La frustración de los equipos humanos en las empresas

Toda organización o empresa está compuesta por personas que, a través de estrategias definidas y planes de funcionamiento conforman las políticas corporativas que definen su filosofía propia como entidad. Una pirámide humana entrelazada, en la cual cada elemento personal es un eslabón de una gran cadena que forma su valor como empresa.
Ya que la articulación de esta estructura es clave en su funcionamiento, actividad y puesta en marcha, sería conveniente hacernos la siguiente reflexión: ¿cómo incide el capital humano en el buen funcionamiento de una empresa? ¿Saben las empresas, gestionar y potenciar el talento de sus equipos de trabajo? ¿Fracasan las empresas por los aciertos de sus competidores o por sus propios errores?
Todas las preguntas tienen un denominador común. Si las empresas no saben administrar y dirigir la gestión efectiva de sus recursos humanos como patrimonio y riqueza empresarial estarán conduciendo a su colectivo de trabajadores a la frustración y el fracaso.
Es el momento en el cual las emociones que marcan el estado anímico de las personas y las conductas de actuación afectan a la relación laboral individual y conjunta en el día a día de una organización.
A partir de ahí, aparece un sentimiento de tristeza, decepción y desilusión ante expectativas que no se ven satisfechas al no poder conseguir lo pretendido, fruto de objetivos inalcanzados y necesidades no satisfechas que nos conducen al fracaso.
No hay una frustración en el ámbito profesional que no tenga unos orígenes, motivos y consecuencias. De las empresas depende el poner en práctica culturas corporativas que profundicen, no sólo en el beneficio neto de las organizaciones, sino también en buscar empleados felices.
Es necesario el aprovechamiento y la energía vital positiva del caudal laboral de una empresa como garante de rendimiento productivo y ganancia económica.
Ante la frustración de los equipos humanos se precisa un cambio de paradigma donde se analicen las estrategias corporativas que fomenten la mejora de sus procesos organizacionales.
Los líderes y mandos de dirección deben subsanar actuaciones erróneas en la gestión de gobierno de sus procesos de trabajo que vayan desde: políticas que promuevan la operatividad, la eficacia interna y la motivación del personal funcionarial. Que pase por la mejora de los procedimientos de trabajo por medio de una mejor sincronización interdepartamental de la estructura organizativa y que conlleve un aumento en la productividad. Se deberían implementar políticas que aprovechen y canalicen el talento de los colaboradores adecuadamente y que proporcionen funcionamientos más eficaces y resolutivos.
Las empresas necesitan antídotos que aprovechen al máximo el potencial de sus empleados en el desarrollo de sus habilidades y competencias para así hacer frente al desanimo y a la frustración. Que deberían aportar valores de mejora personal y valor añadido que potenciasen los rendimientos individuales y conjuntos ante los proyectos y retos marcados. Son imprescindibles líderes con aptitudes y competencias que gestionen las actuaciones grupales, sabiendo poner freno ante la desmotivación, potenciando su desarrollo y crecimiento personal.
Auténticos líderes que han de estimular e impulsar el ánimo de su patrimonio humano como superación, fuerza e ímpetu, para inducir un estado emocional armónico en el ejercicio ocupacional.
El ánimo es indispensable ante las dificultades como arma de combate y superación. Contribuir al equilibrio vital es esencial para tener una buena salud mental, asegurándonos una mayor energía positiva con nosotros mismos y nuestro entorno común.
Se debería pensar en poner en práctica políticas organizativas que doten de espacios y climas de confort y que sirvan como estímulo y motivación ante ambientes nocivos que conlleven apatía, desaliento o derrotismo, alejados de cualquier estado viral de frustración y decepción.
La influencia de los líderes debe buscar labores de administración productivas de su personal laboral que los distancien de ambientes insanos y los acerquen a climas de confort, que comporten un reconocimiento personal en las tareas y quehaceres a realizar, siendo verdaderos delegados de innovación y cambio en el ejercicio de las competencias. Un auténtico estimulador en la gestión y dirección corporativa. Una vacuna efectiva de prevención ante cualquier situación difícil o contratiempo como estímulo y aportación global.
Los valores personales deben ser guiados por gestores que apuesten por la iniciativa individual fuente de creatividad ante proyectos definidos de compromiso conjunto.
Unos patrones que instauren un nuevo enfoque empresarial donde el crecimiento, la valoración y contribución de ideas creen sinergias mutuas entre la empresa y sus empleados, claves en la búsqueda del éxito de la misma.
En las empresas, los líderes no pueden hacer de la desilusión una bandera de la resignación de sus equipos de trabajo, sino impulsar la motivación personal ante cualquier proyecto como estímulo y esfuerzo general compartido para conseguir las metas pretendidas.
Ante la frustración, son determinantes: el esfuerzo, la voluntad y el valor; principios básicos de transformación, coraje y valentía ante las adversidades.
Ya que la mediocridad y el fracaso van de la mano, busquemos líderes que sepan conjugar esfuerzo y competencias con metas y objetivos.
Es el camino hacia el éxito y la victoria ante la frustración.
Viajemos hacia ella.

