La búsqueda del conocimiento

En el ser humano, la capacidad de la mente es un aprendizaje constante de la realidad que nos envuelve. Nos hace sentir experiencias y sensaciones que nos llevan al conocimiento como valor propio. El conocimiento es entendimiento e inteligencia a modo de capacidad del ser humano para poder percibir la realidad y las vivencias propias. Es la realidad del pensamiento como entendimiento y razón de ser.
El ser humano tiene la capacidad de pensar, reflexionar y adquirir juicios ante situaciones, momentos y pruebas que nos da la propia vida. Es el conocimiento el que nos da respuestas a nuestras dudas y nos ayuda a la resolución de los problemas.
El conocimiento nos brinda la oportunidad de un aprendizaje constante mediante la opinión y el pensamiento. Es la inteligencia continuada que nos impregna de la capacidad de pensar, entender la vida y lo que nos rodea con amplitud de miras y juicio personal.
La razón como juicio y reflexión nos dota de criterio y fundamento. Una comprensión e inteligencia que nos faculta a pensar, conocer y entender cualidades y relaciones de las cosas.
Si el conocimiento nos transmite análisis, aprendizaje y reflexión. También nos proporciona juicio y experiencia de la realidad que conforma nuestro pensamiento. Una comprensión y facultad de pensar que tiene capacidad e inteligencia de pensamiento y razón de aprendizaje del conocimiento.
El conocimiento es la base de la razón como capacidad y consciencia de la percepción a través del pensamiento. Auténtica comprensión de capacidad y saber como medio de impresión de la realidad mediante el raciocinio y la reflexión personal.
Cuando hablamos del conocimiento, no solo hablamos de un concepto o idea, estamos hablando de entendimiento y juicio. Entendimiento como percepción y principio de opinión por mediación de la razón y la reflexión que nos dota de suficiencia y pensamiento. Y juicio como facultad racional de valoración de las cosas.
La razón nos provee de aptitud e inteligencia de entendimiento y fundamento en busca de la verdad y el pensamiento. Es el razonamiento de la mente que nos crea opiniones y principios. Y que mediante el análisis de aprendizaje de las cosas llegamos comprender la realidad y despertar la inteligencia.
No podemos concebir el conocimiento solo como una idea o concepto de pensamiento, sino como la cualidad o condición del ser humano para pensar, entender y tomar decisiones de valoración y criterio.
Si el cometido del conocimiento es el entendimiento, este también conlleva la facultad del razonamiento como pensamiento y principio. Pensamiento que a través de las ideas nos acerca a la inteligencia. Y principio como origen y porqué de la razón. Aquella que nos dota de fundamento, criterio y verdad.
Si el entendimiento es capacidad de inteligencia y razón del conocimiento. De la misma forma, no solo es sabiduría; al mismo tiempo es sentido y opinión a través del pensamiento. Es capacitación y entendimiento a modo de facultad de comprensión e inteligencia.
El conocimiento es un camino que nos conduce a la inteligencia del saber como aptitud del ser humano, y al mismo tiempo es un aprendizaje para comprender la realidad que nos envuelve. Una capacidad de la mente, de valor y entendimiento que nos aporta conclusiones y visiones de las cosas.
Todo principio o razonamiento necesita una reflexión a modo de inteligencia como capacidad de pensamiento y entendimiento. Es la razón que por medio de la inteligencia y la reflexión la que nos dota del aprendizaje, formación y capacitación de análisis en busca del conocimiento. Un verdadero propósito de criterio y sabiduría que nos faculta a pensar, nos lleva a la enseñanza y nos conduce a comprender la realidad mediante el pensamiento.
El desarrollo de las ideas como principio del pensamiento, no solo nos permite razonar, comprender y juzgar las cosas. Al mismo tiempo, nos dota de comprensión para formarnos criterios y propósitos de aprendizaje. Todo ello, nos conlleva al razonamiento como comprensión y entendimiento de lo que nos rodea con su realidad y relaciones propias. Es el valor del conocimiento como experiencia, reflexión y capacidad de pensamiento.
El conocimiento es el guía que nos conduce a la sabiduría mediante la razón humana. Aquel que nos despierta la inteligencia, el saber y la consciencia como pensamiento de existencia propia y percepción de nuestro entorno.
No dejemos que el conocimiento quede solo en un concepto o idea de entendimiento. Hagamos que el conocimiento sea la herramienta de aprendizaje y comprensión de la realidad. Nuestra realidad de pensamiento. Aquella en que su búsqueda nos ayude a entender mejor la vida y a nosotros mismos.
Vayamos a por ella.

