No huyamos ante las adversidades

La vida es un caminar constante de enigmas y situaciones imprevistas que marcan nuestro destino y andadura terrenal. Unas situaciones controladas a veces por nosotros e incontrolables cuando son determinadas por el destino, sin que podamos ejercer una influencia o determinación para que pasen o no.
Es la realidad que nos envuelve, con sus momentos de gloria, miserias y grandezas de cualquier índole (económicas, personales, afectivas).
Las adversidades siempre necesitan de una fortaleza para acometerlas y hacerles frente. Una resistencia y entereza para superarlas y no caer en la desesperanza ni la frustración, con la resistencia del espíritu y el ánimo.
No huir ante las adversidades es no evadirse de los problemas y sus consecuencias, saber encararlas y admitirlas si es necesario para no caer en la resignación.
En el momento que dejamos de luchar ante las dificultades, nos apartamos de la realidad de la vida y evitamos sus soluciones, o intento de búsqueda.
Cuando resistimos los empujes de la vida con sus incertidumbres y contrariedades, sabemos continuar el camino del destino; creyendo en nosotros mismos y en nuestra dignidad personal.
Cuantas preguntas sin respuestas nos da la vida, con sus enigmas, sus dudas e incógnitas. Aun así, los dilemas y las dificultades son complicaciones que hemos de saber gestionar. Las complicaciones son también una forma de interrelación personal. Unos contratiempos que nos hacen madurar ante las objeciones ayudando a poder resolverlas. Sabiendo que los impedimentos y las trabas de la vida siempre conllevan sufrimiento y disgustos. De tal manera que la pena y el pesar no han de ser lastres de pesadumbre a los interrogantes que nos preguntemos con sus misterios y dudas.
La desolación es el peor de los caminos que podemos emprender, ya que solo trae consigo el abatimiento personal y el dolor. La peor de las fatigas que nos pueden atormentar y castigar, convirtiéndose en una pena en vida.
En aquel instante en que la angustia ante los problemas se presenta, empieza el desasosiego y la amargura que solo conducen a la tristeza y a la aflicción.
No podemos hacer que de los desastres de la vida aumenten nuestra desgracia por los tropiezos y baches que podamos pasar, por muy complejos que puedan ser, sabiendo que hay que explorar siempre alguna alternativa por la que luchar como forma de superación y valoración propia en los malos momentos.
Hemos de actuar con decisión y entereza delante de las desgracias para no caer en nuestra propia vergüenza intima de los impedimentos del destino y sus contrariedades.
Afrontar los obstáculos con dignidad nos hace más fuertes ante las indecisiones, ya que la vida es un constante devenir de acontecimientos imprevisibles. Por ello, no podemos caer en dilemas de negatividad y pena.
Las cuestiones que nos acontezcan en la vida debemos afrontarlas con entereza de espíritu; aquella que no recela de nuestra inseguridad y ansiedad. De tal manera, tenemos que actuar al contrario, es decir con coraje y valor para sobreponernos a los conflictos y las dificultades.
No hagamos que las dificultades se conviertan en obstáculos más grandes y en preocupaciones mayores que sólo nos produzcan malestar y desconsuelo.
Las adversidades de la vida siempre son un trastorno, una piedra en el camino, pero no hagamos que se transformen en un freno que perjudique nuestra valentía y sacrificio de espíritu.
Todas las dificultades siempre se sobrellevan mejor con la firmeza, la entereza y el aplomo personal con que actuemos.
Es importante mantener un carácter de sosiego que denote serenidad para no caer en el desasosiego y los problemas que conlleva, tanto a nivel del ánimo como del alma.
Es aquella situación en que cuando la inquietud y la preocupación personal nos roba la paz interior, entramos en un circulo peligroso y enfermizo de cómo afrontar los problemas, sus consecuencias y peligros. Ante ello, no podemos sucumbir ante esta angustia, debiendo sobreponernos y luchar contra ella.
Desterremos cualquier estado afectivo negativo como reacción humana frente a los problemas, ya que solo nos traerá consecuencias que afecten a nuestras emociones y nuestra conducta ante la vida.
Si no sabemos enfrentarnos a los avatares de la vida y sus consecuencias, caeremos en la pena y la tristeza del ánimo, que sólo nos causa dolor y amargura interna. Un estado de sufrimiento y sin sabor que nos lleva a la amargura de la insatisfacción y la desolación personal.
Afrontemos los tropiezos de la vida con entereza y naturalidad, huyendo de la decepción para saber afrontarla con sosiego y serenidad, si llega.
Mantengamos la tranquilidad ante los malos momentos de la vida con paz y sosiego en presencia de la intranquilidad y las contrariedades.
Tengamos fortaleza emocional ante lo negativo y las circunstancias externas que dejan la huella de la adversidad sin que nos haga mella. Y sepamos afrontar las adversidades con determinación y valentía sin huir de ellas.
Es el mejor principio de salud y bienestar mental ante la vida.

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Acerca de Lorente Andía

Reflexiones y análisis sobre el pensamiento humano y nuestra sociedad.
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