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Cuando las dudas se convierten en obstáculos a superar

En el devenir del tiempo, el ser humano busca respuestas de sí mismo y de lo que le envuelve a su alrededor. Pero, ¿cuántas preguntas no tienen respuesta ante nuestros interrogantes? ¿Por qué necesitamos contestaciones ante nuestras inquietudes? ¿Es la comprensión por medio de la razón algo innato en el ser humano?
El ser humano necesita la paz del saber como un conocimiento de lo desconocido y extraño. Una fuente de información necesaria que serene sus preocupaciones, dilemas y demandas de entendimiento y comprensión ante lo misterioso. Es cuando la inteligencia busca la razón ante lo ignorado. A partir de ahí, a través del pensamiento, buscamos los orígenes de nuestras dudas. Es la reflexión quien da juicio y argumenta nuestras vacilaciones personales y existenciales de la coyuntura ante los hechos que nos afectan y preocupan como individuos de una misma sociedad.
Ante los problemas y las soluciones, al ser humano se le presentan interrogantes y vacilaciones por las determinaciones que le influyen personalmente. Aparecen las incertidumbres y la falta de seguridad y confianza que le afectan en sus estados de acción, actuación y decisión. Es en ese momento en que las dudas se convierten en obstáculos a superar.
Son circunstancias incontroladas que se convierten en titubeos y que pueden afectar en nuestras decisiones personales, profesionales y en nuestras acciones de conducta. Es decir, nuestras creencias íntimas de diferente naturaleza cogen una nueva perspectiva, un nuevo enfoque ante las diferentes alternativas y formas de ver que pueden perturbar y poner en cuestión todas nuestras formulaciones de aceptación personal y esquemas mentales predeterminados que tenemos como sujetos con madurez y criterio.
En esta situación, nuestras pautas de costumbres no pueden tener como adversario nuestros miedos, frustraciones, dudas y debilidades que puedan interferir en nuestro leitmotiv de motivación personal y ejercicio individual. Una razón de ser personal e intransferible que no puede verse condicionada por agentes propios de la incertidumbre que los conviertan en inconvenientes insuperables y que paralicen nuestras formas de ver la realidad de las cosas desde cualquier perspectiva, sentimiento y pensamiento racional.
Creer en uno mismo es el primer paso para que los demás puedan creer en nosotros y en nuestras posibilidades. Es una vacuna necesaria y obligada, un verdadero antídoto y pócima ante el freno que puedan comportar derivadas por las incertezas de lo desconocido, las preguntas sin respuestas, los recelos injustificados o los planteamientos equivocados.
Las vacilaciones comportan y llevan consigo falta de decisiones y cuestionamientos propios que nos merman tanto a nivel personal como anímico. Son desconfianzas particulares que disminuyen nuestras posibilidades de crecimiento y desarrollo. Nos crean temores sin fundamento ni razón especifica justificada y nos llevan a suspicacias e incredulidades que favorecen al bloqueo mental interno.
Ya que las ideas parten de nuestro interior personal y nos transmiten nuestros valores y principios más profundos. Aprovechemos nuestras convicciones alejando de ellas los interrogantes para que no se conviertan en trabas ni cortapisas que provoquen alteraciones de nuestros dogmas de fe, credos e ideales.
Las inquietudes no nos pueden alterar las seguridades y determinaciones de firmeza y garantía de lo que somos y queremos ser.
Cualquier vacilación siempre conlleva una inseguridad, desasosiego y titubeo ante cualquier cuestión o problema manifiesto.
No hagamos de la desconfianza un desconcierto ni preocupación que altere las decisiones que tomemos, sino al contrario, hagamos que se conviertan en opciones y elecciones de iniciativas con medidas de empuje, ímpetu y ánimo frente a las adversidades.
Veamos en el valor y la firmeza las virtudes imprescindibles que impliquen el sosiego y la tranquilidad indispensables ante las dificultades e impedimentos que nos eviten las complicaciones ante posibles barreras.
Afrontemos los problemas sin prejuicios ni recelos. Y encarémoslos con confianza, seguridad y aplomo personal.
Tengamos una decisión de diligencia y empuje natural que proporcione certidumbre verdadera a todo lo que hagamos que nos dote de la garantía sobre nuestra competencia y capacitación personal. Una habilidad, aptitud potencial y talento frente al miedo de los fracasos, reveses y equivocaciones.
El coraje y los valores son la mejor eficacia de capacidad, suficiencias y méritos ante nuestros recelos y preocupaciones.
Hagamos de nuestros proyectos fuentes de empuje y brío que nos aporten la determinación y la seguridad para combatir nuestra fragilidad.
La constancia y la tenacidad son la mejor inmunidad de defensa ante nuestras dudas y el mejor baluarte de solidez, avance y evaluación para no retroceder ante cualquier dificultad.
Busquemos en la determinación firme de nuestras actitudes el mejor parapeto y valor personal frente a los miedos y temores.
Que las dificultades no nos dejen perplejos en nuestro camino de progreso ni se conviertan en ningún impedimento ni hábito.
Superemos las dudas y no las convirtamos en obstáculos insalvables a superar.

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La motivación: un aliado que nos acerca a la meta