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Apuesta por ti

¿Crees en ti y en tus posibilidades? ¿Cuándo emprendes cualquier reto, meta u objetivo, piensas más en tu buena suerte que en tu actitud, perseverancia y obstinación personal?
¿Sabes vencer tus propios miedos? ¿Desarrollas tu potencial humano?
Apostar por ti es una postura de desafío ante los impedimentos a superar ante cualquier logro a alcanzar (profesional, personal, empresa). En consecuencia, necesitamos buscar la mejor disposición posible, el mejor talante y un comportamiento positivo en su proceso de realización.
Debemos aprovechar al máximo la aptitud de nuestras habilidades empleando al limite el potencial del talento que dispongamos. Venciendo los miedos y derrotando los malos momentos que conlleven la complejidad de los desafíos emprendidos.
Los problemas y contratiempos siempre necesitan un compromiso propio de dedicación, determinación y persistencia.
Las aspiraciones siempre son propósitos de desafío que necesitan un avance de clarividencia de futuro en sus diferentes perspectivas de actuación, enfoque y resolución.
Para conseguir cualquier anhelo de diferente índole hemos de vencer los miedos y los recelos para no caer en la aflicción delante de las derrotas o situaciones de dificultades que se nos presenten en las aspiraciones emprendidas.
Con el fin de vencer el dolor ante las derrotas y metas inalcanzadas debemos mejorar y sobreponernos a los malos momentos; sabiendo derrotar las inquietudes y preocupaciones que nos atormenten a través de la mejora en el trabajo realizado y la superación personal.
La perseverancia siempre ha de ir ligada a una meta, a un objetivo y a una aspiración. De tal manera, que el compromiso de actuación siempre ha de ser un acicate de ansia proactiva y determinación en la ambición a conseguir.
Apostar por ti es aplicar la tenacidad en tus actuaciones; fortaleciendo tus convicciones de creer en ti mismo y en tus capacidades. Tu potencial es la mejor manera y aliado para lograr tus fines, conseguir tus propósitos y alcanzar tus metas. Es poder aprovechar la eficacia de tu aptitud, inteligencia y sabiduría del conocimiento que posees.
Creer en ti mismo, te aporta determinación en tus intenciones y proyectos. La más factible aspiración ante cualquier finalidad y empeño de interés necesaria para activar el ánimo.
No podemos emprender nada, si no va ligado con la voluntad de la ambición, el esfuerzo y el ahínco para realizarlo.
Apostar por ti es evolucionar a nivel personal y profesional como forma de crecimiento connatural y desarrollo humano. Un progreso de determinación, compromiso y ambición que nos vacune frente a los obstáculos, las trabas, los recelos y los miedos.
No hay dificultad que no necesite de un objetivo bien marcado y de la lucha personal y del ánimo para poder solventarlo. El logro del éxito siempre va ligado a un comportamiento positivo, una creencia en uno mismo, y una actitud de disposición respecto a los acontecimientos que nos enfrentemos en los retos por alcanzar que nos lleven al triunfo.
Hagamos de nosotros mismos, el mejor estimulo de validación personal, firmeza y empuje. Aquella energía de fuerza y nervio en las acciones que nos dote del aliento, el arranque y el coraje en las decisiones a tomar ante cualquier resolución que acometamos. Sera la mejor garantía de seguridad y estímulo personal ante los propósitos que emprendamos.
Que tu actitud, talante y ánimo sean tu mejor aliado.
Apuesta por ti.

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Caminando por la vida con optimismo

Las pequeñas secuencias de la vida son historias personales imprevisibles que marcan nuestra realidad propia (para bien o para mal) con sus pros y sus contras. Es decir, nuestra experiencia ante lo que nos rodea en primera persona. Un testimonio y prueba de la vida como andadura única e intransferible que configura nuestro distintivo y señuelo particular. Aquella que nos emplaza a la toma de decisiones y maneras de enfocar, ver y establecer la conducta a través de nuestro comportamiento en función de las circunstancias que nos afectan y rodean. Una actitud que nos determina el ánimo mediante las emociones, afectos y sentimientos. Verdadera energía física y mental que nos hace avanzar y crecer. Pero, ¿qué pasa cuando la realidad que nos envuelve no la percibimos en positivo y solamente sabemos gestionarla cuando es favorable a nuestro entorno, independientemente de sus circunstancias? Es el momento en que aparecen los miedos internos, el pesimismo y la falta de autoestima. Es la aparición de la resignación en estado puro. Ante ello, hay que vencer las ataduras internas, los corsés y las vacilaciones para que aparezca y renazca el optimismo como figura de liberación personal y camino de crecimiento ante la vida. Es un nuevo enfoque, un cambio de paradigma en el cual nuestro ánimo se debe ver reconvertido en el optimismo. Un cambio y una actitud ante la realidad: nuevo, transformador y diferente. Es un entusiasmo de lucha contra la negatividad y las adversidades en toda su extensión. Una ilusión que nos haga reducir la desesperanza, el entreguismo, las desdichas y el derrotismo ante nosotros mismos; dándoles un giro en positivo. Una exaltación regeneradora frente a la parálisis que nos dote de vivacidad plena y alegría del espíritu. Con un nuevo talante y cambio de actitud que bata al desaliento, la tristeza y el abatimiento personal. Que nos dote de empuje ante los avatares de la vida y sus complejidades intrínsecas. Con la energía física del desarrollo y crecimiento personal (con nuestros problemas, grandezas y miserias). Que busque el aliento que nos reconforte frente a las decisiones del día a día; dotándonos de la voluntad necesaria ante la toma de decisiones con un espíritu de lucha contra la desmoralización, las decepciones y la tristeza de los malos momentos. Es aquel cambio de estructura mental que nos haga renacer en la lucha al derrotismo con el estimulo vital que desprecia el desaliento, el desanimo y la pena que va acompañada de sus tristezas, desgracias y desdichas. Con la confianza de ver la realidad de las cosas desde su perspectiva efectiva más útil que nos aporte seguridad y aplomo en los momentos más adversos. Pero siempre desde la naturalidad y el empuje para enfrentarse a cualquier altibajo de la vida. Donde todos los escollos sean defendidos con el empuje y el aliento ante cualquier tropiezo o disyuntiva que tengamos que enfrentarnos. Sabiendo que la apuesta por el optimismo siempre lleva consigo lo mejor para nuestros intereses. Un optimismo como comportamiento que reafirme las convicciones ante los apuros y los dilemas de la vida como auténtica disposición emocional. Y en que las intenciones y los deseos no sólo queden reducidos al azar, sino también a nuestra visión en la actuación y conducta de cualquier hecho que nos concierna desde su vertiente más favorable. Aquella que nos implica en la mejora continua y el avance personal de crecimiento humano. Con un optimismo de vida que nos haga vencer los miedos internos, la angustia y los sentimientos de desconfianza. Es la mejor forma de enfrentarse a lo desconocido ante aquello que ignoramos y que se convierte en incógnita. Con todos sus enigmas que comportan a veces situaciones incomprensibles, pero que nos hacen madurar y enriquecernos internamente. Es un paso de progreso, evolución y encuentro personal de nuestra intimidad. Una forma de ver la vida no solo desde el lado más oscuro, incierto y pesimista, sino aquel que nos despeja las sombras para cambiar nuestro propio mundo. En el que el presente no quede solo relegado a una pesadumbre, aflicción o tristeza (somos dueños y libres de elegir el camino en que guiarnos). Por tal motivo, no hagamos de caminos con tropiezos caídas que nos hagan no poder levantarnos. Al revés, sigamos luchando con brega y firmeza por lo que creemos, ansiamos y deseamos. Es nuestro optimismo, la mejor motivación ante el desencanto y las dificultades para ver la luz en la oscuridad y la alegría frente al desconsuelo que suframos. Un camino de posibilidades y oportunidades de la vida para no renunciar a ella y seguir creyendo en nosotros mismos con ilusión y esperanza. Es la personificación del optimismo en primera persona. Aprovechémoslo y vayamos en su encuentro.

