Reflexiones humanas

Si nos parasemos a pensar los seres humanos lo que verdaderamente valemos (aspectos y sentidos personales) y lo importante que nos creemos ser; muchos de nuestros comportamientos y actitudes en nuestra vida diaria cambiarían radicalmente.
El ser humano como ser imperfecto que es por naturaleza está lleno de defectos e imperfecciones válgase la redundancia que se manifiestan en la sociedad a la que pertenece y forma parte. En la que parecen tener solo cabida: la ambición desmedida, el materialismo como único principio y la envidia insana (no como superación personal positiva sino como pesar del bien ajeno).
Esa lucha entre nosotros mismos (victima de nuestras contradicciones y prejuicios) demuestra el egoísmo y falta de compromiso que tenemos los seres humanos hacia los que nos rodean. Pero no nos equivoquemos, por muchas conquistas materiales y de ambición que logremos a nivel personal, estas perecerán cuando abandonemos esta vida terrenal (con sus maletas, equipajes y lastres).
Sólo cuando sufrimos una desgracia, adversidad o contratiempo grave, nuestra o de personas cercanas a nosotros se nos enciende la luz de la sensatez que nos ilumina y nos hace ver la realidad de lo que realmente somos (simples mortales); aunque intentemos envolvernos con todos nuestros bienes y riquezas que puedan tapar nuestras debilidades, miedos y recelos de lo que verdaderamente somos y no queremos reconocer (la soberbia en toda su esencia).
La pregunta es: ¿qué es lo que somos y lo que verdaderamente pensamos que somos? Ahí radica nuestro error y equivocación. Al fin y a la postre, el ser humano es una simple gota de agua en la inmensidad del océano de la vida. Participe de una sociedad egoísta deshumanizada e individualista que contrasta con la era de la comunicación y la tecnología en que vivimos (realidad virtual y engañosa). Un verdadero contrasentido cuando vemos que por desgracia la incomunicación social se encuentra presente en nuestra sociedad en su máxima expresión.
Cuando en una sociedad los individuos actúan desde el aislamiento personal ante todo lo que les rodea, dan lugar a formar sociedades de individuos con falta de compromisos colectivos y éticos. Es el exponente de actuar y vivir en una burbuja hermética y cerrada alejada de los problemas y de los valores que cualquier sociedad moderna necesita y debe tener a modo de aportación, crecimiento y mejora en la búsqueda del bien común.
Estar bien con uno mismo y tener aspiraciones en la vida son aspiraciones legitimas a nivel de avance personal, pero también es importante aportar valores (principios de actuación éticos y morales) ante nuestros semejantes. Aquellas virtudes y cualidades humanas como son: la tolerancia, la justicia y la honestidad que nos hace más humanos, engrandecen a una sociedad y la dotan de calidad humana.
En una sociedad moderna, los individuos que la componen tiene que tener una actitud de apertura personal, pero también hacia el exterior con amplitud de miras. Una aportación donde se abandone el egocentrismo personal como centro de atención, el desinterés al prójimo y el altruismo no quede en simples palabras huecas de buenas intenciones, sino como un verdadero comportamiento de solidaridad y complicidad personal.
No veamos nuestras debilidades y fragilidades personales como una vergüenza a esconder, al contrario sintámoslas de manera natural y humana (tal cual) sin vergüenzas ni miedos.
Es en la sencillez de la persona donde radica su auténtica valía personal ajena a todo materialismo y conveniencia. Es el ser humano en estado puro, con sus imperfecciones, miserias y grandezas que nos hacen únicos y diferentes.
No hagamos sociedades con individuos miopes; hagamos sociedades con individuos que busquen el avance, desarrollo y transformación de la sociedad en favor del bien común desde la aportación individual de cada uno de sus miembros en beneficio de todos.
Esa debe ser nuestra esperanza humana.

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Acerca de Lorente Andía

Reflexiones y análisis sobre el pensamiento humano y nuestra sociedad.
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