Todos sabemos que para conseguir y ver cumplida cualquier meta en la vida primero tenemos que desearla, luchar por ella y estar en disposición real de poder alcanzarla.
Una meta puede ser de cualquier índole (personal, material o económica). Pero, ¿Tenemos el ánimo en ir a por ella? ¿Estamos en condición de conseguirla? ¿Conocemos nuestras competencias y flaquezas? ¿Están en sintonía nuestra voluntad y predisposición?
En este camino de deseo, nuestra motivación determina los hábitos de actuación de la perseverancia y la lucha que conllevan la tenacidad y el valor. Ante ello, nos podemos preguntar: ¿por qué es tan importante la motivación?
La motivación es un acicate que nos dota del impulso necesario que nos mantiene vivos, impactando en nuestra conducta como guía en la consecución de un determinado objetivo. Es la brújula que nos orienta hacia la meta como razón de ser. Una causa de verdadero móvil de proceder plena y genuina. Auténtico aliciente de conquista de nuestras convicciones e ideales. El acicate imprescindible que nos incentiva ante las dificultades y los retos. La finalidad por la que emprendemos nuestras ilusiones en legítimas conquistas a alcanzar.
Toda motivación conlleva un razonamiento y reflexión sobre lo que ansiamos; dotándonos de la inteligencia indispensable ante las decisiones que tomamos. Un juicio que nos hace discernir de las complejidades y dubitaciones que tengamos. Un plus de entendimiento y racionalidad. La comprensión determinante ante cualquier decisión a seguir. La lógica bien entendida que no nos haga dudar, pero que nos prevenga de los equívocos.
No hay motivación sin un «porqué», sin un principio a seguir, ni un lugar donde transitar. Al revés, la motivación ha de ser un argumento, la explicación que de sentido a nuestras incertidumbres y vacilaciones. Que no sea una justificación, sino el categórico testimonio de «ser y estar». Una tesis real y de verdad en la que creemos y sobre la que no dudamos si hay que luchar por ella. El acierto sin motivación siempre está condenado al fracaso. Es nuestro derecho a decidir. La justicia con nosotros mismos. Una fracción del tiempo que empleamos con la ilusión de un destino y meta. Verdadero origen de creencias y germen de ideas que buscan la culminación de un anhelo.
No existe empresa a culminar que no contenga una base y unos cimientos que la fortalezca a modo de sincero ideal y proyecto de empeño y perseverancia.
La motivación es un complemento de impulso, un asiento y apoyo firme en el caminar del destino. Una aspiración e innegable fin en el rumbo de nuestros propósitos. Conductor de sensaciones y emociones. Franco aliado y socio de fortunas e infortunios. Un seguidor que no falla y que siempre esta ahí.
Ya que todo esfuerzo necesita de un estímulo para conseguir un propósito debemos mantener el afán de nuestras decisiones y quehaceres. Un empeño diferenciador en el trajín de las labores que desarrollemos. Un desvelo y celo en el ajetreo del devenir de las cosas ante los enigmas. Un necesario trabajo de voluntad y sacrificio personal diario. Donde nuestros anhelos han de conllevar ansias de ambición. Aquellos deseos innatos humanos y personales que transportan las aspiraciones y pretensiones en obras de pasión por lo que creemos. El ahínco esencial de esfuerzo, vehemencia e interés necesario que nos transmita el arrojo y la constancia en nuestros actos. Una acción y pauta de perseverancia y ánimo.
Mantengamos la constancia como fiel aliado de trabajo y sacrificio con el tesón y el entusiasmo frente las adversidades. Dotémonos de la paciencia como aportadora de seguridad y certidumbre ante la insistencia y la negatividad del desaliento.
La persistencia es la mejor aportación de fortaleza y solidez que nos dota de la estabilidad y el vigor de nuestro ánimo ante las influencias contrarias. Influencias que nos provocan desasosiego, ansiedad e inquietud. Luchemos contra ellas con la indiferencia y la renuncia a las mismas; dotándonos de la fuerza, el vigor y la energía de la resistencia y el ansia en nuestras creencias.
Transitemos con fortaleza en la búsqueda del fin de nuestros propósitos. Una función de movimiento y dinamismo que transite con energía y labor de ocupación. Intervención, potencia e ímpetu que debemos cultivar tanto a nivel del conocimiento como del crecimiento personal.
En este viaje de enigmas y desafíos ante el termino a conseguir deben ir acompañadas de competencias y habilidades que complementen el esfuerzo y el aliento de nuestras aptitudes. Donde las intenciones y deseos sean firmes y tenaces. Sin que la irresolución de la fragilidad no tengan cabida en esta andadura.
Desterremos el aborrecimiento ante los sueños y afanes. El convencimiento del quehacer que empezamos nos marcara un origen y destino. Un origen clarificador sin dudas ni excusas. Aquel que transporte un bagaje lleno de motivación y sea la cara que da lugar al impulso en la marcha del trayecto que nos debe acompañar y marcar el destino hacia la meta.
Lleguemos a ella con el mejor aliado, fiel, inquebrantable y necesario baluarte para el éxito final.