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El líder colaborativo

Para lograr los objetivos o metas de cualquier empresa, colectivo u organización se necesita la figura de un guía que comande, gestione y dirija su capital humano. Es decir, un líder que apoye y contribuya desde su talento y disposición a potenciar lo mejor de sus equipos humanos. Nos encontramos ante la estampa del líder colaborativo. Aquel que arrima el hombro y tiende la mano para sacar el mejor provecho de su gente.
Si el capital humano de toda organización es la base y sustento de todo grupo o equipo, el líder colaborativo ha de ser la figura de contribución y complemento. Una suma de esfuerzos de esa cadena humana que busca unos fines iguales.
El líder colaborativo no solo es un consejero de mejora y cambio en cualquier organización o empresa. Es potenciador de talento de su grupo. Que aprovecha al máximo la inteligencia y las facultades que tienen, pero al mismo tiempo sabe contribuir y sumar valor al grupo.
Los equipos humanos necesitan clarividencia para saber desarrollar las estrategias, planes y fines a conseguir. Y es así, de la misma manera que el líder colaborativo ha de ser asesor, saber orientar y hacer de guía en forma de brújula que encamine, dirija y conduzca hacia el buen camino a su grupo ante posibles errores y decisiones equivocadas.
En cualquier actuación o dirección de una organización o colectivo, el líder colaborativo, no solo ha de ser imagen de poder y autoridad. El poder y la autoridad que ejerza han de ser influencia de confianza. Una confianza que genere seguridad, decisión y determinación en lo equipos humanos que dirija. Todo ello, con una voluntad de tenacidad, perseverancia y tesón ante las metas y propósitos colectivos a conseguir.
En tiempos de cambios, y más aún, cuando el capital humano es el mejor patrimonio de cualquier empresa u organización. La figura del líder colaborativo no ha de quedar en un simple motivador de influencias que incentiva a su grupo humano como guía o consejero. Si fuera así, su figura quedaría en un simple gestor que administra tareas y gestiona procesos. Un administrador de control, vigilancia y guarda.
Las empresas u organizaciones necesitan un líder colaborativo que eche una mano a su equipo, sea protector y no abandone a su equipo, ni se desentienda de este.
Las metas colectivas deban y encaminarse y conducir con guías de visión clara que dirijan y orienten con enfoques nítidos que no nos desorienten anta las metas a conseguir. No valen los guías miopes que basan solo su poder y autoridad en la fuerza del ordeno y mando. Al revés, han de ser consejeros que apoyen y aporten talento con capacidad de influencia y mejora personal humana.
Si ante tiempos nuevos, las empresas, colectivos u organizaciones necesitan de recetas nuevas en la gestión y dirección de sus equipos humanos. A la vez necesitan de mentores que hagan de asesores y sirvan de refuerzo de su equipos. Y no solo como potenciador de habilidades grupales, sino también como estimulo en el desarrollo y crecimiento personal de los mismos.
El líder colaborativo es aquel que echa un cable y ayuda en los malos momentos a su grupo humano. Que los estimula, alienta y anima ante situaciones difíciles Que no solo manda y ordena para obedecer. Y que tiene la capacidad de colaborar, ir a una, y participar como uno más en los problemas y dificultades del grupo.
El líder colaborativo en toda organización es un influenciador nato, pero si la influencia en los equipos humanos no se canaliza en la forma adecuada, solo generara ambientes tóxicos, desmotivación y pérdida de productividad.
La productividad de una empresa no sólo depende de la eficiencia en el trabajo, sino también en el estado anímico de quien trabaja.
En toda empresa, un líder colaborativo ha de ser un complemento, un apéndice de su grupo humano. Una prolongación y suma de esfuerzo que desarrollan vínculos comunes y positivos. Alejando influencias negativas que reducen al grupo a comportamientos erráticos que solo conducen a la apatía de los equipos humanos con sus consecuencias negativas.
El líder colaborativo ha de ser un plus de su equipo humano. Aquel que fomenta la unión y es nexo de vínculos y objetivos comunes. Que sabe conexionar a su gente sabiendo coordinarse con armonía e integrarse con ellos. Y que si ha de echar un capote de ayuda lo echa, enlazando y colaborando en la suma de esfuerzos, ilusiones conjuntas y metas comunes.
El talento en general no solo es inteligencia y competencia como facultad de capacidad. También es colaboración mutua, apoyo y unión conjunta del capital humano. Son eslabones de una cadena que se entrelazan y retroalimentan, teniendo un denominador común, la búsqueda de un mismo objetivo por parte de su equipo humano que tiene como capitán un líder. Un líder colaborativo que sabe estar, que no abandona a su equipo, que no entorpece, ni dificulta la capacidad, la inteligencia y el talento de su gente. Es un líder que suma y contribuye a conseguir los objetivos a las empresas y organizaciones haciéndolas mejores y más humanas. Uno más del equipo.

