En una economía de mercado, las organizaciones tienen su «leitmotiv» o razón de ser fundamentado en aumentar sus cuotas de mercado e intentar vender, cuanto más, mejor. Pero, ¿saben vender adecuadamente las empresas? ¿Hay una profesionalidad en la venta? ¿Predomina la ética en la acción comercial? ¿Por qué tienen tan mala imagen los vendedores?
La venta en si es una acción de relación y comunicación interpersonal donde se satisfacen las necesidades de los clientes a través de productos y servicios a cambio de una contraprestación económica. A partir de ahí, la actividad comercial de las empresas, como cualquier otra tarea de correspondencia humana, necesita de unos compromisos y deberes que las respalden, donde se aseguren sus vínculos de negociación y acuerdos que desarrollan y ejercitan.
Para ello, es necesario que en todas las fases de la venta se utilicen conductas nítidas e inequívocas en la totalidad de sus procesos comerciales. Si no vendemos con transparencia estamos malvendiendo y malbaratando esfuerzos que repercuten tanto en las empresas como en los clientes.
Por este motivo, el problema de muchas empresas ya no es sólo conceptual sino que viene derivado de la deficiente preparación de muchos equipos comerciales en cuanto a: competencias del producto, psicología, comunicación y habilidades en técnicas de ventas, pero los cuales tampoco disponen de una verdadera formación y cultura ética.
¿Imparten formación ética las empresas a sus equipos de ventas?
Si la confianza y la seguridad son la credibilidad de un vendedor ante sus clientes, la ética en la actuación comercial determina la responsabilidad, el compromiso y la garantía real que certifica su desarrollo y ejecución en la relación de venta. Es un pacto de fe.
A día de hoy, no es solamente imprescindible una profesionalización de la venta, sino también una mejora en los conocimientos, aptitudes y capacidades de los equipos comerciales. Es indispensable la implementación de la ética en la venta y labor comercial, que no conlleve una mera explicación de la oferta del producto con sus propiedades, cualidades y beneficios, sino que también es obligatoria y preceptiva la descripción e información aséptica de sus «efectos adversos» que son complementarios y que afectan al cliente por su importancia para su toma de decisiones.
El fundamento de las empresas es procurar e intentar vender cuanto más mejor. Y es legítimo. Lo que olvidan, o no les interesa saber por su visión cortoplacista, es que no es lo mismo «vender que hacer clientes». Si buscamos una fidelización en la venta, no tan sólo hemos de vender; hemos de crear los marcos adecuados en competencias, aptitudes y normas de relación comercial éticas. Este «abc» que ha de prevalecer en una venta ética ha de buscar una corresponsabilidad: lazos de unión y compromisos mutuos con los clientes.
Viendo que la venta es una acción interpersonal de nexos naturales, la diligencia y la conducta ética del vendedor determinan su profesionalidad, mejoran la imagen corporativa de la empresa que representan, aumentan la certidumbre de los clientes y acrecientan los acuerdos y vinculaciones compartidas. Estos son las piezas básicas y esenciales para la fidelización de los clientes de una empresa.
La ética en la acción comercial no ha de ser una cortapisa, al revés ha de ser una fortaleza de profesionalidad comercial, una garantía de marca, una diferenciación ante los competidores y la personificación de lo que ha de ser una venta profesional.
La falta de ética en la venta solo provoca clientes efímeros e insatisfacción, menospreciando la profesión comercial y reduciendo la imagen comercial a simples vendedores.
Sin embargo las acciones comerciales éticas generan fiabilidad, certeza y fidelizan a los clientes, regenerando la imagen de la venta y potenciando la profesión comercial.
Ya que las conductas humanas en las actividades comerciales generan seguridad ante sus interlocutores, las actitudes éticas son el valor añadido de los productos ante sus clientes. Ante esto, aprendamos a vender, sepamos vender y vendamos con ética. Es la demostración de la profesionalidad de la venta en «estado puro», garantía de confianza y éxito empresarial.
Por un cambio de paradigma y pensamiento de las empresas en sus hábitos y conductas internas de sus departamentos comerciales, y por una regeneración de la venta, digamos sí a una venta profesional, de calidad y ética.
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