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El poder eres tú

En el transcurso de su existencia, el ser humano es participe en primera persona, de vivencias, acontecimientos y experiencias. Unos hechos particulares que influyen en su forma de ser, sentir y actuar.
Aquellas manifestaciones del ánimo que se alteran ante las realidades que lo envuelven, provocándole emociones positivas y negativas como variación y perturbación de su estado emocional.
El problema empieza cuando no sabemos dar respuesta al estímulo de las percepciones que nos rodean y preocupan.
¿Sabemos aprovechar lo mejor de nosotros mismos? ¿Nos valoramos en nuestra justa medida? ¿Queremos cambiar nuestra vida y no sabemos cómo? ¿Aprovechamos nuestro potencial de desarrollo humano? ¿Nos aceptamos tal cual somos?
Son preguntas ante interrogantes, estados y deseos que buscan respuestas que puedan cambiar el rumbo de nuestra felicidad personal.
Para ello, pregúntate: si tú eres el problema, ¿Por qué no puedes ser la solución ante las dificultades que te acucian?
Las emociones humanas nos pueden provocar trastornos nocivos, perjuicios y preocupaciones, claves en el equilibrio físico y mental.
Ante todas las inquietudes que tengamos, debemos saber que es posible un cambio real y que debemos actuar sin vacilaciones, con determinación y confianza; teniendo una disposición para poder llevarlo a cabo.
En cualquier circunstancia de la vida, tenemos que luchar sin complejos ante nuestros impulsos y sentimientos contenidos; sabiendo que el poder eres tú. Tú has de concienciarte de que se puede evolucionar y crecer en tu potencial humano; marcándote metas. Sabiendo que para lograr este cambio, has de ganar la partida a ti mismo: sin miedos, frustraciones o inseguridades.
Tú has de dominar la situación de los acontecimientos y superar los fantasmas internos que te atormentan. Aprovechando las capacidades y suficiencias que posees. Porqué en tu persona, está la facultad del cambio y la transformación.
Si el dominio esta en ti, el mando será tuyo y la dominación del fracaso y el temor quedaran aparcadas. Las influencias negativas superadas; y en tu persona dominará la fuerza de la motivación, siendo tú el propietario de ti mismo.
Lucha para que nada te desequilibre ni confunda. No te alteres ante las dificultades que se te presenten en el camino de la vida.
Puesto que todo cuesta y supone un sacrificio; protejámonos con la sabiduría del valor personal ante las decisiones y los hechos que nos competan.
Hagamos de nuestra identidad, el carácter propio y natural con nuestro temperamento, esencia innata e idiosincrasia consustancial.
Si el poder eres tú. Se la figura de ti mismo, sin perder la energía ni la fuerza por lo que crees firmemente.
Tus decisiones han de ser, sin dubitaciones, tus señas particulares de singularidad inherente y sencillez manifiesta.
Tú no puedes considerarte corriente porque tu genuinidad personal es única. El genio de ti mismo que ha de marcar la disposición de tu estado de ánimo con la chispa y la ingeniosidad innata de tu personalidad distintiva.
Si el poder eres tú, de ti depende el vigor, la fuerza y la fortaleza de tus acciones como credenciales y carta de presentación ante los demás.
Emana influencias propias que te doten de nervio y dinamismo que te hagan creer en tus posibilidades; dotándote de tenacidad y estabilidad ante las adversidades que te acucien y preocupen.
Cuando decimos que el poder eres tú, es porque tú puedes impregnarte del optimismo necesario y de la seguridad verdadera en ti mismo. Te veras útil y eficaz ante los retos que te marques.
Has de saber que si el poder eres tú, serás tu propio seguro de garantía eficaz frente al derrotismo, el entreguismo y la negatividad manifiesta.
Tu esperanza y las ganas ante cualquier propósito han de ser tu satisfacción personal. No es una utopía de fantasía ni un engaño, sino un verdadero sueño que puede hacerse realidad.
Convirtamos la oscuridad de los problemas en la luz que nos propicie la magia de los sueños y la realidad de los hechos.
Tu empeño será el cambio y la transformación; tu progreso de desarrollo interior, evolución y crecimiento personal.
Un cambio renovado ante lo viejo, lo innecesario y perjudicial de la vida que se te convierta en un verdadero ejercicio personal de salud e higiene mental. Y te haga ver que el poder eres tú. Por tal motivo, aprovecha y vive el momento. Tu momento.

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Ambientes de trabajo tóxicos dentro de las empresas

En el ámbito de las organizaciones vemos que estas se encuentran compuestas por elementos humanos cuyas condiciones laborales y circunstancias sociales están relacionadas entre sí, impactando en el ambiente laboral y en el ejercicio de sus actividades ordinarias.
Circunstancias que vienen determinadas por una serie de políticas corporativas y planes estratégicos que, derivados de una mala gestión –o de la ausencia de ella-, pueden llegar a motivar comportamientos y conductas tóxicas, trasladadas al conjunto de los equipos dentro de las empresas.
¿Cuál es el resultado de dichas conductas? Improductividad, parálisis organizativa y climas insanos en la actividad grupal habitual. Por este motivo, y partiendo de la base de estrategias de gestión más que de medidas de reacción, los líderes en las empresas tienen mucha influencia en la creación de ambientes de confort en el trabajo. Sus actitudes han de motivar con el ejemplo y buscar el aprovechamiento de su capital humano como acicate frente a las actitudes e influencias negativas del colectivo. La generación de una adecuada calidad laboral aporta escenarios eficaces que sirven de provecho, capacidad y eficiencia dentro del hábitat diario, convirtiéndolos en un verdadero ámbito de acomodo y clima beneficioso, generador de productividad y medio favorable de estímulo e impulso de sus equipos.
Si la estructura de una organización determina su éxito o fracaso, la valoración y aprovechamiento del talento del que disponen las empresas y su fomento son el mejor revulsivo ante los ambientes tóxicos de trabajo que originan apatía e indiferencia en sus empleados, desánimo y comportamientos de desaliento y derrotismo.
Las formas equivocadas de entender, dirigir y gestionar las estructuras empresariales afectan a la inversión de medios en la mejora interna social y humana de su calidad laboral que contribuyen a ambientes laborales inadecuados que potencian la desidia, la desgana y la indiferencia de sus colaboradores, provocando ineficiencia, falta de competitividad y rentabilidad económica de las mismas.
Estos ambientes tóxicos nos alejan de la excelencia, pieza clave en el análisis externo a la hora de obtener diferenciación frente la competencia y esencial para la sincronización interdepartamental de toda la pirámide humana, vinculada la falta de ella a la generación de trabas en los procesos internos de trabajo.
Es más, focalizando el análisis en situaciones de desánimo personal dentro de una empresa, se puede llegar a generar un estado viral de frustración colectiva dentro de la organización que traspase a toda su maquinaria de sincronización humana.
Si las políticas corporativas son esenciales en el engranaje de la actividad de una empresa, su capital humano es su esencia viva, su alma interna y calidad laboral; carácter diferenciador y naturaleza propia. Estas son el antídoto clave y vital frente a los ambientes nocivos y situaciones de comportamientos y conductas tóxicas.
Ante ambientes insanos, las empresas deben potenciar el crecimiento y desarrollo personal de sus empleados a todos los niveles y estamentos, ya que son la energía determinante y pieza clave de la cual se nutre una compañía.
Los empleados felices incrementan su sentimiento de responsabilidad e implicación personal, además de aumentar el beneficio intangible de las empresas creando ambientes de confort y dinámicas eficaces de trabajo.
Si las relaciones humanas adecuadas son decisorias en el ejercicio de cualquier actividad profesional, crear los marcos necesarios posibilitan ambientes de bienestar, comodidad y desarrollo personal beneficiando a las empresas, haciéndolas más provechosas y eficaces.
El camino hacia el triunfo no solo depende de nuestro producto o servicio, sino de nuestro capital humano, con actitudes positivas, competencias y satisfacción personal.
Ya que no hay empresas de calidad sin ambientes de calidad humana, la excelencia y el confort son el binomio perfecto en el éxito de una empresa.
Hagamos que nuestras cualidades positivas nos hagan diferentes.