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La frustración personal ante los objetivos inalcanzados

No hay faceta, cuestión u orden de la vida que emprendamos (personal, profesional, humana) que no tenga como finalidad conseguir una aspiración determinada. Son metas, propósitos y objetivos que necesitan de la motivación para acometerlos, el deseo para conquistarlos y un plan de desarrollo y estrategia para alcanzarlos. Sin embargo: ¿qué pasa cuando nos marcamos objetivos o deseos inalcanzables? ¿Sabemos sobreponernos a los fracasos? ¿Los propósitos inalcanzados hacen que dejemos de creer en nosotros mismos? ¿Caemos en la frustración cuando no conseguimos los retos propuestos?
Todos los objetivos precisan de un afán y un esfuerzo para lograrlos. Pero, si no se consiguen, no podemos caer en la desilusión cuando hemos puesto la voluntad y el sacrificio para ir tras ellos. No podemos desistir en alcanzar las metas cuando los anhelos nos impulsan a seguir adelante, independientemente de los resultados que consigamos.
Los esfuerzos frente a los retos y fines que emprendamos nunca han de caer en la decepción estéril aunque no se concreten. Al revés, las ambiciones y el entusiasmo que pongamos en nuestras aspiraciones son la mejor forma de valorarnos en primera persona, ya que nos hacen crecer y reafirmar en las creencias y convicciones que tengamos.
No hagamos del desencanto ante los errores, una desilusión personal y negativa. Ni veamos las derrotas como decepciones y fracasos personales. Veamos en la ilusión y los propósitos que pongamos en marcha, auténticos sueños de esperanza, ganas y afán a modo de acicate ante cualquier momento o situación de decepción que tengamos.
Alcanzar lo que se desea no siempre es factible de conseguir, pero el empeño y el estímulo de nuestras acciones que ejercitemos son el mejor impulso para que las pongamos en marcha. Una actitud de vida positiva es el mejor escudo y fortaleza personal como garantía de éxito.
Ya que no hay peor fracaso que no haber fracasado. Hagamos de esa motivación en la actitud, una razón de ser, una causa a seguir y un incentivo para no desfallecer en toda circunstancia adversa que se nos presente y preocupe.
La frustración personal no ha de venir por objetivos inalcanzados. La frustración vendrá si no valoramos lo que hacemos, no estimamos nuestra persona, no reconocemos nuestras limitaciones y abandonamos la lucha, el esfuerzo y el sacrificio para seguir creyendo en nuestros retos y metas que pretendemos alcanzar. Esa es la única frustración que hemos de evitar y vencer.
Todo empeño en la vida requiere de un proyecto, un principio y un porqué. A partir de ahí, actuemos desde la ilusión y la esperanza en todo lo que hagamos. Es el mejor empeño a seguir, aquel que nos dota de ganas, ánimo y afán de superación ante las trabas, obstáculos y contrariedades que nos puedan surgir en cualquier situación o momento.
Si la perseverancia es la mejor constancia ante toda meta o ideal propio que nos marquemos. El ahínco y la determinación en nuestra actitud será la personificación del esfuerzo vital para la consecución de todo propósito a alcanzar. Y si no se alcanza, no lo hemos de ver como una decepción y derrota que nos conduzca a la frustración. Veámoslo desde la perspectiva positiva del esfuerzo, la voluntad y el sacrificio. Auténticas virtudes de valor personal, convicciones y estima propia.
El esfuerzo y la voluntad en cualquier faceta de la vida, no sólo busca el resultado que se obtenga ante un propósito o aspiración. Busca también el equilibrio en la persona, mantener sus sueños, la esperanza en que luchar y las ganas por seguir adelante.
Nada es una quimera cuando la ambición por un deseo nace del propio corazón, se mantiene el ánimo personal y se busca el sueño por el que luchar.
No es tan solo el resultado, es nuestra razón de ser la causa que nos motiva como seres humanos y nos vacuna ante toda frustración personal y objetivo inalcanzado.
Convirtamos la frustración en triunfo de esperanza y sueños. Aquella satisfacción personal en estado puro por la que luchamos y creemos.
Desterremos nuestras dudas y emprendamos un camino de ilusión por descubrir como esperanza y meta a seguir.
La magia del destino te espera. Siguela.

