Cuando la precipitación lleva al fracaso

Dicen que en las palabras y en los actos humanos residen los éxitos o fracasos ante las decisiones o actividades que realizamos en la vida. Aún siendo así nos podríamos preguntar: ¿sabemos abordar las situaciones que se nos presentan en su justa medida o tiempo? ¿Tomamos decisiones precipitadas en los ámbitos que nos movemos? ¿Valoramos todos los contextos y circunstancias antes de emprender algo?
Las actuaciones personales con apremio en el tiempo y sin razonar son pensamientos irreflexivos que siempre conducen a una consecución errónea.
Siempre ante cualquier tipo de proceder se requiere de una valoración de las circunstancias y una meditación para decidir con garantías sin precipitación ni torpeza.
Los desaciertos en la ejecución de todo proceder o trabajo son consecuencia de razonamientos en los que nos valora el entorno, la situación a tratar y la disposición para tomar las decisiones adecuadas.
Los comportamientos humanos en la vida requieren confianza en uno mismo, pero también comportamientos alejados de la torpeza, la falta de razonamiento y consideraciones sin madurar.
La consecución de un fracaso no solo viene determinado por la forma en que emprendemos algo (proyecto, reto, meta, objetivo), sino en la forma que lo desarrollamos, lo pensamos, lo ejecutamos, lo meditamos y lo ponemos en práctica.
Tomar en consideración las coyunturas, considerar los “pros y contras” son parte del éxito ante cualquier interpretación, actuación o ejecución a realizar.
El mejor compañero ante situaciones de precipitación e impetuosidad es la calma y la prudencia, auténticos abanderados para poder hacer frente a las equivocaciones y los desaciertos.
Si el fracaso en la no consecución de algo o como consecuencia del atropello irreflexivo de los procederes y la falta de mesura. Cambiemos de pensar y hagamos de la mesura y el razonamiento baluartes que venzan decisiones equivocadas y frustraciones inútiles.
Todo fracaso es una frustración y una derrota propia cuando viene precedido en no pensar ni considerar las condiciones para tomar determinaciones y la valoración de los espacios de actuación requeridos y pensados.
Reflexionemos en nuestros actos diarios a partir del entendimiento y la reflexión, sin abandonar la prudencia y la mesura ante toda consideración que tomemos.
Si la precipitación lleva al fracaso, la imprudencia en la forma de actuar y proceder es el mejor aliado para la equivocación y el desacierto que tengamos en lo que hagamos.
Consideremos las coyunturas y las circunstancias que nos envuelven ante toda decisión que tomemos. Es la mejor forma de pensar y decidir frente a la consecución de una meta o reto.
El pensamiento y la reflexión en los actos que practiquemos requieren estudiar las circunstancias y tomar decisiones desde la racionalidad.
Busquemos la consecución de nuestros objetivos con decisiones y determinaciones que consideremos y pensemos con sensatez, coherencia y lógica.
Las posiciones a tomar deben valorar los entornos, ambientes y condiciones que necesitan de un contexto adecuado para no equivocarnos ni caer el apresuramiento y la prisa innecesaria.
La prisa en las decisiones solo conduce a la frustración y a la derrota personal como auténtica imprudencia de falta de mesura para valorar las circunstancias y las condiciones necesarias ante todo tipo de resolución a adoptar.
El entendimiento de forma irreflexiva para tomar determinaciones da lugar a decisiones equivocadas y comportamientos de frustración que nos llevan al fracaso y al desánimo personal.
La precipitación siempre conlleva decisiones de inconveniencia, objetivos inalcanzados y desengaños innecesarios.
Que el pensamiento y la reflexión sean herramientas valiosas de aportación y ejecución ante los comportamientos que tengamos a modo de actuación, desempeño y trabajo.
Confiemos en el desempeño de nuestro comportamiento con juicio e inteligencia en las opiniones o decisiones que tomemos. Con la confianza y el razonamiento de nuestro criterio y reflexión en todo lo que hagamos y creamos.
Venzamos las decepciones desde la razón del pensar, la situación y el contexto de los hechos para que confiemos en nosotros mismos y nos alejemos de la precipitación como fracaso ineficaz y estéril.
Si la precipitación es el camino más corto hacia el fracaso; démosle la vuelta para convertirlo en calma y sosiego como medio y herramienta que nos conduzca hacia el éxito personal.

Acerca de Lorente Andía

Reflexiones y análisis sobre el pensamiento humano y nuestra sociedad.
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