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Convivir con la mediocridad

Como diría el clásico: ¿Qué es la sociedad? Es un montón de cosas conformadas por un conjunto de individuos de diferente clase, condición y pensamiento. A partir de ahí, vemos que nuestra sociedad se encuentra en un periodo de transición, incertidumbre y transformación.
Un nuevo tiempo donde la mediocridad se ha instalado en muchos de los lugares y ambientes posibles (social, económico, empresarial). Ésta se muestra en la vida ordinaria en la actitud de cualquier individuo con comportamientos de inacción, conformidad y aceptación resignada ante lo que le rodea, independientemente de su contexto y circunstancias óptimas de idoneidad.
Estos comportamientos asociados a una falta de aptitud en la realización de cualquier actividad o función son el caldo de cultivo apropiado para que aparezca el germen, núcleo y origen de la mediocridad. Pero, ¿nos afecta la mediocridad en cualquier ámbito de la vida ordinaria? ¿Se puede convivir con ella? ¿Qué connotaciones negativas tiene?
El papel del líder mediocre, responsable o mandatario aparece con unos rasgos definidos y con unas connotaciones determinadas. Un ser insustancial, inconsistente, sin interés ni importancia y con falta de voluntad firme en la forma de llevar a la práctica cualquier tarea. Una persona sin criterio ni finalidad en sus actuaciones y opiniones donde su inseguridad no permite coherencia entre sus comportamientos e ideas.
La mediocridad en las personas siempre va vestida de gris como la indiferencia de la gente anodina y corriente que no busca avanzar y crecer a nivel profesional ni humano. Y que va rodeada de subordinación, sin brillantez, iniciativa ni acierto en sus decisiones y procederes cotidianos.
La obligación de convivir con la mediocridad conlleva relacionarse con la simpleza usual, carente de una peculiaridad especial que pueda destacar ni mejorar en ninguna parcela u ocupación.
La persona anodina es conformista y resignada ante cualquier circunstancia. Una actitud inmovilista ante la rutina y sin valor para cambiar lo que no le satisface por su incapacidad propia.
La persona mediocre siempre es  un ser sin metas ni perspectivas de futuro ni juicio personal. Con una visión estática y errática ante la forma de entender el entorno y las eventualidades que se le presentan.
Los ambientes mediocres están ocupados por individuos débiles, insignificantes que no admiten iniciativas, críticas o sugerencias. Son líderes, responsables o administradores comunes, medianos en recursos y grises con aportaciones triviales en el desarrollo de sus obligaciones.
Los personajes mediocres son dirigentes que mantienen una similitud o continuidad, pero que no cambian en sus planteamientos y opiniones por sus limitaciones de suficiencias.
A día de hoy convivir con la mediocridad es alejarnos de la creatividad, la inventiva, la imaginación y el dinamismo. Es un paso atrás, un estancamiento hacia la renovación e influencia en el cambio y la mejora personal.
Las ideas, sensaciones, conocimientos y reflexiones están reñidas con la mediocridad, la agudeza, el ingenio y la chispa que nos diferencia, haciéndonos distintos y únicos.
Cohabitar en ambientes mediocres genera incapacidad en torno a las personas que los rodean. Los limitan para avanzar y progresar, tanto a nivel personal o profesional como en su enriquecimiento individual; formando personas con poco valor, estimación propia y criterio. una forma de desaprovechar las capacidades personales de quienes se encuentran a su alrededor, con sus méritos, intereses y atractivos de iniciativa, aportación de utilidad, beneficio e interés de provecho.
Convivir con la mediocridad es desterrar el talento personal, las habilidades, competencias y los rendimientos en cualquier entorno habitual (laboral, personal, político).
La mediocridad es un freno de medianía y vulgaridad patente. Un síntoma de debilidad, insignificancia e ineptitud. Una forma de ignorancia manifiesta, torpeza e inutilidad que acarrea la incompetencia.
Sabiendo que ésta nos distancia y aleja de lo interesante y lo inteligente, tengamos la habilidad y amplitud de miras para combatirla.
Luchemos en nuestras parcelas de actuación contra la vulgaridad, la medianía y la simpleza. Utilicemos la imaginación como mejor fuente de cambio, avance y desarrollo propio.
Aprovechemos la excelencia como grandeza de mejora y la brillantez del saber hacer para extrañar la mediocridad.
Que la aptitud y la experiencia sean un excelente baluarte de freno ante la nimiedad y la torpeza.
Podemos convivir con la mediocridad, pero no seamos participes para perdurarla en el tiempo, sino al contrario; utilicemos todos los resortes de que dispongamos para desactivarla y erradicarla.
Ya que el mejor antídoto contra ella es el talento, aprovechémoslo para potenciarlo como revulsivo de rechazo y cambio.