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Aflorar los sentimientos

Nuestros sentimientos como seres humanos forman parte del estado del ánimo en que nos encontramos, sentimos y vivimos. Son aquellas experiencias de las emociones pasadas y presentes. Sin embargo, ¿Por qué nos cuesta expresar tanto los sentimientos? ¿Tenemos miedo a expresar lo que sentimos? ¿Compartimos solo los sentimientos positivos?
Saber expresar los sentimientos es mostrar lo mejor que tenemos las personas como es nuestra sensibilidad humana. Aquella que conlleva el sentir personal sin complejos y con la simplicidad de ser tal cual.
Aflorar los sentimientos es abrirse al afecto y la ternura de las sensaciones de la vida y el mundo.
No hay amor a la vida o a lo humano que no se perciba desde los sentimientos. Al igual que no hay experimentación de las emociones que no broten desde el alma y el corazón.
Las emociones son parte del interior humano que nos hacen sentir los estímulos y apreciar lo que vivimos.
Asomar los sentimientos a la luz es saber expresar las emociones desde el interior más profundo del alma.
Las sensaciones positivas son huellas de impacto que llegan al alma desde la humanidad cuando salen del corazón, son emotivas y estas llenan de afecto.
No hay fragilidad humana cuando ponemos al desnudo el alma. Al revés, es la fuerza que surge de nuestro interior y que se manifiesta con la ternura del afecto.
Lo más íntimo del ser humano, también es lo más singular, lo más espiritual que engrandece el alma y reconforta el ánimo.
Descubramos lo mejor de nosotros, sin miedos ni corsés. Un viaje personal y profundo donde broten las emociones, rompamos los miedos y nos liberemos de nuestras inseguridades.
No tengamos miedo ni de los sentimientos negativos ni nos vanagloriemos de los sentimientos positivos.
Todos los sentimientos y sensaciones hay que asumirlos con naturalidad, con fortaleza, valor y energía de espíritu, tanto en la felicidad y prosperidad como también en la adversidad.
Las emociones siempre son estados del alma que expresan sentimientos desde la parte más profunda del ser humano que conllevan miserias y grandezas. Que se originan desde el ánimo del espíritu, el interior del corazón y el afecto por lo que sentimos y percibimos.
Ya que el ser humano es singular y especial, sus debilidades también son fortalezas del espíritu que dan valor a nuestra vida, la energía para mejorar y el empuje para seguir luchando por lo que creemos y deseamos.
Las sensaciones que tenemos son estados del ánimo que transforman nuestros sentimientos en emociones por sentir.
No tengamos miedo a expresar todo aquello sentimos, ni a observar lo que sienten por nosotros.
El corazón no entiende de temores cuando abrimos nuestra alma ante los demás sin trabas ni ataduras internas. Lo importante en el ser humano no es salvaguardar nuestros miedos, sino liberarnos de ellos al natural.
Seamos como queremos ser. No hagamos de nuestra vida o persona un teatro artificial y engañoso siendo transparentes con nuestro interior más personal. Aquel que forma parte de nosotros y que no podemos engañar.
Aflorar los sentimientos, es aflorar humanidad, es aflorar la ternura que llevamos dentro y la sensibilidad en su estado natural.
Venzamos los miedos, recelos y temores para no dejar de sentir y experimentar sensaciones, emociones y afectos.
Sentir es la forma más humana de percibir y descubrir todos los sentidos desde su expresión máxima.
Mostrémonos en la vida tal cual somos, sin etiquetas, al natural, dejando que en nuestro cuerpo y mente fluyan las emociones para que los sentimientos puedan tener cabida. Son nuestro mejor baluarte de crecimiento y mejora personal.
Sintamos y vivamos nuestras emociones como el tesoro más preciado y personal que tenemos.
Es la libertad personal y liberación natural de nuestra condición humana.
Así soy y siento. Soy yo.

