pensar, entender la vida y lo que nos rodea con amplitud de miras y juicio personal.
La razón como juicio y reflexión nos dota de criterio y fundamento. Una comprensión e inteligencia que nos faculta a pensar, conocer y entender cualidades y relaciones de las cosas.
Si el conocimiento nos transmite análisis, aprendizaje y reflexión. También nos proporciona juicio y experiencia de la realidad que conforma nuestro pensamiento. Una comprensión y facultad de pensar que tiene capacidad e inteligencia de pensamiento y razón de aprendizaje del conocimiento.
El conocimiento es la base de la razón como capacidad y consciencia de la percepción a través del pensamiento. Auténtica comprensión de capacidad y saber como medio de impresión de la realidad mediante el raciocinio y la reflexión personal.
Cuando hablamos del conocimiento, no solo hablamos de un concepto o idea, estamos hablando de entendimiento y juicio. Entendimiento como percepción y principio de opinión por mediación de la razón y la reflexión que nos dota de suficiencia y pensamiento. Y juicio como facultad racional de valoración de las cosas.
La razón nos provee de aptitud e inteligencia de entendimiento y fundamento en busca de la verdad y el pensamiento. Es el razonamiento de la mente que nos crea opiniones y principios. Y que mediante el análisis de aprendizaje de las cosas llegamos comprender la realidad y despertar la inteligencia.
No podemos concebir el conocimiento solo como una idea o concepto de pensamiento, sino como la cualidad o condición del ser humano para pensar, entender y tomar decisiones de valoración y criterio.
Si el cometido del conocimiento es el entendimiento, este también conlleva la facultad del razonamiento como pensamiento y principio. Pensamiento que a través de las ideas nos acerca a la inteligencia. Y principio como origen y porqué de la razón. Aquella que nos dota de fundamento, criterio y verdad.
Si el entendimiento es capacidad de inteligencia y razón del conocimiento. De la misma forma, no solo es sabiduría; al mismo tiempo es sentido y opinión a través del pensamiento. Es capacitación y entendimiento a modo de facultad de comprensión e inteligencia.
El conocimiento es un camino que nos conduce a la inteligencia del saber como aptitud del ser humano, y al mismo tiempo es un aprendizaje para comprender la realidad que nos envuelve. Una capacidad de la mente, de valor y entendimiento que nos aporta conclusiones y visiones de las cosas.
Todo principio o razonamiento necesita una reflexión a modo de inteligencia como capacidad de pensamiento y entendimiento. Es la razón que por medio de la inteligencia y la reflexión la que nos dota del aprendizaje, formación y capacitación de análisis en busca del conocimiento. Un verdadero propósito de criterio y sabiduría que nos faculta a pensar, nos lleva a la enseñanza y nos conduce a comprender la realidad mediante el pensamiento.
El desarrollo de las ideas como principio del pensamiento, no solo nos permite razonar, comprender y juzgar las cosas. Al mismo tiempo, nos dota de comprensión para formarnos criterios y propósitos de aprendizaje. Todo ello, nos conlleva al razonamiento como comprensión y entendimiento de lo que nos rodea con su realidad y relaciones propias. Es el valor del conocimiento como experiencia, reflexión y capacidad de pensamiento.
El conocimiento es el guía que nos conduce a la sabiduría mediante la razón humana. Aquel que nos despierta la inteligencia, el saber y la consciencia como pensamiento de existencia propia y percepción de nuestro entorno.
No dejemos que el conocimiento quede solo en un concepto o idea de entendimiento. Hagamos que el conocimiento sea la herramienta de aprendizaje y comprensión de la realidad. Nuestra realidad de pensamiento. Aquella en que su búsqueda nos ayude a entender mejor la vida y a nosotros mismos.
Vayamos a por ella.

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