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La perseverancia, fuente de estímulo y compromiso personal

En el transcurso de nuestra existencia, los seres humanos tenemos ilusiones, ambiciones, retos y metas a conseguir en mayor o menor medida. Pero, ¿logramos los propósitos que nos marcamos?. ¿Nos quedamos a veces en el intento de alcanzarlos?. ¿Desistimos fácilmente en lograrlos y los abandonamos a mitad del camino?
Todo objetivo requiere del diseño de un plan, una estrategia e ideas para su definición. Unidas a unas aptitudes y conocimientos que son el valor añadido para poder emprender y trazar el camino en su consecución.
Cuando comenzamos cualquier actividad, las personas tenemos unos comportamientos en la forma de ser y hacer las cosas. Estas capacidades propias nos afectan ante las vicisitudes de la vida, marcando la diferencia en las decisiones para afrontar una circunstancia o situación.
Los procederes de los individuos varían en función de los estímulos y la relación de nuestro entorno. Asimismo, las acciones humanas y los hechos en su desarrollo diario tienen una equivalencia entre sí. Como consecuencia, su conducta ante la obtención de un logro, desafío o finalidad adquieren la fuerza que determinan a un individuo en sus quehaceres diarios y lo implican mediante: la constancia, la tenacidad y el empeño para alcanzar el éxito (capacidades innatas y personales).
La perseverancia es la mejor aliada ante las dificultades, las interferencias, las contrariedades y el desaliento que nos aparezca.
La dedicación y la firmeza ante las actitudes e ideas definen la ejecución de las aspiraciones y las resoluciones del camino a seguir para su conquista.
Creer en uno mismo nos impulsa el ánimo ante los contratiempos actuando de vacuna y manteniéndonos constantes y firmes ante las opiniones negativas de cualquier proyecto emprendido.
Esta tenacidad nos marca los objetivos y nos transmite estar motivados y optimistas. Es el impulso enérgico de la persistencia. Una aportación de confianza interior y defensa ante las adversidades externas.
Para no caer en el fracaso, debemos alejarnos del desanimo, las vacilaciones y los pesimismos.
Aprovechar la cualidad humana de la perseverancia es una aportación a nuestros valores y principios innegable.
Apostar por un objetivo deseado ha de marcarnos una perspectiva positiva que contenga esfuerzos y sacrificios para conseguirlos ante las oposiciones externas que encontremos. Una virtud fundamental e indispensable en nuestro quehacer diario. Una fortaleza que nos genera estabilidad y confianza, despojándonos del miedo ante las dudas y manteniendo vivas e intactas nuestras convicciones.
La obstinación que conlleva la perseverancia es un valor humano fundamental e irrenunciable que propicia la estabilidad física y mental potenciando las habilidades frente a una resolución y desenlace que se nos presente. Una fuerza interna que nos hace crecer personalmente, da sentido a nuestra vida ante lo que soñamos, creemos y luchamos por ganar. Un aliento en nuestro caminar y lucha. Una motivación de compromiso y animo profundo de trabajo y disciplina que no nos amilana ante lo desconocido haciendo inquebrantable nuestra fuerza de voluntad.
El mayor vinculo de unión de la perseverancia es cuando va acompañada de la paciencia, que es su mejor socia y compañera de viaje. Verdaderos estímulos que nos dotan del entusiasmo necesario en las relaciones humanas ordinarias de convivencia. Es un autentico incentivo para seguir creyendo en nosotros mismos y en nuestras creencias personales, que nos hacen seguir sintiéndonos vivos y nos hacen reaccionar ante los impedimentos y trabas. Es un estímulo personal de consistencia ante nuestras ideas y proyectos, aumentándonos la capacidad de superación en los conflictos y situaciones difíciles sin alejarnos de nuestros intereses a seguir.
Si nada es fácil y todo necesita de un esfuerzo, la perseverancia es el elemento imprescindible para que lo llevemos consigo nuestro como especial partidario.
La solidez en nuestras opiniones e ideales marcan el destino de nuestros pensamientos y esperanzas de conquista.
Los anhelos y la culminación de nuestros deseos son el acicate que nos reconforta en el empeño de lucha que es la palanca para el alcance de nuestros logros como fuente de estímulo y compromiso personal de superación y crecimiento. Por tal motivo, la perseverancia nos hace fuertes, nos aporta energía vital y la tenacidad compacta y resistente frente a las contingencias que desarrollamos diariamente.
El valor y la entereza son principios que nos orientan para poder seguir creyendo firmemente en nuestras convicciones sin decaer ni desfallecer en el intento. Son el camino para que nuestras deseos, ilusiones y aspiraciones puedan ver la luz y se hagan realidad.
Lo importante no solo es conseguir que nuestros propósitos puedan llevarse a cabo, sino tener el afán, el estímulo y la lucha para ir en su búsqueda.
Cuando alejamos de nuestra mente el «no» como respuesta estamos más cerca de cualquier desafío, de poder materializarlo y de seguir apostando por nuestros juicios y fundamentos, independientemente de la circunstancia de actuación personal que conforman nuestra doctrina inequívoca propia y singular.
Ya lo decía el filósofo romano Séneca: «Persevera y triunfarás».