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La transformación del espíritu

Cuando hacemos inciso en lo que es la transformación del espíritu estamos hablando del ser humano como esencia y naturaleza propia. Nuestro ser puro más íntimo y profundo. Estamos ante nuestra alma al descubierto sin corsés como materia viva que busca el cambio y la evolución personal.
Desde nuestra conciencia humana, el espíritu ha de ser el valor del ánimo que conlleve coraje en nuestras acciones y brío de energía en nuestras actuaciones ante la vida.
Nuestra esencia natural es la voluntad del espíritu. Aquel fundamento de todo individuo con su temperamento, personalidad y carácter genuino.
El ser humano tiene una condición e idiosincrasia propia que le hace tener percepción ante la vida. Aquella que es parte de sus ser, existir y vivir (única y diferente).
El ánimo es un estado y actitud de evolución humana que nos hace vivir en primera persona las sensaciones y emociones. Un valor de coraje natural que es símbolo de nuestra personalidad, voluntad y espíritu.
La naturaleza propia del espíritu tiene carácter, temperamento, fuerza y decisión como fundamento de personalidad, energía y determinación.
La esencia del ser humano es su entraña viva en persona y centro de gravedad como individuo. Estamos ante su interior más profundo y recóndito. Alma personal y materia viva.
El espíritu es cambio en evolución. Una forma de crecer desde nuestro fondo más íntimo. Desde la naturaleza del “yo personal” que es parte de nuestra identidad y fundamento consustancial. Nuestro símbolo personal y temperamento que forman la base y el alma que nos dota del juicio, razón y fondo natural de como somos.
No hay voluntad de cambio y transformación sin el espíritu del ánimo que nos aporte fuerza y energía vital en nuestras decisiones y comportamientos. Verdadero fundamento, motivo y razón de ser.
Nuestra transformación y evolución ha de ser un desarrollo personal de progreso y cambio. Un auténtico sentimiento profundo que nazca del corazón y nos haga diferentes y mejores. Que conforme un estado anímico personal de avance, evolución e impulso ante la vida con determinación y ahínco.
Nuestro paso por la vida no ha de quedar en un solo existir, sino en un vivir y cambiar. Un cambio personal que ponga la capacidad y la naturaleza del ser humano al servicio de una verdadera metamorfosis de renovación y evolución.
Hagamos de nuestra renovación personal el eje y reforma del alma. Donde el ánimo sea un valor de coraje y temperamento como valor de valentía y decisión.
Que el alma sea la esencia de vida del espíritu. Un verdadero sentimiento interior de nuestro corazón más noble y profundo.
Hagamos desde la voluntad del espíritu una auténtica catarsis de purificación de la mente ante los miedos, traumas y recelos que tengamos. Eliminando cualquier sentimiento de negatividad nocivo y dañino que llevemos. De esta forma, podremos devolver la ilusión, el ánimo y la esperanza perdida.
Que la transformación del espíritu en nuestra persona nos proporcione seguridad y confianza en nosotros mismos y reafirme nuestras convicciones. Aquellos principios y creencias que son personales e intransferibles.
Nuestra transformación y cambio personal no sólo ha de quedar en un fundamento y valor ante cualquier aspiración a conseguir, sino en un afán de superación, empeño y deseo a lograr.
Es nuestra esencia íntima y pura la que ha de hacer la verdadera transformación de cambio y conversión. El alma natural y esencia interior que nos dote de la energía, fuerza y potencia humana.
Que el cambio y la conversión del espíritu sea un crecimiento interior de desarrollo y proceso de evolución personal. Un cambio de lo viejo a lo nuevo. Nuestra esencia y naturaleza tal cual. La mejora humana al servicio de uno mismo y los demás.
Es nuestro reto humano y transformación del espíritu.
Vivamos el cambio.

