Cuando el adversario está dentro de la propia empresa

Nos ha tocado vivir en una sociedad compleja donde la mediocridad y la vulgaridad están a la orden del día. En este contexto de ramplonería latente y permanente, las empresas no son ajenas a ello.
En un mundo globalizado y una economía de mercado salvaje, las empresas buscan su lugar, encaje y punto de encuentro, indagando y explorando recónditos e inéditos nichos de mercado a modo de supervivencia, con el objetivo de obtener nuevos clientes que les permitan hacer frente a una capacidad de disputa mayor ante sus competidores.
El problema empieza a aflorar y coger una trabazón adversa cuando las actitudes poco éticas y reprobables, los personalismos individuales, la incompetencia y la incapacidad dan lugar a un protagonismo personal e interesado de sus gestores; formas nocivas y perjudiciales dentro de las organizaciones que se anteponen y prevalecen en perjuicio del clima laboral general frente al interés colectivo.
Esta coyuntura de conflicto es el motivo y la causa de un problema para las empresas en su entorno de trabajo y rendimiento personal de sus empleados. Deberá aprovecharse la ocasión para utilizarla como oportunidad y poder hacerles frente con decisiones firmes de valentía y determinación que frenen y erradiquen las actitudes nefastas y aciagas. De lo contrario, la verdadera competencia ya no solo transciende al nivel exterior exigible sino que aparecerá, se impregnará y empezará a convertirse en un obstáculo, traba, disputa e incompetencia organizativa interna a resolver.
Hay un dicho o frase de origen popular que expresa y define muy bien esta situación “con amigos así no hacen falta enemigos”. El adversario y competidor, a partir de este instante, ya es una preocupación en la empresa, una dificultad, parte negativa, inconveniente y problema para la propia organización.
En las empresas hay tres premisas fundamentales, núcleos, bases y fundamentos que gravitan en su devenir cotidiano: el comportamiento, la acción humana y la conducta grupal en el ejercicio empresarial.
Es en esta situación cuando la filosofía equivocada de muchas empresas u organizaciones no contempla las causas y los efectos desfavorables que conllevan las actuaciones y cometidos de los mandos y dirigentes que administran cualquier parcela organizativa o de gestión, cuando la competencia interna empieza a aparecer y se convierte en el primer adversario a batir.
Son primordiales unas tablas o credo empresarial que sirvan como modelos de código de conducta éticos en la acción y el ejercicio a efectuar debiendo focalizarse bajo unos postulados inclaudicables.
Unos referentes que conlleven la suma de sacrificios frente al egoísmo y la ambición voraz que resta impulsos y estímulos, lo contrario de la potencia y el empuje que son el valor añadido de una empresa.
En las organizaciones no tienen lugar los líderes sin un talante que transmita una actitud o disposición personal, dialogante, cooperativa y renovadora ante sus subordinados en el ejercicio y desempeño de la actividad laboral.
Son inadmisibles las políticas cortoplacistas interesadas en beneficio propio, sin visión ni perspectiva definida, unida a comportamientos de jactación y vanagloria personal de sus directivos en su gestión y dirección corporativa en detrimento del bien común.
Es necesaria y obligada la implementación de estrategias organizativas y estructura endógena de planificación y desarrollo de toda su pirámide dispositiva, claves vitales que inciden y afectan en el clima laboral, la motivación, progresión profesional y rendimiento laboral dentro de la gestión del capital humano de la empresa.
Cuando comentamos que debemos rivalizar con la competencia propia y el desafío endógeno, hablamos de defender los intereses colectivos y combatir las actitudes reprochables, ineptas e inadecuadas que lo convierten en adversario directo y transmisor de influencia negativa para la propia empresa, transformándose y adquiriendo la forma simultánea de adversario y competidor a la vez.
En el fracaso de las empresas, la mediocridad y los personalismos egocéntricos son los peores compañeros de viaje.
Compitamos noblemente con nuestros adversarios pero no seamos su mejor aliado dentro de nuestra propia empresa.
La búsqueda de la excelencia, la modestia y la humildad son la mejor vacuna.

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Acerca de Lorente Andía

Reflexiones y análisis sobre el pensamiento humano y nuestra sociedad.
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