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Vivir en una sociedad moderna

En nuestra sociedad moderna y ante el presente que nos ha tocado vivir vemos que ésta se corresponde y se ha ajustado a un sufrido cambio en su evolución, convirtiéndose en una sociedad consumista de dispendio. En el que prima el gasto superfluo y prevalece la adquisición de bienes banales e insustanciales. En donde la violencia y las desigualdades sociales y económicas desde sus diferentes aspectos y puntos de vista han aumentado. Y donde la intolerancia, la pobreza extrema y el desempleo están caracterizando nuestro quehacer diario. Estas actitudes a los talantes y disposiciones en los procederes nos deberían hacer reflexionar y considerar los razonamientos sobre las causas que han provocado esta tesitura de la realidad social actual y su circunstancia ante la coyuntura y fase en el curso de la etapa que padecemos como sociedad moderna.
En el transcurso de la historia, las sociedades han sufrido y padecido resignaciones, sumisiones, cambios, reformas y reajustes que han variado y alterado su evolución en el tiempo, renovación y metamorfosis de todos los ambientes, medios y entornos (políticos culturales, científicos, filosóficos, ideológicos, etc.). Y es en nuestra sociedad vigente donde vemos que el ser humano se ha vuelto un ser individualista e independiente socialmente; tanto en su forma de aislamiento personal como de participación colectiva en todos sus actos de implicación e intervención ante las cuestiones y asuntos que le ocupan e inquietan como integrante y parte de la misma sociedad.
Una actitud y disposición determinada de inacción particular en la conducta de método y sistema práctico de sus pautas y hábitos, debida a factores y condiciones determinantes y expresas como son: un ritmo de vida estresante de nuestra sociedad moderna y un individualismo en su máxima expresión (competitividad, rivalidad y retos exigentes). Verdaderas circunstancias, fuente de deficiencias e insuficiencias sociales perjudiciales que nos afectan, que se traducen y vienen generadas por hechos concretos específicos, reales e individuales que se definen en su totalidad con una pérdida de símbolos y referentes dentro de unos determinados ámbitos y contextos sociales. Todos ellos concernientes y relativos en sus diferentes expresiones: éticas, morales, políticas y religiosas.
Los cambios de valores sociales en el ser humano han provocado que se haya visto en los bienes personales, riquezas, posesiones materiales y económicas, la única panacea, antídoto y remedio real para conseguir la satisfacción completa, el bienestar y la felicidad plena y verdadera.
La lucha de conflictos y disputas internas del individuo como ser social por conseguir una felicidad artificiosa e irreal, individual y propia sólo a través del materialismo engañoso han sido el deterioro, la causante ejecutora, el principio y el germen nuclear de la pérdida de valores y principios esenciales básicos trascendentales que son primordiales, obligatorios y decisivos en cualquier comunidad y colectivo humano. Aquellos en los que términos como solidaridad, comprensión, tolerancia, generosidad, bondad y amor por los demás parecen no existir ni hallarse vivos. Y que nos dan la sensación como si se hubieran ocultado, desaparecido y no formaran parte de la sociedad en que vivimos .
Es fundamental una concienciación social efectiva en los propósitos e ideas de cambio de nuestra sociedad para conseguir una renovación consustancial imprescindible en todas las prioridades que anhelamos hacia la conquista del bien común. Ante estos hechos de tanta relevancia, magnitud e importancia, la misma sociedad debe ejercer como un antídoto de intervención que la haga despertar, avivar y estimular y la conciencie en el sentido de que la felicidad no sólo se consigue únicamente mediante la adquisición, consecución y logro de los bienes materiales. Donde veamos la aportación conjunta que hagamos al bien común como seres integrantes de unas misma sociedad del instrumento necesario para poder enriquecernos interiormente y conseguir la felicidad personal.
Por ello, cada uno de nosotros estamos en la obligación moral de contribuir desde nuestra pequeña parcela diaria a mejorar la sociedad en la que vivimos. Es la mejor herencia que podemos dejar y un reto de compromiso personal y humano.

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Educar a los hijos

Dentro de nuestra sociedad existe permanentemente un debate vivo y controvertido referente a la forma en que la que han de basarse los modelos educativos de nuestro país y en quien ha de recaer la responsabilidad, el compromiso y la obligación de actuación en el ejercicio de la educación de los hijos. A mi entender, personalmente considero que el cometido y la competencia en el deber y quehacer de esta materia ha de recaer esencialmente y de una forma determinante en los padres. Estos son quienes deben proyectar, planificar y forjar el sustento básico de los pilares sobre los que se basará la educación y formación de enseñanza transmitida, según sus creencias religiosas, convicciones personales, ideas o pensamientos. En ellos incide el compromiso y la obligación para poder escoger el centro de enseñanza apropiado que más garantías y confianza tengan (acorde a sus credos e ideologías) en la formación de su aprendizaje y educación, a nivel humano y de principios; que los orienten, sitúen y ayuden en su comportamiento para poder realizarse como personas. Aportándoles las creencias fundamentales de actitud que ejerciten en la contribución y transmisión como fuente de satisfacción y plenitud personal; juntamente con el añadido obligatorio y primordial de la adquisición de conocimientos, habilidades y competencias necesarias.
Estas enseñanzas educativas constructivas que reciban y obtengan los hijos han de servirles como aprovechamiento, conveniencia y valía necesaria e indispensable para formarlos, instruirlos y educarlos como personas e individuos de bien y provecho de actuación (tanto en el aspecto cultural, formativo y humano), debiendo de estar en concordancia en una relación de afinidad y correspondencia con la armonía de unión y proximidad de su entorno y el ambiente familiar en que se encuentran. Este ambiente y entorno familiar es la esencia y clave en el crecimiento personal de los hijos. Debiendo transmitir y conllevar valores atractivos positivos de estimación y estimulo que sean un baluarte de protección, seguridad y calor natural. Imprescindible a modo de suplemento vital en la prolongación de la formación y aprendizaje de estudio que reciben en los centros de enseñanza. Los padres no pueden eludir ni esquivar la responsabilidad, el compromiso y la obligación que les compete y corresponde en su papel de educadores, no sólo debiendo traspasarla y transferirla a los profesores y docentes en las aulas. La labor de educar, formar y enseñar a los hijos debe ser una tarea compartida de participación mutua, pero siendo los padres los responsables últimos que administren, dirijan y tutelen desde el ejemplo a través de modelos y patrones idóneos y apropiados que les den en el ámbito de su hogar cotidiano. Aquellos que les permitan de ayuda como reflejo donde plasmarse y en el que mirarse a modo de ejemplo con valores de: tolerancia, respeto, humanismo y principios éticos y morales. Tal como sean las familias en su comportamiento será la sociedad. Una buena formación educativa, cultural y un ambiente familiar en paz, armonía, concordia y unión deben ser los complementos oportunos apropiados y fundamentales donde se puedan fraguar y labrar las raíces de la personalidad, identidad y carácter particular que les hagan personas de valor y eficiencia. Unos mimbres humanos como norma moral y personal que rijan su pensamiento y conducta individual propia. Esa es la tarea, labor y ocupación que corresponde a padres responsables sensatos y consecuentes que desean dar una buena educación, adecuada, útil y provechosa para sus hijos en su beneficio e interés, y el de nuestra sociedad.
Educar a los hijos no es una tarea fácil a realizar, pero es un cometido apasionante de aprendizaje permanente y de satisfacción plena.