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No te rindas ante la vida

Los avatares de la vida son complicados y difíciles en el transcurso de nuestra existencia. Situaciones, momentos y circunstancias que no siempre son favorables y que forman parte de nuestro entorno diario. Unos contratiempos de diferente índole (personal, salud, emocional, laboral) que necesitan de superación y fuerza para afrontarlos y poder encararlos. Es por ello, que ante toda dificultad o inquietud es determinante nuestra fortaleza mental y persistencia de carácter.
Nuestra personalidad y modo de ser son claves en la toma de decisiones y la forma de hacer frente a los contratiempos, desafíos y dificultades de la vida. Pero, ¿qué pasa si nos rendimos y sucumbimos a cualquier dificultad, obstáculo o contrariedad? Es el momento en que caemos en la inseguridad, el miedo y el temor ante toda circunstancia o coyuntura negativa que se nos presente. Es por ello, que debemos luchar ante los impedimentos de la vida con carácter, energía y ánimo.
No podemos rendirnos sin luchar y persistir a pesar de nuestras virtudes y flaquezas. Virtudes de capacidad y resistencia que conlleven valor y empeño. Alejándonos de las flaquezas, por los temores, errores y desaciertos que podamos tener en cualquier actuación o comportamiento personal que ejerzamos.
No rendirnos ante la vida es luchar para ganar, avanzar y crecer. Una forma de progreso, mejora y evolución natural.
Sucumbir ante una eventualidad negativa es ceder y renunciar en la firmeza de nuestras convicciones. Es aceptar el desánimo, y caer en el desaliento y el derrotismo.
No hay derrotismo sufrido que no conlleve pesimismo y decepción personal que nos duela y apene.
La desmoralización y el desempeño en cualquier faceta de la vida son los mejores aliados de la rendición.
Aceptemos nuestra virtudes y flaquezas sin rendirnos ante toda coyuntura inesperada que se nos presente y preocupe.
Debemos persistir con voluntad y entereza. Un aguante de vigor y vitalidad que nos aporte la fuerza necesaria y la fortaleza de lucha frente a la debilidad y las dubitaciones.
Ganar a las incertidumbres y los obstáculos es vencer a los miedos internos; superar las dudas y triunfar con nuestras capacidades personales.
No hay lucha a ganar que no necesite de tesón y empeño. Una firmeza de solidez personal y creencia propia en nosotros mismos.
Hagamos de la resistencia ante la vida una entereza personal de voluntad y tenacidad. Aquella que nos aparte de los miedos, indecisiones e inseguridades.
No rendirnos ante el fracaso es adoptar las decisiones y respuestas frente a cualquier acontecimiento que tengamos con decisión y determinación. Con voluntad de deseo frente a toda aspiración, ansia o deseo a alcanzar.
No veamos las contrariedades que nos surjan como decepciones a seguir de tropiezo y disgusto.
Borremos de nuestro mapa mental cualquier frustración que pueda generar fracaso o desilusión. Al revés, de todo desengaño o error debemos buscar la mejora y la aceptación personal. Aquella que convierta el fracaso en triunfo. Que lo aleje de todo desencanto y desilusión y lo convierta en motivo de esperanza y ánimo.
Los malos momentos de la vida necesitan seguridad, esperanza y fe. Fe en nosotros mismos, en nuestras creencias y convicciones que son parte de nosotros en los buenos y malos momentos de nuestro existir personal.
Venzamos las inseguridades y el miedo a la frustración, los errores y los desaciertos que podamos cometer con firmeza y entereza. Son parte de nuestro nervio y resistencia ante las dificultades y decepciones. Es la lucha para no caer en la rendición, al miedo al fracaso y lo desconocido.
No te rindas nunca en la vida sin luchar por ti y tus creencias. No rendirse es no resignarse, no conformarse en lo que se ve, te preocupa y te afecta.
Luchar por lo que se cree es mejorar, avanzar y alejarnos de la negatividad y los miedos internos.
No rendirse ante la vida y luchar por tus principios y convicciones son el mejor bálsamo de superación y camino hacia éxito y el triunfo personal.
Es tu victoria. Aquella que nos hace mejores.
Lucha por ella.

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Valores y liderazgo en la empresa

Las cualidades de un líder marcan y determinan el buen funcionamiento y desarrollo de toda organización, institución o empresa.
Si toda sociedad empresarial necesita de un guía que marque su filosofía, estrategia y plan de actuación a seguir. Es a través de su capital humano donde se ejercitan los procesos de funcionamiento de cualquier sociedad. Es por ello, que un líder profesa una influencia decisiva para bien o para mal en el desarrollo de una estrategia que busque un fin o meta concreta.
En toda empresa cada trabajador es un eslabón de una cadena; con una misión concreta que forman el nexo de unión de su maquinaria y motor de actuación.
Los valores de liderazgo de un líder no sólo requieren de su merito o aptitudes personales, sino de la capacidad de competencia y eficacia en su labor diaria. Unas virtudes de principios personales que conlleven: ética, tolerancia y empatía.
El líder justo es aquel que busca el entendimiento colectivo desde la comprensión y la razón. Y que sabe gestionar el talento de sus empleados, sus capacidades y aptitudes.
Todo guía u orientador en cualquier organización ha de buscar el incentivo de su capital humano a través de su crecimiento personal. Un líder con franqueza y veracidad que transmita seguridad y ánimo. Además de unos principios y fundamentos de comprensión y entendimiento hacia sus subordinados con equidad y respeto.
El líder eficaz ante los nuevos tiempos y las nuevas realidades empresariales debe buscar el entendimiento ante las dificultades y problemas del día a día.
No hay mejor líder en una empresa que aquél que impregna a su equipo humano de optimismo. Una ilusión por mejorar, crecer y dotar del aliento necesario como fuerza de voluntad para no caer en el estancamiento, la frustración ni la apatía.
Un buen liderazgo requiere de una visión positiva ante los problemas y una calidad humana en el trato que ejerza.
Los valores en el liderazgo son la fuerza y la energía que empapan el capital humano de una organización y crean calidad laboral en la empresa. Hablamos de un buen ambiente del grupo humano, su entorno y estado anímico de actuación en general.
Los liderazgos positivos alejan la negatividad de cualquier empresa. Son un acicate de fuerza y vigor personal que saben aprovechar las capacidades de sus empleados y potenciar su talento y aptitudes.
En los valores del liderazgo reside la razón de ser de una empresa y su capital humano. Debe ser el porqué de su existencia. El empuje para seguir luchando y la determinación e incentivo de mejora y cambio.
El valor de un líder se mide por su integridad personal, su honradez y rectitud en el ejercicio de sus actuaciones.
No hay virtud de liderazgo que no conlleve tranquilidad y sosiego. Tranquilidad a modo de aplomo y sosiego como moderación y prudencia.
Los valores en un líder han de ser un incentivo y acicate de su equipo humano. Un estimulo de trabajo y crecimiento. Aquel que dota de ánimo y confianza al buen ambiente laboral.
No hay mejor liderazgo en cualquier organización que aquél que no se convierte en una traba o impedimento de crecimiento y calidad laboral de su capital humano.
Un liderazgo con valores está basado en la sencillez. Sencillez como virtud en facilitar las cosas a su equipo que busca la naturalidad desde la espontaneidad sin perder las formas.
Los lideres afables generan humanidad. Aquella que es la esencia de las relaciones humanas y cualidad de sapiencia.
Los valores de un líder se ejercen desde el respeto y la atención. Desde la consideración del trabajo de sus empleados y la colaboración del líder con disposición y actitud.
Un liderazgo en valores busca aprovechar el talento de sus empleados, sus capacidades y aptitudes que son la base de su productividad y eficacia de empresa.
Los valores de un líder son el fundamento de cualquier orientador; su carta de presentación y su imagen propia.
Todas las empresas tienen su ADN particular. Por ello, han de buscar líderes que aporten eficacia, capacidad y honestidad. Eficacia a modo de efectividad y productividad. Capacidad como desarrollo en la empresa de su capital humano. Y honestidad como lealtad a la organización y a sus empleados.
Busquemos la calidad y la productividad de una empresa; su gestión del talento, ambiente laboral y crecimiento personal de sus empleados mediante liderazgos con valores. Aquellos que nos orienten y hagan mejores personas y mejores empresas.
Vayamos en busca de la excelencia empresarial.
Aceptemos el reto.

