Del aprendizaje tradicional al aprendizaje asistido por la IA
La irrupción de la inteligencia artificial (IA) en el ámbito educativo ha transformado profundamente la forma en que aprendemos. En el modelo de aprendizaje tradicional, aprender implicaba un proceso activo de búsqueda, estudio y elaboración personal del conocimiento. Consultar libros físicos, tomar apuntes a mano o revisar enciclopedias requería tiempo y esfuerzo, a la vez que potenciaba habilidades cognitivas básicas como la memoria, la concentración, la retentiva y el pensamiento crítico. Por ejemplo, generaciones anteriores que carecían de acceso inmediato a la información debían buscar en múltiples fuentes, contrastar datos y elaborar sus propias conclusiones, con lo cual ejercitaban su capacidad de análisis y síntesis de forma continua.
En contraste, el aprendizaje asistido por IA ofrece a los estudiantes respuestas y contenidos de manera rápida y personalizada. Hoy en día, existen plataformas educativas que utilizan algoritmos de IA para adaptar automáticamente el material al ritmo y nivel de cada alumno, aumentando la eficiencia en la adopación de habilidades básicas. Herramientas como las de Khan Academy o edX pueden ajustar las lecciones según el progreso individual, brindando explicaciones adicionales o ejercicios específicos donde el estudiante muestra más dificultades.
Esta personalización inmediata permite acelerar el dominio de ciertos contenidos: por ejemplo, se han observado mejoras más rápidas en comprensión lectora al usar plataformas digitales interactivas en comparación con los métodos tradicionales de lápiz y papel. Además, los asistentes inteligentes tipo chatbots (como ChatGPT) proporcionan explicaciones al instante ante cualquier duda, actuando casi como “enciclopedias universales” disponibles las 24 horas.
Sin embargo, estos avances traen consigo nuevos desafíos. Al reducir drásticamente el esfuerzo necesario para buscar, filtrar y procesar información, existe el riesgo de que el aprendizaje se vuelva más superficial. Si un estudiante puede obtener una solución o un resumen de un tema con unos pocos clics, podría perderse parte del proceso reflexivo que antes era inherente al aprendizaje. La facilidad de acceso a respuestas inmediatas puede disminuir la capacidad para leer textos elaborados o analizar en profundidad un problema, fomentando una comprensión más fragmentada del conocimiento. En el largo plazo, esta comodidad podría traducirse en estudiantes menos acostumbrados a perseverar ante la dificultad, lo que debilitaría habilidades como la resolución de problemas complejos de manera autónoma.
Ante esta realidad, el rol del docente se vuelve más crítico que nunca. En un entorno asistido por IA, el profesor ya no puede limitarse a ser un transmisor unidireccional de contenidos, porque la información pura está al alcance inmediato del alumno. Ahora, la función del educador debe evolucionar hacia la de un mediador y guía que oriente el aprendizaje. Esto implica enseñar al estudiante a utilizar la tecnología con criterio: hacer preguntas pertinentes, verificar las fuentes de la información proporcionada por la IA y profundizar más allá de la primera respuesta obtenida. El docente actúa como un facilitador del pensamiento crítico, planteando dudas, promoviendo la reflexión y animando al alumno a construir sus propias respuestas apoyándose en las herramientas digitales sin depender ciegamente de ellas. En suma, pasar del aprendizaje tradicional al asistido por IA conlleva encontrar un equilibrio: aprovechar la eficiencia y personalización que brinda la tecnología, sin renunciar al desarrollo de las capacidades cognitivas y el espíritu crítico que se cultivan mediante el esfuerzo y la participación activa en el proceso educativo.
Artículo cedido para el ágoradelpensamiento
Autor: Antoni Lorente González