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El nuevo rol del líder en la empresa

Nuestra sociedad se encuentra en un periodo lleno de incertidumbres e incógnitas que están marcando nuestro día a día, tanto a nivel político, económico y empresarial.
Unas inquietudes que son fruto de un cambio evolutivo de transformación que afectan a todos los ámbitos de nuestra sociedad en su globalidad.
Centrándonos en el campo de la empresa, vemos que estas alteraciones necesitan de unos reajustes y reformas para su adaptación a los nuevos tiempos; tiempos que exigen soluciones distintas ante problemas distintos; que precisan de un nuevo enfoque empresarial a través de sus mandatarios y líderes, debiendo estos jugar un nuevo rol como figuras claves en la dirección de sus equipos dentro de las organizaciones.
Ante este nuevo panorama en ciernes, su faceta de innovación y reforma es clave. Un líder que deberá de adquirir un papel de adalid. Un auténtico delegado y portavoz del capital laboral de la empresa. Una figura e imagen renovada, a nivel de símbolo vital esencial que ejerza un papel de estimulador positivo en la dirección de los equipos humanos.
Ha de ser un guía con unos patrones inequívocos: comunicativo y empático, estampa de cambio y progreso en su gestión organizativa. Transformador en el aprovechamiento de su potencial humano mediante sus capacidades innatas de liderazgo, personalidad y firmeza en sus principios.
Unas habilidades y competencias que contribuyan en las estrategias a desarrollar dentro de su gestión de personas: mejorando sus objetivos, actitud individual y talento propio.
Un mentor tenaz que adquiera compromisos colectivos definidos, que sepa detectar los problemas, que mejore la comunicación en la gestión interna de los equipos y potencie la creatividad individual de sus miembros.
Donde su leitmotiv gire en torno a los tres ejes claves de distinción del ser humano: conducta, comportamiento y conocimiento. Es decir potenciar la actitud y el talento como fórmula de crecimiento personal y aportación colectiva laboral y profesional al grupo. Un entrenador de la aptitud que sepa aprovechar y dotar del aprendizaje necesario en la gestión de equipos con efectividad. Un dirigente que destaque por su fuerza, seguridad interna y confianza tanto en el mismo como en el de su equipo; que profundice en las debilidades y deficiencias del colectivo de la empresa como palanca de motivación y esfuerzo. Donde su punto de mira de actuación se focalice en la positividad de mejora conjunta y transformación de fortalezas y suficiencias provechosas.
El nuevo rol que ha de jugar en la empresa este instructor resolutivo, debe pasar por una potenciación y búsqueda de las capacidades y los recursos personales de crecimiento como activo de patrimonio y riqueza.
Debe primar la creación de estructuras y marcos que contengan herramientas que reviertan en ambientes de confort que aporten la calidad laboral necesaria y adecuada. Unos recursos materiales de empresa que posibiliten las respuestas, soluciones y beneficios, frente a los problemas y las dificultades endógenas y exógenas que se presenten dentro de la organización.
Que la pedagogía como educador de emociones sirva como guía en la consecución de objetivos y metas, reformando las deficiencias, y realizando los cambios necesarios para una mejor eficiencia.
Aprovechar la enseñanza de valores para mejorar y autogestionar nuestras emociones, comportamientos y pensamientos en actitudes vitales positivas a nivel personal propio en beneficio del equipo como proyecto de empresa.
Autentico paladín que aproveche las competencias de los activos humanos y las capacidades para la implementación de estrategias de presente y de futuro productivas, previniéndolas ante los consiguientes problemas y adversidades.
Verdadero impulsor de la energía que aporte a la gestión de equipos, la ayuda a enfrentarse a la lucha, pero no a luchar por uno (aprovechamiento del potencial interno personal). Un consejero eficaz donde su modelo a seguir sea el cambio y no el inmovilismo ni el estancamiento.
Que sepa mejorar y modificar los factores negativos del ambiente del grupo en su quehacer diario.
Un terapeuta del ánimo que transmita influencias de positividad y activación optima en nuestro desempeño profesional y sacrificio personal.
Ya que las empresas se enfrentan y están inmersas a nuevos cambios evolutivos y nuevos enigmas, necesitan también de nuevos patrones y líderes.
Este nuevo orientador debe ser constructor y transformador de ilusiones, vacuna positiva y fuente de conocimiento ante los nuevos retos y logros a conseguir frente una sociedad cambiante, donde el capital humano será el patrimonio diferenciador, eje y columna vertebral de una empresa como valor en su camino hacia el éxito.

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