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Cuando el sacrificio y el esfuerzo nos conducen hacia el éxito

Cualquier acción a emprender con un objetivo o meta (profesional, personal, económica) siempre lleva consigo un trabajo de esfuerzo y lucha para llevarlo a cabo. Es en ese afán y ahínco para poder materializarlo donde radica el éxito o el fracaso.
Una idea, un plan o una estrategia precisan del ingenio, la intuición (auténtica clave de actuación) y la iniciativa para poder ponerlas en práctica. Esa tenacidad de constancia y empeño que implica la insistencia en su desarrollo; y que al mismo tiempo sepa hacer frente con garantías ante los obstáculos y las adversidades a superar.
No hay éxito sin esfuerzo ni sacrificio que no conlleve la entrega, la paciencia y la disciplina en las acciones que ejecutemos.
Toda meta, plan o propósito precisa de unas competencias para poder emprenderlas, con un saber, entendimiento y razón entendida como capacidad de inteligencia ante los problemas y la búsqueda de soluciones ante los contratiempos.
El éxito bien entendido ante una meta nunca llega solo, es fruto de una consecuencia conducida y llevada desde el entusiasmo, la motivación por emprenderla a través de la esperanza de ir tras ella y con la clarividencia de saber cómo conseguirla.
En ese afán de acción y emprendimiento ante cualquier situación y circunstancia está la firmeza y la constancia para materializar con éxito los resultados deseados. Aquellos que tienen una consecuencia positiva que conducen y marcan nuestros propósitos; nos llevan a los fines y trasladan las intenciones en guías hacia las metas señaladas. Es la transportación personal de las intenciones convertidas en realidad y en objetivos culminados.
Transformemos el esfuerzo propio en el impulso del saber para ir en la dirección del camino hacia la consecución del triunfo de nuestros proyectos y propósitos.
Las voluntades para conseguir las metas siempre requieren de entrega y empeño para saber sacar y potenciar lo mejor de nosotros y el mejor partido a nuestra inteligencia.
La determinación en las actuaciones han de ser un auténtico baluarte y guía para no perder la tenacidad ante los inconvenientes y poder dar respuestas las contrariedades que se nos presenten.
Los objetivos a alcanzar siempre demandan de la imaginación, el ingenio y la sagacidad, a modo de clarividencia que nos despierten el talento en forma de agudeza, capacidad y razón a seguir.
La totalidad de acciones en el ejercicio de nuestros actos deben acarrear estados de entrega personal que conlleven: el trabajo, la inteligencia y la tenacidad en los proyectos que emprendamos con la finalidad de una culminación positiva y exitosa.
Seamos nuestro propio guía personal que nos anime a persistir en los propósitos con intención y empeño. En ese esfuerzo de sacrificio, la constancia en las intenciones que profesemos nos han de servir como estímulo y acicate ante la materialización de los fines; sin perder la paciencia y la serenidad como capacidad y actitud frente a los malos momentos.
Ante las trabas sufridas en relación a cualquier estrategia o propósito emprendido; el aguante personal y el temple siempre han de ir acompañadas de objetivos reales y realizables que no nos lleven a la decepción y la frustración.
Vayamos en busca del éxito, desde la inteligencia y la razón. Aquella que requiere trabajo, sacrificio y conocimiento.
Ánimo y firmeza para la consecución efectiva de un fin o propósito siempre han de ser un binomio indispensable de nuestras emociones. Aquellas que van unidas a la paciencia, la perseverancia y la moderación en nuestras acciones.
Las metas siempre obligan a tener actitudes constantes de ingenio natural como solución ante las dudas, vacilaciones e incertidumbres.
Veamos en el esfuerzo y el sacrificio las herramientas necesarias para materializar los propósitos en resultados positivos que nos conduzcan hacia el éxito. Es nuestra fuerza personal al natural como mejor acicate y aliado. No la desperdiciemos.

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